HILO MÍTICO Fotos antiguas curiosas

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Estás haciendo aquí unas entradas muy interesantes.

Darían para hilo y llegarían a más gente.
Gracias tío pero este hilo no es mío, es de Mission y hago lo posible porque no desaparezca porque me parece que está en el TOP 5 de mejores hilos del foro.
 
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Imagen verídica de un Ronin (Hombre Ola), un samurai sin señor, victima de los conflictos que se suscitaron por aquellos años y que dejaban ver la decadencia de la casta que gobernó el país durante casi 700 años. Muchos se dedicaron a vagabundear sin rumbo mientras que unos pocos trataban de acomodarse a las nuevas reglas sociales que se avecinaban. Aún conserva su sable ya que aún no había entrado en vigencia el edicto que prohibía su portación y vemos que calza unas humildes sandalias waraji. Hay cierta tristeza y resignación en su mirada y poco queda de aquella gallardía y orgullo de los integrantes de su casta de épocas pasadas. Un instante de la historia que quedó inmortalizado en una imagen que nos permite asomarnos a ese mundo que tanto nos apasiona y nos intriga y que de a poco fue desapareciendo.
 
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El 6 de junio de 1941, en Detroit, EEUU, y en la mas absoluta miseria moría el piloto de carreras, mecánico y empresario Louis Chevrolet.

Nació en La Chaux de Fonds, Suiza, el 25 de diciembre de 1878 y contrariamente a lo que se cree, poco tuvo que ver con el gigante de la industria automotriz.

Louis creció en Bonfol, parte francoparlante de Suiza aunque a sus nueve años la familia se mudó a Beaune, Francia, donde su padre abrió una relojería.

El negocio no funcionó y la economía familiar se derrumbó, Luis de 11 años debió emplearse en una bicicletería, en 1890 el dueño lo envió al "Hôtel de la Poste" para reparar un triciclo a vapor de un turista estadounidense.

Louis lo reparó magistralmente, el estadounidense quedó encantado con su trabajo y le dijo que con su talento se haría millonario en los EEUU, el pre adolescente Louis le agradeció pero declinó su invitación, sin saberlo había rechazado la oportunidad de su vida, ese turista no era otro que el magnate de los ferrocarrriles Cornelius Vanderbilt II.

Decidió seguir su propio camino y se muda a París para trabajar como mecánico en "Automobiles Darracq" donde se familiarizó con los motores de combustión interna, con esos conocimientos viajó a América donde luego de un breve paso por Canadá se instaló en New York.

Gracias al dominio del idioma, consiguió empleo en la sucursal estadounidense de la automotriz francesa "De Dion-Bouton". Su espíritu inquieto lo llevó a cambiar muchas veces de empleo, pasando por la Fiat, por Tanques Blindados Christie y Buick, en esta última también era su piloto oficial de carreras.

En esa época conoció a William Durant, uno de los fundadores de "General Motors", quién vio en Louis el espíritu que quería para ser su nuevo socio.

William y Louis, fundaron “Chevrolet Motor Car Company” y se instalaron en Detriot, sus primeros modelos fueron el "Classic Six", el “Baby Grand”, el “L Light Six” y el “Royal Mail”.

Todos autos de lujo fabricados a mano y artesanalmente. En 1914, Louis de solo 36 años no aceptaba la idea de Durant de fabricar autos económicos y en serie, por ello abandonó la compañía y se deshizo de sus acciones.

Durant mantuvo el nombre original ya que a los clientes les gustaba el tono francés y la fusionó con GM, Louis no corrió con la misma suerte.

Convocó a sus hermanos Arthur y Gastón para que lo ayudaran en su nueva compañía automotríz, “Chevrolair 333“, pero fue un fracaso, por ello se volcaron a fabricar motores renombrando la empresa como "Chevrolet Air Car Company", pero también fracasó.

En un último intento por hacer dinero diseñó, construyó y patentó un motor de 10 cilindros, pero la gran depresión postergó sus planes, mejor dicho, los sepultó.

Sus hermanos volvieron a Francia, Louis sumergido en una profunda depresión se refugió en su casa hasta que la muerte lo encontró en la mas absoluta miseria el 6 de junio de 1941.
 
Un hombre busca libros en la antigua biblioteca pública de Cincinnati. El edificio fue demolido en 1955, Hoy en día es un edificio de oficinas con aparcamiento.

