Esto que voy a contar lo he contado pocas veces, al menos por escrito.
Los motivos de porqué un día me dio ansiedad, son irrelevantes. Para ser sincera, aunque puedo tomar retazos aquí y allá, aún no tengo claro qué pudo ser. ¿Una infancia de mierda? ¿Recuerdos traumáticos? Tal vez, un poco de todo.. parches que metí en mi vida y un día no soportaron la herida.
En fin. Un día, con 23 años, cuando lo tenía TODO, me dio mi primer ataque de pánico. Fue en un cine. Nisiquiera sabía qué era. Solo necesité salir de esa sala, mojarme la cara, y aguanté como pude a que acabara la peli. Una de "la edad de hielo" era, nada que pudiera traer a la superficie algo malo...
Tras ese día vinieron otros del estilo. Un día que pensaba que infartaba en el super. Otro que en el curro me desmayé.. y así.
Cuando digo que lo tenía todo, me refiero a todo lo que una persona normal podría querer: un buen trabajo donde sentía que valía, pareja, a mi madre, amigos, mi hogar y unas cuantas mascotas.. vida social, viajes de cuando en cuando... No vivía penurias económicas ni había nada preocupante a mí alrededor.
Esto se alargó un año. Nada reseñable, un malestar puntual aquí y allá, visita nocturna a urgencias, diazepan bajo la lengua, y de vuelta al ruedo. En ese tiempo lo dejé con mi pareja de aquel entonces, pero bueno, tampoco fue nada jodido porque la relación había pasado a ser a distancia, y él era bastante pasota así que el paso lógico era separarnos. No fue duro ni nada, porque se había asumido por ambas partes de forma progresiva.
Llegó un punto que lo achaqué al trabajo, por ser horario nocturno. Empecé a sentirme cada vez peor, y aunque me ofrecieron tomarme el tiempo que necesitara, yo no me veía de baja eternamente, y a la semana pedí marcharme. Se portaron bien y llegamos a un acuerdo económico (podrían haberme dejado marchar sin nada).
Y desocupada de lo que creía que era el infierno (cuando no...), realmente empecé a estar aún peor. No había noche que no acabara en urgencias. Ya me habían mencionado la palabra ansiedad, pero "no, yo no... Yo no estoy loca, no hay motivos". Estuve poco más de un año en paro, y en ese tiempo, agorafobia al canto, de la nada. Salir al portal era un mundo.
Coincidió que poco antes conocí a otro chico que realmente fue lo peor que pudo pasarme. Culpa mía. Mi autoestima estaba desaparecida en combate, y permití toda clase de humillaciones (salvo que me pegara), y me alejó de la gente que no había logrado alejar yo ya. Como al principio parecía que me apoyaba, lo metí en mi casa, a vivir del cuento mientras yo pagaba las facturas y la comida con mis ahorros y el paro. En cuanto cruzó el umbral, descubrió el tipo de persona que era y yo no tenía fuerzas para sacarlo. Al menos, si me daban ataques de pánico muy chungos, me alcanzaba a urgencias.
En fin.. al año me metí en la cabeza que debía volver a currar, pero para eso necesitaba poder salir de casa. Progresivamente fui saliendo del portal, pasarme a la acera de enfrente... Ahora lo recuerdo todo muy rápido. En poco tiempo ya volvía a salir. Encontré de nuevo curro de lo mio, haciendo de extra, y más o menos me volví a animar.
Pero seguía sin dormir bien, y eso me volvía totalmente tarumba. Mi médico de cabecera declinó derivarme a una unidad mental, y cito, "porque para eso tienes que estar hablando con las paredes". Supongo que decirle que pensaba en acabar con todo día sí y día también, no era bastante. Me recetó unos ansiolíticos que me tomé tres meses, no hicieron gran cosa, y con lo que comenzaba a volver a ganar, me busqué un psicólogo.
En ese tiempo, mi ex pareja tarado me tenía tan hasta el coño que traté de sacarlo de casa varias veces. Si no iba con la pena, iba con la ira, y nunca lograba que se fuera. Si hay una sola cosa que debo agradecer al profundo hastío y la sensación de que ya nada importaba, es lo siguiente:
Una tarde, tras no se qué movida con mi ex, y tras volver a negarse a irse, cogí un cuchillo y le espeté que ese día, uno de los dos se largaba. Yo no me reconocía, pero lo agradezco porque se ve que él tampoco, y sin mediar palabra recogió cuatro bolsas y estaba fuera en veinte minutos. Nisiquiera titubeó.
Entre el psicólogo y sentir que ya no tenía una garrapata manipuladora a mi lado, pensé que todo había acabado. Pero, recordemos que surgió de la nada... Y en fin, así siguió.
Tuve que cambiar de terapeuta tres veces. Uno hasta me recomendó tener hijos con ese esperpento de persona, que me daría "una razón de ser"... Pero al fin di con una chica que me ayudó mucho. En total fueron unos 6 años de terapia casi seguidos (más tardé volví con esta chica por una recaída, pero estoy avanzando mucho).
Aún así, me veía muchas veces llamando a mi madre o a una amiga a las 6 am, para intentar frenar el conato de ansiedad. Creo que el apoyo de ellas, fue clave. Más de una vez le rogué a mi madre que me internara. No podía más... Esa lucha conmigo misma, era agotadora. Cada vez tuve que ir llamando menos, tenía muchos días buenos, aunque formaba parte de la montaña rusa.
