Shurrelato Historia de como aprendí lo que realmente es el aborto

Psicomonje Cortés

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Ayer me crucé con este post en Twitter y pensé que debía escribir al respecto.
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Empezaré expresando claramente lo que pienso: cuando una mujer aborta está asesinando a su propio hijo en el lugar donde debería sentirse más seguro y amado: el vientre de su madre. Un crimen de tal magnitud deja el alma desgarrada para siempre. Lo sé porque salí un tiempo con una mujer que había abortado años atrás.

Ella nunca me contó nada, pero yo lo deduje por su forma de ser. Esa herida se notaba demasiado y solo podía deberse a un aborto, según supe más tarde. Había una especie de tristeza en su actitud, un hastío incurable, del que no conseguía deshacerse a pesar del paso del tiempo. Ella parecía normal, de cara a la galería. Se decía a sí misma que todo iba bien, que aquello había sido un mero trámite, una bicoca. Pero en el fondo, algo le hacía sentirse muerta por dentro. Estaba intranquila y jamás pudo descansar su espíritu desde aquello.

Durante la noche, se quedaba despierta mirando al techo. Pensando vagamente en su dolor sin nombre. Todo lo callaba. Seguía diciéndose que había hecho lo mejor, que así podía "disfrutar de su tiempo", que "le quedaba mucho por vivir". Pero ningún viaje la satisfacía. Ningún hobby la llenaba. Todo lo veía a través de una lente deslavazada, como un cristal sucio por dentro, durante un día de lluvia.

Yo supe todo esto mucho más tarde de conocerla.

Un día ella se cruzó conmigo. Le gusté y se ilusionó. Hizo todo lo posible por meterse en mi vida. Hicimos buenas migas y la dejé pasar a mi mundo. Me enseñó muchas cosas. Yo siempre la quise.

Sin embargo, ese vacío, ese perpetuo dolor oculto teñía todo lo que hacía. Arrastraba un aura de tristeza que reflejaba en el fondo de su mirada. Como si estuviera viviendo de prestado. Como si aquella no fuera su vida. Como si se hubiera pasado su parada y permanecido para siempre en un tren que no va a ningún lado.

Recuerdo que en su estado de WhatsApp había escrito el título de una canción: "Arriving somewhere". Pero aquel lugar que tanto esperaba, nunca llegaba, y siempre tuve la impresión de que ya había dejado de importarle. Ella sonreía con tristeza a la vida. Desengañada de cualquier promesa de alegría, pues el agujero negro que tenía en su pecho acababa devorando todo cuanto hacia por llenarlo.

Intenté comprenderla con denuedo. Al principio, me atrajo su misterio. Con el tiempo, sentí que en mi búsqueda había algo mucho más importante que la satisfacción de mi curiosidad juvenil. Empecé a investigar seriamente, guiado por una corazonada. Me animaba la idea de verla sonreír, de verla florecer, emerger de debajo de aquella extraña losa que todavía no podía comprender.

Después de varios meses de estudio y lecturas, comencé a dar vueltas a la sospecha de que quizá habría abortado en el pasado, con otro hombre, en otra vida anterior, hacía muchos años. Me armé de valor y le pregunté directamente. Aunque ya intuía la respuesta...

Había abortado hacia casi 10 años a un bebé de un mes y medio con un exnovio. Ella tenía 22 años por entonces y sentía mucha incertidumbre. La convencieron de que era "lo mejor". Qué era "muy joven" y que tenía "toda la vida por delante". Toda la familia la presionó para que lo hiciera, excepto el padre. El padre callaba, apocado y medroso, sin tener muy claro qué era lo correcto ni como defenderlo.

Ella cedió a su miedo y tomó la decisión. Luego racionalizó la idea, buscó el argumento para disipar las dudas que le atenzaban el pecho.

Entonces, llegó el día y se dejó hacer.

Mató a su propio hijo.

Su familia celebró una pequeña fiesta con las amigas, para mitigar el disgusto. Después, se fueron de viaje, procurando olvidar todo aquello. A fin de cuentas "no era nada".

El novio nunca supo de aquello, hasta que fue demasiado tarde. Su relación había terminado por el cambio de actitud de ella. Él era un chaval bueno, intentó conservarla, planear un futuro juntos, pero ella ya no podía estar con él después de aquello. Tres años más tarde, las amigas se pelearon. Una de ellas abrió la boca y se lo contó todo. Él se quitó la vida en un impulso desesperado.

Desde que matara a su hijo, la vida de ella estuvo en pausa. Su alma, gris, se había descolgado de su cuerpo, y moraba destrozada, sufriendo en algún rincón de su vientre roto. Casi diez años después la conocí yo. Al ver el panorama de su alma triste, quise ayudarla.

Fruto de mis investigaciones, llegué a una conclusión. Algo que poder probar y que nunca antes se había concebido. En vez de escapar del horror e intentar justificarlo, le propuse recorrer la senda contraria.

La llevé de viaje a la costa de Irlanda durante la primavera de 2018. En un lugar remoto, sobre un acantilado, nos arrodillamos solemnemente y meditamos juntos. Rezamos, si se quiere ver así. Entonces, le cogí las manos y le dije: "¿Cómo se llama tu hijo?"

Me miró sorprendida. Su hijo no tenia nombre. Le insté a que le pusiera un nombre. Que lo buscara en su interior. Así lo hizo, y le puso al niño el nombre de su padre. Después la invité a que diera gracias a Dios por el regalo de su hijo y que pidiera perdón al niño por no haber sabido protegerlo. Por no haber sabido escuchar su instinto y amarlo sobre sí misma, sobre su propio miedo.

Rompió a llorar y se derrumbó por completo, abriendo las puertas de su corazón, que habían permanecido cerradas desde el día en que pisó el abortorio. Me abrazó y lloró amargamente durante una hora, sobre ese acantilado, con el pelo revuelto por el viento. Pidió perdón a su hijo y le dió las gracias por existir. Por haberla hecho madre, por el regalo de su vida.

Desde aquel momento, recuperó la luz en su corazón y comenzó a sanar. En ese mismo momento también supimos, de una extraña manera, que no estábamos hechos para estar juntos. A ella le costó aceptarlo, pero yo sentí que mi trabajo con ella había terminado y que debía dejarla marchar.

No hablamos de ello, pero pocos meses después nos separamos y no volvimos a vernos nunca más.

A veces pienso en ella. Viviendo con su cicatriz a cuestas, pero reconciliada con su pasado y en Gracia de espíritu. La dejé mejor de lo que la encontré, y eso me basta.