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El químico que creó el alivio... y la adicción

En 1897, un joven químico alemán estaba a punto de cambiar la historia de la medicina. Su nombre era Felix Hoffmann, y trabajaba para la poderosa empresa Bayer, en una época en que la química empezaba a abrir caminos impensados.

Hoffmann había nacido en Ludwigsburg en 1868. Desde muy joven, mostró una pasión por la ciencia. Se graduó con honores como farmacéutico, obtuvo su doctorado en Múnich y fue recomendado por nada menos que Adolf von Baeyer, futuro premio Nobel, para ingresar al naciente departamento farmacéutico de Bayer.

En ese entonces, la estrategia de Bayer era clara: mejorar medicamentos a través de la acetilación, un proceso que modificaba químicamente las moléculas para hacerlas más eficaces o menos agresivas al cuerpo. Hoffmann empezó a aplicar esa técnica a distintos compuestos, y fue entonces cuando se topó con un problema antiguo: el ácido salicílico, eficaz contra el dolor pero terrible para el estómago.

El 10 de agosto de 1897, Hoffmann consiguió acetilar el ácido salicílico, obteniendo una forma mucho más tolerable: el ácido acetilsalicílico. Bayer lo bautizó Aspirina. Lo que nació como un experimento modesto se convirtió en uno de los fármacos más consumidos en el mundo. En 2024, se estima que se usan más de 44.000 toneladas al año.

Pero eso no fue todo.

Apenas 12 días después, Hoffmann realizó otra acetilación, esta vez sobre la morfina. El resultado fue una sustancia aún más potente para aliviar el dolor. Bayer la llamó heroína, por su "efecto heroico". Se recetó para la tos, el parto, heridas de guerra, e incluso para tratar la adicción… a la morfina. Pero su aparente virtud escondía una condena: su altísimo poder adictivo generó una crisis global.

Aspirina y heroína, dos nombres creados con apenas días de diferencia, nacieron del mismo laboratorio y del mismo hombre.

Uno alivia el dolor. El otro lo multiplica.

Felix Hoffmann vivió hasta los 78 años. Y aunque no buscaba gloria, dejó una huella imborrable. Una que nos recuerda que la ciencia no solo transforma el mundo… también puede desafiar nuestra ética.
 
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En una playa de Noruega, bajo el fuego cruzado de los alemanes, un escuadrón británico descendía del bote. Al frente no iba un soldado cualquiera. Iba un hombre tocando la gaita, con una Claymore colgando del cinto y un arco largo cruzado en la espalda. Su nombre era Jack Churchill. Pero para sus hombres… era Mad Jack.

Nacido en 1906 en Ceilán (hoy Sri Lanka), Jack parecía sacado de una novela de aventuras. Fue modelo, motociclista profesional, actor de cine y campeón de tiro con arco. Luego, en plena Segunda Guerra Mundial, decidió que iría al combate con un código personal:
“Cualquier oficial que entre en batalla sin su espada no está vestido apropiadamente.”

Y lo cumplió. En Dunkerque, mató a un soldado alemán con su arco, siendo el único británico en hacerlo en toda la guerra. En Yugoslavia, lideró un asalto nocturno con apenas una docena de hombres. Llevaba solo su espada. Capturaron a 42 soldados enemigos. Nadie podía entender cómo lo había logrado. Pero bajo su mando, lo imposible era simplemente parte del plan.

Fue capturado en Italia y enviado al campo de concentración de Sachsenhausen. Escapó por un túnel, caminó más de 150 kilómetros entre bosques alemanes, pero fue recapturado cerca del Báltico. Volvió a fugarse, esta vez refugiado entre campesinos italianos, sobreviviendo con raíces y bayas, hasta que fue rescatado por los Aliados.

Cuando Japón se rindió, Mad Jack lanzó una frase que lo definía:
“Si no fuera por esos malditos yanquis, podríamos haber continuado la guerra diez años más.”

Murió en 1996, a los 89 años. Jamás dejó su gaita. Ni su espada.
Porque algunos hombres no nacen para el tiempo en que viven… sino para convertirse en leyenda.
 
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Lo que ves en la imagen es un refugio Morrison, un tipo de refugio antiaéreo doméstico utilizado en el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial.

