Shurrelato Smiley face

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Hoy estaba viajando de un sitio a otro como hace uno a veces. Pues el caso, es que me he encontrado en el aeropuerto en seguridad. El paso rápido y sin incidentes por esta zona, es uno de los ritos del viajero avezado.

El abrigo de plumas apropiado para temperatura de -15 grados estaba en la maleta de mano,, los zapatos que se quitan sin desatar puestos, el reloj de Casio en la bolsa del ordenador portátil, y el móvil, monedero, llaves, y el cinturón con la hebilla metálica enrollado, listos todos para poner en la bandeja.

La señora de seguridad me ha dicho, tras mi pregunta, que no hacía falta sacar el ordenador portátil de la bolsa. Sin duda, los dioses de los viajeros me eran propicios hoy.

Normalmente, hay un señor que mira la pantalla de la máquina de rayos x a través de la cual examinan las pertenencias de los viajeros. Hoy, por la razón que sea, no habia nadie allí. Durante un momento he pensado en cómo habían avanzado los modelos de IA, de forma que pueden reconocer los objetos peligrosos en el equipaje como botellas de vino, colonia o pasta de dientes.

Sin embargo, no era así. Al cabo de un rato, el de seguridad ha vuelto y ha revisado una a una, nuestras pertenencias con la expresión de quien va a prevenir un desastre aéreo mayúsculo. Han abierto la maleta de un señor chino más o menos de mi edad que no parecia manejarse bien en la lengua de Cervantes, pero al final lo han dejado ir, mientras su familia pasaba de la consternación al alivio, al advertir que el pater familias no iba a terminar en un campo de reeducación esta vez.

Tras un rato, han salido mis cosas. He tomado una bandeja, pero al ir a por la segunda, el espacio pequeño que quedaba al final de la cinta transportadora estaba ocupado por las cosas del reo potencial todavía.

Las bandejas eran suficientemente profundas como para que no pudiera coger la segunda a la vez, ni había espacio para dejar mis cosas en ningún sitio. Estaba esperando un poco a ver si el viajero en cuestión retiraba sus pertenencias, y la mujer de seguridad, bajita, morena con rizos, y cara de haber sido funcionaria de prisiones en una reencarnación previa, me ha echado una de esas miradas y ha dicho en voz alta y con la claridad que nos caracteriza, "¡A ver, sus cosas pónganlas en las mesas!". Quizás haya continuado con un "¡Venga!."

Durante medio segundo he contemplado mi maleta roja a punto de reventar, y una señora con melena corta, y jersey de lana que parecia alemana por lo alta, ha tomado mi maleta, la ha colocado a mi lado y me ha mirado con media sonrisa. Le he dado las gracias más efusivas en español y en inglés.

Al salir, había uno de esos engendros que habréis visto en la salida de los baños de la autopista, o en hamburgueserías americanas, con cinco botones de colores con caras progresivamente menos sonrientes, para que los usuarios de letrinas y aeropuertos expresen su satisfacción o falta de ella.

He considerado por un momento apretar el botón número cuatro, que es naranja y con una cara un pelín descontenta, pero se me ha ocurrido que los peces no se paran a ver si el agua está mojada, y he continuado hacia dentro del terminal buscando la pantalla de salidas.
 
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