Cultura Los dodecaedros romanos: un enigma de la antigüedad

Los dodecaedros romanos son uno de esos enigmas más fascinantes de la arqueología. Estas pequeñas y curiosas piezas de metal, con una forma geométrica perfecta, han sido encontradas en diversos lugares de Europa, pero su propósito sigue siendo un profundo misterio.

Hasta la fecha, se han encontrado más de un centenar de estos dodecaedros. La gran mayoría se han encontrado en el norte de la Galia (la actual Francia), en regiones de Alemania, los Países Bajos, Suiza, Austria y el este de Inglaterra. Curiosamente, su presencia es prácticamente nula en el corazón del Imperio, como Italia o la cuenca mediterránea, lo que sugiere un uso muy específico y localizado.

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Cada dodecaedro es un hueco de doce caras pentagonales, fabricado generalmente en bronce, aunque también existen ejemplares en piedra. Una de sus características más distintivas es que cada cara tiene un agujero circular en el centro, y estos agujeros varían de tamaño de un dodecaedro a otro. Además, en cada vértice del objeto sobresale una pequeña protuberancia o botón. El tamaño de estas piezas también varía, desde los 4 hasta los 11 centímetros de diámetro.

La gran incógnita es, sin duda, su función. A falta de textos antiguos que los describan, los expertos han propuesto numerosas teorías, ninguna de las cuales ha logrado una aceptación unánime.

Una de las hipótesis más extendidas es que pudieran ser instrumentos de medición, quizás utilizados para calibrar tuberías de agua, estandarizar las dimensiones de las columnas o incluso para calcular distancias en el campo. Sin embargo, la variabilidad en el tamaño de los agujeros y la falta de marcas de medida debilitan esta idea.

Otra teoría los vincula con prácticas religiosas o mágicas. Podrían haber sido objetos de culto dedicados a deidades locales, amuletos para proteger a su portador o instrumentos utilizados en rituales adivinatorios. Su compleja geometría podría tener un simbolismo cósmico o religioso, relacionado con los cielos o con conceptos filosóficos del neoplatonismo, que otorgaba una importancia especial a las formas geométricas perfectas.

También se han barajado usos más prácticos, aunque no menos especulativos. Algunos sugieren que pudieron ser soportes para velas, donde el pabilo se insertaría en los agujeros, o bases para candelabros. Otros proponen que eran instrumentos para tejer, específicamente para hacer guantes de dedos, ya que los dedos podrían enhebrarse a través de los agujeros.

La hipótesis más inverosímil los describe como un tipo de dado para juegos, aunque su delicadeza y complejidad hacen poco probable este uso.

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La ausencia total de referencias escritas en la vasta literatura romana es quizás el mayor obstáculo para resolver el enigma. Si fueran objetos comunes o de gran importancia, es probable que algún autor como Plinio el Viejo o Estrabón los hubiera mencionado. Su silencio sugiere que no eran un objeto de uso cotidiano ni conocido en todo el imperio, sino algo muy específico de ciertas regiones y, quizás, de ciertos estratos sociales.

Representan, por lo tanto, un rompecabezas arqueológico que nos recuerda que la antigüedad aún guarda secretos, alguno de los cuales no llegaremos ni a saber de su existencia.

Espero que os haya gustado Shurs.
 
Antes de leerlo, cuando he visto el objeto, lo primero que pensado ha sido en el soporte para una vela...

Curioso cuanto menos el cacharro.
 
Los dodecaedros romanos son uno de esos enigmas más fascinantes de la arqueología. Estas pequeñas y curiosas piezas de metal, con una forma geométrica perfecta, han sido encontradas en diversos lugares de Europa, pero su propósito sigue siendo un profundo misterio.

Hasta la fecha, se han encontrado más de un centenar de estos dodecaedros. La gran mayoría se han encontrado en el norte de la Galia (la actual Francia), en regiones de Alemania, los Países Bajos, Suiza, Austria y el este de Inglaterra. Curiosamente, su presencia es prácticamente nula en el corazón del Imperio, como Italia o la cuenca mediterránea, lo que sugiere un uso muy específico y localizado.