Nunca volverá a ser quién era antes de aquel aborto. De algo así no se puede volver. Pero ella, por lo menos, vive en paz. Sabiendo que tuvo un hijo, Martín, que la estará esperando cuando se acaben sus días aquí. Que la cuida y la guarda desde donde quiera que esté, y que espera un día poder abrazar a su madre por primera vez.

...

Esta historia es real y no me había atrevido a escribirla hasta hoy por la mañana.

Gracias por leer. Espero que os haya inspirado.
 
Te poleo y luego con tiempo leo
 
Ayer me crucé con este post en Twitter y pensé que debía escribir al respecto.
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Empezaré expresando claramente lo que pienso: cuando una mujer aborta está asesinando a su propio hijo en el lugar donde debería sentirse más seguro y amado: el vientre de su madre. Un crimen de tal magnitud deja el alma desgarrada para siempre. Lo sé porque salí un tiempo con una mujer que había abortado años atrás.

Ella nunca me contó nada, pero yo lo deduje por su forma de ser. Esa herida se notaba demasiado y solo podía deberse a un aborto, según supe más tarde. Había una especie de tristeza en su actitud, un hastío incurable, del que no conseguía deshacerse a pesar del paso del tiempo. Ella parecía normal, de cara a la galería. Se decía a sí misma que todo iba bien, que aquello había sido un mero trámite, una bicoca. Pero en el fondo, algo le hacía sentirse muerta por dentro. Estaba intranquila y jamás pudo descansar su espíritu desde aquello.

Durante la noche, se quedaba despierta mirando al techo. Pensando vagamente en su dolor sin nombre. Todo lo callaba. Seguía diciéndose que había hecho lo mejor, que así podía "disfrutar de su tiempo", que "le quedaba mucho por vivir". Pero ningún viaje la satisfacía. Ningún hobby la llenaba. Todo lo veía a través de una lente deslavazada, como un cristal sucio por dentro, durante un día de lluvia.

Yo supe todo esto mucho más tarde de conocerla.

Un día ella se cruzó conmigo. Le gusté y se ilusionó. Hizo todo lo posible por meterse en mi vida. Hicimos buenas migas y la dejé pasar a mi mundo. Me enseñó muchas cosas. Yo siempre la quise.

Sin embargo, ese vacío, ese perpetuo dolor oculto teñía todo lo que hacía. Arrastraba un aura de tristeza que reflejaba en el fondo de su mirada. Como si estuviera viviendo de prestado. Como si aquella no fuera su vida. Como si se hubiera pasado su parada y permanecido para siempre en un tren que no va a ningún lado.

Recuerdo que en su estado de WhatsApp había escrito el título de una canción: "Arriving somewhere". Pero aquel lugar que tanto esperaba, nunca llegaba, y siempre tuve la impresión de que ya había dejado de importarle. Ella sonreía con tristeza a la vida. Desengañada de cualquier promesa de alegría, pues el agujero negro que tenía en su pecho acababa devorando todo cuanto hacia por llenarlo.

Intenté comprenderla con denuedo. Al principio, me atrajo su misterio. Con el tiempo, sentí que en mi búsqueda había algo mucho más importante que la satisfacción de mi curiosidad juvenil. Empecé a investigar seriamente, guiado por una corazonada. Me animaba la idea de verla sonreír, de verla florecer, emerger de debajo de aquella extraña losa que todavía no podía comprender.

Después de varios meses de estudio y lecturas, comencé a dar vueltas a la sospecha de que quizá habría abortado en el pasado, con otro hombre, en otra vida anterior, hacía muchos años. Me armé de valor y le pregunté directamente. Aunque ya intuía la respuesta...

Había abortado hacia casi 10 años a un bebé de un mes y medio con un exnovio. Ella tenía 22 años por entonces y sentía mucha incertidumbre. La convencieron de que era "lo mejor". Qué era "muy joven" y que tenía "toda la vida por delante". Toda la familia la presionó para que lo hiciera, excepto el padre. El padre callaba, apocado y medroso, sin tener muy claro qué era lo correcto ni como defenderlo.

Ella cedió a su miedo y tomó la decisión. Luego racionalizó la idea, buscó el argumento para disipar las dudas que le atenzaban el pecho.

Entonces, llegó el día y se dejó hacer.

Mató a su propio hijo.

Su familia celebró una pequeña fiesta con las amigas, para mitigar el disgusto. Después, se fueron de viaje, procurando olvidar todo aquello. A fin de cuentas "no era nada".

El novio nunca supo de aquello, hasta que fue demasiado tarde. Su relación había terminado por el cambio de actitud de ella. Él era un chaval bueno, intentó conservarla, planear un futuro juntos, pero ella ya no podía estar con él después de aquello. Tres años más tarde, las amigas se pelearon. Una de ellas abrió la boca y se lo contó todo. Él se quitó la vida en un impulso desesperado.

Desde que matara a su hijo, la vida de ella estuvo en pausa. Su alma, gris, se había descolgado de su cuerpo, y moraba destrozada, sufriendo en algún rincón de su vientre roto. Casi diez años después la conocí yo. Al ver el panorama de su alma triste, quise ayudarla.

Fruto de mis investigaciones, llegué a una conclusión. Algo que poder probar y que nunca antes se había concebido. En vez de escapar del horror e intentar justificarlo, le propuse recorrer la senda contraria.

La llevé de viaje a la costa de Irlanda durante la primavera de 2018. En un lugar remoto, sobre un acantilado, nos arrodillamos solemnemente y meditamos juntos. Rezamos, si se quiere ver así. Entonces, le cogí las manos y le dije: "¿Cómo se llama tu hijo?"

Me miró sorprendida. Su hijo no tenia nombre. Le insté a que le pusiera un nombre. Que lo buscara en su interior. Así lo hizo, y le puso al niño el nombre de su padre. Después la invité a que diera gracias a Dios por el regalo de su hijo y que pidiera perdón al niño por no haber sabido protegerlo. Por no haber sabido escuchar su instinto y amarlo sobre sí misma, sobre su propio miedo.

Rompió a llorar y se derrumbó por completo, abriendo las puertas de su corazón, que habían permanecido cerradas desde el día en que pisó el abortorio. Me abrazó y lloró amargamente durante una hora, sobre ese acantilado, con el pelo revuelto por el viento. Pidió perdón a su hijo y le dió las gracias por existir. Por haberla hecho madre, por el regalo de su vida.

Desde aquel momento, recuperó la luz en su corazón y comenzó a sanar. En ese mismo momento también supimos, de una extraña manera, que no estábamos hechos para estar juntos. A ella le costó aceptarlo, pero yo sentí que mi trabajo con ella había terminado y que debía dejarla marchar.