Diseñado en 1941 por el ingeniero John Baker y financiado por el gobierno británico, el refugio Morrison fue pensado para usarse dentro de las casas, especialmente para familias que no tenían acceso a un jardín donde instalar un refugio Anderson (el tipo subterráneo).

Este refugio consistía en una estructura de acero reforzado con una rejilla metálica en los laterales y una gruesa plancha superior, que además podía funcionar como mesa durante el día. En caso de un bombardeo, sus ocupantes se refugiaban dentro y quedaban protegidos de los escombros que podrían caer tras un derrumbe parcial de la vivienda.

Más de 500.000 unidades fueron distribuidas de forma gratuita a las familias de bajos ingresos en todo el Reino Unido. Fue un símbolo de la resistencia civil en tiempos de guerra y, aunque rudimentario, salvó muchas vidas.
 
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Una fría mañana de diciembre de 1900, Max Planck salió a caminar por el bosque de Grunewald junto a su hijo Erwin, de apenas 7 años. Era un ritual que compartían a menudo, un respiro entre árboles y hojas crujientes, donde el padre podía hablar libremente… incluso de física.

En cierto punto del camino, Planck se detuvo, miró a su hijo a los ojos y le dijo:
«Hoy he hecho un descubrimiento tan importante como el de Newton».

Horas más tarde, el 14 de diciembre de 1900, Max Planck presentó su hallazgo ante la Sociedad Alemana de Física, en la Universidad de Berlín.

Ese día, sin sospecharlo del todo, cambió para siempre la historia de la ciencia.

Planck propuso algo radical: que la energía no se transmite de manera continua, como se pensaba, sino en pequeñas unidades indivisibles que llamó cuantos. Esta idea, que inicialmente le resultaba absurda incluso a él mismo, abrió la puerta a una nueva era: la física cuántica.

Lo que comenzó como una caminata por el bosque se convirtió en el primer paso hacia una de las teorías más revolucionarias de la humanidad
 
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El Golpe de Estado de Pinochet (1973)

En esta imagen de archivo se muestra al médico presidencial, Danilo Bartulin Fodich, de pie junto al entonces presidente chileno ,Salvador Allende, mientras las fuerzas golpistas de Augusto Pinochet asediaban a mano armada el Palacio Presidencial de La Moneda en Santiago, el 11 de septiembre de 1973.
 
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Esta historia parece sacada de una novela de aventuras arqueológicas, pero es absolutamente real.

El Dr. Irving Finkel, experto en escritura cuneiforme del Museo Británico, sostiene una pequeña tablilla de arcilla de 3.770 años de antigüedad, y sin embargo, en sus grabados está inscrita una de las historias más antiguas y sorprendentes de la humanidad: una versión babilónica del Diluvio Universal, mucho más antigua que la del Génesis.

En ella, el dios sumerio Enki advierte al rey sabio Atram-Hasis de que una gran inundación se aproxima, y le da instrucciones para construir un arca. Pero a diferencia del arca bíblica de forma rectangular, esta debía ser circular, con un diámetro de 220 pies (aproximadamente 67 metros). Un diseño sorprendentemente similar a una gran barcaza redonda, típica de la antigua Mesopotamia.

La tablilla estuvo perdida durante siglos hasta que fue hallada por un coleccionista y llevada al Museo Británico, donde Finkel, con su dominio del acadio antiguo, la tradujo cuidadosamente. Su contenido ofrece un puente cultural entre las narraciones de Mesopotamia y las posteriores tradiciones hebreas.

La historia del diluvio, al parecer, no nació con Noé, sino mucho antes, en las riberas del Tigris y el Éufrates, y esta tablilla es una prueba tangible de cómo los mitos viajan, evolucionan y se entrelazan con las creencias de los pueblos a lo largo del tiempo.

Una pequeña pieza de arcilla. Una gran historia de la humanidad.
 
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La imagen muestra una de las armas más descomunales jamás utilizadas en la caza: una escopeta de punta (punt gun), diseñada para matar a decenas de aves acuáticas de un solo disparo.

Estas escopetas eran tan grandes —algunas de más de 3 metros de largo— que debían ser montadas sobre pequeñas embarcaciones. Un solo disparo podía derribar entre 30 y 50 patos, haciendo de ellas herramientas altamente eficaces… y devastadoras.

