DaleGarrote
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Es imposible razonar con fanáticos. Nos han convencido de que nuestras voces no importan. La conclusión es dura: el peligro no es la izquierda ni la derecha. No sé cuál es tu ideología, si eres de derechas o de izquierdas, conservador o progresista, pero puedo asegurarte algo: si han conseguido que tu ideología se convierta en tu identidad, has caído en la trampa de esos líderes a los que admiras.
Y esa trampa es aún más peligrosa cuando se transforma en un culto a la personalidad, sea quien sea quien ocupe ese lugar. La conclusión es clara: la polarización anula el pensamiento crítico. Cuando caes en esa dinámica, dejas de evaluar las ideas. Apoyas todo lo que diga Fulano y rechazas automáticamente todo lo que venga de Mengano. Te están utilizando. Te has convertido en una pieza más de su tablero.
Pero aquí está el secreto que no quieren que sepas: los moderados somos mayoría. Lo que ocurre es que el ruido de los extremos nos ha quitado las ganas de hablar. Callamos para no soportar ataques o porque creemos que es imposible razonar con fanáticos. Nos han hecho creer que nuestras voces no cuentan, que el futuro se decide únicamente en la lucha entre los extremos y que la moderación es una forma de cobardía.
Nada de eso es cierto. La moderación no es falta de convicciones. Es la convicción de que la democracia y sus instituciones están por encima de cualquier ideología o interés partidista. Es creer que un país (sea cual sea) vale más que un partido o un líder. Es entender que cuidar las reglas del juego es más urgente que ganar el partido.
Y esa trampa es aún más peligrosa cuando se transforma en un culto a la personalidad, sea quien sea quien ocupe ese lugar. La conclusión es clara: la polarización anula el pensamiento crítico. Cuando caes en esa dinámica, dejas de evaluar las ideas. Apoyas todo lo que diga Fulano y rechazas automáticamente todo lo que venga de Mengano. Te están utilizando. Te has convertido en una pieza más de su tablero.
Pero aquí está el secreto que no quieren que sepas: los moderados somos mayoría. Lo que ocurre es que el ruido de los extremos nos ha quitado las ganas de hablar. Callamos para no soportar ataques o porque creemos que es imposible razonar con fanáticos. Nos han hecho creer que nuestras voces no cuentan, que el futuro se decide únicamente en la lucha entre los extremos y que la moderación es una forma de cobardía.
Nada de eso es cierto. La moderación no es falta de convicciones. Es la convicción de que la democracia y sus instituciones están por encima de cualquier ideología o interés partidista. Es creer que un país (sea cual sea) vale más que un partido o un líder. Es entender que cuidar las reglas del juego es más urgente que ganar el partido.
