Día 28 de Junio, ya casi lo tenemos, acabamos la cuarta semana de este mes fotográfico.
Quería abrir este hilo para hablar de la combinación de realidad virtual (VR) con fotografía 360°.
Seguro que muchos ya habéis visto alguna foto 360° en Facebook o en Google Maps, esas que puedes mover con el dedo o girar el móvil para ver todo alrededor. Ahora imaginaos dar un paso más: meteros esas fotos en unas gafas VR. La experiencia cambia por completo. Ya no es solo “ver” la foto, sino sentir que estás ahí.
Lo mejor es que no hace falta un equipo carísimo. Con unas gafas tipo Oculus, Quest o incluso unas de cartón para el móvil, puedes viajar a cualquier lugar del mundo sin moverte del sofá: desde una playa paradisíaca hasta la cima de una montaña, pasando por el interior de una catedral o la calle de tu barrio de toda la vida.
Lo que más me gusta es que, gracias a esto, la fotografía deja de ser algo estático y pasa a ser casi una especie de teletransporte visual. Te metes dentro de la imagen, miras arriba, abajo, detrás… y descubres detalles que en una foto normal ni verías.
También creo que esto abre un montón de posibilidades para los que hacemos fotos: contar historias de otra manera, hacer turismo virtual, documentar lugares que quizá cambien o desaparezcan… En resumen, capturar recuerdos para que otros los vivan en primera persona.
Quería abrir este hilo para hablar de la combinación de realidad virtual (VR) con fotografía 360°.
Seguro que muchos ya habéis visto alguna foto 360° en Facebook o en Google Maps, esas que puedes mover con el dedo o girar el móvil para ver todo alrededor. Ahora imaginaos dar un paso más: meteros esas fotos en unas gafas VR. La experiencia cambia por completo. Ya no es solo “ver” la foto, sino sentir que estás ahí.
Lo mejor es que no hace falta un equipo carísimo. Con unas gafas tipo Oculus, Quest o incluso unas de cartón para el móvil, puedes viajar a cualquier lugar del mundo sin moverte del sofá: desde una playa paradisíaca hasta la cima de una montaña, pasando por el interior de una catedral o la calle de tu barrio de toda la vida.
Lo que más me gusta es que, gracias a esto, la fotografía deja de ser algo estático y pasa a ser casi una especie de teletransporte visual. Te metes dentro de la imagen, miras arriba, abajo, detrás… y descubres detalles que en una foto normal ni verías.
También creo que esto abre un montón de posibilidades para los que hacemos fotos: contar historias de otra manera, hacer turismo virtual, documentar lugares que quizá cambien o desaparezcan… En resumen, capturar recuerdos para que otros los vivan en primera persona.