No tengo fotos de aquella época, lamentablemente. Pongo fotos de por ahí.
Corría el año 2001, con mis primeros sueldos de poca monta me compré un Clio 16V de segunda mano. (500.000 pesetas). Aquello sí que andaba, no tenía ningún extra, mas allá del motor en perfecto estado, llantas de turbina, ni elevalunas ni cierre centralizado ni zarandajas, era de los primeros. El color rojo estaba menos vivo ya que la pintura se caía con la uña, aquello era una tartana entre las 0-4000 vueltas, y un cohete de ahí hasta el infinito y mas allá. Le puse admisión directa y un volante y pomo momos, dignos de una buena multa, por macarra y por falta de homologación.
Quiso el caprichoso destino que en 2002 un caco me lo robase, y destrozase el cambio en carreras ilegales. Eso sí, pasó frío mientas, porque la calefacción no funcionaba. Algo de consuelo es.
Desesperado, fuí por varios talleres intentando revivirlo, pero aquel cambio estaba más trabado que Ronnie Coleman ahora, pero ese destino impredecible me devolvió la fortuna, encontré un anuncio que decía:
"Se cambia GT Turbo por Renault Clio 16V AUNQUE ESTÉ MAL DE MOTOR"
Por entonces los "renol5turbo", eran coches de mucha peor fama, y un renault Clio 16V era un coche de maś alcurnia, ¡donde iba a parar!, así que el chaval me lo cambió y yo acepté a ojos cerrados. Era como este. Un fase I.
Yo venía de escuchar el típico mito que cuyo contenido no pronunciaré aquí, en el que el turbo saltaba más que un caballo desbocado, pero fuí viendo que aquel cascajo viejo y mal cuidado tenía un tirón fuera de lo normal.
Apenas 100 km después el coche era una locomotora, pero no de veloz, sino de vapor, la junta de culata tenía más agujeros que un cedazo, y chupaba más agua que gasolina. Llamé al comprador y le conté la situación, y él me dijo que el clio tenía el cambio, el motor, y el embrague rotos (le creí) y que iba a ser más pasta el arreglo de lo que pensaba, así que hicimos pacto de caballeros, y aceptamos nuestras taras, y la de los vehículos también.
Todos los talleres me decían ¡tiralo! ¡menuda chatarra! ¡es una avería que no merece la pena!, etc... y a punto estuve, pero descubrí, buscando por aquel internet de 128kbps que había una incipiente web llamada
clubgtt.org
Allí había cientos de orgullosos propietarios de GT Turbos, incluso alguno con un Renault 5 Turbo 2, y tras contar mis desdichas, me dijeron que no me preocupara, que en ese coche esa avería la arreglaba cualquier manitas. Y me dieron montones de instrucciones para ello, como desmontar la tapa de balancines, la culata en el orden de desapriete correcto, reglaje de válvulas con galgas, tipos de llaves dinamométricas y juntas de culata.
El primer cambio de junta de culata fue veloz, temeroso de destrozarlo todo, simplemente quité la tapa de balancines, destornillé los tornillos y levanté la culata lo justo para quitar una junta y poner otra. Una cerdada inmunda, pero fue lo que me atreví. Todo en la acera de mi calle. Tras ello reglé las válvulas como pude, y a tres cilindros fuí a un taller conocido a contar la aventura y que verificasen la chapuza.
El mismo mecánico que dijo que me deshiciese del coche echó las manos a la cabeza, diciendo que eso fue una locura y que seguro que destrocé el coche, y yo diciendo ¿y que más da? Si era lo que había que hacer igual?
Cuando a regañadientes se fue a comprobar el estado, profiriendo maldiciones, espetó incrédulo que sólo tenía mal puesto un cable de bujía (el nerviosismo me hizo cruzarlos), ¡el motor andaba perfectamente!.
Lógicamente, aquella chapuza duró 1000 kms como mucho, pero ya para entonces me había envalentonado, la segunda vez llevé la culata a rectificar (pero lo mínimo porque los turbos no pueden aumentar la compresión o la revientan), le puse culata Espesso (más gorda), para compensar algo el rectificado, le puse un radiador de aceite, una válvula de descarga artesanal, refrigeración del turbo con ventiladores de ordenador (se apagaban por temperatura, así no se quemaban). Esto fue necesario ya que el turbo está muy cerca del plato de expansión del freno, y si se calienta, y el recubrimiendo térmico está viejo, pues ¡no frena!, pero daba igual el riesgo, aquél coche era un disfrute. No había semana que no hubiese una pieza en el fregadero para hacerle algún apaño y compartirlo en el foro.
Me gustaba exhibir mis arreglos de poco dinero pero funcionales. Tubos de PVC para la admisión para sustituir a los elásticos que le hacían perder potencia, un reglaje de válvulas tan perfecto que una moneda de 50 céntimos se mantenía sobre la tapa del aceite con el motor a ralentí (tenía pruebas en foto, todas perdidas ahora), una válvula de descarga que sonaba hasta en primera marcha con el coche frenado, solo acelerando y soltando el embrague un poco, para generar compresión, con la corneta de un spray de los partidos de fútbol, un grifo en el salpicadero para abrir presión al turbo (con una válvula de aire del leroy merlin), el fondo de los relojes en blanco con un diseño personalizado... ¡qué tiempos!
Finalmente, una mala decisión en los tubos del radiador de aceite, lo hizo gripar, y debido a razones que a día de hoy jamás tomaría, vendí aquel coche roto por 600 € (ya había entrado el euro) en 2003, de las peores decisión que he tomado nunca. Ahora valen 14.000 leuros.
