Lectura Relatos de terror. En 100 palabras.

Fenix_ardiente

Shurmano Logia
Nº Ranking
34
Shurmano Nº
1588
Desde
24 Dic 2023
Mensajes
6,087
Reacciones
285,852
En medio de la noche, Clara despertó al escuchar susurros provenientes del pasillo. Pensó que era el viento, pero al salir, vio a su hermano pequeño, Mateo, parado frente a la puerta, mirándola fijamente. "No quiero dormir en mi cama", dijo con voz temblorosa. Clara lo abrazó y lo llevó de vuelta, pero al pasar junto al espejo del pasillo, vio su reflejo: *estaba sola*. El niño que había abrazado desapareció. El susurro volvió, esta vez en sus oídos: "No era él". En el espejo, un niño sonreía, con los ojos vacíos, observándola.
 
Un monitor te pone el arnés y engancha el mosquetón a la tirolina que se pierde en el vacío, te dice:
-Tranquilo, nunca se ha matado nadie, tienes mi palabra y nunca miento.

Confiado saltas y miras hacia atrás un instante para descubrir que el monitor es Pedro Sánchez
 
-¡AAAAAAAAAAAAH, NOOOOOO!
-¡Jódete, puta!

FIN
 
Cada noche, Elena escuchaba pasos suaves en el piso superior de su casa vacía. Al principio pensó que era el crujir de las maderas, pero al ver las huellas de barro cerca de la escalera, comenzó a dudar. Una noche decidió investigar. Subió las escaleras, el aire frío la envolvía, y cuando llegó al final del pasillo, vio la puerta entreabierta del ático. Al acercarse, vio una figura borrosa en el umbral, su rostro estaba distorsionado en una sonrisa cruel. La figura susurró: "Te estaba esperando". Elena dio un paso atrás... y la puerta se cerró de golpe.
 
Hoy toca reunión. No me apetece nada. Ya comienza. Apenas entiendo lo que dice el que está hablando, algo de que nos tenemos que llevar bien. Me ha parecido que me ha mencionado. ¿Porqué me miran todos? ¿Que hace mi hermana en la reunión llorando? Ya acaba la reunión y todo el mundo se despide de mi, la gente es muy rara. Alguien me cierra la puerta en las narices y me queda a oscuras.
 
Hoy toca reunión. No me apetece nada. Ya comienza. Apenas entiendo lo que dice el que está hablando, algo de que nos tenemos que llevar bien. Me ha parecido que me ha mencionado. ¿Porqué me miran todos? ¿Que hace mi hermana en la reunión llorando? Ya acaba la reunión y todo el mundo se despide de mi, la gente es muy rara. Alguien me cierra la puerta en las narices y me queda a oscuras.
T cerraron la tapa del ataúd jajajajaja
 
Cada noche, al cerrar los ojos, sentía que alguien me observaba. Una presencia invisible que se deslizaba por la oscuridad de mi habitación. Al principio eran susurros, casi imperceptibles, como si me llamaran desde lejos. Después, se convirtieron en imágenes, destellos fugaces que se aferraban a mis párpados cerrados. Intenté resistirme, aferrarme a la cordura, pero era como intentar atrapar el viento.
 
El miedo se convirtió en mi único compañero. Las noches, antes placenteras, se transformaron en una lucha constante por mantener la cordura. Y entonces llegaron los sueños. No eran sueños normales, sino pesadillas vívidas donde me veía atrapada en laberintos oscuros y sin salida. Al despertar, la sensación de ser observado era más intensa, como si aquella presencia se hubiera colado en mi habitación durante el sueño.
 
Dicen que los ciegos agudizan el resto de los sentidos, y es bien cierto. Puedo oír el murmullo que provoca una hormiga al caminar sobre una mesa. Y puedo reconocer casi todos los sonidos que me rodean. Acabo de aprender un nuevo sonido, el de un cuchillo abriéndose camino por la carne. Adiós.
 
Joder buen hilo! Una vez participe en un concurso de microrrelatos, no gane obvio, pero apareci en el libro. Luego lo busco y lo pongo.
 
Hoy es un día cualquiera. Tienes cita en la peluquería para darte unos toques de morado en el pelo. Intentas levantarte y de repente notas que algo no va bien. No puedes moverte, no puedes gritar, solo mover los ojos. Sientes a tus cuatro gatos acercarse a ti, te lamen la cara, de repente uno te da un mordisco que hace que brote un poco de sangre, el resto lo imitan. Sientes el dolor, sientes como poco a poco te arrancan pedacitos y te maldices por haberte olvidado de darles de comer ayer.
 
No ha sonado el despertador, me he vuelto a quedar dormido.

