General La gran ESTAFA española

tontodelculo

Shurmano
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16 Jul 2025
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PRELUDIO

España es un país de grandes gestas, la conquista de la salvaje america todavía hoy por domesticar, las batallas de la armada invencible, el mundial y la eurocopa, la fiesta de los 18 de Lamine Yamal. Pero también de pequeñas estafas. Aquí, el que no corre vuela, y el que no engaña, es porque ya ha mentido lo suficiente como para poder descansar. Viene en nuestro ADN, el Lazarillo de Tormes era un down un veves cualquiera.

Quién no ha vivido la mítica del euro por el paquete de kleenex en el semáforo, que si no lo coges tienes que sacar la pata de cabra para pegarte con los paguitas recien llegados, menores de edad en el DNI pero que te viene hasta su hijo de 21 que dice tener 12. Esa estafa cotidiana que te hace pagar porque ya hace tiempo que no cuentas las monedas y tu propina es un billete de 5€ a la cara al acabar en la cariñosa del poligono.

Y qué decir de la estafa de la estampita… Que eso parecía una leyenda urbana, pero a mi primo Manolo, en 1997, en la estación de autobuses de Almería, le sacaron 10.000 pesetas. ¿Por qué? Porque el supuesto "tontico" tenía más labia que un político en campaña y porque Manolo, no nos engañemos, tiene menos luces que una caja de botellines.

Otras son más gordas, más institucionales. Rumasa. Aquello fue como ver una película de atracos pero sin banda sonora de acción, solo discursos del PSOE. Luego llegaron los mismos socialistas que decían que "las pensiones están garantizadas", y más tarde el PP con "vienen a pagarnos las pensiones", ni una cariñosa me ha pagado Mohammed y eso que tiene un harén en su casa, podía compartir ya que las feministas les dejan. Lo de que el gasto público y los impuestos son para pensiones, sanidad, heducancia... Y te venden la compañía de Abalos que sale de tus impuestos como un logro social, probablemente si están en el poder es porque todo el PP iba a la sauna gay del yerno de Sanchez.
¿Y lo de Chávez y Griñán? "Robaron por el pueblo", dicen. Pues el pueblo tiene un agujero en la cuenta corriente y otro en el corazón. ¡Qué gran estafa! Prometerte un futuro mejor mientras te dejan sin presente. Son como los cantantes modernos que te prometen un disco con esencia y te entregan una playlist con autotune.

Y hablando de eso… el último disco de Estopa. ¡Por favor! Que eso ya no es Estopa, eso es Estafopa. Qué lejos queda aquel "La raja de tu falda", cuando aún íbamos a las discotecas con camisa de cuadros y colonia de litro de Varón Dandy. Ahora suena a versión modernita con sintetizadores y letras que ya no son de resaca.
Y qué decir de la clásica trucada del cuentakilómetros. Mi vecino, el del quinto, compró un BMW 320d "con 120.000 kilómetros". Resulta que en Jumilla lo vendieron con 420.000. Le bajaron más kilómetros que el AVE en un año de pandemia. Y cuando se queja, el vendedor le dice: "Hombre, pero está impecable, ¿no?" Como si eso lo compensara. ¡Otra estafa más al saco!.

Pero esto son estafas clásicas y cotidianas, nada grave. Pero luego… luego está la ESTAFA que nadie ve, la que llevamos todos encima, como una sombra que arrastramos sin saber que es nuestra. Porque hay algo más profundo que el truco del trilero o el sablazo del banco: es la mentira consentida, la que aceptamos porque es cómoda, la que nos vende el mundo a plazos, disfrazada de progreso, de igualdad, de modernidad.

Vivimos en una caverna de Platón con datos ilimitados, donde las apariencias sustituyen a la verdad. Donde creemos que controlamos, pero somos controlados. Porque la gran estafa, amigos, es pensar que lo que vemos es lo que hay. Que esa sonrisa en Instagram, ese cuerpazo en TikTok, esa mirada en la discoteca de las 3 de la mañana, son reales. Que esa chica guapísima que te sonríe en la terraza del Vips no está calculando mentalmente cuántos zumos de pomelo puedes sacarte de la entrepierna y cuanto de tu cuenta corriente. Porque tan necesitada está de que le des un meneito como de hacerse con todo el capital que puedas obtener.

