De esta asesina tiránica van a pagar un retrato de nuestros impuestos y lo pondrán en el Congreso de los Diputados.
Isidora Ibarruri Gómez nació en Gallarta (Vizcaya) el 9 de diciembre de 1895 en el seno de una familia obrera, fervientemente católica, en la que el padre trabajaba como minero, si bien sus condiciones de vida no eran en absoluto míseras. Isidora, que era realmente su nombre, quiso en un primer momento ser monja y también maestra (sus padres no le permitieron seguir estudiando) pero terminó sirviendo y trabajando como costurera hasta que en 1916 se casó con el minero socialista Julián Ruiz con quien tuvo seis hijos, de los que solo Rubén y Amaya llegarían a la edad adulta. Con tantas bocas que alimentar y con su marido en prisión cada dos por tres, la familia vivió momentos muy duros.
En 1919 Isidora comienza a escribir en “El minero vizcaíno” (donde firmaba con el pseudónimo “Pasionaria”) y al año siguiente se adhiere al Partido Comunista (Vizcaya era la provincia con mayor números de afiliados). En 1930 es miembro del Comité Central del PCE y habiendo sido proclamada la II República, abandona a su marido y se traslada a Madrid donde trabajará como redactora de “Mundo Obrero”. En 1933 realiza su primer viaje a Moscú con otros camaradas españoles para asistir al XIII pleno de la Internacional Comunista. Si hay algo que destaca en la faceta política de La Pasionaria es su “ortodoxia”, su apoyo incondicional y sin ambigüedades al mayor genocida de la Historia: Josif Stalin. La Pasionaria no solo conoció la Unión Soviética de Stalin, sino que participó con entusiasmo y tesón en el terror estalinista. Y curiosamente, durante su estancia en la URSS, no vio pobreza ni hambre ni detenciones arbitrarias ni ejecuciones sumarísimas, ni percibió el profundo terror que sentía gran parte de su población. Pasionaria y sus mariachis, solo veían miseria en los países capitalistas.
Fue una figura destacada en la propaganda orquestada por la izquierda tras el golpe de Estado del PSOE y la Ezquerra en octubre de 1934 (golpe de Estado contra la Segunda República que ella defendió vehementemente), propaganda magistralmente dirigida por la Comintern y su maestro de ceremonias Willi Münzenberg, especialmente a través del “Comité de Socorro a las Víctimas del Fascismo”. Si bien es cierto que la represión fue dura contra los sublevados, no es menos cierto que estos realizaron todo tipo de violencias en gran parte de Asturias y algunos municipios catalanes. Sin embargo, la propaganda se encargó de contar una y otra vez como los moros violaban a las mujeres, las supuestas torturas y un sinfín de atrocidades. Por supuesto, todo aquel que no comulgara con esta versión, era un fascista. Era de vital importancia convencer a Inglaterra y a Francia que la II República seguía siendo una democracia, incluso los comunistas españoles decidieron aplazar la revolución prosoviética para cuando el bando republicano ganara la guerra.
También viajó a Moscú para asistir, junto al Secretario General del Partido Comunista José Díaz, al VII Congreso de la Internacional Comunista donde se “oficializó” la nueva táctica del Frente Popular. Ibarruri fue una de los dieciséis diputados comunistas elegidos en las elecciones de febrero de 1936 (elecciones caracterizadas por haberse celebrado en un clima de violencia extrema y mediante el mayor pucherazo de la historia de España). Sus discursos vehementes, violentos y amenazadores no dejaban indiferente a nadie. Lamentablemente, el entonces presidente de las Cortes Diego Martínez Barrios, ordenó borrar muchos de ellos. También incidió una y otra vez en el bulo de la “quinta columna”, que resultó ser una excusa inmejorable para asesinar a miles de “fascistas”, tanto en las tapias del actual cementerio de la Almudena, como en las checas, Paracuellos del Jarama, o los descampados cercanos a Madrid. También justificó (de hecho, ella fue una de las principales instigadoras) la persecución contra los comunistas del POUM y el asesinato de su dirigente Andrés Nin.
Pero todas esas consignas de que había que sacrificarse y de que era mejor morir de pie que vivir de rodillas no impidió que fuera trasladada a Moscú, en marzo de 1939, en lugar de quedarse en Madrid a dar la última gota de sangre. De todos modos, que nadie se acongoje; en Moscú no vivirá hacinada junto a otras cuatro familias en un pequeño apartamento ni tendrá que guardar la cola durante horas para conseguir una hogaza de pan como el resto de moscovitas (salvo los que tenían un carguito en el Partido, claro). En Moscú le fue encargada la coordinación de la llegada de comunistas españoles a la URSS, labor que llevó a cabo magistralmente. Por ejemplo, se encargó de los aproximadamente 3.000 niños que llegaron a la URSS procedentes de España en 1937: no solo obstaculizó su regreso a sus hogares cuando terminó la Guerra Civil, condenándoles por tanto a vivir la Segunda Guerra Mundial, en la que algunos tuvieron que combatir, sino que también procuró que no cursaran estudios superiores, no fuera a ser que los conocimientos adquiridos les hicieran comprender que las bondades del comunismo, no eran tales.
En 1940 publicó un folleto que tenía por título “La Socialdemocracia y la actual guerra imperialista” en el que apoyaba con entusiasmo la alianza de la URSS con el III Reich a la vez que exhortaba a los trabajadores franceses e ingleses a defender el nazismo y a defender la “acción libertadora del Ejército Rojo sobre el territorio del antiguo Estado de los terratenientes polacos”. ¿Por qué este viraje de timón, ella que había clamado contra el fascismo hasta la extenuación? Pues porque el 23 de agosto de 1939 se había firmado el conocido como Pacto Ribbentrop-Molotov, o Pacto de No Agresión entre la Alemania nazi y la URSS. En Katyn se les dio muy bien lo de la “acción libertadora” –es lo que tienen los tiros en la nuca, que son muy eficaces-. Cuando comenzó la Operación Barbarroja y la Wehrmacht avanzaba por territorio soviético a pasos agigantados, fue trasladada a un lugar más seguro. Fue entonces cuando comenzó a dirigir Radio España Independiente –“La Pirenaica”-.
En 1942 su hijo Rubén muere en la Batalla de Stalingrado. Al año siguiente Ibarruri rompe con su amante Francisco Antón. Dicho así, el asunto no pasaría por ser más que por una ligera pincelada en su biografía, pero lo cierto es que el affaire tuvo mucha miga. El muchacho era bastante buen mozo y tenía diecisiete años menos que Isidora. Durante la Guerra Civil Ibarruri ya se había enfrentado a Prieto para que sacara a su novio, comisario político del ejército republicano, del frente y más adelante, el mismo Stalin tuvo que intervenir para que lo liberaran de un campo de prisioneros alemán en Francia (lo de es mejor morir de pie que vivir de rodillas no era aplicable al muchacho, porque los novios son mucho mejores cuando están vivos). Pero cuando ambos estaban en Moscú, Antón le confesó a Isidora que se había enamorado de una tal Carmen Rodríguez, con quien mantenía un tórrido romance. La comprensiva y amorosa Ibarruri, hizo correr el rumor de que su antiguo amante era un espía, logrando que le enviaran a trabajar a una fábrica en Varsovia bajo unas durísimas condiciones. Es obvio que no creyeron que Antón era un espía porque, lógicamente, hubiera sido ejecutado.
En 1944 fue nombrada Secretaria General del PCE pero un problema de salud la tuvo alejada varios meses de la actividad política, acabando bastante aislada de sus antiguos camaradas, siendo asumida la dirección administrativa del partido por Vicente Uribe. No obstante, ello no le impedía seguir moviendo los hilos: varios comunistas fueron asesinados por sus “chicos de los recados” en España, grupo que dirigía un fulano llamado Cristino García y que, curiosamente, tiene una calle en Alcalá de Henares. Una de sus víctimas fue Gabriel León Trilla (a principios de los 80, Enrique Líster no solo defendió la figura de Trilla, sino que señaló a Santiago Carrillo como uno de los principales autores intelectuales de su asesinato, además de confesar que él mismo se había librado de milagro de ser también ejecutado). El cadáver de Trilla apareció desnudo en un descampado para dar a entender de que su muerte estaba relacionada con una relación homosexual. Los comunistas siempre han sido muy poéticos.
Vivió en varios países. En Bucarest por ejemplo dirigió Radio España Independiente. En 1960 cedió a Santiago Carrillo el puesto de secretario general del PCE. Regresó a España en 1977. Fue elegida diputada por Asturias en las primeras elecciones democráticas. Murió el 12 de noviembre de 1989, pocos días después de la caída del Muro de Berlín.
Son innumerables los municipios españoles donde podemos encontrar una calle dedicada a Dolores Ibarruri (Getafe, Alcobendas, Sevilla, Baracaldo, Gijón, Azuqueca de Henares, Coslada, La Coruña…). Y es absolutamente sorprendente que La Pasionaria siga siendo un símbolo de la democracia y de la libertad, más si tenemos en cuenta que cualquiera puede escuchar sus discursos, leer sus memorias y sus artículos, y ver lo que dijeron de ella sus coetáneos (los que lo pudieron contar)."
En 1974 fue entrevistada por la revista, entonces semanal, Il Borghese: “La Guerra Civil sigue. Han pasado 39 años y esperaremos algún año más, pero nuestra venganza durará 40 veces 39 años. Se lo prometo”. Dolores Ibarruri, demócrata. Chimpún.