En 2016 ha caído el último reducto deportivo en España donde se vendía alcohol. El Gobierno vasco prohibió beber y fumar en los frontones. Este espectáculo, con sus apuestas y tradiciones, llora por los habanos y el pacharán como lloró por el abandono del Beti Jai (en el madrileño barrio de Chamberi), donde 4.000 personas veían jugar a pelota a finales del siglo XIX.
El
Beti Jai cumplió 125 años en 2019. Tras su inauguración en 1894, funcionó como frontón hasta 1918. A partir de 1919 tuvo diversos usos como taller de coches, comisaría de policía, cárcel, taller de objetos de escayola y cartón piedra, entre otros.
Gracias a la popularidad que el juego de pelota alcanzó a finales del siglo XIX, se construyó en Madrid un frontón para albergar los encuentros de esta especialidad deportiva. Joaquín Rucoba, autor entre otros del teatro Arriaga y el Ayuntamiento de Bilbao, la plaza de toros y el mercado Alfonso XII de Málaga, fue el encargado de iniciar su construcción en 1893.
Las obras concluyeron al año siguiente, siendo inaugurado el 29 de abril de 1894 en pleno
barrio de Chamberí. Con una capacidad para 4000 espectadores, dejó de funcionar en el año 1919, construyéndose en la cancha al aire libre pabellones para albergar coches.
Fue declarado monumento nacional en 1991 y Bien de Interés Cultural en 2011. En mayo de 2015, el Ayuntamiento finalizó el proceso de expropiación y adquirió el Beti Jai, dando inicio así a los trabajos para recuperarlo sin alterar su esencia.
Las obras de rehabilitación finalizaron a principios de 2019 y durante este proceso se ha realizado un minucioso trabajo de investigación (recurriendo a periódicos de la época, fondos documentales de bibliotecas, colaboración con asociaciones y expertos) para que el nuevo Beti Jai fuera lo más fiel posible al original.
Coincidiendo con su 130º aniversario, el frontón
Beti Jai ha abierto a finales de marzo de 2024 con carácter permanente al público en general.