La mayor estafa es la estética como cebo emocional. La operación bikini emocional. Que ya no buscan amor, buscan tu extracto bancario. Y tú ahí, tonto del bote, pensando que has ligado por tu encanto de cuarentón con entradas y camiseta del Decathlon. Cuando en realidad… estás en oferta.

LUDIO

Mira, shurmano, lo que no te cuentan es que la chavala que hoy ves en el chiringuito con las uñas hechas, el top apretado y el morro más inflado que los datos del paro en enero, mañana será la que te quite las llaves del coche, te cambie la contraseña del WiFi y te diga que no puedes ir a ver el partido al bar porque "ya saliste el mes pasado". Esa que ahora parece un ángel de Victoria's Secret con filtro de perrito, dentro de unos años te estará esperando en la puerta de casa con la lista del Carrefour y una mirada que dice "a ver cuánto tardas en cagarla hoy".

Y sí, lo sabemos todos, aunque no lo digamos: va a engordar. Pero no engordar de forma natural y feliz, no. Va a engordar de frustración y de mala hostia. De helado a las 12 de la noche viendo realities y criticando a la vecina del 4ºB. Va a dejar de arreglarse, pero te va a exigir que tú no mires ni a la camarera del Telepizza que tiene recien cumplidos los 18 y ya está estrenada.

Y tú, tú que antes eras un tío alegre, que ibas al bar de Manolo en la plaza de Abastos a echarte una caña y un dominó con los colegas, te verás metido en el Leroy Merlin un sábado por la mañana comprando cojines con forma de cactus. Vas a cambiar las escapadas al circuito de Jerez por los domingos en casa de su madre comiendo paella pasada con arroz que parece cemento-cola.

Antes ibas a las concentraciones de coches antiguos con tu BMW E36 bien encerado, ahora irás a la feria del libro infantil con una bolsa de Peppa Pig colgando del brazo. Y ni se te ocurra decir que estás cansado, porque entonces eres un machista, un vago, un egoísta emocional y un falócrata estructural, lo que quiera que signifique eso. Ten cuidado no te hagan una campaña nacional desde el gobierno como si fueras un criminal o el xocas.

Y cuando creas que has tocado fondo, prepárate: te tocará pagar el gimnasio que no pisa, las extensiones que se pone para verse "más natural", las vacaciones en Mojácar con su amiga la pesada, y encima te dirá que estás raro, que "ya no eres como antes", y que “los hombres de verdad no se quejan tanto”.

Todo esto, para que luego te diga que "las cariñosas son unas interesadas". Mira, por lo menos esas no te engañan: te cobran y te dejan en paz. Lo de ahora es un plan de pensiones al revés: pagas toda tu vida y cuando llega el momento de cobrar, resulta que has invertido en odio pasivo-agresivo y discusiones por dejar la tapa del váter levantada.
Y no creas que te va a dejar tener ni un rincón de paz, ni un solo espacio que no lleve su sello. El garaje, que antes era tu templo, tu santuario, donde podías estar en chándal manchado de grasa, con una cerveza en la mano y Bisbal de fondo, se convertirá en un trastero de cajas con adornos de Navidad y ropa del crío. Hasta la caja de herramientas va a tener que ir “en su sitio”, que básicamente es donde tú no la encuentras. Tu coche, ese que mimabas más que a tu cuñado en Nochebuena, acabará lleno de juguetes, toallitas y restos de gusanitos aplastados.

