Lorelei
Shurmano Infinite
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La España vacía pierde sus discotecas.
Más de la mitad de los españoles vive en ciudades donde hay una media de cinco locales de ocio por cada 14.400 habitantes. En muchas zonas rurales directamente no hay ninguno. Significa que millones de personas no pueden ni siquiera salir a bailar un fin de semana. Salir al bar del pueblo, a la disco, y ahí estaba todo. Ahora cualquier cosa es desplazamiento, aislamiento o improvisación.
Más de cinco millones de españoles viven en zonas donde el ocio nocturno es prácticamente inexistente. Eso no solo empobrece su calidad de vida, también les desconecta socialmente. Hemos llegado al punto en que el bar de la plaza cuando queda uno hace de todo: bar, discoteca, salón de banquetes, incluso de after. Cuando ese bar cierra, no solo se cierra un negocio. Es el epitafio de un modelo de pueblo. Sin un sitio donde encontrarse con otros, no hay comunidad. Sin comunidad, el pueblo se vacía, aunque siga habitado.
Antes la discoteca era el centro de reunión. No había que organizar nada, sabías que cada sábado ibas y te encontrabas con todo el mundo. Hoy los chavales están conectados todo el tiempo, no necesitan el espacio físico para hablarse, pero eso también ha vaciado lo real. Ya no salen cada fin de semana como hacíamos nosotros. Celebran más a lo grande. Por eso han pegado tan fuerte los festivales: condensan todo en pocos días.
Uno de los argumentos para justificar la desinterés juvenil por el ocio nocturno está en los precios. Acusados los locales de tarifas abusivas, por encima del poder adquisitivo de una juventud en constante crisis económica.
www.20minutos.es
Más de la mitad de los españoles vive en ciudades donde hay una media de cinco locales de ocio por cada 14.400 habitantes. En muchas zonas rurales directamente no hay ninguno. Significa que millones de personas no pueden ni siquiera salir a bailar un fin de semana. Salir al bar del pueblo, a la disco, y ahí estaba todo. Ahora cualquier cosa es desplazamiento, aislamiento o improvisación.
Más de cinco millones de españoles viven en zonas donde el ocio nocturno es prácticamente inexistente. Eso no solo empobrece su calidad de vida, también les desconecta socialmente. Hemos llegado al punto en que el bar de la plaza cuando queda uno hace de todo: bar, discoteca, salón de banquetes, incluso de after. Cuando ese bar cierra, no solo se cierra un negocio. Es el epitafio de un modelo de pueblo. Sin un sitio donde encontrarse con otros, no hay comunidad. Sin comunidad, el pueblo se vacía, aunque siga habitado.
Antes la discoteca era el centro de reunión. No había que organizar nada, sabías que cada sábado ibas y te encontrabas con todo el mundo. Hoy los chavales están conectados todo el tiempo, no necesitan el espacio físico para hablarse, pero eso también ha vaciado lo real. Ya no salen cada fin de semana como hacíamos nosotros. Celebran más a lo grande. Por eso han pegado tan fuerte los festivales: condensan todo en pocos días.
Uno de los argumentos para justificar la desinterés juvenil por el ocio nocturno está en los precios. Acusados los locales de tarifas abusivas, por encima del poder adquisitivo de una juventud en constante crisis económica.
La noche se apaga en los pueblos, la España vacía pierde sus discotecas: "Debo llevar a mis hijos a 25 kilómetros para salir de fiesta"
La mitad de los españoles vive en ciudades con cinco locales de ocio de media por cada 14.400 habitantes.

y yo teniendo que pasar por ahí.