Mis padres tenían un gato, Waldo. Bueno, lo heredaron de mí. Cuando me fui a vivir solo, no pude separarle de mis padres. No era justo. Sentía adoración por mi madre, y mi padre era su mayordomo, el que le daba de comer, le limpiaba las cacas, le cepillaba... En fin, mi madre falleció, y se quedaron en el piso mi padre y Waldo. En apenas dos semanas el gato se quedó cadavérico. Maullaba día y noche a la butaca de mi madre, y no probaba bocado a pesar de que mi padre le cuidaba a cuerpo de rey.
Al final, sobrevivió unos tres años más. Pero si actividad se limitaba a dormir en el lado de la cama de mi madre, tumbarse en su butaca y poco más.
Quién diga que un animal sólo estima a los humanos porque son los que le procuran alimento o bienestar, no tiene ni puñetera idea de lo que está hablando.
@Eterno , espero que los últimos días, o semanas, o meses de tu perro los podáis pasar uno junto al otro, y que lo recuerdes en un futuro con alegría, que es lo que llevó a tu vida. Él seguro que no querrá otra cosa.