Y U M A N
Shurmano
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Es fin de año, y aquí estoy en la ferretería, en la cola, porque, como buen currante, me toca joderme y esperar. La peña anda recogiendo cosas, arreglando calentadores, colgando cuadros de última hora… Lo típico antes de que termine el año. La cola, claro, está larga.
Yo, tranquilo, en mi sitio, y aparece un hombre. Viejo. Peste a puro rancio. Se me acerca y pregunta por la cola. Le digo, "aquí está, colega, ponte detrás mío". Todo normal.
Pasan dos minutos. El viejo empieza a mirar a la clienta que está siendo atendida. La mira con una cara de asco brutal. Luego me mira a mí, resopla, y se acerca más. Demasiado más. Me viene todo el pestazo a puro en la cara. Entonces abre la boca y suelta:
—Esa mujer no debería estar aquí.
Me lo quedo mirando con cara de "¿perdón?".
—¿Cómo dice? —le suelto.
—No tiene ni idea de lo que está comprando —insiste, con más cara de asco aún—. Está provocando cola. No tiene ni idea.
Y claro, yo que soy de pueblo, que conozco a todo dios, sé perfectamente que la mujer no es ninguna tonta. Está pidiendo cuatro clavos para colgar no sé qué, y el dependiente le ha traído varias opciones. Vamos, que no lleva ni cinco minutos ahí.
Le digo:
—Bueno, está siendo atendida, es normal que haya cola.
Pero el viejo sigue.
—No, no me entiendes. No tiene ni idea... Una mujer… no debería estar en una ferretería.
Ole. Lo ha dicho. Me lo quedo mirando con una mezcla de incredulidad y mala leche.
—Pues dígaselo a ella, señor —le suelto, con una sonrisa y subiendo un poco la voz.
Se pone nervioso. Empieza a farfullar.
—No, no… Me refiero a que este no es un lugar para ella.
Otra vez con lo mismo. Yo ya hasta le noto más la peste del puro, porque claro, no se aparta. Le digo:
—Pues si no le gusta hacer cola, váyase a un chino.
El tío me mira con aún más asco, pero ya la gente en la cola lo está mirando también. Y entonces salta:
—Es broma… Lo que he dicho es broma… eeh. Me mira y sonríe. Que asco de dientes tiene el momias. Amarillo quemado color requesón...
Sí, claro. Broma. Pero ha estado ahí otros treinta segundos hablando solo, soltando su mierda mientras los demás lo ignorábamos. Al final se ha ido, pero todavía le ha dado tiempo de mirar hacia dentro y soltar alguna otra barbaridad.
Puto viejo.
Yo, tranquilo, en mi sitio, y aparece un hombre. Viejo. Peste a puro rancio. Se me acerca y pregunta por la cola. Le digo, "aquí está, colega, ponte detrás mío". Todo normal.
Pasan dos minutos. El viejo empieza a mirar a la clienta que está siendo atendida. La mira con una cara de asco brutal. Luego me mira a mí, resopla, y se acerca más. Demasiado más. Me viene todo el pestazo a puro en la cara. Entonces abre la boca y suelta:
—Esa mujer no debería estar aquí.
Me lo quedo mirando con cara de "¿perdón?".
—¿Cómo dice? —le suelto.
—No tiene ni idea de lo que está comprando —insiste, con más cara de asco aún—. Está provocando cola. No tiene ni idea.
Y claro, yo que soy de pueblo, que conozco a todo dios, sé perfectamente que la mujer no es ninguna tonta. Está pidiendo cuatro clavos para colgar no sé qué, y el dependiente le ha traído varias opciones. Vamos, que no lleva ni cinco minutos ahí.
Le digo:
—Bueno, está siendo atendida, es normal que haya cola.
Pero el viejo sigue.
—No, no me entiendes. No tiene ni idea... Una mujer… no debería estar en una ferretería.
Ole. Lo ha dicho. Me lo quedo mirando con una mezcla de incredulidad y mala leche.
—Pues dígaselo a ella, señor —le suelto, con una sonrisa y subiendo un poco la voz.
Se pone nervioso. Empieza a farfullar.
—No, no… Me refiero a que este no es un lugar para ella.
Otra vez con lo mismo. Yo ya hasta le noto más la peste del puro, porque claro, no se aparta. Le digo:
—Pues si no le gusta hacer cola, váyase a un chino.
El tío me mira con aún más asco, pero ya la gente en la cola lo está mirando también. Y entonces salta:
—Es broma… Lo que he dicho es broma… eeh. Me mira y sonríe. Que asco de dientes tiene el momias. Amarillo quemado color requesón...
Sí, claro. Broma. Pero ha estado ahí otros treinta segundos hablando solo, soltando su mierda mientras los demás lo ignorábamos. Al final se ha ido, pero todavía le ha dado tiempo de mirar hacia dentro y soltar alguna otra barbaridad.
Puto viejo.
