Esta es una peli de venganza, pero no en plan gritos y sangre a lo loco, es fría. Más calculada. Una mujer que el día de su boda pierde al marido por culpa de un disparo y, años después, decide ir uno por uno a por los responsables. Vendetta. Sin prisas. Sin discursos. Solo una lista mental y una calma que da bastante más miedo que cualquier arrebato.
La protagonista es Jeanne Moreau, y básicamente sostiene la peli con la mirada. No necesita hacer grandes escenas dramáticas. Va de casa en casa, cambiando de identidad, de actitud, adaptándose a cada hombre como si fuera una actriz dentro de la propia historia. Y tú la ves y no sabes si sentir pena, admiración o miedo. Porque no es una heroína, pero tampoco es un monstruo. Es alguien roto que ha decidido convertirse en algo más frío que el hielo.
Los hombres a los que busca no son grandes villanos. Son tipos normales, algunos incluso simpáticos y algún que otro casanova. Y eso le da un punto incómodo a la cosa, porque la peli no va de justicia épica, va de obsesión. De alguien que ya no vive para otra cosa.
El tono. Esa frialdad elegante que tiene toda la peli. La actuación de Jeanne Moreau es hipnótica, muy contenida pero intensa. La música y la atmósfera le dan un aire casi poético a algo que en el fondo es bastante oscuro.
Es lenta. Muy de su época. Si buscas tensión constante o giros fuertes, aquí no los vas a encontrar. Algunas partes pueden sentirse repetitivas porque la estructura es casi la misma varias veces. Y emocionalmente es distante, no es fácil conectar del todo.