Psicomonje Cortés
Shurmano Leyenda
- Nº Ranking
- 114
- Shurmano Nº
- 6176
- Desde
- 6 Feb 2024
- Mensajes
- 5,068
- Reacciones
- 54,734
He despertado sobre las 8.
Había una tormenta terrible ahí fuera.
Todo el cielo encapotado, solo roto por los relámpagos que rajaban el horizonte con tenacidad.
Entre los árboles del monte parecía haber una riña de bar. Peleaban todos entre ellos, por como el viento los azotaba.
Eolo instigando a Artemisa.
Me he puesto el bañador y he bajado descalzo al jardín, bajo el hórreo. El manto de lluvia flameaba sobre las tejas y la piedra del cruceiro, como la vela de un velero sin rumbo.
Sobre el césped, he hecho unas flexiones, unos saltos, y unas sentadillas. Después he estirado bajo el ficus, con el cielo tronando a más no poder, y un aguacero cayendo sobre mi cabeza.
Por el caño del tejado de la casa bajaba un chorro de agua que estallaba contra los adoquines del patio. Para mí, hecho ya a la ventolera y al aguacero, era un grifo de chorro digno del más lujoso spa.
Así que me he puesto debajo y me he dado un masaje en la espalda con la tormenta. No es como si aquella agua helada pudiera sustituir las dulces manos de mi mujer, pero algo era. Un masaje frío, mordido, duro. Perfecto para los músculos hinchados y empapados, que luchaban para evitar congelarse.
Después he vuelto al césped. He tomado asiento, y he tomado aire, observando como mis sienes y mis hombros despedían volutas de vapor que se perdían en el frío ambiente.
He cerrado los ojos y meditado bajo la lluvia durante un rato.
...
Mientras sosegaba la mente, el tiempo se iba calmando al ritmo de mis pulsaciones.
...
Cuando estaba en paz, abrí los ojos y ya brillaba el sol en el cielo.
Una mañana a la gallega.
Excelente

Pd: Tras la tormenta, una pareja de tórtolas se reencuentra sobre el ficus, y se ayudan a secarse el plumaje entre sí.
Había una tormenta terrible ahí fuera.
Todo el cielo encapotado, solo roto por los relámpagos que rajaban el horizonte con tenacidad.
Entre los árboles del monte parecía haber una riña de bar. Peleaban todos entre ellos, por como el viento los azotaba.
Eolo instigando a Artemisa.
Me he puesto el bañador y he bajado descalzo al jardín, bajo el hórreo. El manto de lluvia flameaba sobre las tejas y la piedra del cruceiro, como la vela de un velero sin rumbo.
Sobre el césped, he hecho unas flexiones, unos saltos, y unas sentadillas. Después he estirado bajo el ficus, con el cielo tronando a más no poder, y un aguacero cayendo sobre mi cabeza.
Por el caño del tejado de la casa bajaba un chorro de agua que estallaba contra los adoquines del patio. Para mí, hecho ya a la ventolera y al aguacero, era un grifo de chorro digno del más lujoso spa.
Así que me he puesto debajo y me he dado un masaje en la espalda con la tormenta. No es como si aquella agua helada pudiera sustituir las dulces manos de mi mujer, pero algo era. Un masaje frío, mordido, duro. Perfecto para los músculos hinchados y empapados, que luchaban para evitar congelarse.
Después he vuelto al césped. He tomado asiento, y he tomado aire, observando como mis sienes y mis hombros despedían volutas de vapor que se perdían en el frío ambiente.
He cerrado los ojos y meditado bajo la lluvia durante un rato.
...
Mientras sosegaba la mente, el tiempo se iba calmando al ritmo de mis pulsaciones.
...
Cuando estaba en paz, abrí los ojos y ya brillaba el sol en el cielo.
Una mañana a la gallega.
Excelente
Pd: Tras la tormenta, una pareja de tórtolas se reencuentra sobre el ficus, y se ayudan a secarse el plumaje entre sí.