Y eso es todo, espero que os haya a algunos, recordado viejas épocas!
Corría el año 2001, con mis primeros sueldos de poca monta me compré un Clio 16V de segunda mano. (500.000 pesetas). Aquello sí que andaba, no tenía ningún extra, mas allá del motor en perfecto estado, llantas de turbina, ni elevalunas ni cierre centralizado ni zarandajas, era de los primeros. El color rojo estaba menos vivo ya que la pintura se caía con la uña, aquello era una tartana entre las 0-4000 vueltas, y un cohete de ahí hasta el infinito y mas allá. Le puse admisión directa y un volante y pomo momos, dignos de una buena multa, por macarra y por falta de homologación.
Quiso el caprichoso destino que en 2002 un caco me lo robase, y destrozase el cambio en carreras ilegales. Eso sí, pasó frío mientas, porque la calefacción no funcionaba. Algo de consuelo es.
Desesperado, fuí por varios talleres intentando revivirlo, pero aquel cambio estaba más trabado que Ronnie Coleman ahora, pero ese destino impredecible me devolvió la fortuna, encontré un anuncio que decía:
"Se cambia GT Turbo por Renault Clio 16V AUNQUE ESTÉ MAL DE MOTOR"
Por entonces los "renol5turbo", eran coches de mucha peor fama, y un renault Clio 16V era un coche de maś alcurnia, ¡donde iba a parar!, así que el chaval me lo cambió y yo acepté a ojos cerrados. Era como este. Un fase I.
Yo venía de escuchar el típico mito que cuyo contenido no pronunciaré aquí, en el que el turbo saltaba más que un caballo desbocado, pero fuí viendo que aquel cascajo viejo y mal cuidado tenía un tirón fuera de lo normal.
Apenas 100 km después el coche era una locomotora, pero no de veloz, sino de vapor, la junta de culata tenía más agujeros que un cedazo, y chupaba más agua que gasolina. Llamé al comprador y le conté la situación, y él me dijo que el clio tenía el cambio, el motor, y el embrague rotos (le creí) y que iba a ser más pasta el arreglo de lo que pensaba, así que hicimos pacto de caballeros, y aceptamos nuestras taras, y la de los vehículos también.
Todos los talleres me decían ¡tiralo! ¡menuda chatarra! ¡es una avería que no merece la pena!, etc... y a punto estuve, pero descubrí, buscando por aquel internet de 128kbps que había una incipiente web llamada
clubgtt.org
Allí había cientos de orgullosos propietarios de GT Turbos, incluso alguno con un Renault 5 Turbo 2, y tras contar mis desdichas, me dijeron que no me preocupara, que en ese coche esa avería la arreglaba cualquier manitas. Y me dieron montones de instrucciones para ello, como desmontar la tapa de balancines, la culata en el orden de desapriete correcto, reglaje de válvulas con galgas, tipos de llaves dinamométricas y juntas de culata.
El primer cambio de junta de culata fue veloz, temeroso de destrozarlo todo, simplemente quité la tapa de balancines, destornillé los tornillos y levanté la culata lo justo para quitar una junta y poner otra. Una cerdada inmunda, pero fue lo que me atreví. Todo en la acera de mi calle. Tras ello reglé las válvulas como pude, y a tres cilindros fuí a un taller conocido a contar la aventura y que verificasen la chapuza.
El mismo mecánico que dijo que me deshiciese del coche echó las manos a la cabeza, diciendo que eso fue una locura y que seguro que destrocé el coche, y yo diciendo ¿y que más da? Si era lo que había que hacer igual?
Cuando a regañadientes se fue a comprobar el estado, profiriendo maldiciones, espetó incrédulo que sólo tenía mal puesto un cable de bujía (el nerviosismo me hizo cruzarlos), ¡el motor andaba perfectamente!.
Lógicamente, aquella chapuza duró 1000 kms como mucho, pero ya para entonces me había envalentonado, la segunda vez llevé la culata a rectificar (pero lo mínimo porque los turbos no pueden aumentar la compresión o la revientan), le puse culata Espesso (más gorda), para compensar algo el rectificado, le puse un radiador de aceite, una válvula de descarga artesanal, refrigeración del turbo con ventiladores de ordenador (se apagaban por temperatura, así no se quemaban). Esto fue necesario ya que el turbo está muy cerca del plato de expansión del freno, y si se calienta, y el recubrimiendo térmico está viejo, pues ¡no frena!, pero daba igual el riesgo, aquél coche era un disfrute. No había semana que no hubiese una pieza en el fregadero para hacerle algún apaño y compartirlo en el foro.
Me gustaba exhibir mis arreglos de poco dinero pero funcionales. Tubos de PVC para la admisión para sustituir a los elásticos que le hacían perder potencia, un reglaje de válvulas tan perfecto que una moneda de 50 céntimos se mantenía sobre la tapa del aceite con el motor a ralentí (tenía pruebas en foto, todas perdidas ahora), una válvula de descarga que sonaba hasta en primera marcha con el coche frenado, solo acelerando y soltando el embrague un poco, para generar compresión, con la corneta de un spray de los partidos de fútbol, un grifo en el salpicadero para abrir presión al turbo (con una válvula de aire del leroy merlin), el fondo de los relojes en blanco con un diseño personalizado... ¡qué tiempos!
Finalmente, una mala decisión en los tubos del radiador de aceite, lo hizo gripar, y debido a razones que a día de hoy jamás tomaría, vendí aquel coche roto por 600 € (ya había entrado el euro) en 2003, de las peores decisión que he tomado nunca. Ahora valen 14.000 leuros.
Y eso es todo, espero que os haya a algunos, recordado viejas épocas!

