La historia arranca con Hutch Mansell, un tipo normal, casi gris, que vive la vida más rutinaria posible: curro aburrido, familia que casi lo ignora, y esa sensación de que es invisible para el mundo. Vamos, el vecino que ni recuerdas cómo se llama. Hasta que un día le entran a robar en casa y, en lugar de reaccionar como “el héroe”, se queda quieto. Eso lo convierte en el hazmerreír de todo el mundo, incluso de su propia familia.
Pero claro, aquí viene lo bueno: Hutch no es tan pringado como parece. Resulta que en su pasado fue un agente brutal, el tipo que se encargaba de “solucionar problemas” para el gobierno, un limpiador de verdad. Y claro, cuando se le cruza el cable, se despierta el monstruo. Lo que empieza como un par de rusos mal elegidos se convierte en una espiral de violencia contra una mafia entera.
La gracia de la peli está en ese contraste: un hombrecillo normal, con pinta de oficinista, repartiendo hostias como si fuera John Wick de barrio. De hecho, no es casualidad, porque detrás están algunos de los mismos productores y guionistas de la saga Wick. Solo que aquí el tono es distinto: más cercano, con un humor negro que funciona de lujo.
Bob Odenkirk, el prota, lo borda. Porque no es un tío cuadrado de gimnasio, es alguien que de verdad parece “uno de nosotros”, y eso hace que cuando se desata la violencia sea todavía más bestia. Las escenas de acción están rodadas con mucho realismo, no es el típico héroe invencible: Hutch se lleva palizas, sangra, cojea… pero no se detiene nunca.
El clímax es una gozada: trampas caseras, tiros, cuchilladas y una carnicería que mezcla violencia brutal con creatividad. Como si juntaras Solo en casa con John Wick.
¿Qué tiene de especial? Que sale Doc
¿Fácil de ver? Sí, es directa, entretenida y va al grano. Dura poco más de hora y media y se pasa volando.
¿Recomendada? De cabeza, sobre todo si te gusta la acción bien hecha pero con un aire más humano que las pelis de superhéroes imposibles.
Imágenes