General El día que unas monjas me pillaron limpiándome el culo.

Pero fue peor lo de los higos de pala. 17 dias sin poder ir al aseo. Por poco ni lo cuento
 
Los apretones son jodidos, a mí me dió uno este verano en el parque natural de Aiguestortes, donde sólo había un WC con una cola kilométrica, tuve que perderme entre la vegetación y los árboles, y dejar mi trofeo en pleno parque.
:sisi3:
algunas veces es lo mejor, pero joder, todos cagamos, la elección es o cagar o explotar, no creo que a nadie tenga que asustar semejante necesidad, yo si me encuentro a la vuelta de un seto a alguien cagando, le saludo y sigo a lo mío, no se, desde que tuve que hacer mis necesidades en un WC de Central Park, que era absolutamente comunitario, retrete frente a retrete, ni puertas ni paredes, se me quitaron todas las gilipolleces
 
algunas veces es lo mejor, pero joder, todos cagamos, la elección es o cagar o explotar, no creo que a nadie tenga que asustar semejante necesidad, yo si me encuentro a la vuelta de un seto a alguien cagando, le saludo y sigo a lo mío, no se, desde que tuve que hacer mis necesidades en un WC de Central Park, que era absolutamente comunitario, retrete frente a retrete, ni puertas ni paredes, se me quitaron todas las gilipolleces


Era comunitario y mixto??
 
algunas veces es lo mejor, pero joder, todos cagamos, la elección es o cagar o explotar, no creo que a nadie tenga que asustar semejante necesidad, yo si me encuentro a la vuelta de un seto a alguien cagando, le saludo y sigo a lo mío, no se, desde que tuve que hacer mis necesidades en un WC de Central Park, que era absolutamente comunitario, retrete frente a retrete, ni puertas ni paredes, se me quitaron todas las gilipolleces
Como los romanos antiguamente pues vaya corte :rota2:
 
Mixto?? Cof cof :oops:
la verdad que no me acuerdo, creo que el de las shuras debería estar al otro lado de nuestra pared, pero solo ponía WC, osea, una tía podía asomarse perfectamente para asegurarse
 
la verdad que no me acuerdo, creo que el de las shuras debería estar al otro lado de nuestra pared, pero solo ponía WC, osea, una tía podía asomarse perfectamente para asegurarse
Menudas visicitudes para ir al visitar al Sr roca :gaydude:
 
Menudas visicitudes para ir al visitar al Sr roca :gaydude:
lo que me choco es el contraste, en ese momento yo estaba viviendo en un hotel de lujo precisamente al otro lado de Central Park, en la ciudad mas moderna del mundo, pero no llegaba, tenia que atravesar todo el parque y no llegaba, cuando entre en el WC y me encontré el percal, dude, pero al final dije, a tomar porculo, todos cagamos, dije HI, y me baje los pantalones, a donde fueres haz lo que vieres, cuando se lo conté a mi chica casi se mea de la risa :sisi1:
 
la verdad que no me acuerdo, creo que el de las shuras debería estar al otro lado de nuestra pared, pero solo ponía WC, osea, una tía podía asomarse perfectamente para asegurarse


Lo bueno sería que tíos y tías cagasen juntos en el baño sin paredes
 
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Corría el glorioso año 2006. El reggaetón empezaba a sonar hasta en la sopa, los móviles aún tenían teclas y yo, un joven e inocente aventurero, me encontraba de excursión por el majestuoso Pirineo aragonés con mis colegas. El sol brillaba, los pájaros cantaban y el aire puro de la montaña te llenaba los pulmones. Todo era perfecto. Demasiado perfecto.

De repente, en mitad de una subida que haría sudar a una cabra, mis tripas emitieron un sonido gutural, una llamada de la naturaleza tan primitiva como ineludible. No era una simple ventosidad de cortesía, no. Era el aviso de que un zurullo de proporciones bíblicas estaba llamando a las puertas del cielo (o, en este caso, del sur). El pánico se apoderó de mí. Miré a mi alrededor: árboles, rocas y mis amigos, que seguían caminando ajenos a la bomba de relojería que yo albergaba en mi interior.

“¡Eh, chicos, ahora os alcanzo, que voy a echar una foto!”, mentí con la mejor de mis sonrisas mientras sentía cómo el sudor frío me recorría la espalda.

En cuanto se alejaron lo suficiente, me lancé a una carrera desesperada en busca de un santuario. Encontré un arbusto que, en mi mente, parecía tan frondoso y discreto como la selva amazónica. Me bajé los pantalones a la velocidad del rayo y, en cuclillas, liberé a la bestia. Joder, qué alivio. Sentí una paz interior que ni el mismísimo Dalai Lama. El mundo volvía a ser un lugar maravilloso.

Con la operación principal finalizada, procedí al delicado arte de la limpieza con un puñado de hojas que parecían menos hostiles que el resto. Y justo ahí, en ese preciso instante de máxima vulnerabilidad, con los pantalones en los tobillos, el culo al aire y una hoja en la mano a modo de papel higiénico de fortuna, escuché un cántico celestial.

Levanté la vista, y allí estaban. No era un espejismo. Un pelotón de monjas, ataviadas con sus hábitos, avanzaba hacia mí como una aparición divina. Se hizo un silencio sepulcral, solo roto por el viento de la montaña. Nos quedamos mirando: ellas, con los ojos abiertos como platos, yo, con el culo como la bandera de Japón y una cara de gilipollas que no podía con ella.

Creo que una de ellas se santiguó. Otra ahogó un grito. Yo, por mi parte, me quedé paralizado, incapaz de articular palabra, pensando que ese era el juicio final y que, evidentemente, me iba de cabeza al infierno por cagar en la casa del Señor. Tras unos segundos que me parecieron una eternidad, solo pude balbucear un tímido: “…Ave María Purísima”.

No sé si fue el susto o la intervención divina, pero se desviaron del camino sin decir ni pío, acelerando el paso como si hubieran visto al mismísimo diablo. Yo me subí los pantalones con la dignidad hecha trizas y volví con mis amigos, que me preguntaron si había hecho una buena foto.

“Sí”, respondí. “Una foto inolvidable”.
Pero al final, te follaste alguna o qué?
Cuenta, cuenta...
 
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