Su uso se volvió común durante el siglo XIX, especialmente en América del Norte y Europa, cuando la demanda comercial de carne de pato creció rápidamente. Pero el daño a las poblaciones de aves fue tan severo que hacia finales de la década de 1860, comenzaron a prohibirse progresivamente en varios lugares.

Este hombre, con rostro curtido y escopeta al hombro, representa una época en la que la caza era tanto una forma de sustento como una industria que rozó el exceso. Hoy, estas armas forman parte de los museos, como advertencia del impacto humano en los ecosistemas naturales.
 
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John Quincy Adams: el presidente que no se rindió ni al caer

Fue hijo de presidente, pero no vivió a su sombra.

John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos, forjó su propio camino, uno marcado por la defensa de la libertad, la dignidad humana y el progreso.

Rechazó la esclavitud con firmeza, en una época donde muchos simplemente la ignoraban. Como congresista, se atrevió a desafiar la famosa “regla mordaza” que prohibía discutir el tema en el Parlamento. Lo hizo presentando una petición en contra de la esclavitud… y rompió el silencio con valentía.

Antes de llegar a la presidencia, fue un brillante diplomático y Secretario de Estado bajo el mandato de James Monroe. En ese cargo, fue clave en decisiones que moldearon el país, como la Doctrina Monroe, que muchos historiadores consideran fruto de su intelecto.

Ya como presidente, entre 1825 y 1829, promovió grandes proyectos de infraestructura: apoyó la creación del primer tren de pasajeros, la ampliación de carreteras y la construcción de canales. Estas obras impulsaron el desarrollo económico de una nación joven y en expansión.

Sin embargo, su mandato no fue fácil. Llegó a la presidencia tras una elección muy disputada, y su gestión fue obstaculizada por una intensa oposición política que bloqueó muchas de sus iniciativas. Aun así, nunca abandonó sus ideales.

Tras dejar la Casa Blanca, hizo algo que ningún otro presidente había hecho: regresó como representante al Congreso de los Estados Unidos. Desde allí, siguió luchando por la abolición de la esclavitud y por una nación más justa.

Murió como vivió: defendiendo sus convicciones. Un derrame cerebral lo sorprendió mientras hablaba apasionadamente en el pleno del Congreso.

John Quincy Adams no fue simplemente un presidente. Fue un servidor incansable. Un visionario. Y sobre todo, un hombre que nunca dejó de luchar por un país más justo.
 
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A finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, los salones de peluquería eran más que simples lugares para perfeccionar los icónicos tupés y grandes peinados de la época: eran una parte central de la vida social. Aunque estos elaborados peinados perdieron popularidad y dieron paso a estilos más relajados y manejables, el salón siguió siendo un refugio para las mujeres.

Era donde podían prepararse para ocasiones especiales, ponerse al día con los últimos chismes o simplemente escapar de la monotonía de las tareas diarias. Las visitas regulares eran algo habitual, y muchas mujeres acudían al menos dos veces por semana, ya sea para una sesión completa de peinado o un retoque rápido, lo que de forma descarada se denominaba "visitas rápidas.
 
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Imagen verídica de un Ronin (Hombre Ola), un samurai sin señor, victima de los conflictos que se suscitaron por aquellos años y que dejaban ver la decadencia de la casta que gobernó el país durante casi 700 años. Muchos se dedicaron a vagabundear sin rumbo mientras que unos pocos trataban de acomodarse a las nuevas reglas sociales que se avecinaban. Aún conserva su sable ya que aún no había entrado en vigencia el edicto que prohibía su portación y vemos que calza unas humildes sandalias waraji. Hay cierta tristeza y resignación en su mirada y poco queda de aquella gallardía y orgullo de los integrantes de su casta de épocas pasadas. Un instante de la historia que quedó inmortalizado en una imagen que nos permite asomarnos a ese mundo que tanto nos apasiona y nos intriga y que de a poco fue desapareciendo.
Dicen que la Yacuza o mafia Japonesa procede de esos guerreros sin patron....
 
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Barry, el San Bernardo que salvó más de 40 vidas en los Alpes

En los implacables Alpes suizos del siglo XIX, donde la nieve y las avalanchas cobraban incontables vidas, surgió un héroe inesperado: Barry, un perro de rescate del Gran Hospicio de San Bernardo.
Nacido en 1800, Barry dedicó su vida a salvar a viajeros perdidos en las montañas. Se le atribuye el rescate de más de 40 personas durante sus 14 años de servicio, incluyendo a un niño al que encontró en una caverna de hielo, calentándolo con su cuerpo y llevándolo a salvo al hospicio.
Contrario a la leyenda que afirma que murió en un rescate, Barry se retiró en Berna, donde falleció en 1814. Su cuerpo fue preservado y hoy se exhibe en el Museo de Historia Natural de Berna.
Barry no solo es un símbolo de valentía y servicio, sino también el pionero de los perros de rescate modernos. Su legado perdura en cada misión de búsqueda y salvamento alrededor del mundo.
 
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El 8 de junio de 1924, se producía un hito en la historia del alpinismo cuando una expedición británica intentó alcanzar la cima del Everest, su trágico final dejó un misterio sobre el verdadero resultado de la misión.

Hasta 1920, las fronteras del Tibet permanecían cerradas impidiendo que extranjeros accedieran al monte Everest, su apertura provocaron una catarata de expediciones que pretendían alcanzar la cima.

La precariedad de los medios técnicos y el desconocimiento previo de las dificultades geográficas y climáticas hacían fracasar todos los intentos.

El "Mount Everest Committee" formado por la Royal Geographical Society y el Alpine Club Inglés, luego de dos comitivas de avanzada en 1921 y 1922, se sentía en condiciones de alcanzar la cima y organizó la gran expedición de 1924.

El 15 de mayo a cargo del General Charles Granville Bruce, los 12 hombres y un puñado de porteadores locales partieron del Monasterio de Rongbuk para ir ascendiendo y montando los sucesivos campamentos.

El 21 de mayo instalaron el "Campamento IV" a 7000 metros de altura, a partir de allí las dificultades del terreno hacían necesarias expediciones menos numerosas y mas profesionales.

El 1/6 Charles Bruce y George Mallory hacen un primer intento instalando el campamento V a 7700 mts. regresando al IV.

El 4/6 Edward Norton y Theodore Somervell llegan hasta los 8170 mts e instalan el campamento VI, último antes del ascenso final a los 8850 mts de la cima.

Luego del campamento VI se erigían dos paredes casi verticales que desembocaban en la pirámide final de mas fácil ascenso, desde él partieron el 8/6 Andrew Irvine y George Mallory.

Al mismo tiempo desde el campamento V, Noel Ewart Odell partió hacia el campamento VI, al llegar lo encontró vacío, pero divisó en la arista nordeste a sus 2 compañeros en la difícil tarea del ascenso final.

El clima empeoró, Odell extendió mantas y objetos para que el campamento VI fuera visible desde la cima y descendió al campamento V.

Al otro día regresó al VI pero no encontró a Irvine y Mallory, tres días después se los dio por desaparecidos y la expedición se canceló.

En 1953 se realizó al primer ascenso registrado, pero siempre quedará la duda sobre si Irvine y Mallory lograron o no, llegar a la cima.

En 1999 fue encontrado el cuerpo de Mallory muy bien conservado, se comprobó que había sufrido una caída de mediana altura ya que solo presentaba una fractura de la pierna derecha, aún estaba amarrado al arnés que lo unía con Irvine, cuyo cuerpo permanece desaparecido.
 
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¿Por qué las escaleras de los castillos giraban siempre hacia la derecha?

No era un capricho arquitectónico. Era estrategia pura.

En la Edad Media, los castillos no eran simples residencias señoriales: eran fortalezas pensadas para resistir asedios. Cada piedra, cada pasadizo, cada escalón… tenía una razón de ser.

Las escaleras de caracol, por ejemplo, casi siempre giraban en sentido horario. ¿Por qué? Porque la mayoría de los soldados eran diestros.

Un atacante que subía por una escalera en espiral tenía su espada del lado interior —la pared curva—, lo que le dificultaba blandirla. Mientras tanto, el defensor, que bajaba desde arriba, tenía su mano dominante del lado exterior, con espacio de sobra para atacar. Y con la ventaja de la altura.

A eso se sumaba otra trampa: los escalones eran irregulares, a menudo de distintas alturas, y la luz era escasa. Un enemigo cansado, desorientado y mal iluminado tenía pocas oportunidades frente a un defensor firme y bien posicionado.

