HILO MÍTICO Fotos antiguas curiosas

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Charles Crocker construyó una mansión en Nob Hill, San Francisco. Cuando sus intentos de comprar la propiedad adyacente de Nicholas Yung fueron rechazados, erigió una valla de despecho de 12 metros de altura alrededor de tres lados de la propiedad de su vecino. Los desafíos legales contra la valla no tuvieron éxito. La disputa duró muchos años, y la valla solo fue retirada tras la muerte de la señora Yung y la venta de la propiedad por parte de sus herederos a la familia Crocker. A partir de entonces, las vallas de despecho fueron declaradas ilegales en San Francisco. La mansión fue destruida en el terremoto de San Francisco de 1906

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SAFRANCISCO FINALES DEL SIGRO DIESNUEVE
NINGUNA PERSONA NAS CALLE
SISESABE LOKA PASAO
ESUN MISTERIO

NA HISTORIA NA MENTIRA

Ojo, yo también escuche eso, pero en la época había técnicas para borrar elementos de una fotografía :sisi1:

Hay decenas de fotos de ese tipo, ciudades enteras sin una sola persona.
 
Sellado de sobres que contienen semillas en la empresa W. Atlee Burpee, comerciante de semillas. Filadelfia, 1943.

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Ojo, yo también escuche eso, pero en la época había técnicas para borrar elementos de una fotografía :sisi1:

Hay decenas de fotos de ese tipo, ciudades enteras sin una sola persona.
TUSESABE NAS KOSA
POKE TANTO WERFANO NESA EPOCA
O POSIBRE CIMIENTOS DELOS EDIFICIO
SE KALLA NAS BOKA!

ABESINOS REGANIAN NESTE HILO

 
TUSESABE NAS KOSA
POKE TANTO WERFANO NESA EPOCA
O POSIBRE CIMIENTOS DELOS EDIFICIO
SE KALLA NAS BOKA!

ABESINOS REGANIAN NESTE HILO


Conozco, y cómo aparece mucho en la literatura de la época, etc. No estoy seguro de un reset tan reciente.Desde luego, sí los ha habido antes, parece :sisi1:

Y si, dejamos el offtopic jaja

Perdón, shures :D
 
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Isabel de Baviera, o mejor conocida como Sisi (la emperatriz austro-húngara), una foto tomada en Montreaux poco antes de su asesinato. Con el paso de los años la emperatriz no permitía ni fotos, ni retratos que dejarían constancia del pasar de los años, solía irse lejos de la corte con un perfil bajo para evitar ser reconocida. Esta foto está tomada momentos antes de que Luigi Lucheni la asesinara en Ginebra a orillas del lago.
 
Golden Gate (California) 1936, Pescadores en la playa Baker Beach de San Francisco disfrutan de las vistas del puente Golden Gate en construcción.

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Las Ramblas (Barcelona), 1928. Aunque hay constancia de que en el siglo XIII ya había vendedoras de flores en las Ramblas, los primeros puestos establecidos datan de 1853. En 1928 los puestos consistían en unos caballetes y unos tablones de madera que se montaban y desmontaban cada día.
 
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Tal día como hoy en 1923 durante el convoy de socorro a la posición de Tizzi-Azza, el Sargento Mariano García Esteban a vanguardia de su columna de carros y a pesar ser herido quedando parcialmente ciego, continuó el combate, disparando su ametralladora hasta la total ocupación de la posición enemiga que atacaba. Obtuvo la Cruz Laureada de San Fernando, siendo el primer carrista español en ganarla.
 
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Grace McDaniels nació en 1888 con una condición poco común: el síndrome de Sturge-Weber marcó su rostro y la convirtió en objeto de susurros, burlas y miradas que no sabían mirar más allá.

Vivió en una época en que la diferencia se castigaba con el aislamiento. Pero ella no se escondió. Trabajó en espectáculos ambulantes no por gusto, sino por necesidad. Mientras el mundo la miraba como un fenómeno, ella cuidaba en silencio a sus hijos.

No pidió misericordia, pidió dignidad.
No buscó fama, buscó sobrevivir.

