Te comento. Antes España fue la octava potencia mundial. No existía el IVA general, ciertos artículos de lujo como perfumes creo que pagaban el 6%. Con un salario normal, la mujer se podía quedar en casa y encima daba para comprar un piso en la playa o construir un pequeño chalet.
Obviamente la tecnología, medicina y ciertos avances pesan en la decisión.
Pero si la sociedad española hubiera seguido igual, bien gestionada, sin endeudamientos, sin gastos estúpidos, sin ministerios para crear división y odio entre españoles... en definitiva sin socialismo... no me cabe duda que España estaría compitiendo económicamente en los puestos de cabeza y el PIB per cápita español sería de los mayores del mundo, quizá al nivel de Suiza.
O bien, directamente viviriamos mucho mejor sin tener que trabajar tanto para una miseria en muchos casos. Podríamos tener prácticamente pleno empleo y vivir estupendamente con que trabajase uno de los cabeza de familia.
En la época de mis padres las puertas se dejaban abiertas por el día y las llaves en los coches por si lo tenía que mover un vecino si estaba mal aparcado.
El comentario que planteas representa una visión nostálgica de un pasado percibido como más próspero, seguro y cohesionado socialmente. Este tipo de discurso, frecuente en épocas de incertidumbre o crisis, tiende a idealizar determinadas décadas —generalmente los años 60 o 70— desde una experiencia personal o colectiva que no siempre se corresponde con la complejidad histórica, económica y social del momento.
En primer lugar, conviene matizar algunas afirmaciones sobre el contexto económico español del pasado. Si bien es cierto que en las décadas posteriores a la posguerra España experimentó un notable crecimiento económico —especialmente durante el llamado "milagro español" (1959-1973)— este desarrollo se produjo en un contexto de fuerte autoritarismo político, control de libertades, y con un modelo económico muy dependiente del turismo, la construcción y el bajo coste laboral. Además, el modelo familiar en el que un solo ingreso bastaba para mantener el hogar y adquirir propiedades no se debe únicamente a una supuesta “buena gestión”, sino a una serie de factores estructurales: menor coste de vida relativo, acceso limitado a bienes de consumo, créditos baratos (a menudo condicionados políticamente), y sobre todo, un rol profundamente desigual de género que relegaba a la mujer al ámbito doméstico, sin reconocimiento económico ni independencia profesional.
En cuanto al argumento político sobre la gestión socialista como causa de decadencia económica, conviene evitar reduccionismos ideológicos. La evolución económica de un país es resultado de múltiples factores: coyunturas internacionales, integración en estructuras supranacionales como la UE, políticas fiscales y laborales, transformaciones tecnológicas, así como la globalización y las sucesivas crisis económicas (como la de 2008). Además, los distintos gobiernos —tanto de izquierdas como de derechas— han tenido responsabilidades compartidas en la gestión económica. Por ejemplo, el crecimiento de la deuda pública no ha sido exclusivo de un solo signo político, y tampoco lo ha sido el fenómeno del desempleo estructural o la precarización del trabajo.
Por otro lado, la comparación con países como Suiza debe contextualizarse cuidadosamente. Suiza es una economía pequeña, con una larga tradición de neutralidad, alta estabilidad institucional, un sistema fiscal muy diferente al español, y una estructura productiva basada en servicios financieros, innovación y alta cualificación laboral. Pretender replicar ese modelo sin atender a las profundas diferencias estructurales, históricas y culturales entre ambos países puede llevar a conclusiones erróneas o simplistas.
Finalmente, el recuerdo de una sociedad donde "las puertas se dejaban abiertas" alude a un nivel de confianza social que ciertamente ha cambiado. Sin embargo, esa confianza se daba también en contextos mucho más homogéneos, rurales o de menor movilidad poblacional. La complejidad y diversidad de las sociedades contemporáneas requieren nuevas formas de cohesión, más allá de idealizaciones del pasado.