No hablamos de ello, pero pocos meses después nos separamos y no volvimos a vernos nunca más.

A veces pienso en ella. Viviendo con su cicatriz a cuestas, pero reconciliada con su pasado y en Gracia de espíritu. La dejé mejor de lo que la encontré, y eso me basta.

Nunca volverá a ser quién era antes de aquel aborto. De algo así no se puede volver. Pero ella, por lo menos, vive en paz. Sabiendo que tuvo un hijo, Martín, que la estará esperando cuando se acaben sus días aquí. Que la cuida y la guarda desde donde quiera que esté, y que espera un día poder abrazar a su madre por primera vez.

...

Esta historia es real y no me había atrevido a escribirla hasta hoy por la mañana.

Gracias por leer. Espero que os haya inspirado.
Amen
 
Ayer me crucé con este post en Twitter y pensé que debía escribir al respecto.
1715498824631.png


Empezaré expresando claramente lo que pienso: cuando una mujer aborta está asesinando a su propio hijo en el lugar donde debería sentirse más seguro y amado: el vientre de su madre. Un crimen de tal magnitud deja el alma desgarrada para siempre. Lo sé porque salí un tiempo con una mujer que había abortado años atrás.

Ella nunca me contó nada, pero yo lo deduje por su forma de ser. Esa herida se notaba demasiado y solo podía deberse a un aborto, según supe más tarde. Había una especie de tristeza en su actitud, un hastío incurable, del que no conseguía deshacerse a pesar del paso del tiempo. Ella parecía normal, de cara a la galería. Se decía a sí misma que todo iba bien, que aquello había sido un mero trámite, una bicoca. Pero en el fondo, algo le hacía sentirse muerta por dentro. Estaba intranquila y jamás pudo descansar su espíritu desde aquello.

Durante la noche, se quedaba despierta mirando al techo. Pensando vagamente en su dolor sin nombre. Todo lo callaba. Seguía diciéndose que había hecho lo mejor, que así podía "disfrutar de su tiempo", que "le quedaba mucho por vivir". Pero ningún viaje la satisfacía. Ningún hobby la llenaba. Todo lo veía a través de una lente deslavazada, como un cristal sucio por dentro, durante un día de lluvia.

Yo supe todo esto mucho más tarde de conocerla.

Un día ella se cruzó conmigo. Le gusté y se ilusionó. Hizo todo lo posible por meterse en mi vida. Hicimos buenas migas y la dejé pasar a mi mundo. Me enseñó muchas cosas. Yo siempre la quise.

Sin embargo, ese vacío, ese perpetuo dolor oculto teñía todo lo que hacía. Arrastraba un aura de tristeza que reflejaba en el fondo de su mirada. Como si estuviera viviendo de prestado. Como si aquella no fuera su vida. Como si se hubiera pasado su parada y permanecido para siempre en un tren que no va a ningún lado.

Recuerdo que en su estado de WhatsApp había escrito el título de una canción: "Arriving somewhere". Pero aquel lugar que tanto esperaba, nunca llegaba, y siempre tuve la impresión de que ya había dejado de importarle. Ella sonreía con tristeza a la vida. Desengañada de cualquier promesa de alegría, pues el agujero negro que tenía en su pecho acababa devorando todo cuanto hacia por llenarlo.

Intenté comprenderla con denuedo. Al principio, me atrajo su misterio. Con el tiempo, sentí que en mi búsqueda había algo mucho más importante que la satisfacción de mi curiosidad juvenil. Empecé a investigar seriamente, guiado por una corazonada. Me animaba la idea de verla sonreír, de verla florecer, emerger de debajo de aquella extraña losa que todavía no podía comprender.

Después de varios meses de estudio y lecturas, comencé a dar vueltas a la sospecha de que quizá habría abortado en el pasado, con otro hombre, en otra vida anterior, hacía muchos años. Me armé de valor y le pregunté directamente. Aunque ya intuía la respuesta...

Había abortado hacia casi 10 años a un bebé de un mes y medio con un exnovio. Ella tenía 22 años por entonces y sentía mucha incertidumbre. La convencieron de que era "lo mejor". Qué era "muy joven" y que tenía "toda la vida por delante". Toda la familia la presionó para que lo hiciera, excepto el padre. El padre callaba, apocado y medroso, sin tener muy claro qué era lo correcto ni como defenderlo.

Ella cedió a su miedo y tomó la decisión. Luego racionalizó la idea, buscó el argumento para disipar las dudas que le atenzaban el pecho.

Entonces, llegó el día y se dejó hacer.

Mató a su propio hijo.

Su familia celebró una pequeña fiesta con las amigas, para mitigar el disgusto. Después, se fueron de viaje, procurando olvidar todo aquello. A fin de cuentas "no era nada".

El novio nunca supo de aquello, hasta que fue demasiado tarde. Su relación había terminado por el cambio de actitud de ella. Él era un chaval bueno, intentó conservarla, planear un futuro juntos, pero ella ya no podía estar con él después de aquello. Tres años más tarde, las amigas se pelearon. Una de ellas abrió la boca y se lo contó todo. Él se quitó la vida en un impulso desesperado.

Desde que matara a su hijo, la vida de ella estuvo en pausa. Su alma, gris, se había descolgado de su cuerpo, y moraba destrozada, sufriendo en algún rincón de su vientre roto. Casi diez años después la conocí yo. Al ver el panorama de su alma triste, quise ayudarla.

Fruto de mis investigaciones, llegué a una conclusión. Algo que poder probar y que nunca antes se había concebido. En vez de escapar del horror e intentar justificarlo, le propuse recorrer la senda contraria.

La llevé de viaje a la costa de Irlanda durante la primavera de 2018. En un lugar remoto, sobre un acantilado, nos arrodillamos solemnemente y meditamos juntos. Rezamos, si se quiere ver así. Entonces, le cogí las manos y le dije: "¿Cómo se llama tu hijo?"

Me miró sorprendida. Su hijo no tenia nombre. Le insté a que le pusiera un nombre. Que lo buscara en su interior. Así lo hizo, y le puso al niño el nombre de su padre. Después la invité a que diera gracias a Dios por el regalo de su hijo y que pidiera perdón al niño por no haber sabido protegerlo. Por no haber sabido escuchar su instinto y amarlo sobre sí misma, sobre su propio miedo.

Rompió a llorar y se derrumbó por completo, abriendo las puertas de su corazón, que habían permanecido cerradas desde el día en que pisó el abortorio. Me abrazó y lloró amargamente durante una hora, sobre ese acantilado, con el pelo revuelto por el viento. Pidió perdón a su hijo y le dió las gracias por existir. Por haberla hecho madre, por el regalo de su vida.

Desde aquel momento, recuperó la luz en su corazón y comenzó a sanar. En ese mismo momento también supimos, de una extraña manera, que no estábamos hechos para estar juntos. A ella le costó aceptarlo, pero yo sentí que mi trabajo con ella había terminado y que debía dejarla marchar.

No hablamos de ello, pero pocos meses después nos separamos y no volvimos a vernos nunca más.

A veces pienso en ella. Viviendo con su cicatriz a cuestas, pero reconciliada con su pasado y en Gracia de espíritu. La dejé mejor de lo que la encontré, y eso me basta.

Nunca volverá a ser quién era antes de aquel aborto. De algo así no se puede volver. Pero ella, por lo menos, vive en paz. Sabiendo que tuvo un hijo, Martín, que la estará esperando cuando se acaben sus días aquí. Que la cuida y la guarda desde donde quiera que esté, y que espera un día poder abrazar a su madre por primera vez.

...

Esta historia es real y no me había atrevido a escribirla hasta hoy por la mañana.

Gracias por leer. Espero que os haya inspirado.
Jura por lo más sagrado para ti que esa historia es cierta.
 
Muy bien escrito, shur.

Triste historia.

Supongo que habrá otras chicas que se lo tomen de forma distinta. Yo he conocido casos y no les cambió mucho el carácter, aunque es cierto que no sé que habrá pasado con los años. Siempre he creído como tú, que en la mayoría de casos quedará algo en el interior de la chica que aborta (cuanto más avanzado el embarazo, peor), pero también imagino que cada persona es un mundo.

Defiendo el derecho al aborto en algunas circunstancias, pero cada vez me gusta menos que se haga por cuestiones morales. Y, si está promovido por nuestros gobernantes psicópatas, es que no puede ser nada bueno.
 
Muy bien escrito, shur.

Triste historia.

Supongo que habrá otras chicas que se lo tomen de forma distinta. Yo he conocido casos y no les cambió mucho el carácter, aunque es cierto que no sé que habrá pasado con los años. Siempre he creído como tú, que en la mayoría de casos quedará algo en el interior de la chica que aborta (cuanto más avanzado el embarazo, peor), pero también imagino que cada persona es un mundo.

Defiendo el derecho al aborto en algunas circunstancias, pero cada vez me gusta menos que se haga por cuestiones morales. Y, si está promovido por nuestros gobernantes psicópatas, es que no puede ser nada bueno.
Juiciosa forma de verlo.

Sin duda, beneficioso no es. Yo pasé de "aceptarlo" o preferir no opinar al respecto, a afirmar con toda su contundencia que se trata de un crimen sin remedio. Me costó tragar esa píldora. Pero fue por esta chica que lo entendí.

Varios años después, trabajando con un cliente mío (temas de orientación masculina), pude conocer a otra chica vinculada a él que sufría de la misma condición. Identifiqué el problema al momento de conocerla. Lo vi reflejado en su rostro, como a esta otra. Se trata de una impronta particular.
 
Muchas veces queremos lo que no ha podido ser.

Pongo el caso a la inversa de una amiga que no abortó a pesar de considerar que era la mejor opción, y por la presión inversa siguió adelante. Y aunque ha sabido seguir adelante con su hija y hacerlo todo por ella, notas exactamente la misma sensación que describes de tu ex, con la salvedad de que no puede admitir abiertamente que se arrepiente de haber seguido adelante con el embarazo porque eso sí que está muy mal visto.

Hay gente que no está preparada para ser padres, y no deberían serlo.


Es más, en el caso que expones, solo ella lo sabe, o puede que no. Me explico. Lo que describes parece depresión, y ocurre una cosa muy curiosa con la depresión y otros trastornos del estilo (ansiedad, etc)... Los síntomas son parecidos (no saber qué rumbo tomar, apatía, tristeza persistente, cambios de ánimo, frustración, culpabilidad...). Los motivos, son un crisol. Y uno suele agarrarse a lo más obvio, que en este caso podría ser un aborto, como bien podría ser cualquier otro trauma sufrido en la infancia sin saber exactamente qué es, una vida sin rutina, sueños sin cumplir o directamente imposibles, o incluso un desorden químico. Pero claro, es más "fácil" pensar que de haber tomado otra decisión, el desenlace sería distinto. Y distinto hubiera sido, pero no se puede saber si para mejor. Pero cuando estamos mal, solemos pensar que cualquier otra cosa habría sido mejor.
 
Muchas veces queremos lo que no ha podido ser.

Pongo el caso a la inversa de una amiga que no abortó a pesar de considerar que era la mejor opción, y por la presión inversa siguió adelante. Y aunque ha sabido seguir adelante con su hija y hacerlo todo por ella, notas exactamente la misma sensación que describes de tu ex, con la salvedad de que no puede admitir abiertamente que se arrepiente de haber seguido adelante con el embarazo porque eso sí que está muy mal visto.

Hay gente que no está preparada para ser padres, y no deberían serlo.


Es más, en el caso que expones, solo ella lo sabe, o puede que no. Me explico. Lo que describes parece depresión, y ocurre una cosa muy curiosa con la depresión y otros trastornos del estilo (ansiedad, etc)... Los síntomas son parecidos (no saber qué rumbo tomar, apatía, tristeza persistente, cambios de ánimo, frustración, culpabilidad...). Los motivos, son un crisol. Y uno suele agarrarse a lo más obvio, que en este caso podría ser un aborto, como bien podría ser cualquier otro trauma sufrido en la infancia sin saber exactamente qué es, una vida sin rutina, sueños sin cumplir o directamente imposibles, o incluso un desorden químico. Pero claro, es más "fácil" pensar que de haber tomado otra decisión, el desenlace sería distinto. Y distinto hubiera sido, pero no se puede saber si para mejor. Pero cuando estamos mal, solemos pensar que cualquier otra cosa habría sido mejor.
Todavía no he conocido a nadie que se haya arrepentido de tener hijos.

De no tenerlos, a paladas.

Esa chica no estaba deprimida. Era algo distinto, te lo aseguro. La depresión era un síntoma, en todo caso.
 
Todavía no he conocido a nadie que se haya arrepentido de tener hijos.

De no tenerlos, a paladas.

Esa chica no estaba deprimida. Era algo distinto, te lo aseguro. La depresión era un síntoma, en todo caso.
Es más fácil admitir arrepentirse de un aborto.

