dTom Forrester
Usuario Eliminado
- Shurmano Nº
- 9506
- Desde
- 10 Abr 2024
- Mensajes
- 6,027
- Reacciones
- 39,551
Sobre el presente y la imposibilidad de replicar lo espontáneo
Tras haber disfrutado ayer de una experiencia muy intensa, he llegado a una reflexión que me parece crucial; no sólo para este momento de mi vida, sino para la forma en que llevo cargando el pasado y enfrentando el presente.
Nos obsesionamos con repetir los momentos especiales: una conversación increíble que surgió de la nada, una barbacoa con gente inesperada que se convirtió en una noche inolvidable, una experiencia sexual increíble, una relación que nos hizo sentir algo único o, incluso, un videojuego que nos atrapó de niños.
Pero lo que hace que esos momentos sean especiales es precisamente su espontaneidad.
Si un momento es espontáneo, por definición, no puede ser replicado. Porque en el momento en que intentas repetirlo, ya hay algo detrás que lo hace artificial.
Lo he sentido muchas veces en mi vida.
He intentado recuperar sensaciones que alguna vez tuve: la emoción de un amor adolescente, la adrenalina de una época sin preocupaciones, la camaradería de los veintipocos.
Pero no es posible.
No porque esas cosas no puedan volver a suceder, sino porque ya no soy la misma persona que vivió aquellos momentos.
Mi mente, mi cuerpo, mi edad, mis circunstancias...
Todo ha cambiado.
No soy aquel chaval de veinte años, ni el de veinticinco: mi energía no es la misma, mis intereses han evolucionado, mi forma de sentir el mundo es distinta, mi cabeza no tenía las limitaciones actuales.
Lo que viví fue único porque era el momento adecuado para vivirlo.
Y ahora, lo que viene no tiene que ser mejor ni peor, simplemente será diferente.
Es aquí donde entra la clave de todo esto.
La nostalgia es una trampa cuando se usa como vara de medir el presente.
Cuando comparamos lo que estamos viviendo ahora con lo que vivimos en el pasado, muchísimas veces caemos en la idea de que "antes era mejor". Pero no es que el pasado fuera mejor, es que el presente aún no lo hemos entendido con la misma perspectiva.
Y entonces, ¿qué hago con todo esto: simplemente aceptar que el pasado fue mejor y resignarme?
No.
La solución está en la memoria y en la percepción del presente.
El pasado no se borra.
Si quiero revivir momentos especiales, la memoria me los puede devolver, y siempre puedo hacer lo que han hecho escritores autobiográficos como Kerouac o Bukowski: transformar esos recuerdos en algo que se pueda volver a saborear.
Pero el presente no es una sombra de lo que ya viví, no es una versión degradada de un tiempo mejor. El presente es una nueva etapa, con nuevas experiencias que aún no he descubierto completamente.
Ayer viví algo que jamás habría imaginado hace diez años. Y seguramente, dentro de otros diez años, miraré atrás y me daré cuenta de que aún quedaban muchas experiencias que no podía prever.
El futuro no está escrito.
Lo importante no es intentar repetir lo que ya pasó, sino abrirme a lo que pueda venir sin la necesidad de compararlo con lo anterior.
Esto es algo que entiendo ahora, pero sé que el verdadero reto es interiorizarlo y aplicarlo. Como dice el Tao: «conocer el camino es fácil, lo difícil es caminarlo».
Así que quiero meditar sobre esto, quiero integrar esta verdad en mi día a día, quiero aprender a aceptar el presente por lo que es, sin las cadenas de un pasado idealizado.
Éste es el punto de inflexión.
No buscar revivir lo que ya pasó, sino estar abierto a descubrir lo que aún no ha llegado.
Tras haber disfrutado ayer de una experiencia muy intensa, he llegado a una reflexión que me parece crucial; no sólo para este momento de mi vida, sino para la forma en que llevo cargando el pasado y enfrentando el presente.
Nos obsesionamos con repetir los momentos especiales: una conversación increíble que surgió de la nada, una barbacoa con gente inesperada que se convirtió en una noche inolvidable, una experiencia sexual increíble, una relación que nos hizo sentir algo único o, incluso, un videojuego que nos atrapó de niños.
Pero lo que hace que esos momentos sean especiales es precisamente su espontaneidad.
Si un momento es espontáneo, por definición, no puede ser replicado. Porque en el momento en que intentas repetirlo, ya hay algo detrás que lo hace artificial.
Lo he sentido muchas veces en mi vida.
He intentado recuperar sensaciones que alguna vez tuve: la emoción de un amor adolescente, la adrenalina de una época sin preocupaciones, la camaradería de los veintipocos.
Pero no es posible.
No porque esas cosas no puedan volver a suceder, sino porque ya no soy la misma persona que vivió aquellos momentos.
Mi mente, mi cuerpo, mi edad, mis circunstancias...
Todo ha cambiado.
No soy aquel chaval de veinte años, ni el de veinticinco: mi energía no es la misma, mis intereses han evolucionado, mi forma de sentir el mundo es distinta, mi cabeza no tenía las limitaciones actuales.
Lo que viví fue único porque era el momento adecuado para vivirlo.
Y ahora, lo que viene no tiene que ser mejor ni peor, simplemente será diferente.
Es aquí donde entra la clave de todo esto.
La nostalgia es una trampa cuando se usa como vara de medir el presente.
Cuando comparamos lo que estamos viviendo ahora con lo que vivimos en el pasado, muchísimas veces caemos en la idea de que "antes era mejor". Pero no es que el pasado fuera mejor, es que el presente aún no lo hemos entendido con la misma perspectiva.
Y entonces, ¿qué hago con todo esto: simplemente aceptar que el pasado fue mejor y resignarme?
No.
La solución está en la memoria y en la percepción del presente.
El pasado no se borra.
Si quiero revivir momentos especiales, la memoria me los puede devolver, y siempre puedo hacer lo que han hecho escritores autobiográficos como Kerouac o Bukowski: transformar esos recuerdos en algo que se pueda volver a saborear.
Pero el presente no es una sombra de lo que ya viví, no es una versión degradada de un tiempo mejor. El presente es una nueva etapa, con nuevas experiencias que aún no he descubierto completamente.
Ayer viví algo que jamás habría imaginado hace diez años. Y seguramente, dentro de otros diez años, miraré atrás y me daré cuenta de que aún quedaban muchas experiencias que no podía prever.
El futuro no está escrito.
Lo importante no es intentar repetir lo que ya pasó, sino abrirme a lo que pueda venir sin la necesidad de compararlo con lo anterior.
Esto es algo que entiendo ahora, pero sé que el verdadero reto es interiorizarlo y aplicarlo. Como dice el Tao: «conocer el camino es fácil, lo difícil es caminarlo».
Así que quiero meditar sobre esto, quiero integrar esta verdad en mi día a día, quiero aprender a aceptar el presente por lo que es, sin las cadenas de un pasado idealizado.
Éste es el punto de inflexión.
No buscar revivir lo que ya pasó, sino estar abierto a descubrir lo que aún no ha llegado.
Última edición: