Los culos "grandes" me dan asco, o cómo la estética tercermundista ha invadido Occidente
Desde hace unos quince años, vivimos en una distorsión estética donde los culos descomunales se han convertido en el nuevo estándar de belleza.
De repente, lo que antes se consideraba simple obesidad y celulitis, ha pasado a ser deseado, alabado y hasta exigido por algunos hombres con el gusto atrofiado por la masificación cultural.
Pero, ¿de dónde coño viene esta moda de los culos gigantes?
Para entender esto, hay que remitirse a la historia.
Tradicionalmente, en sociedades donde la comida escaseaba, los cuerpos voluminosos eran sinónimo de riqueza: si una mujer estaba gorda, era porque tenía acceso a más comida que el resto.
En otras palabras, la gordura era un símbolo de estatus en sociedades de escasez.
Pero en el mundo moderno, donde cualquiera puede hincharse a ultraprocesados sin moverse del sofá, la cosa cambia: el lujo ya no es poder engordar, sino tener la disciplina para mantener un cuerpo proporcionado, trabajado y armónico.
Y ahí es donde entra la aberración estética de los culos gigantes.
Si te preguntas de dónde viene esta obsesión por los culos tamaño camión, no hay que buscar muy lejos: el reggaetón.
Este género "musical" ha exportado al mundo una estética basada en la cutrez, la exageración y la ostentación sin clase. Lo que antes era un estándar de belleza tercermundista en gran parte de Latinoamérica, ha sido vendido al resto del mundo como si fuera el pináculo de la sensualidad.
Aquí es donde entran las famosas modelos de Instagram con culos que desafían la gravedad, pero no porque hagan ejercicio, sino porque han pasado por quirófano.
Mujeres que, en su versión original, eran gordas con tetas pequeñas y que, tras un par de cirugías estratégicas (a.k.a. tetas gigantes + liposucción de la cintura + dejarse el culo intacto), se convierten en ese nuevo "ideal" grotesco.
No confundamos un culo redondito y firme, producto del ejercicio y la buena genética, con esos globos de grasa que parecen sacados de un matadero de panceta.
Un culo trabajado se ve atlético, armonioso, erguido. Un culo enorme e incontrolado es básicamente grasa con forma de paréntesis invertidos.
Miremos ejemplos de lo que SÍ es atractivo: cuerpos femeninos esbeltos, proporcionados, con culos pequeños pero redonditos y firmes. Como los de las atletas olímpicas, modelos con clase o las actrices clásicas, cuando aún no se había impuesto esta degeneración estética.
Uno de los mayores engaños de esta tendencia ha sido el uso de pantalones de tiro alto.
Antes, cuando las mujeres llevaban pantalones de tiro bajo (estilo Y2K), el tamaño del culo se veía tal cual era. Pero ahora, con los pantalones de tiro alto, se crea la ilusión óptica de que el culo es más grande, al subir la cintura artificialmente. Básicamente, es un efecto push-up pero aplicado al culo.
Si antes de esta moda nadie babeaba por los culos grandes, ¿por qué ahora sí?
Pues porque la industria de la moda, influenciada por estas tendencias, ha condicionado a los hombres a aceptar este nuevo estándar como si fuera lo normal.
Y muchos han caído como idiotas.
Un cuerpo trabajado, fino y bien proporcionado, demuestra disciplina, autocontrol y un sentido de la estética refinado.
Un culo descomunal con proporciones de obesidad mórbida y embutido en ropa ajustada, en cambio, es el resultado de la dejadez o de la desesperación por encajar en un estándar grotesco.
Así que la próxima vez que alguien te intente vender la moto de que un culo gigante es el no va más, recuérdales que lo que están alabando es básicamente grasa acumulada.
Y la grasa acumulada nunca ha sido sinónimo de belleza, sólo de escasez mal entendida.
Fin del comunicado.