Subir por esas escaleras no solo era cansado. Era un suicidio.

Así que sí: tal vez, aprender a pelear con la mano izquierda habría sido una buena idea para los soldados medievales.
 
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En una antigua fotografía de 1883, tomada en Krasnovodsk, se ve a un grupo de mujeres yomut de clase alta. No es sólo una imagen: es un testimonio silencioso de un mundo que casi desapareció.

Llevan en la cabeza un tocado majestuoso, el kasaba, una pieza imponente que no solo embellecía, sino que hablaba. Cada detalle, cada piedra, cada hilo, era un símbolo de estatus, de orgullo, de identidad. El kasaba no era un accesorio: era una declaración de quién eras.

Las mujeres yomut lo usaban para mostrar su posición en la comunidad, su linaje, su riqueza. Era parte de los ritos, de las bodas, de la vida misma. Un legado transmitido de madres a hijas.

Pero cuando llegó la era soviética, todo cambió. El gobierno buscó borrar muchas tradiciones, tachándolas de primitivas o contrarrevolucionarias. El kasaba, y lo que representaba, fue uno de los tantos silencios impuestos.

Hoy, pocas recuerdan cómo se usaba. Algunas piezas sobreviven en museos o colecciones privadas. Pero la imagen de esas mujeres, erguidas, orgullosas, tocadas con sus kasaba, sigue hablándonos.

De un pasado que no fue menos digno.

De una elegancia que no dependía de modas, sino de raíces.

Y de una cultura que, a pesar de todo, se resiste a desaparecer.
 
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En el siglo XIX, el mundo entero se maravilló con una pareja que desafiaba lo imaginable. No por escándalos ni por títulos nobiliarios, sino por su sola presencia.

Anna medía 2,41 metros.
Martin, 2,32.

Fueron —y aún son— la pareja más alta registrada en la historia. Pero detrás de esas cifras vivía una historia de humanidad y ternura que el tiempo no ha olvidado.

Anna Haining Bates nació en una granja de Nueva Escocia. A los 15 años, ya medía dos metros. Nunca dejó de crecer, ni tampoco de soñar.
Martin Van Buren Bates, veterano de la Guerra Civil estadounidense, recorría los Estados Unidos como figura pública debido a su extraordinaria estatura.

Se conocieron en un espectáculo de rarezas, donde el destino, entre multitudes y luces de feria, los hizo coincidir. Podrían haber sido exhibidos como simple atracción… pero se convirtieron en leyenda.
 
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Gasolineras de platillos voladores: las futuristas estaciones de servicio de la era soviética de finales de los años 70 y principios de los 80.

En la década de 1970, Kiev fue testigo de la construcción de al menos dos de estas estaciones, con un diseño verdaderamente único. Este concepto, tomado de Japón, dio lugar a las estaciones conocidas localmente como “Japonka”.

Estas estaciones destacaban por su llamativa apariencia, casi futurista, parecida a platillos voladores “OVNI” posados sobre estructuras de soporte. Una de las características más interesantes de estas gasolineras era lo fácil que hacían el repostaje.

A diferencia de las gasolineras tradicionales, no importaba de qué lado del coche estuviera el depósito de combustible. Los conductores simplemente tenían que aparcar cerca de la manguera deseada. Después de pagar al operador, una boquilla con una manguera bajaría mágicamente desde el “platillo volador” de arriba.

A pesar de su atractivo, se descubrió que tenían más inconvenientes que ventajas. Un problema fue su seguridad. durante su funcionamiento, estas gasolineras demostraron ser bastante inseguras. Si los sellos de las mangueras se dañaban de alguna manera, el combustible podía gotear, creando un riesgo potencial de incendio. Los sistemas mecánicos necesarios para bajar y subir las mangueras aumentaban los costos de mantenimiento y la complejidad de estas estaciones.
 
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La Habana, 1956. La brisa del Malecón acariciaba el Hotel Nacional, donde la música de jazz flotaba en el aire y las ruletas giraban como sueños inciertos. Entre los murmullos de trajes elegantes y copas de cristal, Meyer Lansky observaba en silencio. No bebía. No bailaba. Solo miraba, como un ajedrecista que ya conoce el desenlace.