Cada dólar que ganaba era para alimentar a su familia. Cada día era una victoria. No levantó la voz, pero su vida fue un grito de resistencia.

Grace no fue solo “la mujer con un rostro distinto”.
Fue madre. Fue fuerza. Fue ternura.

Quienes la conocieron hablaban de su bondad.
De su paciencia. De su entereza.
De la forma en que caminaba por el mundo sin vergüenza ni odio, solo con amor.

Porque la belleza no está en la simetría.
Está en el coraje de quien sigue adelante cuando todo parece en contra.
Está en quien, como Grace, decide vivir bajo el sol incluso cuando el mundo solo ofrece sombra.

No la recordemos por cómo se veía,
sino por cómo vivió.
 
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Lucía Pisapia fue madre.
Primero de dos hijos, luego… de cientos más.
Pero sus otros hijos no reían, no lloraban.
Yacían en silencio entre los campos de Cava de' Tirreni, tras el paso brutal de la guerra.

Era 1943. El sur de Italia era una herida abierta.
Allí, entre los escombros, cadáveres sin nombre —jóvenes alemanes, americanos, polacos, marroquíes— quedaron abandonados.

Pero Lucía no pudo mirar hacia otro lado.

Un día, vio a unos niños jugando fútbol con el cráneo de un soldado.
Esa noche soñó con ocho cruces. Ocho soldados llorando.
Le pedían volver con sus madres.

Desde entonces, “Mamma Lucia” —como todos la llamaron después— dedicó su vida a rescatar a esos muertos del olvido.
Sola, con una linterna, una pala y una oración.
Subió montañas, bajó acantilados, sorteó balas sin explotar…
y encontró más de 700 cuerpos.

No preguntaba por banderas.
Decía: “Todos tienen madre. Yo los cuidaré hasta que regresen con ella.”

Guardó los restos en pequeñas cajas de zinc pagadas con sus ahorros.
Los llevó a la pequeña iglesia de San Giacomo.
Allí rezaba por ellos. Los nombraba. Los reconocía.

Alemania la condecoró. El Papa la bendijo.
Pero Lucía no buscó honores.
Solo paz para los que no la tuvieron en vida.

Murió en 1982, tras décadas de custodiar esa iglesia,
enseñando a los jóvenes una lección que nunca debe olvidarse:

Que incluso entre las ruinas de la guerra,
hay almas capaces de amar
 
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Saloth Sar, más conocido como Pol Pot, no nació monstruo. Fue maestro. Estudió en París. Y allí, embriagado por la ideología comunista más radical, incubó una utopía que se convertiría en una de las pesadillas más atroces del siglo XX.

Al regresar a Camboya, fundó los Jemeres Rojos. En 1975, tomó Phnom Penh. Su primer acto: vaciar por completo la ciudad. Millones fueron obligados a marchar al campo bajo el sol, sin agua, sin destino. Muchos murieron en el camino. Otros, de hambre o enfermedad.

Pero eso era solo el comienzo.

Pol Pot no quería intelectuales, médicos ni maestros. El simple hecho de llevar gafas podía considerarse motivo de ejecución.
En nombre de su “revolución agraria”, transformó escuelas en prisiones y campos de arroz en fosas comunes.

En Tuol Sleng, la prisión S-21, más de 20.000 personas fueron torturadas con una crueldad que hiela la sangre: descargas eléctricas, mutilaciones, confesiones forzadas, asesinatos a golpes… porque las balas “eran caras”.

Su régimen dejó dos millones de muertos.
Más de una cuarta parte de la población de Camboya.

Paranoico, acabó matando incluso a sus aliados más cercanos.
Y cuando todo se desmoronó, huyó al exilio.

Murió sin ser juzgado. Tranquilo. En su cama.
15 de abril de 1998.

No podemos revivir a las víctimas. Pero sí podemos recordar.
Recordar que tras cada cráneo hubo un rostro, una historia, un sueño roto.
Todo por culpa de un hombre que fue profesor de francés… y dictador de la muerte.
 
Times Square (Nueva York), 1949. Vista de Times Square con poco tráfico durante una huelga de taxis en la ciudad de Nueva York en 1949.