Ya te digo yo que tengo esta amiga que me lo ha dicho expresamente, y otra que alguna vez lo deja entrever pero no se atreve a admitirlo abiertamente por lo mal visto que está.

Tampoco sabemos los demás, como oyentes, cómo responder adecuadamente a algo así. ¿Cómo le dices a alguien que su deseo de no haber tenido hijos nunca es lícito (que lo es, aunque ahora no se pueda hacer nada)? Es duro...

Y ojo que no hablo de madres cuyos hijos sean desastres, monstruos, ni hayan hecho nada malo... Son buenos niños, pero la situación muchas veces les supera y han visto su vida sacrificada únicamente a sus hijos.. que por una parte es lo lógico, yo lo haría también, pero ellas no querían y no abortaron por toda la presión que supone, y el miedo precisamente a arrepentirse. Por eso digo que el planteamiento funciona en ambas direcciones. Lo más seguro es que de haber abortado, estarían preguntándose igualmente lo mismo.

Y lo dicho, la sensación que describes es igual: parecen muertas en vida.
 
De lo mejor que he leído en un foro en mi vida.
Gracias shur. Nunca había escrito esta historia antes. El otro día, hablando con mi hermano pequeño, me vino a la mente está chica por algún motivo. Creo que me quedé dándole vueltas a la cabeza hasta que vi ese post en Twitter. Esta mañana, cuando desperté, sobre las 8, pensé que debía escribirlo. Así ha salido. Gracias por leerlo.
 
Gracias shur. Nunca había escrito esta historia antes. El otro día, hablando con mi hermano pequeño, me vino a la mente está chica por algún motivo. Creo que me quedé dándole vueltas a la cabeza hasta que vi ese post en Twitter. Esta mañana, cuando desperté, sobre las 8, pensé que debía escribirlo. Así ha salido. Gracias por leerlo.

Yo tuve una novia que me duró un año. Al mes más o menos de empezar a salir (fue algo raro tipo nos enrollamos y en algún momento empezamos a hacer vida de novios sin muchas declaraciones ni nada) vino un día llorando. Le pregunté y me dijo que venía de hacerse un aborto. En realidad tenía un novio cuando la conocí y le hizo algo de liana.

Yo en este momento no le pregunté nada. La abracé y dejé que llorase. Y durante varios días estuve muy atento con ella. Percibí que estaba jodida de verdad.

Pero a diferencia que tú, con el tiempo "eso" empezó a ser un tabú. No se hablaba de eso. No había pasado nada. Y creo que fue un error.

Leyéndote me han venido muchas cosas a la mente.
 
Yo tuve una novia que me duró un año. Al mes más o menos de empezar a salir (fue algo raro tipo nos enrollamos y en algún momento empezamos a hacer vida de novios sin muchas declaraciones ni nada) vino un día llorando. Le pregunté y me dijo que venía de hacerse un aborto. En realidad tenía un novio cuando la conocí y le hizo algo de liana.

Yo en este momento no le pregunté nada. La abracé y dejé que llorase. Y durante varios días estuve muy atento con ella. Percibí que estaba jodida de verdad.

Pero a diferencia que tú, con el tiempo "eso" empezó a ser un tabú. No se hablaba de eso. No había pasado nada. Y creo que fue un error.

Leyéndote me han venido muchas cosas a la mente.
Se bien a qué te refieres. Conozco esas sensaciones. Uno de mis clientes vivió algo similar y le acompañé durante su proceso.
 
Ayer me crucé con este post en Twitter y pensé que debía escribir al respecto.
1715498824631.png


Empezaré expresando claramente lo que pienso: cuando una mujer aborta está asesinando a su propio hijo en el lugar donde debería sentirse más seguro y amado: el vientre de su madre. Un crimen de tal magnitud deja el alma desgarrada para siempre. Lo sé porque salí un tiempo con una mujer que había abortado años atrás.

Ella nunca me contó nada, pero yo lo deduje por su forma de ser. Esa herida se notaba demasiado y solo podía deberse a un aborto, según supe más tarde. Había una especie de tristeza en su actitud, un hastío incurable, del que no conseguía deshacerse a pesar del paso del tiempo. Ella parecía normal, de cara a la galería. Se decía a sí misma que todo iba bien, que aquello había sido un mero trámite, una bicoca. Pero en el fondo, algo le hacía sentirse muerta por dentro. Estaba intranquila y jamás pudo descansar su espíritu desde aquello.

Durante la noche, se quedaba despierta mirando al techo. Pensando vagamente en su dolor sin nombre. Todo lo callaba. Seguía diciéndose que había hecho lo mejor, que así podía "disfrutar de su tiempo", que "le quedaba mucho por vivir". Pero ningún viaje la satisfacía. Ningún hobby la llenaba. Todo lo veía a través de una lente deslavazada, como un cristal sucio por dentro, durante un día de lluvia.

Yo supe todo esto mucho más tarde de conocerla.

Un día ella se cruzó conmigo. Le gusté y se ilusionó. Hizo todo lo posible por meterse en mi vida. Hicimos buenas migas y la dejé pasar a mi mundo. Me enseñó muchas cosas. Yo siempre la quise.

Sin embargo, ese vacío, ese perpetuo dolor oculto teñía todo lo que hacía. Arrastraba un aura de tristeza que reflejaba en el fondo de su mirada. Como si estuviera viviendo de prestado. Como si aquella no fuera su vida. Como si se hubiera pasado su parada y permanecido para siempre en un tren que no va a ningún lado.

Recuerdo que en su estado de WhatsApp había escrito el título de una canción: "Arriving somewhere". Pero aquel lugar que tanto esperaba, nunca llegaba, y siempre tuve la impresión de que ya había dejado de importarle. Ella sonreía con tristeza a la vida. Desengañada de cualquier promesa de alegría, pues el agujero negro que tenía en su pecho acababa devorando todo cuanto hacia por llenarlo.

Intenté comprenderla con denuedo. Al principio, me atrajo su misterio. Con el tiempo, sentí que en mi búsqueda había algo mucho más importante que la satisfacción de mi curiosidad juvenil. Empecé a investigar seriamente, guiado por una corazonada. Me animaba la idea de verla sonreír, de verla florecer, emerger de debajo de aquella extraña losa que todavía no podía comprender.

Después de varios meses de estudio y lecturas, comencé a dar vueltas a la sospecha de que quizá habría abortado en el pasado, con otro hombre, en otra vida anterior, hacía muchos años. Me armé de valor y le pregunté directamente. Aunque ya intuía la respuesta...