Un día te levantas y te das cuenta de que te ha cogido el coche sin decirte nada, como el que se lleva unas zapatillas prestadas, para ir a esa clase de pilates que lleva pagando desde hace un año y no pisa desde Semana Santa. Vuelve dos horas después, con el coche arañado por el lateral, oliendo a perfume barato y con el retrovisor colgando como si hubiese pasado por un safari. Y tú, aguantando el mosqueo, porque si le dices algo, te suelta con todo el papo que “las mujeres conducen mejor que los hombres”. Mejor, dice. ¡Si parece que van llevando un coche de choque! Como si el volante fuese de juguete y el resto del tráfico una molestia que les impide llegar a la peluquería a tiempo. No aparcan, abandonan el coche. Y tú ahí, viendo cómo tu E46, al que le has quitado tú mismo hasta el óxido del escape, se convierte en un coche de choque con ambientador de coco y música de Shakira sonando a todo trapo.

Y lo más jodido es que lo vas asumiendo poco a poco. No pasa de golpe, no. Es como cuando te das cuenta de que te han cobrado de más en la cuenta del bar, pero ya estás en casa en pijama y no tienes fuerzas para volver. Te vas apagando como la bombilla del pasillo del bloque viejo de tus padres. Un día dejas de ir al bar, otro te cortas las salidas con los colegas, luego viene la charla de los sentimientos, que si "ya no me miras igual", y cuando te das cuenta, estás regando plantas con una regadera rosa fucsia mientras te grita desde la ventana que te olvidaste de comprar leche sin lactosa. Y ahí estás tú, con tu polo del Carrefour y la mirada perdida, preguntándote en qué momento vendiste tu alma por un polvo mediocre y una cena con su familia.

POSTLUDIO

Y al final, hermanos, todos vais a caer. Da igual lo fuertes que os creáis, lo libres que os sintáis, lo firmes que digáis ser en la barra del bar entre cañas y risas. Da igual cuántos vídeos de Jordan Peterson veas o cuántas frases pongas de Bukowski en tu estado de WhatsApp. Tarde o temprano, te verás con una bolsa del Primark en la mano, esperando fuera del Zara, sujetando un abrigo que no es tuyo, mientras ella te dice que la esperes “cinco minutos” que se convierten en media vida. Y en ese momento, justo ahí, te vendrá el flash, la iluminación divina, como San Pablo cayendo del caballo: has sido atrapado por el sistema, por la gran estafa emocional, por el perfume y la media sonrisa.

Y si no te ha pasado... si tú dices que no vas a caer, que a ti ninguna te atrapa, que tú sigues siendo libre, viril y salvaje... entonces, hermano, lo siento mucho, pero es que eres maricón. Porque aquí no hay escapatoria. Esto es España, y en España hasta el más macho acaba en IKEA un domingo, discutiendo por una estantería llamada “Flurgen”, y diciendo que le gusta. No porque lo sienta, sino porque ha sido vencido. Y así es como muere la dignidad: no con un grito… sino con un “sí, cariño, lo que tú digas”.
 
Me espero a la peli shur, pero te dejo la pole eso sí

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PRELUDIO

España es un país de grandes gestas, la conquista de la salvaje america todavía hoy por domesticar, las batallas de la armada invencible, el mundial y la eurocopa, la fiesta de los 18 de Lamine Yamal. Pero también de pequeñas estafas. Aquí, el que no corre vuela, y el que no engaña, es porque ya ha mentido lo suficiente como para poder descansar. Viene en nuestro ADN, el Lazarillo de Tormes era un down un veves cualquiera.

Quién no ha vivido la mítica del euro por el paquete de kleenex en el semáforo, que si no lo coges tienes que sacar la pata de cabra para pegarte con los paguitas recien llegados, menores de edad en el DNI pero que te viene hasta su hijo de 21 que dice tener 12. Esa estafa cotidiana que te hace pagar porque ya hace tiempo que no cuentas las monedas y tu propina es un billete de 5€ a la cara al acabar en la cariñosa del poligono.

Y qué decir de la estafa de la estampita… Que eso parecía una leyenda urbana, pero a mi primo Manolo, en 1997, en la estación de autobuses de Almería, le sacaron 10.000 pesetas. ¿Por qué? Porque el supuesto "tontico" tenía más labia que un político en campaña y porque Manolo, no nos engañemos, tiene menos luces que una caja de botellines.