Esa noche, uno de sus hombres se acercó con discreción. Un turista americano había acusado al casino de trampa en una mesa de blackjack. Lansky bajó personalmente. Revisó los registros, analizó las jugadas… y descubrió lo impensable: un crupier del propio casino había estado manipulando las cartas. No para beneficio propio, sino para favorecer al negocio. Para ganar más.

Lansky ordenó cerrar la mesa al instante. Sin levantar la voz, se dirigió a los presentes:

—En este lugar, la suerte es la única que decide. Si no podemos confiar en eso... entonces no vale la pena estar en este negocio.

Despidió al crupier corrupto, pagó al turista lo que reclamaba, con intereses, y revisó cada mesa del casino. No hubo amenazas. No hubo sangre. Solo una lección.

Días después, alguien le preguntó por qué no mandó a desaparecer al traidor. Lansky respondió:

—Un cadáver asusta a los clientes. Una mesa honesta los hace volver.
 
Máquina expendedora de software MetaWriter: la respuesta de 1983 a la distribución de software.

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Crédito de la foto: InfoWorld / Wikimedia Commons / Google Books.

En 1972, el ingeniero e inventor Nolan Bushnell fundó Atari, una empresa pionera en la industria de los videojuegos. Unos años más tarde, a pesar del éxito alcanzado por la compañía con el legendario videojuego Pong, Bushnell vendió Atari en 1976 a Warner Communications (ahora Time Warner).

Descontento con la dirección que estaba tomando la empresa, Bushnell la abandonó a principios de 1979. Sin embargo, antes de su marcha, llegó a un acuerdo con Warner que le prohibía lanzar cualquier producto que compitiera con Atari durante un periodo determinado.

Una vez transcurrido este período, Bushnell lanzó en 1983 una máquina expendedora de software única llamada Cumma Metawriter. Su funcionamiento era similar al de las clásicas máquinas expendedoras de bebidas, pero orientado al ordenador, requiriendo que los consumidores llevaran sus propios cartuchos ROM.

Los clientes insertarían sus cartuchos en la ranura de la máquina, seleccionarían la aplicación deseada y el sistema la copiaría al cartucho después del pago.
El plan de Bushnell era que su máquina Metawriter se instalara en todas las estaciones de servicio de América del Norte y sirviera como la máquina de referencia para obtener software de forma rápida y sencilla.

El comprador colocará el cartucho en la ranura correspondiente de la máquina y examinará el índice para ver qué software está disponible. La pantalla de video reproduce continuamente secuencias de atracción aleatorias para atraer a los clientes. Si se solicita, reproduce secuencias de acción de 20 segmentos de cualquiera de los juegos disponibles para que el cliente pueda ver lo que está comprando.

Cuando el cliente selecciona una opción, la máquina le indica el costo. El cliente introduce el dinero en las dos ranuras para billetes (una para billetes de $1 y otra para billetes de $5). En menos de un segundo, el software se transfiere al cartucho.

Sin embargo, a pesar del ingenio de la invención, no logró tener un impacto significativo en el mercado y quedó como una historia menor en la historia de la tecnología.
 
Máquina expendedora de software MetaWriter: la respuesta de 1983 a la distribución de software.

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Crédito de la foto: InfoWorld / Wikimedia Commons / Google Books.

En 1972, el ingeniero e inventor Nolan Bushnell fundó Atari, una empresa pionera en la industria de los videojuegos. Unos años más tarde, a pesar del éxito alcanzado por la compañía con el legendario videojuego Pong, Bushnell vendió Atari en 1976 a Warner Communications (ahora Time Warner).

Descontento con la dirección que estaba tomando la empresa, Bushnell la abandonó a principios de 1979. Sin embargo, antes de su marcha, llegó a un acuerdo con Warner que le prohibía lanzar cualquier producto que compitiera con Atari durante un periodo determinado.

Una vez transcurrido este período, Bushnell lanzó en 1983 una máquina expendedora de software única llamada Cumma Metawriter. Su funcionamiento era similar al de las clásicas máquinas expendedoras de bebidas, pero orientado al ordenador, requiriendo que los consumidores llevaran sus propios cartuchos ROM.