Había abortado hacia casi 10 años a un bebé de un mes y medio con un exnovio. Ella tenía 22 años por entonces y sentía mucha incertidumbre. La convencieron de que era "lo mejor". Qué era "muy joven" y que tenía "toda la vida por delante". Toda la familia la presionó para que lo hiciera, excepto el padre. El padre callaba, apocado y medroso, sin tener muy claro qué era lo correcto ni como defenderlo.

Ella cedió a su miedo y tomó la decisión. Luego racionalizó la idea, buscó el argumento para disipar las dudas que le atenzaban el pecho.

Entonces, llegó el día y se dejó hacer.

Mató a su propio hijo.

Su familia celebró una pequeña fiesta con las amigas, para mitigar el disgusto. Después, se fueron de viaje, procurando olvidar todo aquello. A fin de cuentas "no era nada".

El novio nunca supo de aquello, hasta que fue demasiado tarde. Su relación había terminado por el cambio de actitud de ella. Él era un chaval bueno, intentó conservarla, planear un futuro juntos, pero ella ya no podía estar con él después de aquello. Tres años más tarde, las amigas se pelearon. Una de ellas abrió la boca y se lo contó todo. Él se quitó la vida en un impulso desesperado.

Desde que matara a su hijo, la vida de ella estuvo en pausa. Su alma, gris, se había descolgado de su cuerpo, y moraba destrozada, sufriendo en algún rincón de su vientre roto. Casi diez años después la conocí yo. Al ver el panorama de su alma triste, quise ayudarla.

Fruto de mis investigaciones, llegué a una conclusión. Algo que poder probar y que nunca antes se había concebido. En vez de escapar del horror e intentar justificarlo, le propuse recorrer la senda contraria.

La llevé de viaje a la costa de Irlanda durante la primavera de 2018. En un lugar remoto, sobre un acantilado, nos arrodillamos solemnemente y meditamos juntos. Rezamos, si se quiere ver así. Entonces, le cogí las manos y le dije: "¿Cómo se llama tu hijo?"

Me miró sorprendida. Su hijo no tenia nombre. Le insté a que le pusiera un nombre. Que lo buscara en su interior. Así lo hizo, y le puso al niño el nombre de su padre. Después la invité a que diera gracias a Dios por el regalo de su hijo y que pidiera perdón al niño por no haber sabido protegerlo. Por no haber sabido escuchar su instinto y amarlo sobre sí misma, sobre su propio miedo.

Rompió a llorar y se derrumbó por completo, abriendo las puertas de su corazón, que habían permanecido cerradas desde el día en que pisó el abortorio. Me abrazó y lloró amargamente durante una hora, sobre ese acantilado, con el pelo revuelto por el viento. Pidió perdón a su hijo y le dió las gracias por existir. Por haberla hecho madre, por el regalo de su vida.

Desde aquel momento, recuperó la luz en su corazón y comenzó a sanar. En ese mismo momento también supimos, de una extraña manera, que no estábamos hechos para estar juntos. A ella le costó aceptarlo, pero yo sentí que mi trabajo con ella había terminado y que debía dejarla marchar.

No hablamos de ello, pero pocos meses después nos separamos y no volvimos a vernos nunca más.

A veces pienso en ella. Viviendo con su cicatriz a cuestas, pero reconciliada con su pasado y en Gracia de espíritu. La dejé mejor de lo que la encontré, y eso me basta.

Nunca volverá a ser quién era antes de aquel aborto. De algo así no se puede volver. Pero ella, por lo menos, vive en paz. Sabiendo que tuvo un hijo, Martín, que la estará esperando cuando se acaben sus días aquí. Que la cuida y la guarda desde donde quiera que esté, y que espera un día poder abrazar a su madre por primera vez.

...

Esta historia es real y no me había atrevido a escribirla hasta hoy por la mañana.

Gracias por leer. Espero que os haya inspirado.
no he leído una sola palabra, pero mola como has puesto la foto y el texto al lado, como lo has hecho?

nunca escribiré tanto texto en un foro en mi vida, pero por siaca. Saberlo.

Gracias de hantevraço
 
Gracias shur por el relato. Muy cuidado en la forma de escribir, me ha gustado mucho.

Como muchas otras cosas, defiendo el aborto como opción aunque no me guste y crea que se deba usar en última opción: bebé con muchos problemas de salud, riesgo para la madre, violación y, finalmente, embarazo no deseado.

Y creo que debe ser una opción porque sino siempre habrá gente que lo necesitará y si no es legal acudirán a medios ilegales y por tanto siempre más peligrosos.

Dicho lo cual, también pienso que una experiencia así tiene que marcar. Y realmente no puedo entenderlo porque no soy dador de vida, como una mujer.

Recuerdo hace años en Twitter ver un post de una mujer negra americana presumiendo de su 5 o 6 aborto. Eso tiene que ser la muerte del espíritu.

Con la de métodos anticonceptivos que existen hoy día (hasta la pastilla del día después, si me apuras) que me resulta extraño que una mujer en circunstancias normales pueda llegar a necesitar uno.

Un saludo!
 
no he leído una sola palabra, pero mola como has puesto la foto y el texto al lado, como lo has hecho?

nunca escribiré tanto texto en un foro en mi vida, pero por siaca. Saberlo.

Gracias de hantevraço
Fácil. Inserta la imagen, pincha sobre ella y saldrán unas opciones para ajustarla al párrafo.
 
Gracias shur por el relato. Muy cuidado en la forma de escribir, me ha gustado mucho.

Como muchas otras cosas, defiendo el aborto como opción aunque no me guste y crea que se deba usar en última opción: bebé con muchos problemas de salud, riesgo para la madre, violación y, finalmente, embarazo no deseado.

Y creo que debe ser una opción porque sino siempre habrá gente que lo necesitará y si no es legal acudirán a medios ilegales y por tanto siempre más peligrosos.

Dicho lo cual, también pienso que una experiencia así tiene que marcar. Y realmente no puedo entenderlo porque no soy dador de vida, como una mujer.

Recuerdo hace años en Twitter ver un post de una mujer negra americana presumiendo de su 5 o 6 aborto. Eso tiene que ser la muerte del espíritu.

Con la de métodos anticonceptivos que existen hoy día (hasta la pastilla del día después, si me apuras) que me resulta extraño que una mujer en circunstancias normales pueda llegar a necesitar uno.

Un saludo!
Yo, sin embargo, dejé de hacer cálculos con el valor de la vida hace tiempo.

