Kovi
Shurmano
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No sigo demasiado el fútbol, y quizá precisamente por eso algunas cosas se ven más claras desde fuera, larueda de prensa de Florentino me pareció el retrato perfecto de lo que pasa cuando alguien lleva demasiado tiempo mandando y nadie se atreve a llevarle la contraria.
Porque aquello no sonó a presidente de un club. Sonó a alguien convencido de que el club es suyo, ese tono permanente de superioridad, las indirectas a periodistas, el victimismo constante y esa obsesión por controlar el relato… sinceramente, daba más miedo que respeto. Como si cualquier crítica fuese automáticamente una traición. Y ahí es donde empiezan los problemas.
Hay gente tan acostumbrada al poder que deja de distinguir entre defender una institución y defender su propio ego. Y creo que Florentino hace tiempo que cruzó esa línea.
Lo más llamativo es que ni siquiera parecía una rueda de prensa hecha para aficionados. Parecía hecha para proteger su figura. Todo giraba alrededor de él: lo que ha construido, lo que ha soportado, lo que “le hacen”, los enemigos, las campañas… Mucho “yo”. Demasiado. Y ojo, que seguramente ha sido uno de los dirigentes más influyentes del fútbol moderno. Pero precisamente por eso cuesta más entender ciertas actitudes. Porque cuanto más grande eres, menos necesidad deberías tener de demostrar constantemente que controlas todo.
Cuando una persona poderosa empieza a repetir tanto que todos van contra ella, normalmente no es fortaleza. Es inseguridad disfrazada de autoridad, la sensación que dejó no fue la de un líder tranquilo, fue la de alguien incapaz de aceptar que ya no controla el relato como antes.
Lo peor no es que Florentino se haya convertido en un personaje lo peor es que alrededor parece no quedar nadie capaz de decirle que está haciendo el ridículo.
Y eso, en cualquier sitio (sea un gobierno, una empresa o un club de fútbol) suele ser el principio del declive.
Porque aquello no sonó a presidente de un club. Sonó a alguien convencido de que el club es suyo, ese tono permanente de superioridad, las indirectas a periodistas, el victimismo constante y esa obsesión por controlar el relato… sinceramente, daba más miedo que respeto. Como si cualquier crítica fuese automáticamente una traición. Y ahí es donde empiezan los problemas.
Hay gente tan acostumbrada al poder que deja de distinguir entre defender una institución y defender su propio ego. Y creo que Florentino hace tiempo que cruzó esa línea.
Lo más llamativo es que ni siquiera parecía una rueda de prensa hecha para aficionados. Parecía hecha para proteger su figura. Todo giraba alrededor de él: lo que ha construido, lo que ha soportado, lo que “le hacen”, los enemigos, las campañas… Mucho “yo”. Demasiado. Y ojo, que seguramente ha sido uno de los dirigentes más influyentes del fútbol moderno. Pero precisamente por eso cuesta más entender ciertas actitudes. Porque cuanto más grande eres, menos necesidad deberías tener de demostrar constantemente que controlas todo.
Cuando una persona poderosa empieza a repetir tanto que todos van contra ella, normalmente no es fortaleza. Es inseguridad disfrazada de autoridad, la sensación que dejó no fue la de un líder tranquilo, fue la de alguien incapaz de aceptar que ya no controla el relato como antes.
Lo peor no es que Florentino se haya convertido en un personaje lo peor es que alrededor parece no quedar nadie capaz de decirle que está haciendo el ridículo.
Y eso, en cualquier sitio (sea un gobierno, una empresa o un club de fútbol) suele ser el principio del declive.
Por afición, pero al dinero no al Madrid