General La herencia extraordinaria de Wellington R. Burt

Hoy os traigo una curiosidad que, además, sería imposible hoy en día en España, la historia de la herencia de Wellington R. Burt:

En la historia de las herencias estadounidenses hay un caso muy curioso, el del magnate Wellington R. Burt, un hombre que desde su tumba logró controlar su fortuna durante nueve décadas.

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Nacido en 1831 en Michigan, Burt construyó su imperio en la industria maderera y ferroviaria durante el siglo XIX, acumulando una gran fortuna.

Lo que distingue a Burt de otros millonarios de su época no fue tanto la magnitud de su riqueza, sino su peculiar disposición testamentaria: Burt dejó un testamento que contenía una cláusula extraordinaria: sus herederos directos no podrían acceder a la mayor parte de su fortuna hasta 21 años después de la muerte de su último nieto. Esta cláusula garantizaba que sus descendientes no pudieran dilapidar el patrimonio que él había construido con tanto esfuerzo.

Los hijos de Burt, inicialmente desheredados, recibieron solo pequeñas porciones de la fortuna, mientras que la parte principal quedó en un fideicomiso administrado por el Chemical Bank and Trust Company de Saginaw. Durante décadas, este fideicomiso creció gracias a inversiones prudentes y la acumulación de intereses, transformándose en una suma considerable.

El tiempo pasó, y los descendientes de Burt vivieron y murieron sin poder acceder a esta herencia legendaria. La familia experimentó diversos destinos, algunos prosperaron por sus propios medios, otros enfrentaron dificultades económicas, pero todos compartían la peculiar situación de saber que existía una fortuna familiar inaccesible.

Finalmente, en 2010, noventa y un años después de la muerte de Wellington R. Burt, la cláusula del hierro se cumplió. El último nieto del magnate había fallecido en 1989, y transcurrido el período de 21 años estipulado, la fortuna pudo ser distribuida.

Doce descendientes recibieron entonces entre 2.6 y 16 millones de dólares cada uno, una suma que había crecido significativamente durante casi un siglo de administración fiduciaria.
 
Lo único que hizo es que sus descendientes más directos no disfrutaran la herencia. A final se la reparten desconocidos.
 
Que putada, para eso lo hubiera donado a una ONG porque la fortuna la disfrutaron personas que él no conocía.
 
No les tendría mucho cariño
Suele pasar cuando gente adinerada dona a la ciudad o al público bienes materiales terrenos o inmuebles para el disfrute de los ciudadanos. En caso de que cambien los usos destinados, vuelve de nuevo a la familia.

Ups.
 
A ver @Lukasgri @Lorelei @bokeron yo creo que sabía que sus hijos no iban a poder gestionar la herencia, pero de ahí a desheredarlos... A saber cómo se sentiría el último nieto al morir y sabiendo que si muerte iniciaría el cronómetro.

Supongo que quería que si dinero se quedara en la familia y esperó que en un par de generaciones tendrían más cabeza.
 
A ver @Lukasgri @Lorelei @bokeron yo creo que sabía que sus hijos no iban a poder gestionar la herencia, pero de ahí a desheredarlos... A saber cómo se sentiría el último nieto al morir y sabiendo que si muerte iniciaría el cronómetro.

Supongo que quería que si dinero se quedara en la familia y esperó que en un par de generaciones tendrían más cabeza.
Las siguientes generaciones podían haber salido sociatas, gays o las dos cosas y hubiera sido terrible :roto2:
 
A ver @Lukasgri @Lorelei @bokeron yo creo que sabía que sus hijos no iban a poder gestionar la herencia, pero de ahí a desheredarlos... A saber cómo se sentiría el último nieto al morir y sabiendo que si muerte iniciaría el cronómetro.

Supongo que quería que si dinero se quedara en la familia y esperó que en un par de generaciones tendrían más cabeza.
A mi no me haría ninguna gracia, tarde o temprano alguien que no conozca gastará ese dinero. No creo que se llevase muy bien con la familia actuando así. El destino es el mismo, solo lo retrasó. ¿Qué culpa tienen los nietos?.
 