En suma, aunque es comprensible que ciertas generaciones perciban que "antes se vivía mejor", es necesario contrastar esas impresiones con análisis empíricos, datos históricos y una perspectiva crítica. Solo así podemos construir un diagnóstico riguroso y propositivo sobre el presente y el futuro de nuestra sociedad.
Datos históricos y económicos: España vs pasado idealizado
1. PIB per cápita actual vs pasado
En 2023, el PIB per cápita nominal de España era de aproximadamente US$ 33.500.
Esto lo sitúa bastante por debajo de los niveles de los países con mayor renta per cápita en Europa, como Suiza, cuyo PIB per cápita nominal ronda los US$ 100.000.
No tengo un dato exacto comparable para España en los años 60‑70 para PIB per cápita internacional ajustado en dólares actuales, pero diversos análisis históricos muestran que aunque España venía de niveles muy bajos en la posguerra, el crecimiento fue fuerte, especialmente desde los años del “Plan de Estabilización” (1959) y con el desarrollo industrial de los años 60‑70.
2. Endeudamiento público
En 1980, la deuda pública de España representaba aproximadamente el 16,6% del PIB.
Hoy esa proporción está en torno al 100‑110% del PIB, dependiendo de la fuente. Por ejemplo, datos recientes señalan un 104,4 % del PIB en deuda pública española al tercer trimestre de 2024.
Por tanto, la deuda ha crecido de forma considerable —no sólo en valor absoluto, sino como proporción de lo que produce la economía— lo que limita la capacidad fiscal del Estado para invertir o modular crisis futuras.
3. Desempleo
La tasa de desempleo en España ha sido históricamente muy variable. En los últimos años, tras la crisis financiera internacional y la crisis del euro, España llegó a tasas de más del 20‑25 %, especialmente en momentos puntuales de 2013‑2014.
Aunque ahora la tasa ha mejorado bastante, sigue siendo elevada con respecto a muchos países europeos. (Datos recientes muestran que se sitúa en torno al 11‑12 % para toda la población activa. )
En los años 60‑70 el desempleo “oficial” era mucho más bajo, pero también hay que tener en cuenta un mercado de trabajo muy diferente: menor participación femenina, mayor empleo informal, menos protección laboral, menos migración, etc.
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Interpretaciones críticas
A partir de esos datos, algunas reflexiones:
El hecho de que hoy el PIB per cápita sea mucho mayor que décadas atrás indica que sí ha habido progreso económico real, mejoras en tecnología, salud, calidad de vida, infraestructuras, etc. Eso justifica parte del “no nos ha ido tan mal” del comentario original.
Pero ese progreso no ha sido uniforme: muchas personas no se benefician en la misma medida, lo que explica desigualdad, precariedad, y que para muchos la sensación sea de mayor dificultad para “vivir bien”.
El nivel actual de endeudamiento (≈100 % del PIB) supone un riesgo. No es automáticamente “malo”, pero limita el margen de maniobra del Estado y puede traducirse en presión sobre impuestos, recortes o inflación si las condiciones financieras se vuelven adversas.
El desempleo alto es evidencia de que no se ha logrado un “pleno empleo” sostenible, algo que en los años pasados atribuían al modelo económico más rígido, menos globalizado, con mayores barreras al cambio, pero también con menos competencia, menor movilidad, menor participación laboral femenina.
Comparar con Suiza o países del norte de Europa exige tener en cuenta diferencias estructurales: tamaño del país, recursos naturales, tradición institucional, sistema educativo, especialización productiva, demografía, estabilidad política, etc.
Con todos estos datos:
Es legítimo valorar positivamente ciertos aspectos del pasado (seguridad, estabilidad social, menor endeudamiento, ciertos costes de vida) sin idealizar.
Pero las afirmaciones absolutas como “sin socialismo viviríamos como Suiza” simplifican demasiado: ignoran crisis externas, rigideces estructurales, desigualdades, impacto del cambio tecnológico y de los mercados globales, así como los beneficios sociales que han venido con políticas públicas: sanidad, educación, protección social.