Voy a contestar en dos tiempos.
El primero.. yo trato de separar, y no se me da mal, lo que pueda haber hecho una persona de su obra, ya sea como escritor o actor. Por ejemplo el caso de Kevin Spacey, me parece, como actor, un diez. Luego en su vida personal, me puede parecer un asco. Una cosa no quita la otra y yo seguiré disfrutando de sus actuaciones, quizá incluso con el extra macabro de pensar que su faceta actoral le ha permitido saltarse "las normas" en la vida real durante mucho tiempo. Diría lo mismo de Bill Cosby... Es lo que es, como persona, pero luego ves la serie que hacía, y tenía muchísimos consejos o enseñanzas que no creo que deban perder valor porque el tipo sea un pederasta (a parte que todo ello es trabajo de guión, y sería desmerecer la obra de escritores y guionistas por la imagen pública de quién interpreta).
Hay casos en los que igual si me cuesta aplicar, como el caso Ámber (la de las cacas), pero seguramente porque tampoco soy fan de su actuación o películas.
Segundo tiempo, en lo que se refiere a separar LITERALMENTE unas obras de otras, como cuando se lleva a la pantalla un libro, videojuego, etc. Esto me cuesta bastante más. Y por lo general me gusta más el contenido original. Es verdad que con los años he hecho mucho ejercicio mental para tratar de disfrutar ambos mundos porque de lo contrario, simplemente me quedaría sin ver nada, puesto que casi todo ahora gira en torno a remakes, adaptaciones, etc. Por lo general si se ajustan lo suficiente a la historia, aunque haya cambios, los acepto. Ya tienen que hacer cagadas tipo últimas temporadas de Juego de Tronos (y eso que no tenemos los libros, pero me refiero a lo precipitado de los acontecimientos en comparación a las primeras temporadas), the Witcher, y cosas así, para que me niegue a seguir viéndolas.
En algunos casos, pocos, hasta me gustan más las adaptaciones. Por el ejemplo, El Cuento de la Criada. El libro está bien, pero es corto, no tiene muchos detalles... En la serie han creado un mundo completo, con intrigas e historias que no se pueden ver en el libro, sobre todo por la forma en la que está escrito.