Riesgo para la madre, lo comprendo. Pero una violación no amerita el asesinato de un inocente. La inconveniencia del embarazo no deseado, no amerita el asesinato de un inocente. Y el criterio eugenésico de la malformación, tampoco amerita el asesinato de un inocente.

¿Dónde pintar la línea que separa el derecho natural a vivir o morir? ¿Por qué decidir sobre las vidas de los inocentes?

Creo que juzgamos sin medida y el beneficio que obtenemos no es sino la condena por nuestra ignorancia.

Entienda quién entienda. Y quien sepa amar, que ame.

Cada uno es responsable de sus actos.
 
Yo, sin embargo, dejé de hacer cálculos con el valor de la vida hace tiempo.

Riesgo para la madre, lo comprendo. Pero una violación no amerita el asesinato de un inocente. La inconveniencia del embarazo no deseado, no amerita el asesinato de un inocente. Y el criterio eugenésico de la malformación, tampoco amerita el asesinato de un inocente.

¿Dónde pintar la línea que separa el derecho natural a vivir o morir? ¿Por qué decidir sobre las vidas de los inocentes?

Creo que juzgamos sin medida y el beneficio que obtenemos no es sino la condena por nuestra ignorancia.

Entienda quién entienda. Y quien sepa amar, que ame.

Cada uno es responsable de sus actos.

Bueno, es fácil no hacer cálculos con el valor de la vida cuando no tienes que parirlo o criarlo.

De prohibir el aborto esté se seguirá dando, solo que en condiciones de clandestinidad.

Discrepo: una violación amerita un aborto. Porque la vida de la mujer ya ha quedado suficientemente jodida por tener que pasar por el trago de una violación como para encima tener que criar al producto de esa. Cuidar a una criatura es una empresa para toda la vida, no puedes poner ese peso sobre los demás y encima cuando se ha producido con un acto tan traumático como una violación.

Sobre el criterio eugenésico, si puedes evitar enfermedades graves o malformaciones en un niño que las vas a pasar jodidas, porque no? Hoy día apenas nacen niños con Síndrome de Down por ese motivo en Europa.

Probablemente el embarazo no deseado sea el más peliagudo, pero si no das esa opción, habrá mujeres que tomarán la misma decisión pero tendrán que acudir a medios más peligrosos.

Pintarç la linea es complicado. Un esperma no es vida humana. Una vez fecundado, un zigoto asumo que si, pero son terrenos pantanosos.

En otros temas, en cambio, como la investigación con células madre, la verdad es que no tengo ningún inconveniente moral y nunca he entendido porque, particularmente en estados unidos, había tanta controversia con ellas.

Es un tema controvertido. Nunca nadie cercano a mi ha vivido un aborto y como te dije en mi primer mensaje, lo que me sorprende es que se llegue al embarazo por descuido, porque siempre me he cuidado mucho de tomar las protecciones adecuadas.

Gracias por explicar tu postura, no siempre podemos estar de acuerdo!

Un saludo
 
Última edición:
Bueno, es fácil no hacer cálculos con el valor de la vida cuando tienes que parirlo o criarlo.

De prohibir el aborto esté se seguirá dando, solo que en condiciones de clandestinidad.

Discrepo: una violación amerita un aborto. Porque la vida de la mujer ya ha quedado suficientemente jodida por tener que pasar por el trago de una violación como para encima tener que criar al producto de esa. Cuidar a una criatura es una empresa para toda la vida, no puedes poner ese peso sobre los demás y encima cuando se ha producido con un acto tan traumático como una violación.

Sobre el criterio eugenésico, si puedes evitar enfermedades graves o malformaciones en un niño que las vas a pasar jodidas, porque no? Hoy día apenas nacen niños con Síndrome de Down por ese motivo en Europa.

Probablemente el embarazo no deseado sea el más peliagudo, pero si no das esa opción, habrá mujeres que tomarán la misma decisión pero tendrán que acudir a medios más peligrosos.

Pintarç la linea es complicado. Un esperma no es vida humana. Una vez fecundado, un zigoto asumo que si, pero son terrenos pantanosos.

En otros temas, en cambio, como la investigación con células madre, la verdad es que no tengo ningún inconveniente moral y nunca he entendido porque, particularmente en estados unidos, había tanta controversia con ellas.

Es un tema controvertido. Nunca nadie cercano a mi ha vivido un aborto y como te dije en mi primer mensaje, lo que me sorprende es que se llegue al embarazo por descuido, porque siempre me he cuidado mucho de tomar las protecciones adecuadas.

Gracias por explicar tu postura, no siempre podemos estar de acuerdo!

Un saludo

Por matizar un poco, una vida producto de una violación se puede entregar en adopción.
 
Por matizar un poco, una vida producto de una violación se puede entregar en adopción.

Mira, decía que nadie cercano a mi ha sufrido un aborto como tal, pero una compañera de la uni fue violada en 2011 en Barcelona, volviendo de fiesta.

En el hospital la exploraron y tenía semen del violador, por lo que tomó la pastilla del día después.

No fue un aborto al uso, pero con lo destrozada que quedó después del evento, pensar en además quedarse embarazada 9 meses y parirlo, me parece una tortura.

De todas formas, para mí lo suyo es que haya opciones y que luego cada uno tome su decisión.

Quieres tenerlo y darlo en adopción? Ok, es su decisión, como lo sería no tenerlo o tenerlo y criarlo.

Un saludo shur!
 
Yo perdí a mi primer retoño porque venía con trisomía 18. Se le paró el corazón al tercer mes de embarazo y tuvieron que hacerle un raspado a mi mujer.

Fue entonces cuando cambié el chip y dejé de ser frívolo con un tema tan delicado. Desde entonces me revienta la gente que se toma el tema del aborto a la ligera.
 
Creo que es un tema que no habría que tomarse a la ligera, no me pongo en plan meapilas ni mucho menos pero considero que la peña tiene que ser responsable de los actos que hace y no pensar que abortar es como tomar la pastilla del día después, a poco que le des vueltas te puede romper la cabeza pensar en el trasfondo de eliminar a un posible vástago y en qué momento está bien o mal hacerlo.
 
Ayer me crucé con este post en Twitter y pensé que debía escribir al respecto.
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Empezaré expresando claramente lo que pienso: cuando una mujer aborta está asesinando a su propio hijo en el lugar donde debería sentirse más seguro y amado: el vientre de su madre. Un crimen de tal magnitud deja el alma desgarrada para siempre. Lo sé porque salí un tiempo con una mujer que había abortado años atrás.