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Cada dodecaedro es un hueco de doce caras pentagonales, fabricado generalmente en bronce, aunque también existen ejemplares en piedra. Una de sus características más distintivas es que cada cara tiene un agujero circular en el centro, y estos agujeros varían de tamaño de un dodecaedro a otro. Además, en cada vértice del objeto sobresale una pequeña protuberancia o botón. El tamaño de estas piezas también varía, desde los 4 hasta los 11 centímetros de diámetro.

La gran incógnita es, sin duda, su función. A falta de textos antiguos que los describan, los expertos han propuesto numerosas teorías, ninguna de las cuales ha logrado una aceptación unánime.

Una de las hipótesis más extendidas es que pudieran ser instrumentos de medición, quizás utilizados para calibrar tuberías de agua, estandarizar las dimensiones de las columnas o incluso para calcular distancias en el campo. Sin embargo, la variabilidad en el tamaño de los agujeros y la falta de marcas de medida debilitan esta idea.

Otra teoría los vincula con prácticas religiosas o mágicas. Podrían haber sido objetos de culto dedicados a deidades locales, amuletos para proteger a su portador o instrumentos utilizados en rituales adivinatorios. Su compleja geometría podría tener un simbolismo cósmico o religioso, relacionado con los cielos o con conceptos filosóficos del neoplatonismo, que otorgaba una importancia especial a las formas geométricas perfectas.

También se han barajado usos más prácticos, aunque no menos especulativos. Algunos sugieren que pudieron ser soportes para velas, donde el pabilo se insertaría en los agujeros, o bases para candelabros. Otros proponen que eran instrumentos para tejer, específicamente para hacer guantes de dedos, ya que los dedos podrían enhebrarse a través de los agujeros.

La hipótesis más inverosímil los describe como un tipo de dado para juegos, aunque su delicadeza y complejidad hacen poco probable este uso.

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La ausencia total de referencias escritas en la vasta literatura romana es quizás el mayor obstáculo para resolver el enigma. Si fueran objetos comunes o de gran importancia, es probable que algún autor como Plinio el Viejo o Estrabón los hubiera mencionado. Su silencio sugiere que no eran un objeto de uso cotidiano ni conocido en todo el imperio, sino algo muy específico de ciertas regiones y, quizás, de ciertos estratos sociales.

Representan, por lo tanto, un rompecabezas arqueológico que nos recuerda que la antigüedad aún guarda secretos, alguno de los cuales no llegaremos ni a saber de su existencia.

Espero que os haya gustado Shurs.
Ya los conocía.

Pillo sitio para leer luego con calma.

Buen hilo @Ragadast !
 
¿ eso no servia para tejer ? Hacer los ovillos de lana o algo por el estilo
 
Siempre me han parecido muy curiosos e interesantes. Lo de dados de juego no lo veo...
 
bueno el hilo, para variar, Raga :aplauso: :aplauso:
joder le he estado dando un par de vueltas y aparte de estupideces no se me ocurre nada útil tan listo no seré :sisi1:
 
Un objeto tan sofisticado debía tener un uso importante. A saber cuál era
 
Voy con bastante retraso (aprte del que llevo de serie) en el foro jajaj me meto 5 minutos contesto dos o 3 y asi voy
tu a tu ritmo
lo bueno de no esperar mucho de alguien es que cualquier cosa que haga me sorprende mucho :roto2:
 
Los dodecaedros romanos son uno de esos enigmas más fascinantes de la arqueología. Estas pequeñas y curiosas piezas de metal, con una forma geométrica perfecta, han sido encontradas en diversos lugares de Europa, pero su propósito sigue siendo un profundo misterio.

Hasta la fecha, se han encontrado más de un centenar de estos dodecaedros. La gran mayoría se han encontrado en el norte de la Galia (la actual Francia), en regiones de Alemania, los Países Bajos, Suiza, Austria y el este de Inglaterra. Curiosamente, su presencia es prácticamente nula en el corazón del Imperio, como Italia o la cuenca mediterránea, lo que sugiere un uso muy específico y localizado.