Otras son más gordas, más institucionales. Rumasa. Aquello fue como ver una película de atracos pero sin banda sonora de acción, solo discursos del PSOE. Luego llegaron los mismos socialistas que decían que "las pensiones están garantizadas", y más tarde el PP con "vienen a pagarnos las pensiones", ni una cariñosa me ha pagado Mohammed y eso que tiene un harén en su casa, podía compartir ya que las feministas les dejan. Lo de que el gasto público y los impuestos son para pensiones, sanidad, heducancia... Y te venden la compañía de Abalos que sale de tus impuestos como un logro social, probablemente si están en el poder es porque todo el PP iba a la sauna gay del yerno de Sanchez.
¿Y lo de Chávez y Griñán? "Robaron por el pueblo", dicen. Pues el pueblo tiene un agujero en la cuenta corriente y otro en el corazón. ¡Qué gran estafa! Prometerte un futuro mejor mientras te dejan sin presente. Son como los cantantes modernos que te prometen un disco con esencia y te entregan una playlist con autotune.

Y hablando de eso… el último disco de Estopa. ¡Por favor! Que eso ya no es Estopa, eso es Estafopa. Qué lejos queda aquel "La raja de tu falda", cuando aún íbamos a las discotecas con camisa de cuadros y colonia de litro de Varón Dandy. Ahora suena a versión modernita con sintetizadores y letras que ya no son de resaca.
Y qué decir de la clásica trucada del cuentakilómetros. Mi vecino, el del quinto, compró un BMW 320d "con 120.000 kilómetros". Resulta que en Jumilla lo vendieron con 420.000. Le bajaron más kilómetros que el AVE en un año de pandemia. Y cuando se queja, el vendedor le dice: "Hombre, pero está impecable, ¿no?" Como si eso lo compensara. ¡Otra estafa más al saco!.

Pero esto son estafas clásicas y cotidianas, nada grave. Pero luego… luego está la ESTAFA que nadie ve, la que llevamos todos encima, como una sombra que arrastramos sin saber que es nuestra. Porque hay algo más profundo que el truco del trilero o el sablazo del banco: es la mentira consentida, la que aceptamos porque es cómoda, la que nos vende el mundo a plazos, disfrazada de progreso, de igualdad, de modernidad.

Vivimos en una caverna de Platón con datos ilimitados, donde las apariencias sustituyen a la verdad. Donde creemos que controlamos, pero somos controlados. Porque la gran estafa, amigos, es pensar que lo que vemos es lo que hay. Que esa sonrisa en Instagram, ese cuerpazo en TikTok, esa mirada en la discoteca de las 3 de la mañana, son reales. Que esa chica guapísima que te sonríe en la terraza del Vips no está calculando mentalmente cuántos zumos de pomelo puedes sacarte de la entrepierna y cuanto de tu cuenta corriente. Porque tan necesitada está de que le des un meneito como de hacerse con todo el capital que puedas obtener.

La mayor estafa es la estética como cebo emocional. La operación bikini emocional. Que ya no buscan amor, buscan tu extracto bancario. Y tú ahí, tonto del bote, pensando que has ligado por tu encanto de cuarentón con entradas y camiseta del Decathlon. Cuando en realidad… estás en oferta.

LUDIO

Mira, shurmano, lo que no te cuentan es que la chavala que hoy ves en el chiringuito con las uñas hechas, el top apretado y el morro más inflado que los datos del paro en enero, mañana será la que te quite las llaves del coche, te cambie la contraseña del WiFi y te diga que no puedes ir a ver el partido al bar porque "ya saliste el mes pasado". Esa que ahora parece un ángel de Victoria's Secret con filtro de perrito, dentro de unos años te estará esperando en la puerta de casa con la lista del Carrefour y una mirada que dice "a ver cuánto tardas en cagarla hoy".

Y sí, lo sabemos todos, aunque no lo digamos: va a engordar. Pero no engordar de forma natural y feliz, no. Va a engordar de frustración y de mala hostia. De helado a las 12 de la noche viendo realities y criticando a la vecina del 4ºB. Va a dejar de arreglarse, pero te va a exigir que tú no mires ni a la camarera del Telepizza que tiene recien cumplidos los 18 y ya está estrenada.