No me terminan de cuadrar los números. Una fortuna “gigante” del siglo XIX, metida en un fideicomiso casi 100 años, debería haber crecido bastante más incluso tirando a conservador. Y al final, si se reparten entre 12 herederos unos 2,6 a 16 millones cada uno (unos 70–90 millones en total), tampoco es para tanto para tanto tiempo. O la fortuna original no era tan grande como se dice, o entre impuestos, gestión muy prudente y comisiones se fue quedando bastante más “normal” de lo que suena la historia.
 
Esta historia me sonoba de haberlo visto en algún documental............ lo de dejar su herencia para que no la disfruten sus herederos es más habitual de lo que parece. La señora que manejaba (o maneja, no se si sigue en este plano terrenal) Aldi (mayormente Aldi Nord) ha tenido juicios de sus hijos y sobrinos para apartarla del control de la empresa y del dinero. En consecuencia los desheredó, pero como deben tener legitima y algo pillan, puso clausulas de este tipo.
 
A mi no me haría ninguna gracia, tarde o temprano alguien que no conozca gastará ese dinero. No creo que se llevase muy bien con la familia actuando así. El destino es el mismo, solo lo retrasó. ¿Qué culpa tienen los nietos?.
A nadie le podría hacer gracia un testamento así, salvo al propio protagonista que estaría partiéndose la caja desde el más allá...
 
A mi no me haría ninguna gracia, tarde o temprano alguien que no conozca gastará ese dinero. No creo que se llevase muy bien con la familia actuando así. El destino es el mismo, solo lo retrasó. ¿Qué culpa tienen los nietos?.
Es evidente que "sospechaba" bastante de la familia.
 
No me terminan de cuadrar los números. Una fortuna “gigante” del siglo XIX, metida en un fideicomiso casi 100 años, debería haber crecido bastante más incluso tirando a conservador. Y al final, si se reparten entre 12 herederos unos 2,6 a 16 millones cada uno (unos 70–90 millones en total), tampoco es para tanto para tanto tiempo. O la fortuna original no era tan grande como se dice, o entre impuestos, gestión muy prudente y comisiones se fue quedando bastante más “normal” de lo que suena la historia.
En eso tienes razón, no había caído, o he calculado mal los datos o he pillado mal la fuente...
 
En eso tienes razón, no había caído, o he calculado mal los datos o he pillado mal la fuente...

No pongo en duda lo que publicaste, tranquilamente pudo haber sido una pésima gestión financiera, pero chirría bastante.
Como fuese, yo mi vasto imperio me lo fumaré en vida 😄
Como reza un aforismo popular: “Si te mueres con dinero en el banco, es que has hecho mal los números.” 🤪
 
No pongo en duda lo que publicaste, tranquilamente pudo haber sido una pésima gestión financiera, pero chirría bastante.
Seguramente fallen los cálculos en algún lado, a veces hago estos artículos demasiado rápido 😅😅
Como fuese, yo mi vasto imperio me lo fumaré en vida 😄
Como reza un aforismo popular: “Si te mueres con dinero en el banco, es que has hecho mal los números.” 🤪
Haces bien, yo espero dejarles algo a mis hijos, pero si no los tuviera me lo fundía todo en lo mismo que el Ávalos
 
No pongo en duda lo que publicaste, tranquilamente pudo haber sido una pésima gestión financiera, pero chirría bastante.
Como fuese, yo mi vasto imperio me lo fumaré en vida 😄
Como reza un aforismo popular: “Si te mueres con dinero en el banco, es que has hecho mal los números.” 🤪
Es el patrimonio original, no era tan gordo.

Puedes echarle un ojo al artículo de Wikipedia, en el apartado 'will' (no hay artículo en castellano, por cierto)
 
Es evidente que "sospechaba" bastante de la familia.
Vanderbilt pensaba eso de uno de sus hijos, pero fueron peor los nietos..............normalmente dicen que el abuelo crea la fortuna, el hijo la aguanta y el nieto la dilapida
 
Hoy os traigo una curiosidad que, además, sería imposible hoy en día en España, la historia de la herencia de Wellington R. Burt:

En la historia de las herencias estadounidenses hay un caso muy curioso, el del magnate Wellington R. Burt, un hombre que desde su tumba logró controlar su fortuna durante nueve décadas.

wellington-r-burt-y-su-curioso-testamento-635x358.jpg


Nacido en 1831 en Michigan, Burt construyó su imperio en la industria maderera y ferroviaria durante el siglo XIX, acumulando una gran fortuna.

