marod
Shurmano
- Nº Ranking
- 984
- Shurmano Nº
- 13499
- Desde
- 2 Dic 2024
- Mensajes
- 4
- Reacciones
- 295
Buenos noches Shurs, soy un afectado de la DANA y un mes despues me propuse escribir una pequeña reflexión en forma de relato sobre ello. Me he quedado corto, muy corto porque tenía mucho que escribir pero espero que os guste
Los primeros días fueron duros. Aún mantengo la ampolla en el pie, envuelta con piel teñida de un color de abandono y desolación.
Las quemaduras en mis dedos todavía me recuerdan cómo no podía quitarme las únicas zapatillas que logré salvar, porque hacerlo significaba que él día en el sucio y oscuro barro había terminado. Algo que tampoco te podías permitir porque había demasiado que hacer.
Al salir a la calle todavía recuerdas ese olor caracteristico. Un hedor a desesperación e incertidumbre atado a un nudo en la garganta al ver el cuadro embarrado en cada calle, en cada casa, en los ojos llenos de tristeza, llantos y rabia.
A cada paso que dabas en el fango se te hundía más y más el alma. Intentabas no darle vueltas. Pero inconscientemente, la situación no te dejaba porque a cada persiana bajada que veías sin abrir era imposible no pensar si habría alguien que no corrió la misma suerte.
Y lo peor, es que cuando el sol desaparecía en el horizonte, te sentías culpable de no haber podido hacer más. Despues de horas volvías a casa derrotado y cansado, con la esperanza de que al abrir el grifo de la ducha por fin cayese un fino hilo de felicidad que te pudiese quitar de encima ese terrible hedor.
Todos tenemos nuestra historia de la DANA. Sin embargo para mi las peores historias fueron las que venían formadas despues de un "Y si...". Dandote cuenta de que en ninguna estabas realmente preparado para lo que estaba por venir.
Si no hubiera llamado esa tarde a mi madre para no ir de compras, quien sabe donde estaríamos ahora mismo. Es duro pensar que una simple decisión así te pudo haber librado de una muerte segura.
Hasta 3 metros de agonía en más de 60 pueblos afectados. Desesperados y completamente abandonados. Donde ni textos, ni noticias ni fotografías justificaban lo que era levantarte cada día con la esperanza de que todo fuera un mal sueño.
Yo he perdido mi refugio, mi movilidad y mis recuerdos. Pero al final son simplemente bienes materiales que se pueden reponer.
¿Pero quien nos devuelve lo que hemos perdido realmente? ¿Quien nos devolverá nuestra normalidad? La marca de la DANA ha quedado ya impresa en nuestro día a día.
Solo nos queda sacar fuerzas de donde sea, levantarnos y seguir adelante ya que queda claro que la vida sigue y no espera a nadie. Así que mas nos vale esta vez que sí nos pille preparados.
Los primeros días fueron duros. Aún mantengo la ampolla en el pie, envuelta con piel teñida de un color de abandono y desolación.
Las quemaduras en mis dedos todavía me recuerdan cómo no podía quitarme las únicas zapatillas que logré salvar, porque hacerlo significaba que él día en el sucio y oscuro barro había terminado. Algo que tampoco te podías permitir porque había demasiado que hacer.
Al salir a la calle todavía recuerdas ese olor caracteristico. Un hedor a desesperación e incertidumbre atado a un nudo en la garganta al ver el cuadro embarrado en cada calle, en cada casa, en los ojos llenos de tristeza, llantos y rabia.
A cada paso que dabas en el fango se te hundía más y más el alma. Intentabas no darle vueltas. Pero inconscientemente, la situación no te dejaba porque a cada persiana bajada que veías sin abrir era imposible no pensar si habría alguien que no corrió la misma suerte.
Y lo peor, es que cuando el sol desaparecía en el horizonte, te sentías culpable de no haber podido hacer más. Despues de horas volvías a casa derrotado y cansado, con la esperanza de que al abrir el grifo de la ducha por fin cayese un fino hilo de felicidad que te pudiese quitar de encima ese terrible hedor.
Todos tenemos nuestra historia de la DANA. Sin embargo para mi las peores historias fueron las que venían formadas despues de un "Y si...". Dandote cuenta de que en ninguna estabas realmente preparado para lo que estaba por venir.
Si no hubiera llamado esa tarde a mi madre para no ir de compras, quien sabe donde estaríamos ahora mismo. Es duro pensar que una simple decisión así te pudo haber librado de una muerte segura.
Hasta 3 metros de agonía en más de 60 pueblos afectados. Desesperados y completamente abandonados. Donde ni textos, ni noticias ni fotografías justificaban lo que era levantarte cada día con la esperanza de que todo fuera un mal sueño.
Yo he perdido mi refugio, mi movilidad y mis recuerdos. Pero al final son simplemente bienes materiales que se pueden reponer.
¿Pero quien nos devuelve lo que hemos perdido realmente? ¿Quien nos devolverá nuestra normalidad? La marca de la DANA ha quedado ya impresa en nuestro día a día.
Solo nos queda sacar fuerzas de donde sea, levantarnos y seguir adelante ya que queda claro que la vida sigue y no espera a nadie. Así que mas nos vale esta vez que sí nos pille preparados.