Día 12 de Junio. Hoy os traigo un temazo para los amantes de la fotografía (y los que no, también). Vamos a meternos en el mundo de un tío que es un auténtico rockstar de la fotografía de paisaje: el gran Ansel Adams.
Este señor no era un fotógrafo cualquiera. Su visión del Oeste americano es algo que te deja con la boca abierta. No solo documentaba los paisajes, ¡los sentía! Sus fotos del Yosemite, por ejemplo, no son solo montañas y árboles, son pura épica, casi te puedes oler el pino y sentir el viento en la cara. Él entendía que la foto de paisaje no era solo "disparar y a correr", sino que había que currarla para transmitir toda la grandiosidad de esos sitios.
Pero es que Adams no solo tenía una visión de la hostia, ¡también tenía un truco bajo la manga que le hizo famoso! Y es aquí donde entra la chicha para los más técnicos (pero os lo explico fácil, ¡prometido!): el famoso Sistema de Zonas.
El Sistema de Zonas: la movida para controlar la luz
Imagina que tienes una escena con luces y sombras a tope. Si eres un novato, seguramente quemes las luces o las sombras te salgan empastadas, ¿verdad? Pues Adams, con su Sistema de Zonas, lo que hizo fue crear una especie de "mapa" para controlar la exposición y el contraste de una forma que antes era impensable.
Básicamente, dividió el rango de tonos (desde el negro más puro hasta el blanco más brillante) en once partes distintas. Pensad en ello como una escala de grises, donde cada "zona" representa un tono de gris específico, desde el negro absoluto hasta el blanco puro. El truco de Adams estaba en que él sabía exactamente qué tono de gris quería para cada parte de su foto antes de disparar.
Por ejemplo, si quería que una roca oscura tuviera detalle en sus texturas, la exponía para que cayera en una zona donde se viera con claridad. Y si había una nube brillante, la situaba en otra zona para que no saliera quemada, sino con sus formas bien definidas. Este control lo conseguía no solo al hacer la foto (ajustando la cámara), sino también en el laboratorio, al revelar el negativo. Podía "estirar" o "encoger" el contraste de la imagen para que todo quedara justo como él quería.
Gracias a esto, Adams conseguía que sus fotos tuvieran una riqueza de detalles brutal tanto en las zonas más oscuras como en las más claras. No había ni un trozo de su imagen que no estuviera donde él quería. Es como si en lugar de pintar con un rodillo, usara un pincel fino para cada detalle.
Este señor no era un fotógrafo cualquiera. Su visión del Oeste americano es algo que te deja con la boca abierta. No solo documentaba los paisajes, ¡los sentía! Sus fotos del Yosemite, por ejemplo, no son solo montañas y árboles, son pura épica, casi te puedes oler el pino y sentir el viento en la cara. Él entendía que la foto de paisaje no era solo "disparar y a correr", sino que había que currarla para transmitir toda la grandiosidad de esos sitios.
Pero es que Adams no solo tenía una visión de la hostia, ¡también tenía un truco bajo la manga que le hizo famoso! Y es aquí donde entra la chicha para los más técnicos (pero os lo explico fácil, ¡prometido!): el famoso Sistema de Zonas.
El Sistema de Zonas: la movida para controlar la luz
Imagina que tienes una escena con luces y sombras a tope. Si eres un novato, seguramente quemes las luces o las sombras te salgan empastadas, ¿verdad? Pues Adams, con su Sistema de Zonas, lo que hizo fue crear una especie de "mapa" para controlar la exposición y el contraste de una forma que antes era impensable.
Básicamente, dividió el rango de tonos (desde el negro más puro hasta el blanco más brillante) en once partes distintas. Pensad en ello como una escala de grises, donde cada "zona" representa un tono de gris específico, desde el negro absoluto hasta el blanco puro. El truco de Adams estaba en que él sabía exactamente qué tono de gris quería para cada parte de su foto antes de disparar.
Por ejemplo, si quería que una roca oscura tuviera detalle en sus texturas, la exponía para que cayera en una zona donde se viera con claridad. Y si había una nube brillante, la situaba en otra zona para que no saliera quemada, sino con sus formas bien definidas. Este control lo conseguía no solo al hacer la foto (ajustando la cámara), sino también en el laboratorio, al revelar el negativo. Podía "estirar" o "encoger" el contraste de la imagen para que todo quedara justo como él quería.
Gracias a esto, Adams conseguía que sus fotos tuvieran una riqueza de detalles brutal tanto en las zonas más oscuras como en las más claras. No había ni un trozo de su imagen que no estuviera donde él quería. Es como si en lugar de pintar con un rodillo, usara un pincel fino para cada detalle.
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