Y tú, tú que antes eras un tío alegre, que ibas al bar de Manolo en la plaza de Abastos a echarte una caña y un dominó con los colegas, te verás metido en el Leroy Merlin un sábado por la mañana comprando cojines con forma de cactus. Vas a cambiar las escapadas al circuito de Jerez por los domingos en casa de su madre comiendo paella pasada con arroz que parece cemento-cola.

Antes ibas a las concentraciones de coches antiguos con tu BMW E36 bien encerado, ahora irás a la feria del libro infantil con una bolsa de Peppa Pig colgando del brazo. Y ni se te ocurra decir que estás cansado, porque entonces eres un machista, un vago, un egoísta emocional y un falócrata estructural, lo que quiera que signifique eso. Ten cuidado no te hagan una campaña nacional desde el gobierno como si fueras un criminal o el xocas.

Y cuando creas que has tocado fondo, prepárate: te tocará pagar el gimnasio que no pisa, las extensiones que se pone para verse "más natural", las vacaciones en Mojácar con su amiga la pesada, y encima te dirá que estás raro, que "ya no eres como antes", y que “los hombres de verdad no se quejan tanto”.

Todo esto, para que luego te diga que "las cariñosas son unas interesadas". Mira, por lo menos esas no te engañan: te cobran y te dejan en paz. Lo de ahora es un plan de pensiones al revés: pagas toda tu vida y cuando llega el momento de cobrar, resulta que has invertido en odio pasivo-agresivo y discusiones por dejar la tapa del váter levantada.
Y no creas que te va a dejar tener ni un rincón de paz, ni un solo espacio que no lleve su sello. El garaje, que antes era tu templo, tu santuario, donde podías estar en chándal manchado de grasa, con una cerveza en la mano y Bisbal de fondo, se convertirá en un trastero de cajas con adornos de Navidad y ropa del crío. Hasta la caja de herramientas va a tener que ir “en su sitio”, que básicamente es donde tú no la encuentras. Tu coche, ese que mimabas más que a tu cuñado en Nochebuena, acabará lleno de juguetes, toallitas y restos de gusanitos aplastados.

Un día te levantas y te das cuenta de que te ha cogido el coche sin decirte nada, como el que se lleva unas zapatillas prestadas, para ir a esa clase de pilates que lleva pagando desde hace un año y no pisa desde Semana Santa. Vuelve dos horas después, con el coche arañado por el lateral, oliendo a perfume barato y con el retrovisor colgando como si hubiese pasado por un safari. Y tú, aguantando el mosqueo, porque si le dices algo, te suelta con todo el papo que “las mujeres conducen mejor que los hombres”. Mejor, dice. ¡Si parece que van llevando un coche de choque! Como si el volante fuese de juguete y el resto del tráfico una molestia que les impide llegar a la peluquería a tiempo. No aparcan, abandonan el coche. Y tú ahí, viendo cómo tu E46, al que le has quitado tú mismo hasta el óxido del escape, se convierte en un coche de choque con ambientador de coco y música de Shakira sonando a todo trapo.

Y lo más jodido es que lo vas asumiendo poco a poco. No pasa de golpe, no. Es como cuando te das cuenta de que te han cobrado de más en la cuenta del bar, pero ya estás en casa en pijama y no tienes fuerzas para volver. Te vas apagando como la bombilla del pasillo del bloque viejo de tus padres. Un día dejas de ir al bar, otro te cortas las salidas con los colegas, luego viene la charla de los sentimientos, que si "ya no me miras igual", y cuando te das cuenta, estás regando plantas con una regadera rosa fucsia mientras te grita desde la ventana que te olvidaste de comprar leche sin lactosa. Y ahí estás tú, con tu polo del Carrefour y la mirada perdida, preguntándote en qué momento vendiste tu alma por un polvo mediocre y una cena con su familia.