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Cada dodecaedro es un hueco de doce caras pentagonales, fabricado generalmente en bronce, aunque también existen ejemplares en piedra. Una de sus características más distintivas es que cada cara tiene un agujero circular en el centro, y estos agujeros varían de tamaño de un dodecaedro a otro. Además, en cada vértice del objeto sobresale una pequeña protuberancia o botón. El tamaño de estas piezas también varía, desde los 4 hasta los 11 centímetros de diámetro.

La gran incógnita es, sin duda, su función. A falta de textos antiguos que los describan, los expertos han propuesto numerosas teorías, ninguna de las cuales ha logrado una aceptación unánime.

Una de las hipótesis más extendidas es que pudieran ser instrumentos de medición, quizás utilizados para calibrar tuberías de agua, estandarizar las dimensiones de las columnas o incluso para calcular distancias en el campo. Sin embargo, la variabilidad en el tamaño de los agujeros y la falta de marcas de medida debilitan esta idea.

Otra teoría los vincula con prácticas religiosas o mágicas. Podrían haber sido objetos de culto dedicados a deidades locales, amuletos para proteger a su portador o instrumentos utilizados en rituales adivinatorios. Su compleja geometría podría tener un simbolismo cósmico o religioso, relacionado con los cielos o con conceptos filosóficos del neoplatonismo, que otorgaba una importancia especial a las formas geométricas perfectas.

También se han barajado usos más prácticos, aunque no menos especulativos. Algunos sugieren que pudieron ser soportes para velas, donde el pabilo se insertaría en los agujeros, o bases para candelabros. Otros proponen que eran instrumentos para tejer, específicamente para hacer guantes de dedos, ya que los dedos podrían enhebrarse a través de los agujeros.

La hipótesis más inverosímil los describe como un tipo de dado para juegos, aunque su delicadeza y complejidad hacen poco probable este uso.

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La ausencia total de referencias escritas en la vasta literatura romana es quizás el mayor obstáculo para resolver el enigma. Si fueran objetos comunes o de gran importancia, es probable que algún autor como Plinio el Viejo o Estrabón los hubiera mencionado. Su silencio sugiere que no eran un objeto de uso cotidiano ni conocido en todo el imperio, sino algo muy específico de ciertas regiones y, quizás, de ciertos estratos sociales.

Representan, por lo tanto, un rompecabezas arqueológico que nos recuerda que la antigüedad aún guarda secretos, alguno de los cuales no llegaremos ni a saber de su existencia.

Espero que os haya gustado Shurs.
Muy interesante.
Creo que las bolas cumplen un cometido más funcional que estético. Es decir, "necesitan que el objeto esté elevado" independientemente de la cara de apoyo.
Normalmente eso sugiere una entrada de aire para una mejor combustión.
Sin embargo un portavelas deja rastros de combustible (cera,etc).
Creo que puedan ser micro estufas. Tipo, meter un carboncillo ardiendo para calentar las manos en algún escritorio o algo así...
 
Muy interesante y bonito hilo.

Primera noticia que tengo.

Aunque me recuerda vagamente a un rompecabezas que tengo basado en Rubik.

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Muy interesante.
Creo que las bolas cumplen un cometido más funcional que estético. Es decir, "necesitan que el objeto esté elevado" independientemente de la cara de apoyo.
Normalmente eso sugiere una entrada de aire para una mejor combustión.
Sin embargo un portavelas deja rastros de combustible (cera,etc).
Creo que puedan ser micro estufas. Tipo, meter un carboncillo ardiendo para calentar las manos en algún escritorio o algo así...
Pero lo que tú dices, o rastro de cera o restos de carbón... Aparte que mosquea el diseño, porque los habrá de distinto tamaño, pero el diseño es muy similar, lo que da a entender que ese diseño servía a un propósito concreto.

Y, como tú dices, las bolitas de los extremos no son un remate estético,tienen pinta de tener un propósito.

bueno el hilo, para variar, Raga :aplauso: :aplauso:
joder le he estado dando un par de vueltas y aparte de estupideces no se me ocurre nada útil tan listo no seré :sisi1:
Muchas gracias 🥰🥰

Siempre me han parecido muy curiosos e interesantes. Lo de dados de juego no lo veo...

Yo tampoco lo veo como dado por la falta de números o símbolos.
 
