Barry Burton
Shurmano Dios
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El documental producido por Jordi Évole aterriza en cines con polémica, indiferencia del público y uno de los estrenos más flojos del cine español reciente. Eduardo Casanova fracasa de forma notable.
El estreno en salas de Sidosa ha llegado con una campaña de promoción que no ha pasado desapercibida. Pese a los nombres potentes y el despliegue de marketing -con un grupo televisivo muy grande detrás-, el resultado ha sido mucho menos amable de lo esperado: el documental firmado por Màrius Sánchez y Lluís Galter, impulsado por Eduardo Casanova y Jordi Évole, ha firmado un arranque muy por debajo de lo previsto en la taquilla española.
En su primer fin de semana en cartelera, la película apenas ha recaudado unos 2900 euros, situándose en la parte baja del ranking nacional, según Nosolocine. Esto se traduce en una media de 138 euros por cine, una cifra prácticamente simbólica y se constata como uno de los grandes descalabros de la historia reciente del cine español.
Sorprendentemente, el contexto general para un filme de estas características, teniendo en cuenta cómo se encuentran los multicines españoles en este momento del año, era favorable. El fin de semana del 24 al 26 de abril fue uno de los más dinámicos del año para las salas españolas, con una recaudación total cercana a los 7,5 millones de euros y un crecimiento del 43% respecto a la semana anterior. A pesar de este impulso general y del respaldo mediático, Sidosa no ha logrado conectar con el público.
Mientras tanto, otras producciones han tenido un rendimiento mucho mejor en el mismo periodo. Torrente presidente ha recaudado más de 240.000 euros, con una media notable por sala. Incluso títulos nacionales con menor perfil mediático han obtenido mejores resultados: Después de Kim ha superado los 14.000 euros, Casi todo bien se ha mantenido en torno a los 3800, y hasta un documental religioso como Esperanza viva ha logrado cifras similares o superiores por pantalla.
En la parte alta de la tabla, los grandes lanzamientos internacionales dominaron la taquilla, con Michael, Super Mario Galaxy: La película y La momia de Lee Cronin concentrando gran parte del público del fin de semana. Esto pone de manifiesto la distancia que separa a ciertos proyectos del gran consumo en salas y de cuáles son los intereses reales de los espectadores.
No ha funcionado tampoco la premisa. Sidosa, la última película de Eduardo Casanova, ofrece una mirada íntima a su experiencia con el VIH. Su objetivo es resignificar un término históricamente estigmatizado y abordar el peso del estigma social, buscando provocar reflexión y conversación. Sin embargo, la recepción en salas y la campaña promocional liderada por Jordi Évole han generado debate e incluso fricción en redes sociales y televisiones con parte de la audiencia más crítica.
Desde hace años, se sabe que el cine de Casanova siempre ha sido provocador e incómodo, como se ve en títulos como Pieles, que utilizan un lenguaje muy personal. A pesar del respaldo institucional y de diversas plataformas y productoras, sus trabajos previos han tenido una recaudación modesta en taquilla. El debate sobre la distancia entre el cine de autor, el apoyo público y la respuesta del espectador en salas vuelve a surgir con fuerza.
El estreno en salas de Sidosa ha llegado con una campaña de promoción que no ha pasado desapercibida. Pese a los nombres potentes y el despliegue de marketing -con un grupo televisivo muy grande detrás-, el resultado ha sido mucho menos amable de lo esperado: el documental firmado por Màrius Sánchez y Lluís Galter, impulsado por Eduardo Casanova y Jordi Évole, ha firmado un arranque muy por debajo de lo previsto en la taquilla española.
En su primer fin de semana en cartelera, la película apenas ha recaudado unos 2900 euros, situándose en la parte baja del ranking nacional, según Nosolocine. Esto se traduce en una media de 138 euros por cine, una cifra prácticamente simbólica y se constata como uno de los grandes descalabros de la historia reciente del cine español.
Sorprendentemente, el contexto general para un filme de estas características, teniendo en cuenta cómo se encuentran los multicines españoles en este momento del año, era favorable. El fin de semana del 24 al 26 de abril fue uno de los más dinámicos del año para las salas españolas, con una recaudación total cercana a los 7,5 millones de euros y un crecimiento del 43% respecto a la semana anterior. A pesar de este impulso general y del respaldo mediático, Sidosa no ha logrado conectar con el público.
Mientras tanto, otras producciones han tenido un rendimiento mucho mejor en el mismo periodo. Torrente presidente ha recaudado más de 240.000 euros, con una media notable por sala. Incluso títulos nacionales con menor perfil mediático han obtenido mejores resultados: Después de Kim ha superado los 14.000 euros, Casi todo bien se ha mantenido en torno a los 3800, y hasta un documental religioso como Esperanza viva ha logrado cifras similares o superiores por pantalla.
En la parte alta de la tabla, los grandes lanzamientos internacionales dominaron la taquilla, con Michael, Super Mario Galaxy: La película y La momia de Lee Cronin concentrando gran parte del público del fin de semana. Esto pone de manifiesto la distancia que separa a ciertos proyectos del gran consumo en salas y de cuáles son los intereses reales de los espectadores.
No ha funcionado tampoco la premisa. Sidosa, la última película de Eduardo Casanova, ofrece una mirada íntima a su experiencia con el VIH. Su objetivo es resignificar un término históricamente estigmatizado y abordar el peso del estigma social, buscando provocar reflexión y conversación. Sin embargo, la recepción en salas y la campaña promocional liderada por Jordi Évole han generado debate e incluso fricción en redes sociales y televisiones con parte de la audiencia más crítica.
Desde hace años, se sabe que el cine de Casanova siempre ha sido provocador e incómodo, como se ve en títulos como Pieles, que utilizan un lenguaje muy personal. A pesar del respaldo institucional y de diversas plataformas y productoras, sus trabajos previos han tenido una recaudación modesta en taquilla. El debate sobre la distancia entre el cine de autor, el apoyo público y la respuesta del espectador en salas vuelve a surgir con fuerza.


