Algol
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Excelente resumen de lo que significa ser de izquierdas hoy en día.De por si la historia, y el presente, nos muestra el fracaso de los gobiernos de izquierda cuando son llevados al límite. Dícese URSS, Venezuela, Cuba, etc... O incluso la misma Argentina.
La idea de que el estado regule la vida del pueblo hasta el punto de depender de él para su subsistencia crea, precisamente, una situación de subsidio del ciudadano con respecto al estado. No es el pueblo quien debe de trabajar para el estado, sino al revés. La presencia del estado en la vida del ciudadano medio debe limitarse al mantenimiento de unos servicios públicos adecuados, y a labores de seguridad publica. Y para ello emplear los mínimos recursos necesarios, pero siempre suficientes. El resto del dinero de los impuestos y tasas ha de quedar en el bolsillo del ciudadano, que es donde seguirá generando riqueza.
El estado debe cerciorarse de que sus habitantes puedan desarrollarse en condiciones de igualdad de oportunidades y seguridad. Y ahí viene otro escollo más.
No me vale el odio visceral del político de izquierdas hacia todo lo que genere riqueza (para los demás, por supuesto), y su táctica de fundir a impuestos al que arriesga y genera para, presuntamente, redistribuir así recursos y riquezas. El estado socialista no promueve y premia el éxito, sino que subvenciona el fracaso. Es lo más conveniente para continuar con esa relación clientelar entre estado y ciudadano.
Tampoco es cierto que izquierda signifique libertad. Su modelo de gobierno (o de negocio) se basa precisamente en la hiper regulación tanto de los mercados como de la vida social, cultural y hasta emocional de los ciudadanos. Impone además una pretendida superioridad moral orientada hacia la visibilización exacerbada y artificialmente normalizada de la excepción en detrimento de la norma, la atención extrema a la biodiversidad y la vida natural en contra incluso de la razón y la propia naturaleza (las inundaciones de Valencia son un trágico ejemplo de ello). Y, por si fuera poco el control que ejerce sobre los ciudadanos, necesita imperiosamente de la connivencia de medios de comunicación no plurales (públicos como RTVE o RAMMA o privados como PRISA) para acomodar la realidad a las necesidades del partido, al más puro estilo Orwelliano.
Por no seguir con el tocho, ningún obrero debería de votar jamás a un partido de izquierdas, que no pretende sino quitarle dinero del bolsillo para alimentar un bicho administrativo voraz a inabarcable, que ofrece soluciones innecesarias a problemas que no existen.