Sir Connor
Shurreventado
- Shurmano Nº
- 277
- Desde
- 24 Jun 2023
- Mensajes
- 26,824
- Reacciones
- 645,499
Construido como símbolo del poder naval japonés, el Yamato fue en su día el mayor barco de guerra jamás construido, algo que le valió de poco cuando fue enviado a una misión suicida en los últimos días de la guerra.
Con 263 metros de eslora y un desplazamiento de 70.000 toneladas el Yamato fue la nave de guerra más potente del mundo cuando fue botado en 1941.
Para controlar la expansión de este potencia emergente, británicos y americanos impulsaron el tratado naval de Washington (1922), que obligaba a Japón a limitar su flota de acorazados a tres por cada cinco americanos o británicos como garantía de la paz.
El icónico gesto que Winston Churchill popularizó
Sin capacidad militar para enfrentarse a sus principales rivales en el Pacífico, el gobierno japonés aceptó a regañadientes el acuerdo, pero al mismo tiempo puso en marcha un programa secreto para construir dos nuevos superacorazados que dejarían obsoletos a los buques occidentales: el Musashi y el Yamato.
Colosos de los mares
La construcción de estas dos naves revolucionarias empezó en los astilleros de Kure, cerca de Hiroshima, en 1937, empleándose a cientos de trabajadores sometidos a estrictos protocolos de seguridad. El Yamato y su nave hermana tendrían unas fabulosas medidas de 263 por 38 metros y un peso de 70.000 toneladas; y fueron creadas por los ingenieros nipones para contar con más blindaje y mayor armamento que cualquier oponente, así como una velocidad superior por si debían huir de un enemigo más numeroso.
En esta fotografía de la proa del Musashi se pueden ver las dos torretas de 460mm que formaban su armamento principal.
La artillería principal de estos dos acorazados eran tres torretas equipadas con un trío de inmensos cañones de 470mm, capaces de lanzar proyectiles antiblindaje de tonelada y media a 42 kilómetros de distancia, pero que a la vez contaban con obuses explosivos para ataques a tierra y bombas de metralla como munición antiaérea.
El armamento secundario se componía de cuatro torretas de 155 milímetros (las habituales en los acorazados de tamaño medio) y 40 armas antiaéreas que aumentarían a 178 hacia el final de la guerra. Siete hidroaviones proporcionaban cierta capacidad de exploración aérea, lanzados mediante catapultas desde un hangar en popa y recogidos tras el vuelo mediante grúas.
La cubierta blindada de 250mm era de las más gruesas construidas hasta el momento, pero no fue suficiente para detener el impacto de las bombas americanas. La popa del Yamato fotografiada en algún momento de 1944.
Para defender esta mole naval los nipones equiparon a los dos buques con un blindaje de 410mm en un casco inclinado a 20º para amortiguar los impactos, mientras que para protegerlo de los torpedos su costado contaba con dos cinturones blindados, divididos en cámaras de aire que creaban un espacio hueco entre el punto de impacto y el casco. Aún así la mayor coraza del buque se hallaba en las tres torretas principales, cuyo frente tenía un espesor de 650 por 250mm en el techo y los laterales.
Rápido y mortal
Pero las dos naves no solo eran impresionantes en medidas, sino que en su construcción se incorporaron las últimas innovaciones y descubrimientos en construcción naval. Las planchas del Yamato y el Musashi por ejemplo se soldaron en vez de remacharse, lo que favorecía que el blindaje se doblara en vez de partirse por el impacto de las bombas.Otros elementos de seguridad adicionales se encontraban dentro del buque, dividido en compartimentos estancos que se sellaban antes del combate, al tiempo que la sala de máquinas estaba cubierta de un impacto directo por la inclinación de la chimenea y una gruesa rejilla blindada sobre la sala de calderas.
Como los modernos petroleros o cruceros el Yamato contaba con un espolón en proa para crear una segunda línea de olas que neutralizara las creadas por el barco, limitando la resistencia del agua al barco. Maqueta de la nave en el Museo Yamato de Kure.
El diseño del caso era también fue revolucionario, con una forma estrecha y alargada para cortar mejor las olas, con una proa afilada y terminada en un espolón que reducía el oleaje producido por el barco, un elemento revolucionario en su tiempo que hoy incorporan todas las naves de gran tonelaje.
Cuando fueron terminados el 16 de diciembre de 1941 las dos naves eran los acorazados más poderosos jamás construidos, superando sobre el papel a cualquier nave americana. El Yamato y su tripulación de 2.332 hombres fueron confiados al capitán Kōsaku Aruga, uniéndose de inmediato a la batalla por el Pacífico iniciada con el ataque japonés a la base americana de Pearl Harbor.
Misión suicida
El Yamato participó así en la batalla de Midway (1942), donde no tomó parte en un combate librado a larga distancia entre los portaaviones de ambos bandos, y dispararía por primera vez sus cañones en el Golfo de Leyte, batalla que supuso la derrota definitiva de la marina japonesa.
Tras la pérdida de los portaaviones que les quedaban en las Filipinas los japoneses fueron perdiendo uno tras otro todos sus acorazados, siendo el Yamato de los pocos que quedaban en 1945.
En abril de 1945 la situación era tan desesperada para los nipones que, cuando los americanos invadieron la isla de Okinawa el 1 de abril de 1945, el Yamato se hizo a la mar en un desesperado intento de defender el último reducto que defendía las islas de Japón. Así el 6 de mayo el acorazado partió acompañado por ocho destructores y un crucero (los últimos restos de la marina imperial) con órdenes de abrirse paso hasta la isla, encallar en sus playas y bombardear a los marines que avanzaban por tierra.
Pero lo que no sabía ni el capitán Aruga ni el alto mando era que los americanos habían descifrado los códigos japoneses, y que el superacorazado se dirigía hacia una trampa preparada por el almirante Nimitz. Al clarear el alba del 7 de abril, 15 portaaviones lanzaron 280 torpederos y bombarderos al combate: el Yamato había visto su último amanecer.
El Yamato fotografiado desde un bombardeo en picado americano durante la batalla del 7 de abril.
La primera oleada de aeronaves cayó sobre el escuadrón japonés a las 12:30, y en solo un cuarto de hora el acorazado había sufrido el impacto de 10 torpedos y 15 bombas, abriéndose numerosas vías que hicieron escorar el barco a estribor hasta que Aruga ordenó inundar los compartimientos de babor para enderezarlo, ahogando en el proceso a numerosos marineros.
Media hora más tarde un nuevo ataque golpeó el Yamato bloqueando su timón, y a las 14:00 la tercera oleada le dio el golpe de gracia. Devorado por incendios que no podían apagar sus bombas de agua destruidas, el acorazado se fue escorando lentamente hasta dar un vuelco de 180 grados y quedar panza arriba, momento en el que el fuego alcanzó sus pañoles de munición y la nave explotó en una tremenda bola de fuego que se pudo ver hasta en Japón.
La explosión del acorazado capturada por una cámara americana. Las dos pequeñas naves de la izquierda son dos de los destructores japoneses que sobrevivieron a la batalla.
Solo 277 marineros se salvaron al haber saltado antes por la borda, siendo recogidos por los destructores que quedaban y devueltos a la base en estado de shock. Pese a su revolucionaria construcción y formidable armamento, el Yamato era una nave ya obsoleta cuando se completó en 1941, pues la guerra naval había evolucionado hacia la supremacía del portaaviones, mandando a pique gigantes de los mares como el Prince of Wales británico o el Bismarck alemán.
