Zagaliko
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Tell el-Obeid o Tell al-'Ubaid corresponden arqueológicamente a un poblamiento de la Baja Mesopotamia, cuya cultura material, identificada en su extensión por una gran zona del Antiguo Oriente Próximo, se conoce como cultura de El Obeid.
Esta cultura es considerada como una protocultura, antes de la llegada de los sumerios a la baja Mesopotamia.
El tell que identifica a este yacimiento arqueológico se localiza a poca distancia al oeste de la antigua ciudad de Ur.
En el sur de Mesopotamia , este período marca los primeros asentamientos humanos conocidos en la llanura aluvial, aunque es probable que existan períodos anteriores que estén ocultos bajo el aluvión. En el sur tiene una duración muy larga, entre aproximadamente 5500 y 3800 a. C., cuando es reemplazado por el período Uruk.
En torno al 4000 a. C. se halla extendido por gran parte del Oriente Medio, prolongándose esta unidad cultural hasta el 3700 a. C. aproximadamente. El comienzo de esta etapa coincide aproximadamente con la entrada en la región de nómadas provenientes de los montes Zagros.
Durante el período de El Obeid la agricultura avanzó gracias al control de las aguas en superficie, mediante técnicas de regadío a base de canales. Este desarrollo permitió que la agricultura floreciera en nuevas áreas de Mesopotamia.
La cerámica de este período se desarrolló mediante unos rasgos muy característicos, bastante diferentes a los de la anterior cultura Halaf: pasta verdosa con engobe claro; cuencos, platos y jarras pequeñas como elementos más prolíficos y decoración geométrica sobre fondo claro. Las formas cerámicas van evolucionando: paredes cerámicas más finas, aparición de los "vasos-tortugas", jarras mayores ahora dotadas de asas, e incluso botellas con largos cuellos. La expansión de esta cerámica por toda la cuenca mesopotámica hasta el Mediterráneo es una muestra del impulso que vivió la cultura de El Obeid.
Tenía cerámica a torno pulimentada y realizó progresos en la metalurgia: se han encontrado moldes y una especialización artesanal en el repujado del cobre. Los metales provenían del Cáucaso.
Es la primera cultura en la que se ha detectado el desarrollo de símbolos documentales identificables de cada persona: planchas de arcilla con incisiones. Posteriormente estas identificaciones evolucionaron a los sellos cilíndricos que se colgaban del cuello, y que incorporarán inscripciones de escritura con la aparición del cuneiforme. La inexistencia de piedras duras en la zona implicaba la necesidad de comercio a larga distancia para disponer de material para tallarlos.
Sus poblados presentan viviendas homogéneas, un cierto desarrollo templario y una ausencia de estratificación social, a juzgar por los enterramientos hallados. Obeid significa el comienzo del proceso urbanizador, productivo y demográfico que se dará posteriormente en la región.
En el período Obeid se encuentran los primeros restos de edificios religiosos integrados en las ciudades (templos). Inicialmente tenían la forma de terrazas, edificios de planta rectangular y techo plano. Estas construcciones son el origen de los zigurats, formados por la superposición de varias terrazas de anchura decreciente. Sus templos eran de mayores proporciones que los de Eridu, superando los 12 metros cuadrados.
Los ajuares funerarios, destacan por sus figurillas con cabeza en forma de serpiente. Estas determinaban el culto a la diosa madre, representada por una serpiente (hay que tener en cuenta que las serpientes eran en muchas culturas, consideradas como un animal benefactor, que se extenderá también por el mundo greco-latino, pero que con el pecado original de la tradición judaica, será considerado como símbolo de la maldad).
El sitio fue excavado por primera vez por Henry Reginald Hall en 1919, Leonard Woolley entre 1922 y 1923, y posteriormente por Pinhas Delougaz en 1937. Las excavaciones continúan hasta la actualidad. Se encontraron figurillas masculinas y femeninas en diferentes posturas. La mayoría de ellas parece que llevaban un casco y tenían algún tipo de relleno en los hombros. Otras estatuillas sostenían un bastón o cetro, posiblemente como símbolo de la justicia y gobierno. Cada figura tiene una pose diferente, pero lo más extraño de todo es que algunas figurillas femeninas sostienen bebés lactantes mamando, con el niño también representado como una criatura de tipo lagarto.
Las figurillas son presentadas con cabezas largas, ojos en forma de almendra, largos rostros cónicos y una nariz reptiliana. Lo que representan es completamente desconocido. Según los arqueólogos, sus posturas, como la maternal figura femenina, no sugieren que fueran objetos rituales.
De esta cultura, destaca de entre sus relatos fantásticos, el mito de Innana ó Isthar. Innana va a ver a su hermana, la diosa de los infiernos, que se encuentra en el inframundo. Tendrá que pasar por cada puerta de la muralla, en donde irá depositando sus pertenencias.
Hubo mucha continuidad entre la cultura Obeid y el éxitoso período Uruk, cuando se elaboraron muchas de las tradiciones anteriores, particularmente en arquitectura.