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Última edición:
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El hombre que quiso erradicar el hambre… y murió de hambre

En una celda fría, sin juicio ni consuelo, murió uno de los científicos más brillantes del siglo XX.

Su nombre era Nikolái Vavílov, y su crimen fue amar demasiado la ciencia.

Botánico, genetista, explorador incansable. Vavílov recorrió más de 60 países recolectando semillas, clasificándolas, soñando con un futuro donde nadie muriera de hambre. Fundó el primer gran banco de genes del mundo, en Leningrado, y dedicó su vida a mejorar los cultivos para que el pan no faltara en ninguna mesa.

Pero en la Rusia de Stalin, la ciencia se subordinaba al poder.

Vavílov cometió el error fatal de contradecir a Trofim Lysenko, un agrónomo sin base científica que prometía cosechas milagrosas. Lysenko tenía algo más poderoso que la razón: el favor de Stalin.

Y en la URSS, discutir al favorito del dictador era traición.

Vavílov fue arrestado en 1940. Lo acusaron de sabotaje, de conspirar contra la agricultura soviética. Lo encerraron, lo interrogaron, lo abandonaron.

Durante meses resistió en prisión. Nunca confesó lo que no había hecho.

Y entonces ocurrió lo más cruel: murió de hambre.

Él, que había dedicado su vida a combatirla.

Murió el 26 de enero de 1943, solo, enfermo, sin atención médica. En la ficha oficial: "caquexia por inanición".

Pero incluso mientras él moría, sus colegas custodiaban su legado. Durante el asedio nazi a Leningrado, protegieron su banco de semillas. Murieron de hambre… pero no tocaron las muestras. Las defendieron con su vida. Porque sabían que Vavílov no solo coleccionaba semillas: guardaba el futuro.

Décadas después, la historia lo reivindicó.

Hoy su nombre vive en universidades, bancos genéticos y laboratorios. Pero nada borrará la tragedia: un hombre que soñó con alimentar al mundo fue asesinado por hambre. Y aún así, nos alimenta.
 
Estatua de la Libertad (Nueva York), 1954. Los visitantes se asoman por debajo de la corona de púas de la Estatua de la Libertad en el 70 aniversario del monumento.

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Cartel de Hollywood(land) (California), 1924. Un letrero anuncia la apertura de la urbanización de Hollywoodland en las colinas de Mulholland Drive, con vistas a Los Ángeles, en la década de 1920. (El letrero cambió a "Hollywood" en 1949).

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La Armada y el Ejercito de Tierra, preparando el desembarco de Alhucenas en 1925. Esta operación anfibia resultó clave para parar una guerra que se llevó la vida de muchos jóvenes españoles. Las revueltas del Riff, hasta ese momento era una sangría de tropas españolas.
 
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La trampa más elegante de la Ley Seca: vino prohibido... con instrucciones incluidas 🍷

Cuando la Prohibición entró en vigor en 1920, muchos creyeron que sería el fin del vino en Estados Unidos. Las bodegas se vaciaron, los viñedos temblaron… y los viticultores se enfrentaron a un dilema brutal: ¿arrancar sus uvas o reinventarse?

Algunos optaron por lo segundo.

Y lo hicieron con una astucia casi poética: inventaron el “wine brick”, un ladrillo de jugo de uva concentrado. En apariencia, era totalmente legal. En esencia… era otra historia.

El envase llevaba una advertencia escrita con sorna:

> “No disuelvas este ladrillo en un galón de agua…
y por ningún motivo lo dejes reposar en un armario durante 20 días.
Porque se podría convertir en vino.”

Y claro… eso era justo lo que muchos hacían.

La Ley Volstead permitía producir concentrado de uva si se destinaba a consumo no alcohólico. Así que los viticultores cumplían la ley, al pie de la letra. Advertían, con todas las letras, que el resultado podía volverse vino.
Pero también sabían leer entre líneas.

Los “wine bricks” se vendían por todo el país, en distintos sabores: borgoña, claret, riesling… Cada uno venía con sus propias “advertencias” que eran, en realidad, recetas camufladas para fermentar vino en casa.