POSTLUDIO

Y al final, hermanos, todos vais a caer. Da igual lo fuertes que os creáis, lo libres que os sintáis, lo firmes que digáis ser en la barra del bar entre cañas y risas. Da igual cuántos vídeos de Jordan Peterson veas o cuántas frases pongas de Bukowski en tu estado de WhatsApp. Tarde o temprano, te verás con una bolsa del Primark en la mano, esperando fuera del Zara, sujetando un abrigo que no es tuyo, mientras ella te dice que la esperes “cinco minutos” que se convierten en media vida. Y en ese momento, justo ahí, te vendrá el flash, la iluminación divina, como San Pablo cayendo del caballo: has sido atrapado por el sistema, por la gran estafa emocional, por el perfume y la media sonrisa.

Y si no te ha pasado... si tú dices que no vas a caer, que a ti ninguna te atrapa, que tú sigues siendo libre, viril y salvaje... entonces, hermano, lo siento mucho, pero es que eres maricón. Porque aquí no hay escapatoria. Esto es España, y en España hasta el más macho acaba en IKEA un domingo, discutiendo por una estantería llamada “Flurgen”, y diciendo que le gusta. No porque lo sienta, sino porque ha sido vencido. Y así es como muere la dignidad: no con un grito… sino con un “sí, cariño, lo que tú digas”.
La verdad que no quito una coma de nada que has puesto
 
PRELUDIO

España es un país de grandes gestas, la conquista de la salvaje america todavía hoy por domesticar, las batallas de la armada invencible, el mundial y la eurocopa, la fiesta de los 18 de Lamine Yamal. Pero también de pequeñas estafas. Aquí, el que no corre vuela, y el que no engaña, es porque ya ha mentido lo suficiente como para poder descansar. Viene en nuestro ADN, el Lazarillo de Tormes era un down un veves cualquiera.

Quién no ha vivido la mítica del euro por el paquete de kleenex en el semáforo, que si no lo coges tienes que sacar la pata de cabra para pegarte con los paguitas recien llegados, menores de edad en el DNI pero que te viene hasta su hijo de 21 que dice tener 12. Esa estafa cotidiana que te hace pagar porque ya hace tiempo que no cuentas las monedas y tu propina es un billete de 5€ a la cara al acabar en la cariñosa del poligono.

Y qué decir de la estafa de la estampita… Que eso parecía una leyenda urbana, pero a mi primo Manolo, en 1997, en la estación de autobuses de Almería, le sacaron 10.000 pesetas. ¿Por qué? Porque el supuesto "tontico" tenía más labia que un político en campaña y porque Manolo, no nos engañemos, tiene menos luces que una caja de botellines.

Otras son más gordas, más institucionales. Rumasa. Aquello fue como ver una película de atracos pero sin banda sonora de acción, solo discursos del PSOE. Luego llegaron los mismos socialistas que decían que "las pensiones están garantizadas", y más tarde el PP con "vienen a pagarnos las pensiones", ni una cariñosa me ha pagado Mohammed y eso que tiene un harén en su casa, podía compartir ya que las feministas les dejan. Lo de que el gasto público y los impuestos son para pensiones, sanidad, heducancia... Y te venden la compañía de Abalos que sale de tus impuestos como un logro social, probablemente si están en el poder es porque todo el PP iba a la sauna gay del yerno de Sanchez.
¿Y lo de Chávez y Griñán? "Robaron por el pueblo", dicen. Pues el pueblo tiene un agujero en la cuenta corriente y otro en el corazón. ¡Qué gran estafa! Prometerte un futuro mejor mientras te dejan sin presente. Son como los cantantes modernos que te prometen un disco con esencia y te entregan una playlist con autotune.

Y hablando de eso… el último disco de Estopa. ¡Por favor! Que eso ya no es Estopa, eso es Estafopa. Qué lejos queda aquel "La raja de tu falda", cuando aún íbamos a las discotecas con camisa de cuadros y colonia de litro de Varón Dandy. Ahora suena a versión modernita con sintetizadores y letras que ya no son de resaca.
Y qué decir de la clásica trucada del cuentakilómetros. Mi vecino, el del quinto, compró un BMW 320d "con 120.000 kilómetros". Resulta que en Jumilla lo vendieron con 420.000. Le bajaron más kilómetros que el AVE en un año de pandemia. Y cuando se queja, el vendedor le dice: "Hombre, pero está impecable, ¿no?" Como si eso lo compensara. ¡Otra estafa más al saco!.