Lo que distingue a Burt de otros millonarios de su época no fue tanto la magnitud de su riqueza, sino su peculiar disposición testamentaria: Burt dejó un testamento que contenía una cláusula extraordinaria: sus herederos directos no podrían acceder a la mayor parte de su fortuna hasta 21 años después de la muerte de su último nieto. Esta cláusula garantizaba que sus descendientes no pudieran dilapidar el patrimonio que él había construido con tanto esfuerzo.

Los hijos de Burt, inicialmente desheredados, recibieron solo pequeñas porciones de la fortuna, mientras que la parte principal quedó en un fideicomiso administrado por el Chemical Bank and Trust Company de Saginaw. Durante décadas, este fideicomiso creció gracias a inversiones prudentes y la acumulación de intereses, transformándose en una suma considerable.

El tiempo pasó, y los descendientes de Burt vivieron y murieron sin poder acceder a esta herencia legendaria. La familia experimentó diversos destinos, algunos prosperaron por sus propios medios, otros enfrentaron dificultades económicas, pero todos compartían la peculiar situación de saber que existía una fortuna familiar inaccesible.

Finalmente, en 2010, noventa y un años después de la muerte de Wellington R. Burt, la cláusula del hierro se cumplió. El último nieto del magnate había fallecido en 1989, y transcurrido el período de 21 años estipulado, la fortuna pudo ser distribuida.

Doce descendientes recibieron entonces entre 2.6 y 16 millones de dólares cada uno, una suma que había crecido significativamente durante casi un siglo de administración fiduciaria.
Fue una persona lista que supo como administrar el dinero para su el futuro de su familia.
Hoy en día tenemos a familias que se matan por herencias.
Una gran idea para una gran fortuna.
 
Hoy os traigo una curiosidad que, además, sería imposible hoy en día en España, la historia de la herencia de Wellington R. Burt:

En la historia de las herencias estadounidenses hay un caso muy curioso, el del magnate Wellington R. Burt, un hombre que desde su tumba logró controlar su fortuna durante nueve décadas.

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Nacido en 1831 en Michigan, Burt construyó su imperio en la industria maderera y ferroviaria durante el siglo XIX, acumulando una gran fortuna.

Lo que distingue a Burt de otros millonarios de su época no fue tanto la magnitud de su riqueza, sino su peculiar disposición testamentaria: Burt dejó un testamento que contenía una cláusula extraordinaria: sus herederos directos no podrían acceder a la mayor parte de su fortuna hasta 21 años después de la muerte de su último nieto. Esta cláusula garantizaba que sus descendientes no pudieran dilapidar el patrimonio que él había construido con tanto esfuerzo.

Los hijos de Burt, inicialmente desheredados, recibieron solo pequeñas porciones de la fortuna, mientras que la parte principal quedó en un fideicomiso administrado por el Chemical Bank and Trust Company de Saginaw. Durante décadas, este fideicomiso creció gracias a inversiones prudentes y la acumulación de intereses, transformándose en una suma considerable.

El tiempo pasó, y los descendientes de Burt vivieron y murieron sin poder acceder a esta herencia legendaria. La familia experimentó diversos destinos, algunos prosperaron por sus propios medios, otros enfrentaron dificultades económicas, pero todos compartían la peculiar situación de saber que existía una fortuna familiar inaccesible.

Finalmente, en 2010, noventa y un años después de la muerte de Wellington R. Burt, la cláusula del hierro se cumplió. El último nieto del magnate había fallecido en 1989, y transcurrido el período de 21 años estipulado, la fortuna pudo ser distribuida.

Doce descendientes recibieron entonces entre 2.6 y 16 millones de dólares cada uno, una suma que había crecido significativamente durante casi un siglo de administración fiduciaria.
Eso sí que es una planificación meticulosa :sisi3:
 
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