El Reloj marca las 11:00, no entra la luz a través de la persiana.

Abro la ventana, sigue siendo de noche.

Oigo pasos en la calle, me asomo, veo el resplandor de antorchas.

Un grupo de gente cubierta con túnicas negras se acercan a mí portal, sé que vienen a buscarme.
 
No ha sonado el despertador, me he vuelto a quedar dormido.

El Reloj marca las 11:00, no entra la luz a través de la persiana.

Abro la ventana, sigue siendo de noche.

Oigo pasos en la calle, me asomo, veo el resplandor de antorchas.

Un grupo de gente cubierta con túnicas negras se acercan a mí portal, sé que vienen a buscarme.
Hostia puta
 
Carlos caminaba por el oscuro callejón, sintiendo el frío en su piel. Había recibido un mensaje anónimo: "Te estoy observando". Al principio pensó que era una broma, pero la sensación de ser seguido no lo abandonaba. Giró en una esquina y vio una sombra moverse rápidamente. Apresuró el paso, pero la figura se acercaba cada vez más. Sin embargo, al mirar atrás, ya no había nadie. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando vio un sobre en el suelo, con su nombre escrito en letras rojas. Tembloroso, lo abrió. Dentro, un único papel con una foto suya de niño y la frase: "Es hora de enfrentarlo". De repente, un sonido metálico resonó en la oscuridad. Algo se acercaba... y no estaba solo.
 
"La vela esta a punto de apagarse y lo unico que sudo ya es miedo. No tengo forma de salir de aqui y mi pulso casi no me deja escribir. He perdido la nocion del tiempo, no se las horas que llevo. Atranque puertas y ventanas pero no me ha valido de nada. Solo quedo yo y esa cosa que por cierto, esta ahi en la puerta mirandome".
 
"La vela esta a punto de apagarse y lo unico que sudo ya es miedo. No tengo forma de salir de aqui y mi pulso casi no me deja escribir. He perdido la nocion del tiempo, no se las horas que llevo. Atranque puertas y ventanas pero no me ha valido de nada. Solo quedo yo y esa cosa que por cierto, esta ahi en la puerta mirandome".
😱
 
Era una noche oscura cuando Andrés, un pescador de siluros experimentado, decidió lanzar su barca al pantano. El único ruido era el crujir del agua bajo la embarcación. Mientras esperaba, escuchó un extraño ruido proveniente de la orilla. Al mirar, vio un Seat 600 estacionado, parado en medio de la nada, con las luces apagadas. Extrañado, se acercó a la orilla, pero algo lo detuvo: una figura apareció detrás del coche, observándolo fijamente. El motor del vehículo arrancó de golpe, y en la niebla espesa, Andrés vio el reflejo de un rostro desfigurado. De repente, el pantano se tragó todo en un silencio mortal.
 
Era una noche oscura cuando Andrés, un pescador de siluros experimentado, decidió lanzar su barca al pantano. El único ruido era el crujir del agua bajo la embarcación. Mientras esperaba, escuchó un extraño ruido proveniente de la orilla. Al mirar, vio un Seat 600 estacionado, parado en medio de la nada, con las luces apagadas. Extrañado, se acercó a la orilla, pero algo lo detuvo: una figura apareció detrás del coche, observándolo fijamente. El motor del vehículo arrancó de golpe, y en la niebla espesa, Andrés vio el reflejo de un rostro desfigurado. De repente, el pantano se tragó todo en un silencio mortal.
Es tuyo? Me mola
 
Miraba por la ventana los tres árboles del claro. Sus siluetas se recortaban en la oscuridad, agitándose violentamente. Parecían bailar al compás del viento. Mi padre estaba en el porche, apretando la escopeta con manos temblorosas y el rostro desencajado.

—¿Qué pasa, papá? —pregunté, inquieto.

Él seguía observando los árboles, inmóvil.

—¿No te has dado cuenta, hijo?

—¿De qué? —insistí, mientras mis ojos seguían mirando cómo danzaban las ramas de los árboles en medio de la colina.

Entonces me miró, pálido como nunca antes. Con voz temblorosa, señaló los árboles.

—Esta noche no hay viento.
 
Miraba por la ventana los tres árboles del claro. Sus siluetas se recortaban en la oscuridad, agitándose violentamente. Parecían bailar al compás del viento. Mi padre estaba en el porche, apretando la escopeta con manos temblorosas y el rostro desencajado.

—¿Qué pasa, papá? —pregunté, inquieto.

Él seguía observando los árboles, inmóvil.

—¿No te has dado cuenta, hijo?

—¿De qué? —insistí, mientras mis ojos seguían mirando cómo danzaban las ramas de los árboles en medio de la colina.