Fue una revolución silenciosa.
Una forma creativa de burlar una ley absurda sin violarla directamente.

Y algunos hicieron fortuna.

Como Cesare Mondavi, inmigrante italiano que, gracias a estos ladrillos legales, cimentó una dinastía vinícola que haría historia en California. Mientras muchos cerraban, él florecía. Y cuando la Prohibición cayó, ya tenía el camino allanado.

El “vino prohibido” había ganado.
 
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Hollywood, 1933.
Una joven vende entradas desde la boca de un gorila gigante.
No era un gorila cualquiera, claro. Era King Kong, y el rugido de su leyenda estaba a punto de comenzar.

Este llamativo puesto frente al Graumans's Chinese Theatre fue parte de la original y creativa campaña publicitaria para la premiere de King Kong, una de las películas más revolucionarias del siglo XX. Estrenada en plena Gran Depresión, la cinta maravilló a una generación entera con efectos especiales que nadie había visto antes.

Mientras afuera el mundo sufría, dentro del cine los espectadores viajaban a una isla misteriosa, enfrentaban dinosaurios y se aferraban a sus butacas cuando el simio más famoso del cine escalaba el Empire State.
 
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Mientras Europa ardía bajo las botas del nazismo, un hombre tomó una decisión que ningún plan militar hubiera contemplado: entrar voluntariamente a Auschwitz.

Se llamaba Witold Pilecki. Oficial del ejército polaco, esposo y padre de dos hijos. En septiembre de 1940, se dejó arrestar con una misión suicida: ingresar al campo de concentración, organizar la resistencia desde dentro y alertar al mundo sobre el horror que allí se vivía.

Adentro, dejó de ser Witold. Se convirtió en el prisionero 4859.

Durante casi tres años, caminó entre la muerte. Fundó una organización clandestina, ZOW, que transmitía informes secretos a la resistencia. Su trabajo dio origen al Informe Witold, uno de los primeros documentos que alertaron al mundo libre sobre el genocidio en curso.

Pero los Aliados no reaccionaban.

Y Pilecki sabía que, si quería que el mundo actuara, debía salir con vida para contar lo que estaba ocurriendo.

Así, en abril de 1943, escapó del infierno.

Con dos compañeros, cruzó ríos helados, se ocultó en graneros, durmió bajo la paja y caminó durante semanas, hasta llegar a una base de la resistencia polaca.

Pero su lucha no terminó con la guerra.

Cuando el comunismo se impuso en Polonia, Pilecki volvió a luchar. Fue arrestado, torturado brutalmente y ejecutado en 1948. Su cuerpo jamás fue recuperado.

Hoy, su historia se conoce como una de las más valientes del siglo XX.

Un hombre que se dejó encarcelar para dar testimonio.

Un héroe que escapó del peor lugar de la Tierra, no para huir… sino para contar la verdad.
 
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En 1897, tres exploradores suecos —Salomon August Andrée, Knut Frænkel y Nils Strindberg— miraron al cielo y creyeron que podían conquistarlo. Su sueño era alcanzar el Polo Norte, no con trineos ni barcos, sino flotando en un globo de hidrógeno bautizado como Örnen (“El Águila”).

Pero el Ártico no entiende de sueños. Solo 65 horas después de despegar, el globo cayó en medio de un desierto helado.

Lo que siguió fue una odisea de resistencia y desesperación. Enfrentaron temperaturas bajo cero, hielo perpetuo, animales salvajes y el lento agotamiento del cuerpo y del alma. Comieron carne de oso polar, caminaron sobre el hielo quebradizo y anotaron cada día con una mezcla de esperanza y resignación.

Y entonces, el silencio. Durante más de treinta años, nadie supo de ellos.

Fue en 1930 cuando una expedición noruega halló su campamento perdido. Allí, entre la nieve endurecida, encontraron restos humanos, diarios escritos a mano... y una caja con 93 fotografías.
Imágenes borrosas, congeladas en el tiempo, que mostraban carpas improvisadas, rostros agotados, y una dignidad feroz enfrentando lo inevitable.