En resumen, la cultura Obeid representa un período de transición importante en la historia de Mesopotamia, marcando el paso de comunidades más pequeñas y rurales a sociedades más complejas con prácticas agrícolas, comerciales y religiosas más desarrolladas, sentando las bases para la posterior civilización sumeria.
Esta cultura es considerada como una protocultura, antes de la llegada de los sumerios a la baja Mesopotamia.
El tell que identifica a este yacimiento arqueológico se localiza a poca distancia al oeste de la antigua ciudad de Ur.
En el sur de Mesopotamia , este período marca los primeros asentamientos humanos conocidos en la llanura aluvial, aunque es probable que existan períodos anteriores que estén ocultos bajo el aluvión. En el sur tiene una duración muy larga, entre aproximadamente 5500 y 3800 a. C., cuando es reemplazado por el período Uruk.
En torno al 4000 a. C. se halla extendido por gran parte del Oriente Medio, prolongándose esta unidad cultural hasta el 3700 a. C. aproximadamente. El comienzo de esta etapa coincide aproximadamente con la entrada en la región de nómadas provenientes de los montes Zagros.
Durante el período de El Obeid la agricultura avanzó gracias al control de las aguas en superficie, mediante técnicas de regadío a base de canales. Este desarrollo permitió que la agricultura floreciera en nuevas áreas de Mesopotamia.
La cerámica de este período se desarrolló mediante unos rasgos muy característicos, bastante diferentes a los de la anterior cultura Halaf: pasta verdosa con engobe claro; cuencos, platos y jarras pequeñas como elementos más prolíficos y decoración geométrica sobre fondo claro. Las formas cerámicas van evolucionando: paredes cerámicas más finas, aparición de los "vasos-tortugas", jarras mayores ahora dotadas de asas, e incluso botellas con largos cuellos. La expansión de esta cerámica por toda la cuenca mesopotámica hasta el Mediterráneo es una muestra del impulso que vivió la cultura de El Obeid.
Tenía cerámica a torno pulimentada y realizó progresos en la metalurgia: se han encontrado moldes y una especialización artesanal en el repujado del cobre. Los metales provenían del Cáucaso.
Es la primera cultura en la que se ha detectado el desarrollo de símbolos documentales identificables de cada persona: planchas de arcilla con incisiones. Posteriormente estas identificaciones evolucionaron a los sellos cilíndricos que se colgaban del cuello, y que incorporarán inscripciones de escritura con la aparición del cuneiforme. La inexistencia de piedras duras en la zona implicaba la necesidad de comercio a larga distancia para disponer de material para tallarlos.
Sus poblados presentan viviendas homogéneas, un cierto desarrollo templario y una ausencia de estratificación social, a juzgar por los enterramientos hallados. Obeid significa el comienzo del proceso urbanizador, productivo y demográfico que se dará posteriormente en la región.
En el período Obeid se encuentran los primeros restos de edificios religiosos integrados en las ciudades (templos). Inicialmente tenían la forma de terrazas, edificios de planta rectangular y techo plano. Estas construcciones son el origen de los zigurats, formados por la superposición de varias terrazas de anchura decreciente. Sus templos eran de mayores proporciones que los de Eridu, superando los 12 metros cuadrados.
Los ajuares funerarios, destacan por sus figurillas con cabeza en forma de serpiente. Estas determinaban el culto a la diosa madre, representada por una serpiente (hay que tener en cuenta que las serpientes eran en muchas culturas, consideradas como un animal benefactor, que se extenderá también por el mundo greco-latino, pero que con el pecado original de la tradición judaica, será considerado como símbolo de la maldad).
El sitio fue excavado por primera vez por Henry Reginald Hall en 1919, Leonard Woolley entre 1922 y 1923, y posteriormente por Pinhas Delougaz en 1937. Las excavaciones continúan hasta la actualidad. Se encontraron figurillas masculinas y femeninas en diferentes posturas. La mayoría de ellas parece que llevaban un casco y tenían algún tipo de relleno en los hombros. Otras estatuillas sostenían un bastón o cetro, posiblemente como símbolo de la justicia y gobierno. Cada figura tiene una pose diferente, pero lo más extraño de todo es que algunas figurillas femeninas sostienen bebés lactantes mamando, con el niño también representado como una criatura de tipo lagarto.
Las figurillas son presentadas con cabezas largas, ojos en forma de almendra, largos rostros cónicos y una nariz reptiliana. Lo que representan es completamente desconocido. Según los arqueólogos, sus posturas, como la maternal figura femenina, no sugieren que fueran objetos rituales.
De esta cultura, destaca de entre sus relatos fantásticos, el mito de Innana ó Isthar. Innana va a ver a su hermana, la diosa de los infiernos, que se encuentra en el inframundo. Tendrá que pasar por cada puerta de la muralla, en donde irá depositando sus pertenencias.
Hubo mucha continuidad entre la cultura Obeid y el éxitoso período Uruk, cuando se elaboraron muchas de las tradiciones anteriores, particularmente en arquitectura.
En resumen, la cultura Obeid representa un período de transición importante en la historia de Mesopotamia, marcando el paso de comunidades más pequeñas y rurales a sociedades más complejas con prácticas agrícolas, comerciales y religiosas más desarrolladas, sentando las bases para la posterior civilización sumeria.