Los dodecaedros romanos son uno de esos enigmas más fascinantes de la arqueología. Estas pequeñas y curiosas piezas de metal, con una forma geométrica perfecta, han sido encontradas en diversos lugares de Europa, pero su propósito sigue siendo un profundo misterio.

Hasta la fecha, se han encontrado más de un centenar de estos dodecaedros. La gran mayoría se han encontrado en el norte de la Galia (la actual Francia), en regiones de Alemania, los Países Bajos, Suiza, Austria y el este de Inglaterra. Curiosamente, su presencia es prácticamente nula en el corazón del Imperio, como Italia o la cuenca mediterránea, lo que sugiere un uso muy específico y localizado.

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Cada dodecaedro es un hueco de doce caras pentagonales, fabricado generalmente en bronce, aunque también existen ejemplares en piedra. Una de sus características más distintivas es que cada cara tiene un agujero circular en el centro, y estos agujeros varían de tamaño de un dodecaedro a otro. Además, en cada vértice del objeto sobresale una pequeña protuberancia o botón. El tamaño de estas piezas también varía, desde los 4 hasta los 11 centímetros de diámetro.

La gran incógnita es, sin duda, su función. A falta de textos antiguos que los describan, los expertos han propuesto numerosas teorías, ninguna de las cuales ha logrado una aceptación unánime.

Una de las hipótesis más extendidas es que pudieran ser instrumentos de medición, quizás utilizados para calibrar tuberías de agua, estandarizar las dimensiones de las columnas o incluso para calcular distancias en el campo. Sin embargo, la variabilidad en el tamaño de los agujeros y la falta de marcas de medida debilitan esta idea.

Otra teoría los vincula con prácticas religiosas o mágicas. Podrían haber sido objetos de culto dedicados a deidades locales, amuletos para proteger a su portador o instrumentos utilizados en rituales adivinatorios. Su compleja geometría podría tener un simbolismo cósmico o religioso, relacionado con los cielos o con conceptos filosóficos del neoplatonismo, que otorgaba una importancia especial a las formas geométricas perfectas.

También se han barajado usos más prácticos, aunque no menos especulativos. Algunos sugieren que pudieron ser soportes para velas, donde el pabilo se insertaría en los agujeros, o bases para candelabros. Otros proponen que eran instrumentos para tejer, específicamente para hacer guantes de dedos, ya que los dedos podrían enhebrarse a través de los agujeros.

La hipótesis más inverosímil los describe como un tipo de dado para juegos, aunque su delicadeza y complejidad hacen poco probable este uso.

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La ausencia total de referencias escritas en la vasta literatura romana es quizás el mayor obstáculo para resolver el enigma. Si fueran objetos comunes o de gran importancia, es probable que algún autor como Plinio el Viejo o Estrabón los hubiera mencionado. Su silencio sugiere que no eran un objeto de uso cotidiano ni conocido en todo el imperio, sino algo muy específico de ciertas regiones y, quizás, de ciertos estratos sociales.

Representan, por lo tanto, un rompecabezas arqueológico que nos recuerda que la antigüedad aún guarda secretos, alguno de los cuales no llegaremos ni a saber de su existencia.

Espero que os haya gustado Shurs.

INCREIBLE!

Me he quedado con ganas de saber qué pueden ser estas cosas. Los romanos y, las civilizaciones antiguas en general, les encantaba dejar por escrito todo, hasta la última estrella del firmamento que te decía cuándo era el mejor momento para cagar.

Sin duda alguna la ausencia de literatura descriptiva al respecto hace que este enigma sea incluso más interesante si cabe.

Enhorabuena @Ragadast !! Otro impecable post y una idea mas para investigar!
 
INCREIBLE!

Me he quedado con ganas de saber qué pueden ser estas cosas. Los romanos y, las civilizaciones antiguas en general, les encantaba dejar por escrito todo, hasta la última estrella del firmamento que te decía cuándo era el mejor momento para cagar.

Sin duda alguna la ausencia de literatura descriptiva al respecto hace que este enigma sea incluso más interesante si cabe.

Enhorabuena @Ragadast !! Otro impecable post y una idea mas para investigar!
Muchas gracias 🥰🥰🥰
 
En el canal de Ismael Moreno Gallo se especula que era una herramienta de agrimesor.
 
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