Entonces me miró, pálido como nunca antes. Con voz temblorosa, señaló los árboles.

—Esta noche no hay viento.
Hijoputa que bueno es!!! Es tuyo??
 
Joder buen hilo! Una vez participe en un concurso de microrrelatos, no gane obvio, pero apareci en el libro. Luego lo busco y lo pongo.
Estás tardando.
Me quedo por aquí! Hilo cojonudo! Si tuviera alguna bolita de esas de colorinchis te la daba.
A ver si en un ratito me da y escribo algo!
 
Marisa llegaba tarde, si es que se llamaba realmente así. No te puedes fiar de las citas de Tinder al 100%, pero ya habíamos tomado café y tenido sexo, sexo salvaje. Las luces de su coche me deslumbraron, se bajó y sin mediar palabra, cogió una cuerda y me ató a un árbol, bajó mis pantalones y sacó unas tijeras.
-Otra para la colección
 
Marisa llegaba tarde, si es que se llamaba realmente así. No te puedes fiar de las citas de Tinder al 100%, pero ya habíamos tomado café y tenido sexo, sexo salvaje. Las luces de su coche me deslumbraron, se bajó y sin mediar palabra, cogió una cuerda y me ató a un árbol, bajó mis pantalones y sacó unas tijeras.
-Otra para la colección
Esto es muy splatter :silencio: me gusta
 
No me gustaba nada que papá saliera de casa. Sí, ya sé que debería acostumbrarme.
Por lo que, cuando eso sucedía, era el momento en el que mamá, para tratar de consolarme, me preguntaba por cómo me había ido el día, si seguía jugando con mis amigas de siempre en el recreo, si tenía muchos deberes… Aunque también me reñía si descubría que no había comido lo suficiente en el comedor.
Menos mal que me libré de la regañina cuando entró papá por la puerta, besó la vasija con las cenizas de mamá, y me encontró sentada en el sofá.
(100 exactas).
 
-¡Papá, mira! —dijo mi hijo, señalando unas luciérnagas que comenzaron a revolotear alrededor de su boya fluorescente.

—Hacía mucho que no veía tantas —respondí, sonriendo.

Él se rió mientras recogía el cebo lentamente. —¡Mira cómo siguen la luz! —exclamó, fascinado, observando cómo las luciérnagas danzaban alrededor de la boya, acercándose y alejándose.

—Es hermoso, ¿verdad? —le dije, disfrutando de su alegría.

De repente, las luciérnagas dejaron la boya y comenzaron a volar hacia nosotros.

—Papá… ¿viste eso? —preguntó, aún sonriente.

No pude responderle. Los tentáculos luminosos lo arrastraron lago adentro.
 
-Ya tengo mi Play!!!!! Grito Pablo.
Pablo era de esos chicos que ni los profesores ni sus compañeros saben que existen. Silencioso, estudiante del montón, solo se supo de su existencia el día que pegó a un compañero por decir que la Xbox era mejor que la Play y eso que aún no tenía una. Los tuvieron que separar.
Todos los días, varias docenas de veces le decía a su padre que quería una Play. Y su padre se la compró, entró con ella en su habitación, Pablo ya estaba casi dormido, encendió la luz y el logo de Play se grabó en la retina. Su padre cogió la consola y le empezó a golpear con ella en la cabeza hasta que Pablo dejó de respirar.
-Ya tengo mi Play!!! Fue su último pensamiento.
 
Mira, Jack —le dije, pasándole una revista de coches—. Este es el que voy a comprar.

Jack no me respondió; seguía fijo en el monitor. Todavía había gente paseando por el centro comercial.

—Pensé que ya habías cerrado las puertas a estas horas—comenté.

Su rostro estaba tenso, lleno de miedo.

—Las cerré, Mike —dijo sin mirarme, con la voz quebrada.

Fruncí el ceño y observé la pantalla. Había personas caminando, pero algo estaba mal. Sus movimientos eran torpes, rígidos, casi mecánicos. Algunos no tenían brazos, otros parecían incompletos.

Salían de las tiendas de ropa...
 
Perdí mi empleo. Al llegar a casa, encontré a mi mujer con un hombre inmenso. Intenté encararlo, pero me dio una paliza. Mi mujer, llorando, se fue con él, dejándome solo. Al día siguiente, hallé a mi gato muerto en el lavabo: la vecina le había echado matarratas. Pasé días sin dormir. Con un revólver en mano, contemplé acabar con todo, pero no me atreví. Entonces, llamaron a la puerta. Un hombre trajeado me entregó una carta de Hacienda. Ahora yace muerto a mis pies. Siento una calma extraña. Aún quedan cinco balas. Es hora de visitar a mi vecina.
 
Volver
Arriba