No es necesario que compartamos todas las opiniones, ni que las validemos, pero el respeto hacia ellas es una obligación. Así como no comparto las ideas de VOX en una carpa informativa, tampoco comparto, por ejemplo, a un exvicepresidente del Gobierno tirando el micrófono a un chaval que hace preguntas que le incomodan al marqués de Galapagar o las de los predicadores religiosos en una plaza pública. No obstante, si una persona está escuchando cualquier mensaje, por respeto a su derecho a hacerlo, hay que permitirle estar en paz. Lo que sí es totalmente inadmisible es recurrir a la violencia, en cualquier modalidad y sentido. Es preocupante cómo, últimamente, diversos grupos, sin importar su orientación ideológica, están generando y propagando mensajes de odio dirigidos a quienes tienen puntos de vista diferentes. El origen de estos mensajes es irrelevante; su existencia es el problema.