No hubo gloria. No hubo aplausos. Pero dejaron algo más profundo: un testimonio humano de valor y vulnerabilidad, perdido en los confines del mundo.

Sus cuerpos fueron llevados de regreso a Suecia, y todo el país los recibió con honores. Ya no eran solo exploradores. Eran símbolos de hasta dónde puede llegar el ser humano por una idea, por una frontera, por un sueño.
 
Personas luchando por subir a un avión en Nha Trang, el 1 de abril de 1975, durante la retirada estadounidense de Vietnam del Sur.

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La historia oficial dice que Napoleón fue derrotado en 1815, en la Batalla de Waterloo.
Lo que no suele decirse es lo que pasó después.

Aquel campo, regado con la sangre de más de 50.000 hombres, no solo fue escenario de una derrota militar. También fue el origen de uno de los episodios más macabros de la historia moderna.

Antes de enterrar los cuerpos, a los soldados caídos que aún conservaban sus dientes les fueron arrancadas las piezas dentales.
Esos dientes cruzaron el canal rumbo a Inglaterra, donde se convirtieron en codiciadas dentaduras postizas.
Las llamaban “dientes de Waterloo”.
Para muchos, eran un símbolo de elegancia… sin saber que habían sido parte de una mandíbula ensangrentada en el campo de batalla.

Pero eso no fue todo.

También se aprovechaban los huesos.
No, no los convertían en azúcar.
Pero en Europa del siglo XIX, el carbón de hueso era un componente clave para refinar el azúcar crudo.
Se usaba para decolorar jarabes y eliminar impurezas, especialmente en la producción de azúcar de remolacha.
Bélgica, cercana al campo de batalla, fue uno de los principales centros de esta industria.

Así, miles de muertos de Waterloo fueron triturados y quemados para endulzar los postres del viejo continente.

La guerra no solo se llevó vidas.
También convirtió cuerpos en objetos, dientes en negocio, huesos en materia prima.

Detrás de cada victoria, a veces se esconde una verdad incómoda.
Y en Waterloo, la victoria tuvo un sabor amargo… aunque muchos no lo supieran.
 
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Sabías quién era
El verdadero Popeye??

Su verdadero nombre era Frank "Rocky" Fiegel.

Nació en 1868, en Polonia y, cuando era niño, emigró a los Estados Unidos con sus padres, que se establecieron en un pequeño pueblo de Illinois.

Cuando era joven, Rocky se fue a la mar.

Después de 20 años de carrera como marinero en la Marina Mercante, Fiegel se retiró.

Más tarde fue contratado por Wiebusch's Tavern en la ciudad de Chester, Illinois, como un "bouncer" para mantener el orden en un bar ruidoso.

Rocky rápidamente desarrolló una reputación por estar siempre involucrado en peleas (y generalmente ganar). Como resultado, tenía un ojo deforme ("Pop-eye").

Él también "siempre" fumaba su pipa, así que siempre hablaba por un lado de su boca.

La creadora de Popeye, Elzie Crisler Segar, creció en Chester y, de joven, conoció a Rocky en la taberna y se sentaba durante horas escuchando las increíbles historias del marinero. ’

Años después, Segar se convirtió en dibujante y desarrolló una tira cómica llamada 'Thimble Theater. ’

Honró a Fiegel preguntando si podía modelar su nuevo personaje de tira cómica, 'Popeye el marinero' después de él. Naturalmente, Fiegel se sintió halagado y estuvo de acuerdo.

Segar afirmó que "Olivia Oyl", junto con otros personajes, también se basaba vagamente en una persona real. Ella era Dora Paskel, dueña de una pequeña tienda de comestibles en Chester.

Aparentemente se parecía mucho al personaje de Olivia Oyl en sus cómics.

Afirmó que ella incluso se vestía de la misma manera.

A través de los años, Segar se mantuvo en contacto con Rocky y siempre le ayudó con dinero; dándole un pequeño porcentaje de lo que ganó con sus ilustraciones de "Popeye".
 
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En 1911, las Cataratas del Niágara se congelaron parcialmente debido a una ola de frío extrema. Este evento creó una capa de hielo, a veces de hasta 15 metros de espesor, que transformó las cataratas en una gigantesca escultura de hielo. Se formó un puente de hielo que permitía a las personas cruzar el río Niágara a pie.
 
Estudiantes en Teherán (Irán) 1971, antes de la revolución islámica de 1979.

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Primer tren de España (que irónicamente es una línea que ya no está en España), el tren entre La Habana y y Santiago en Cuba. Realmente el primer tren, solo hizo el tramo entre La Habana y Güines
 
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Sabías quién era
El verdadero Popeye??

Su verdadero nombre era Frank "Rocky" Fiegel.

Nació en 1868, en Polonia y, cuando era niño, emigró a los Estados Unidos con sus padres, que se establecieron en un pequeño pueblo de Illinois.

Cuando era joven, Rocky se fue a la mar.

Después de 20 años de carrera como marinero en la Marina Mercante, Fiegel se retiró.

Más tarde fue contratado por Wiebusch's Tavern en la ciudad de Chester, Illinois, como un "bouncer" para mantener el orden en un bar ruidoso.

Rocky rápidamente desarrolló una reputación por estar siempre involucrado en peleas (y generalmente ganar). Como resultado, tenía un ojo deforme ("Pop-eye").

Él también "siempre" fumaba su pipa, así que siempre hablaba por un lado de su boca.

La creadora de Popeye, Elzie Crisler Segar, creció en Chester y, de joven, conoció a Rocky en la taberna y se sentaba durante horas escuchando las increíbles historias del marinero. ’

Años después, Segar se convirtió en dibujante y desarrolló una tira cómica llamada 'Thimble Theater. ’

Honró a Fiegel preguntando si podía modelar su nuevo personaje de tira cómica, 'Popeye el marinero' después de él. Naturalmente, Fiegel se sintió halagado y estuvo de acuerdo.

Segar afirmó que "Olivia Oyl", junto con otros personajes, también se basaba vagamente en una persona real. Ella era Dora Paskel, dueña de una pequeña tienda de comestibles en Chester.

Aparentemente se parecía mucho al personaje de Olivia Oyl en sus cómics.

Afirmó que ella incluso se vestía de la misma manera.

A través de los años, Segar se mantuvo en contacto con Rocky y siempre le ayudó con dinero; dándole un pequeño porcentaje de lo que ganó con sus ilustraciones de "Popeye".
Curiosa historia que, por supuesto, no conocía.

Gracias.
 
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La historia oficial dice que Napoleón fue derrotado en 1815, en la Batalla de Waterloo.
Lo que no suele decirse es lo que pasó después.

Aquel campo, regado con la sangre de más de 50.000 hombres, no solo fue escenario de una derrota militar. También fue el origen de uno de los episodios más macabros de la historia moderna.

Antes de enterrar los cuerpos, a los soldados caídos que aún conservaban sus dientes les fueron arrancadas las piezas dentales.
Esos dientes cruzaron el canal rumbo a Inglaterra, donde se convirtieron en codiciadas dentaduras postizas.
Las llamaban “dientes de Waterloo”.
Para muchos, eran un símbolo de elegancia… sin saber que habían sido parte de una mandíbula ensangrentada en el campo de batalla.

Pero eso no fue todo.

También se aprovechaban los huesos.
No, no los convertían en azúcar.
Pero en Europa del siglo XIX, el carbón de hueso era un componente clave para refinar el azúcar crudo.
Se usaba para decolorar jarabes y eliminar impurezas, especialmente en la producción de azúcar de remolacha.
Bélgica, cercana al campo de batalla, fue uno de los principales centros de esta industria.

Así, miles de muertos de Waterloo fueron triturados y quemados para endulzar los postres del viejo continente.

La guerra no solo se llevó vidas.
También convirtió cuerpos en objetos, dientes en negocio, huesos en materia prima.

Detrás de cada victoria, a veces se esconde una verdad incómoda.
Y en Waterloo, la victoria tuvo un sabor amargo… aunque muchos no lo supieran.
Estás haciendo aquí unas entradas muy interesantes.

Darían para hilo y llegarían a más gente.
 
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