Bien, había aprendido a controlar un poco la ansiedad. Creo que a cada uno le puede funcionar algo distinto... Yo intentaba pensar en otra cosa, ponerle "voces" a ciertos pensamientos para no tomarlos en serio, o incluso dedicarle una hora al día, cuando yo pudiera, a todas esas cosas que querían rondar libremente... Eso me ayudó a tener más control, pero a efectos prácticos no solucionaron el problema. Eso sí, habíamos pasado de tener ataques de ansiedad todos los días, a dos o tres veces por semana. Tras cuatro años, es mucho decir.
Lo que realmente me ayudó MUCHO fue combinar la terapia con una psiquiatra y antidepresivos. Me costó horrores tomar esa decisión porque siempre me han dado miedo las pastillas, y con la experiencia de los ansiolíticos tampoco es que estuviera muy cómoda. Me animé por mi pareja (sí, a pesar de todo me las ingenié para meterme en otra relación, en la que ahora sigo), porque él realmente me apoyaba y yo notaba como con todos los síntomas, no le estaba dando lo que merecía.
En realidad, lo de tomar medicación lo sopesé algo antes, con una relación a distancia que tuve y que fue un error por mi parte. En esa montaña rusa, tuve una racha especialmente buena de 4 meses, donde decidí ir a conocer a un amigo online que tenía en península. Yo pensé que "me había curado", y aunque fueron unos meses muy buenos, cuando tocó bajar en esa montaña, se lo hice pasar muy mal a ese chico. No quise seguir viajando a verle cuando antes iba todas las semanas, apenas quería hablar, y le hice sufrir cuando en el fondo intentaba no arrastrarle conmigo. En fin, tiempo después no quise cometer el mismo error con mi actual pareja, y me dejé orientar por un psiquiatra. Todo siempre de pago, porque si esperamos por la seguridad social, ahí podemos morir.
Y ahí fue cuando comencé con los antidepresivos. Creo, sin lugar a dudas, que las primeras tres semanas fueron las peores con diferencia de todos esos años de ansiedad. Los efectos adversos, al principio, son aumentar todas las sensaciones de la ansiedad, o al menos así ocurrió en mi caso. Sumados a migrañas, mareos, vómitos... Si ya estaba en el chasis, parecía un zombie físicamente. Pero, justo tres semanas después, la remontada.
Volví a comer, volví a sentir algo, y aunque me afectaba en la libido (total, en plena ansiedad retroalimentada con depresión, yo tampoco es que fuera el alma de la fiesta en ese sentido), por fin tras unos 6 años de odisea, volvía a sentirme YO. De pocas cosas me arrepiento, pero una es no haberle dado oportunidad a la medicación antes.
Estuve cerca de 9 meses con la medicación, y controlada por el medico fui bajando la dosis hasta quitarla. Lo del "mono" es una paparrucha, al menos en mi experiencia. Estuve bien todo un año, sin pastillas, y luego tuve una breve recaída. Digo breve porque está vez en cuando vi que me pasé dos noches sin dormir pensando en mierdas, pedí cita con mi psicóloga y volví a tomar las pastillas, esta vez solo seis meses (salió bien, pero las dejé sola, cosa que no recomiendo a NADIE).
En esta ocasión quise aplicar otro método, por recomendación de mi psicóloga. En lugar de intentar frenar la ansiedad o pensar en otra cosa, me dediqué en cuerpo y alma a tener un ataque de ansiedad. Dejé fluir los pensamientos, que rondaran libres... ¿Qué sucedió? Nada. Juro que desde ese día no he vuelto a tener uno. Fue con 31 años, ahora voy a cumplir 37.
No negaré que siempre tuve (y tengo) el apoyo del Diazepan. Pero ya es más por "vicio" que por otra cosa. Entrecomillo porque me tomo uno cada tres meses si veo que me va a costar dormir. Pero en su momento, al anticipar un conato, y si no estaba muy nerviosa, ayudaba. Al final es un parche, para qué vamos a negarlo, pero si ayuda, bienvenido sea.
He pasado verdaderas mierdas en estos últimos años. La muerte de mi padre, la muerte de varias mascotas que llevaban media vida conmigo... El COVID con su respectivo ERTE que parecía que no iba a acabar nunca... Verme muy mal económicamente durante esa racha... Y aún así, he estado bien. He tenido momentos muy similares a un ataque de pánico, pero justificados. Momentos de ira, de rabia, de querer romper cosas... Pero repito, justificados por movidas, no por "nada", que era lo que me mataba por dentro... Que no existiera una razón.
Ahora quizás es fácil decirlo, pero en su momento, cuando estuve con la medicación, me dije que si tenía que tomarla toda la vida para sentirme bien, pues que así fuera. Hay personas que tienen que tomar insulina, pues esto es lo mismo. Al final no me ha hecho falta llegar a tanto... Pero no pasaría nada por tener que lidiar con esto de esa forma, quiero decir. Si el día de mañana volviera a darme, me tiraría de cabeza a otra tanda, puesto que a mí me sirvió (y a la primera.. a veces hay que probar varios medicamentos o dosis). Es igual con la terapia... Buscar hasta encontrar el que te encaja.
Yo sé que hay mucho miedo o desconocimiento a ciertas cosas, pero yo siempre pensaré que funciona, si el profesional es el adecuado. Vamos a ver... Estaba dispuesta a que me hicieran un exorcismo jajaja así que la terapia es una opción más que viable.