Titovic
Shurmano Infinite
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- 11 Oct 2024
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Este libro no es normal.
Empiezas y parece que no hay historia clara. Un tío que estuvo en la guerra, que va y viene en el tiempo, que de repente está en un planeta con extraterrestres… y tú pensando:
“vale, ¿qué está pasando aquí?”
El protagonista es Billy Pilgrim. Un tipo más bien apagado, sin épica ninguna. Le toca vivir el bombardeo de Dresde en la Segunda Guerra Mundial… pero el libro no te lo cuenta como una historia de guerra típica.
Aquí la gracia (o la locura) es que Billy está desenganchado del tiempo. Vive momentos de su vida sin orden. Un día está en la guerra, otro en su casa años después, otro secuestrado por alienígenas. Un pisto. Un cacao mental.
Y eso no es postureo raro. Es que el libro va de eso: de cómo el cerebro procesa algo tan bestia como la guerra.
Y luego está lo de siempre en este libro: “Así es la vida” (que lo repite cada vez que alguien muere). Al principio parece una tontería. Luego ya no hace gracia.
Tiene una forma de contar las cosas muy distinta. Parece simple, casi como si no estuviera haciendo nada… pero te va dejando frases que se te quedan clavadas.
El autor mezcla el humor raro con la tragedia que funciona muy bien. Te suelta algo absurdo y al momento siguiente te mete un puñetazo en el estomago.
Y el tema del tiempo no es un truco. Hace que sientas esa desconexión, esa locura ese “no entiendo nada”, que encaja con lo que vivió el protagonista.
Empiezas y parece que no hay historia clara. Un tío que estuvo en la guerra, que va y viene en el tiempo, que de repente está en un planeta con extraterrestres… y tú pensando:
“vale, ¿qué está pasando aquí?”
El protagonista es Billy Pilgrim. Un tipo más bien apagado, sin épica ninguna. Le toca vivir el bombardeo de Dresde en la Segunda Guerra Mundial… pero el libro no te lo cuenta como una historia de guerra típica.
Aquí la gracia (o la locura) es que Billy está desenganchado del tiempo. Vive momentos de su vida sin orden. Un día está en la guerra, otro en su casa años después, otro secuestrado por alienígenas. Un pisto. Un cacao mental.
Y eso no es postureo raro. Es que el libro va de eso: de cómo el cerebro procesa algo tan bestia como la guerra.
Y luego está lo de siempre en este libro: “Así es la vida” (que lo repite cada vez que alguien muere). Al principio parece una tontería. Luego ya no hace gracia.
Tiene una forma de contar las cosas muy distinta. Parece simple, casi como si no estuviera haciendo nada… pero te va dejando frases que se te quedan clavadas.
El autor mezcla el humor raro con la tragedia que funciona muy bien. Te suelta algo absurdo y al momento siguiente te mete un puñetazo en el estomago.
Y el tema del tiempo no es un truco. Hace que sientas esa desconexión, esa locura ese “no entiendo nada”, que encaja con lo que vivió el protagonista.