Pero esto son estafas clásicas y cotidianas, nada grave. Pero luego… luego está la ESTAFA que nadie ve, la que llevamos todos encima, como una sombra que arrastramos sin saber que es nuestra. Porque hay algo más profundo que el truco del trilero o el sablazo del banco: es la mentira consentida, la que aceptamos porque es cómoda, la que nos vende el mundo a plazos, disfrazada de progreso, de igualdad, de modernidad.

Vivimos en una caverna de Platón con datos ilimitados, donde las apariencias sustituyen a la verdad. Donde creemos que controlamos, pero somos controlados. Porque la gran estafa, amigos, es pensar que lo que vemos es lo que hay. Que esa sonrisa en Instagram, ese cuerpazo en TikTok, esa mirada en la discoteca de las 3 de la mañana, son reales. Que esa chica guapísima que te sonríe en la terraza del Vips no está calculando mentalmente cuántos zumos de pomelo puedes sacarte de la entrepierna y cuanto de tu cuenta corriente. Porque tan necesitada está de que le des un meneito como de hacerse con todo el capital que puedas obtener.

La mayor estafa es la estética como cebo emocional. La operación bikini emocional. Que ya no buscan amor, buscan tu extracto bancario. Y tú ahí, tonto del bote, pensando que has ligado por tu encanto de cuarentón con entradas y camiseta del Decathlon. Cuando en realidad… estás en oferta.

LUDIO

Mira, shurmano, lo que no te cuentan es que la chavala que hoy ves en el chiringuito con las uñas hechas, el top apretado y el morro más inflado que los datos del paro en enero, mañana será la que te quite las llaves del coche, te cambie la contraseña del WiFi y te diga que no puedes ir a ver el partido al bar porque "ya saliste el mes pasado". Esa que ahora parece un ángel de Victoria's Secret con filtro de perrito, dentro de unos años te estará esperando en la puerta de casa con la lista del Carrefour y una mirada que dice "a ver cuánto tardas en cagarla hoy".

Y sí, lo sabemos todos, aunque no lo digamos: va a engordar. Pero no engordar de forma natural y feliz, no. Va a engordar de frustración y de mala hostia. De helado a las 12 de la noche viendo realities y criticando a la vecina del 4ºB. Va a dejar de arreglarse, pero te va a exigir que tú no mires ni a la camarera del Telepizza que tiene recien cumplidos los 18 y ya está estrenada.

Y tú, tú que antes eras un tío alegre, que ibas al bar de Manolo en la plaza de Abastos a echarte una caña y un dominó con los colegas, te verás metido en el Leroy Merlin un sábado por la mañana comprando cojines con forma de cactus. Vas a cambiar las escapadas al circuito de Jerez por los domingos en casa de su madre comiendo paella pasada con arroz que parece cemento-cola.

Antes ibas a las concentraciones de coches antiguos con tu BMW E36 bien encerado, ahora irás a la feria del libro infantil con una bolsa de Peppa Pig colgando del brazo. Y ni se te ocurra decir que estás cansado, porque entonces eres un machista, un vago, un egoísta emocional y un falócrata estructural, lo que quiera que signifique eso. Ten cuidado no te hagan una campaña nacional desde el gobierno como si fueras un criminal o el xocas.

Y cuando creas que has tocado fondo, prepárate: te tocará pagar el gimnasio que no pisa, las extensiones que se pone para verse "más natural", las vacaciones en Mojácar con su amiga la pesada, y encima te dirá que estás raro, que "ya no eres como antes", y que “los hombres de verdad no se quejan tanto”.

