Este libro parece pequeñito. Lo ves y piensas: bueno, esto en dos tardes. Y sí… lo lees rápido. Pero luego te acompaña semanas.
La historia va de Charlie, un hombre con discapacidad mental al que meten en un experimento para volverlo un listo. Antes ya lo han probado con un ratón, Algernon. Funciona. Así que ahora van con él. Y todo el libro son los informes que Charlie va escribiendo mientras su inteligencia sube como un cohete.
Y lo bonito, y lo doloroso, es que tú subes con él.
Al principio escribe mal. Faltas, frases raras, pensamientos simples. Y poco a poco ves cómo su cabeza se abre. Su lenguaje mejora; ves cómo progresa. Empieza a entender cosas que antes no podía. Recuerdos. Burlas que no había pillado. Gente que se reía de él y él pensaba que eran amigos. Cabrones.
Ahí ya empieza a doler.
Porque el libro no va de “qué guay ser listo”. Va de lo solo que puedes estar cuando entiendes demasiado. Charlie pasa de no comprender el mundo a comprenderlo demasiado bien. Y descubre que la inteligencia no te salva de la tristeza. A veces la empeora.
Lo mejor del libro es que no te habla desde fuera. No es un narrador explicándote a Charlie. Es Charlie. Estás dentro de su cabeza todo el rato. Y cuando cambia, tú cambias con él. Es muy bestia lo que consigue Keyes con algo tan simple como el estilo de escritura. Hay momentos que te rompen sin hacer ruido. No es drama exagerado. Es tristeza limpia.
No intenta entretenerte. Intenta que mires a una persona por dentro. Y lo consigue.
Es de esos libros que todo el mundo debería leer una vez. No por culto, sino por humanidad.
Hay una película basada en la novela que, por supuesto, veré y la traeré al foro con reseña.
La historia va de Charlie, un hombre con discapacidad mental al que meten en un experimento para volverlo un listo. Antes ya lo han probado con un ratón, Algernon. Funciona. Así que ahora van con él. Y todo el libro son los informes que Charlie va escribiendo mientras su inteligencia sube como un cohete.
Y lo bonito, y lo doloroso, es que tú subes con él.
Al principio escribe mal. Faltas, frases raras, pensamientos simples. Y poco a poco ves cómo su cabeza se abre. Su lenguaje mejora; ves cómo progresa. Empieza a entender cosas que antes no podía. Recuerdos. Burlas que no había pillado. Gente que se reía de él y él pensaba que eran amigos. Cabrones.
Ahí ya empieza a doler.
Porque el libro no va de “qué guay ser listo”. Va de lo solo que puedes estar cuando entiendes demasiado. Charlie pasa de no comprender el mundo a comprenderlo demasiado bien. Y descubre que la inteligencia no te salva de la tristeza. A veces la empeora.
Lo mejor del libro es que no te habla desde fuera. No es un narrador explicándote a Charlie. Es Charlie. Estás dentro de su cabeza todo el rato. Y cuando cambia, tú cambias con él. Es muy bestia lo que consigue Keyes con algo tan simple como el estilo de escritura. Hay momentos que te rompen sin hacer ruido. No es drama exagerado. Es tristeza limpia.
No intenta entretenerte. Intenta que mires a una persona por dentro. Y lo consigue.
Es de esos libros que todo el mundo debería leer una vez. No por culto, sino por humanidad.
Hay una película basada en la novela que, por supuesto, veré y la traeré al foro con reseña.