Los clientes insertarían sus cartuchos en la ranura de la máquina, seleccionarían la aplicación deseada y el sistema la copiaría al cartucho después del pago.
El plan de Bushnell era que su máquina Metawriter se instalara en todas las estaciones de servicio de América del Norte y sirviera como la máquina de referencia para obtener software de forma rápida y sencilla.

El comprador colocará el cartucho en la ranura correspondiente de la máquina y examinará el índice para ver qué software está disponible. La pantalla de video reproduce continuamente secuencias de atracción aleatorias para atraer a los clientes. Si se solicita, reproduce secuencias de acción de 20 segmentos de cualquiera de los juegos disponibles para que el cliente pueda ver lo que está comprando.

Cuando el cliente selecciona una opción, la máquina le indica el costo. El cliente introduce el dinero en las dos ranuras para billetes (una para billetes de $1 y otra para billetes de $5). En menos de un segundo, el software se transfiere al cartucho.

Sin embargo, a pesar del ingenio de la invención, no logró tener un impacto significativo en el mercado y quedó como una historia menor en la historia de la tecnología.
Parece la precursora de las tiendas de videojuegos.
 
Parece la precursora de las tiendas de videojuegos.
Tuvo criticas, Atari entre ellas. Una máquina expendedora de software que dispensará programas por unos pocos dólares cada uno, almacenándolos en cartuchos de RAM, reutilizables que luego pueden llevarse a casa y conectarse a ordenadores domésticos y máquinas de videojuegos.

Sobre todo porque abarataba el precio, de aquella debía ser muy caro los programas y videojuegos. No había tanta piratería como hay ahora.
 

La historia de Juliane Koepcke: Cómo una adolescente sobrevivió 11 días en la selva amazónica después de un accidente aéreo en 1971.

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Los pescadores peruanos subieron a Juliane a su canoa, Alas de Esperanza.
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Juliane descansa en un hospital de Perú con su padre, foto Juliane Koepcke
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Koepcke regresó al lugar del accidente en 1998

En la víspera de Navidad de 1971, Juliane Koepcke, tenía apenas 17 años, fue la única sobreviviente del vuelo 508 de LANSA, que viajaba junto a su madre desde Lima (Perú) a Panguana. Después de que un rayo causara la desintegración del avión en el aire, Juliane, todavía sujeta en su asiento, cayó desde 3.000 metros a la selva amazónica peruana.

A pesar de una exhaustiva operación de búsqueda de 10 días, finalmente abandonada debido a la ausencia de señales del vuelo, Juliane desafió las probabilidades. Después de 11 días de supervivencia solitaria en la selva tropical, fue rescatada por pescadores locales, siendo la única sobreviviente del trágico incidente.

La noche anterior, ella y su madre celebraron la graduación de bachillerato de Juliane en Lima. Ansiosas por llegar a casa para Navidad, reservaron el vuelo de LANSA para el 24 de diciembre. El padre de Koepcke, Hans-Wilhelm, instó a su esposa a evitar volar con la aerolínea debido a su mala reputación. Aun así, el vuelo fue reservado.

Al escribir sobre sus recuerdos del vuelo en Reader's Digest en 2013, recordó que la primera media hora transcurrió sin contratiempos. Pero entonces, todo se volvió loco. El avión se topó con una tormenta eléctrica y hubo relámpagos por todas partes. La gente empezó a entrar en pánico, a gritar y a llorar.

Cuando el avión empezó a desintegrarse en el aire, Juliane y el asiento en el que estaba sujeta se desprendieron del avión que se desmoronaba.
"Mi madre ya no está a mi lado y ya no estoy en el avión". Todavía estoy atada a mi asiento, pero estoy sola. A una altitud de unos tres mil metros, estoy sola. Y estoy cayendo...

Juliane sobrevivió a la caída, sufrió lesiones como una clavícula rota, un corte profundo en el brazo, una lesión en el ojo y una conmoción cerebral. El bosque, «me salvó la vida», pues el follaje amortiguó el impacto de su caída de 3.000 metros. Perdió la consciencia varias veces antes de finalmente ponerse de pie.

Recordando un consejo de su padre, «Si alguna vez te pierdes en la selva, busca agua y sigue su camino. Te llevará a una fuente de agua más grande y muy posiblemente a un asentamiento humano».

Juliane pasó 11 días en la selva peruana, la mayoría de los cuales pasó abriéndose camino a través del agua siguiendo un arroyo hasta un río.
 
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