Todo esto, para que luego te diga que "las cariñosas son unas interesadas". Mira, por lo menos esas no te engañan: te cobran y te dejan en paz. Lo de ahora es un plan de pensiones al revés: pagas toda tu vida y cuando llega el momento de cobrar, resulta que has invertido en odio pasivo-agresivo y discusiones por dejar la tapa del váter levantada.
Y no creas que te va a dejar tener ni un rincón de paz, ni un solo espacio que no lleve su sello. El garaje, que antes era tu templo, tu santuario, donde podías estar en chándal manchado de grasa, con una cerveza en la mano y Bisbal de fondo, se convertirá en un trastero de cajas con adornos de Navidad y ropa del crío. Hasta la caja de herramientas va a tener que ir “en su sitio”, que básicamente es donde tú no la encuentras. Tu coche, ese que mimabas más que a tu cuñado en Nochebuena, acabará lleno de juguetes, toallitas y restos de gusanitos aplastados.

Un día te levantas y te das cuenta de que te ha cogido el coche sin decirte nada, como el que se lleva unas zapatillas prestadas, para ir a esa clase de pilates que lleva pagando desde hace un año y no pisa desde Semana Santa. Vuelve dos horas después, con el coche arañado por el lateral, oliendo a perfume barato y con el retrovisor colgando como si hubiese pasado por un safari. Y tú, aguantando el mosqueo, porque si le dices algo, te suelta con todo el papo que “las mujeres conducen mejor que los hombres”. Mejor, dice. ¡Si parece que van llevando un coche de choque! Como si el volante fuese de juguete y el resto del tráfico una molestia que les impide llegar a la peluquería a tiempo. No aparcan, abandonan el coche. Y tú ahí, viendo cómo tu E46, al que le has quitado tú mismo hasta el óxido del escape, se convierte en un coche de choque con ambientador de coco y música de Shakira sonando a todo trapo.

Y lo más jodido es que lo vas asumiendo poco a poco. No pasa de golpe, no. Es como cuando te das cuenta de que te han cobrado de más en la cuenta del bar, pero ya estás en casa en pijama y no tienes fuerzas para volver. Te vas apagando como la bombilla del pasillo del bloque viejo de tus padres. Un día dejas de ir al bar, otro te cortas las salidas con los colegas, luego viene la charla de los sentimientos, que si "ya no me miras igual", y cuando te das cuenta, estás regando plantas con una regadera rosa fucsia mientras te grita desde la ventana que te olvidaste de comprar leche sin lactosa. Y ahí estás tú, con tu polo del Carrefour y la mirada perdida, preguntándote en qué momento vendiste tu alma por un polvo mediocre y una cena con su familia.

POSTLUDIO

Y al final, hermanos, todos vais a caer. Da igual lo fuertes que os creáis, lo libres que os sintáis, lo firmes que digáis ser en la barra del bar entre cañas y risas. Da igual cuántos vídeos de Jordan Peterson veas o cuántas frases pongas de Bukowski en tu estado de WhatsApp. Tarde o temprano, te verás con una bolsa del Primark en la mano, esperando fuera del Zara, sujetando un abrigo que no es tuyo, mientras ella te dice que la esperes “cinco minutos” que se convierten en media vida. Y en ese momento, justo ahí, te vendrá el flash, la iluminación divina, como San Pablo cayendo del caballo: has sido atrapado por el sistema, por la gran estafa emocional, por el perfume y la media sonrisa.

Y si no te ha pasado... si tú dices que no vas a caer, que a ti ninguna te atrapa, que tú sigues siendo libre, viril y salvaje... entonces, hermano, lo siento mucho, pero es que eres maricón. Porque aquí no hay escapatoria. Esto es España, y en España hasta el más macho acaba en IKEA un domingo, discutiendo por una estantería llamada “Flurgen”, y diciendo que le gusta. No porque lo sienta, sino porque ha sido vencido. Y así es como muere la dignidad: no con un grito… sino con un “sí, cariño, lo que tú digas”.
Literalmente tu segundo mensaje en el foro y sueltas tremendo ladrillo?

Me lo voy leyendo de a poquito y te contesto cuando acabe

Edito: LAS VERDADES DEL BARQUERO. TOME SU BUEN LIKE SEÑOR @tontodelculo
 
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