Ella nunca me contó nada, pero yo lo deduje por su forma de ser. Esa herida se notaba demasiado y solo podía deberse a un aborto, según supe más tarde. Había una especie de tristeza en su actitud, un hastío incurable, del que no conseguía deshacerse a pesar del paso del tiempo. Ella parecía normal, de cara a la galería. Se decía a sí misma que todo iba bien, que aquello había sido un mero trámite, una bicoca. Pero en el fondo, algo le hacía sentirse muerta por dentro. Estaba intranquila y jamás pudo descansar su espíritu desde aquello.

Durante la noche, se quedaba despierta mirando al techo. Pensando vagamente en su dolor sin nombre. Todo lo callaba. Seguía diciéndose que había hecho lo mejor, que así podía "disfrutar de su tiempo", que "le quedaba mucho por vivir". Pero ningún viaje la satisfacía. Ningún hobby la llenaba. Todo lo veía a través de una lente deslavazada, como un cristal sucio por dentro, durante un día de lluvia.

Yo supe todo esto mucho más tarde de conocerla.

Un día ella se cruzó conmigo. Le gusté y se ilusionó. Hizo todo lo posible por meterse en mi vida. Hicimos buenas migas y la dejé pasar a mi mundo. Me enseñó muchas cosas. Yo siempre la quise.

Sin embargo, ese vacío, ese perpetuo dolor oculto teñía todo lo que hacía. Arrastraba un aura de tristeza que reflejaba en el fondo de su mirada. Como si estuviera viviendo de prestado. Como si aquella no fuera su vida. Como si se hubiera pasado su parada y permanecido para siempre en un tren que no va a ningún lado.

Recuerdo que en su estado de WhatsApp había escrito el título de una canción: "Arriving somewhere". Pero aquel lugar que tanto esperaba, nunca llegaba, y siempre tuve la impresión de que ya había dejado de importarle. Ella sonreía con tristeza a la vida. Desengañada de cualquier promesa de alegría, pues el agujero negro que tenía en su pecho acababa devorando todo cuanto hacia por llenarlo.

Intenté comprenderla con denuedo. Al principio, me atrajo su misterio. Con el tiempo, sentí que en mi búsqueda había algo mucho más importante que la satisfacción de mi curiosidad juvenil. Empecé a investigar seriamente, guiado por una corazonada. Me animaba la idea de verla sonreír, de verla florecer, emerger de debajo de aquella extraña losa que todavía no podía comprender.

Después de varios meses de estudio y lecturas, comencé a dar vueltas a la sospecha de que quizá habría abortado en el pasado, con otro hombre, en otra vida anterior, hacía muchos años. Me armé de valor y le pregunté directamente. Aunque ya intuía la respuesta...

Había abortado hacia casi 10 años a un bebé de un mes y medio con un exnovio. Ella tenía 22 años por entonces y sentía mucha incertidumbre. La convencieron de que era "lo mejor". Qué era "muy joven" y que tenía "toda la vida por delante". Toda la familia la presionó para que lo hiciera, excepto el padre. El padre callaba, apocado y medroso, sin tener muy claro qué era lo correcto ni como defenderlo.

Ella cedió a su miedo y tomó la decisión. Luego racionalizó la idea, buscó el argumento para disipar las dudas que le atenzaban el pecho.

Entonces, llegó el día y se dejó hacer.

Mató a su propio hijo.

Su familia celebró una pequeña fiesta con las amigas, para mitigar el disgusto. Después, se fueron de viaje, procurando olvidar todo aquello. A fin de cuentas "no era nada".

El novio nunca supo de aquello, hasta que fue demasiado tarde. Su relación había terminado por el cambio de actitud de ella. Él era un chaval bueno, intentó conservarla, planear un futuro juntos, pero ella ya no podía estar con él después de aquello. Tres años más tarde, las amigas se pelearon. Una de ellas abrió la boca y se lo contó todo. Él se quitó la vida en un impulso desesperado.

Desde que matara a su hijo, la vida de ella estuvo en pausa. Su alma, gris, se había descolgado de su cuerpo, y moraba destrozada, sufriendo en algún rincón de su vientre roto. Casi diez años después la conocí yo. Al ver el panorama de su alma triste, quise ayudarla.

Fruto de mis investigaciones, llegué a una conclusión. Algo que poder probar y que nunca antes se había concebido. En vez de escapar del horror e intentar justificarlo, le propuse recorrer la senda contraria.

La llevé de viaje a la costa de Irlanda durante la primavera de 2018. En un lugar remoto, sobre un acantilado, nos arrodillamos solemnemente y meditamos juntos. Rezamos, si se quiere ver así. Entonces, le cogí las manos y le dije: "¿Cómo se llama tu hijo?"

Me miró sorprendida. Su hijo no tenia nombre. Le insté a que le pusiera un nombre. Que lo buscara en su interior. Así lo hizo, y le puso al niño el nombre de su padre. Después la invité a que diera gracias a Dios por el regalo de su hijo y que pidiera perdón al niño por no haber sabido protegerlo. Por no haber sabido escuchar su instinto y amarlo sobre sí misma, sobre su propio miedo.

Rompió a llorar y se derrumbó por completo, abriendo las puertas de su corazón, que habían permanecido cerradas desde el día en que pisó el abortorio. Me abrazó y lloró amargamente durante una hora, sobre ese acantilado, con el pelo revuelto por el viento. Pidió perdón a su hijo y le dió las gracias por existir. Por haberla hecho madre, por el regalo de su vida.

Desde aquel momento, recuperó la luz en su corazón y comenzó a sanar. En ese mismo momento también supimos, de una extraña manera, que no estábamos hechos para estar juntos. A ella le costó aceptarlo, pero yo sentí que mi trabajo con ella había terminado y que debía dejarla marchar.

No hablamos de ello, pero pocos meses después nos separamos y no volvimos a vernos nunca más.

A veces pienso en ella. Viviendo con su cicatriz a cuestas, pero reconciliada con su pasado y en Gracia de espíritu. La dejé mejor de lo que la encontré, y eso me basta.

Nunca volverá a ser quién era antes de aquel aborto. De algo así no se puede volver. Pero ella, por lo menos, vive en paz. Sabiendo que tuvo un hijo, Martín, que la estará esperando cuando se acaben sus días aquí. Que la cuida y la guarda desde donde quiera que esté, y que espera un día poder abrazar a su madre por primera vez.

...

Esta historia es real y no me había atrevido a escribirla hasta hoy por la mañana.

Gracias por leer. Espero que os haya inspirado.
me has roto el corazón
 
Pues a mí el aborto me parece una gilipollez como una casa, qe cojones va q ser como matar a un hijo
 
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