Conan
Shurmano Leyenda
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Buenas tardes shures, que Crom os traiga un cuerpo musculoso sin tocar ni una sola pesa.
Con el beneplácito de @Poxolate y @Diosbrausen me lanzo a escribir sobre historia, sobre uno de mis temas favoritos, de los más morbosos, inquietantes y terroríficos que nos ha dado la humanidad, por lo que se avecina TOCHO, cuyo resumen os dejo al final:
Nada de ChatGPT, nada de copiar y pegar, todo esto está siendo escrito a golpe de tecla, como a mí, y espero que a muchos, nos gusta.
No esperéis fidelidad histórica por varias razones, primero porque la propia crónica de la condesa está rodeada de secretos, calumnias, tergiversaciones... Y francamente, porque yo disfruto mucho más de la ficción que de la realidad; de todas maneras hablaremos de lo que podamos averiguar en comentarios y discusiones.
Nos situamos en la Europa del Este, entre los siglos XVI y XVII, una época que muchos consideran fuera de la edad media; pero yo no estoy entre ellos: tenemos feudalismo cruel y salvaje, enormes castillos situados en altísimas colinas bajo una luna roja, guerras incesantes aderezadas con intrigas de ambición y violencia desmedida. Un tiempo y un lugar donde la oscuridad y la sangre aún campaban a sus anchas.
Es en este sombrío entorno donde nace nuestra querida Isabel, nuestra Elizabeth o nuestra Erzsébet, según la tradición escrita. Una jovencita húngara nacida en el seno de una de las familias más ricas de Transilvania, los Erdély, si bien el apellido de su padre era Báthory. Entre tíos, primos y abuelos tenían vasta influencia en Transilvania, Polonia y Hungría. Hay quien dice que teniendo tan solo seis años sufría de epilepsia, si a mí me lo preguntan no creo que ningún crío pudiera sobrevivir a eso en una época así. Una cría acomodada hasta lo grotesco en una familia donde los intereses políticos estaban más presentes que el amor fraternal.
Nada más cumplir los once añitos, fue prometida a Ferenc Nádasdy, de dieciséis, una diferencia de edad aceptable incluso para nuestros estándares. A Ferenc le conocemos como un "encantador" guerrero con tendencias tan violentas como el archiconocido Vlad Tepes, aficionado al empalamiento y a la tortura, galardonado en un futuro como El Caballero Negro. Un feroz combatiente que ayudaría al reino húngaro a sembrar el terror entre los turcos y un aliado valiosísimo para Rodolfo II de Habsburgo.
Isabel fue enviada al castillo de su ya marido a los quince años tras una fastuosa ceremonia. ¿Cómo podríamos definir este matrimonio? A mí me gusta pensar que fue siniestramente feliz: tuvieron nada menos que cuatro hijos y, cuando no estaba presente debido a las innumerables batallas, mantenían una interesante relación por correspondencia ¿Y qué se decían en sus cartas? Francisco (Ferenc) le enseñó métodos para mantener el terror en sus dominios, para que los criados siempre estuvieran con la cabeza gacha y obedeciendo cada orden, deseo y hasta capricho: Métodos de tortura. Se los intercambiaban como cromos y llegaron a perfeccionar algunos bastante espectaculares. Francisco estaba tan encantado con el entusiasmo, belleza y cultura de su esposa, pues ella era una políglota consumada, que adoptó el apellido de Isabel, mucho más ilustre que el suyo. Un sangriento romance que solo tuvo un obstáculo, la madre de Francisco, Úrsula, la perfecta definición de una suegra, una noble petulante y obsesiva a la que Isabel jamás soportó.
Francisco siguió guerreando hasta el último día de su vida, en el que cayó por una misteriosa enfermedad. Para entonces Isabel contaba ya con 44 años y ya era una condesa, conspiradora y castellana experimentada, aún mantenía parte de su belleza, de la que siempre se mostró particularmente vanidosa. Tras vencer un duro duelo, ahora Isabel era más rica que nunca, pues había sabido administrar y bien sus riquezas, ya de por sí enormes, y las de su fallecido esposo. Una de sus primeras medidas fue darle una soberbia patada a su suegra, Úrsula, expulsándola para siempre y bien lejos.
Nunca volvió a casarse y una sombra se cernía sobre su idílica vida de noble: no contaba con ejército propio y el ahora rey Matías II de Hungría ansiaba sus riquezas. Su habilidad con las intrigas era su mayor aliada, y era tan buena en ello que le permitió gozar de una buena situación. Mucho más sola y aislada, con la única compañía de sus siniestros acólitos de confianza, Isabel continua con su vida.
Es aquí donde comienza la leyenda de la condesa sangrienta. Los rumores sobre el castillo de Čachtice, residencia de Isabel, entrañan brujería, magia negra, sacrilegios y violencia. Matías II, ambicioso y licencioso, ve la oportunidad perfecta para invadir a Isabel.
Lo que allí encontraron sus tropas aún hoy cuesta creer, en todos los sentidos posibles ¿Qué es lo que vieron y cómo ocurrió?
Isabel hacía honor a la memoria de su marido a golpe de bastón con todos los criados que tenía, en especial con las mujeres. No toleraba desobediencia, ni incompetencia, en un principio (...) porque la vida sin Francisco se había tornado ligeramente aburrida, los pasatiempos se agotaban y su arrogancia iba en aumento: los castigos llegaban por cualquier tontería y pronto los motivos se acabaron, Isabel se había vuelto sádica y disfrutaba haciendo sangrar a todo aquel que se le cruzaba. Sobre todo si era una muchacha, si era joven, si era... Más bella. Pronto la afición se tornó íntima y dominante, mandaba a sirvientes hermosos a su lecho y consumaba noches de placer con ellos, o más bien solo para ella: los llenaba de mordiscos, los azotaba, los saboreaba y disfrutaba, más aún si había gritos y heridas de por medio, ella era la dama y señora de sus vidas y ellos sus juguetes si así le complacía.
Hubo una noche en la que una de estas desventuradas le estaba cepillando su lustrosa melena negra, Isabel estaba de buen humor, así que solo le arreó un guantazo como muestra de su generosidad. La sangre brotó del labio de la joven y cayó en el escote de su señora; se hizo el silencio, solo se podía sentir el crepitar de las velas sobre la cera que se consumía, la condesa se tocó sensualmente el seno izquierdo donde el carmesí se derramó, y lo notó turgente, suave y joven. Una sensación que le gustaba. La criada, aún sangrando, salió de allí, pero no llegaría muy lejos.
Isabel consultó a varios de sus brujas y alquimistas, le dijeron sencillamente lo que querían oír, sellando el destino de la joven, que fue traída ante ella. Sometida y desnuda, Isabel decidió cruzar una cruel línea esa noche, con ayuda de sus allegados la degolló y llenó una bañera con su sangre, donde se metió y se embadurnó entre frenesí morboso y curiosidad placentera. Sí, lo notaba, su piel volvía a ser bella, sus senos recuperaban su vigor, sus muslos eran suaves: Francisco estaría orgulloso de su preciosa condesa, qué lástima que no estuviera allí para disfrutar del descubrimiento.
¿Por qué detenerse ahí? ¿Por qué no seguir investigando estos placeres prohibidos? Los agentes de Isabel llevaban a menudo a jóvenes a sus dominios, al principio plebeyas, luego se sumaron hijas de aristocracia menor, algunas tan solo de nueve años de edad, lo importante era la juventud y la belleza.
Ya no bastaba solo con los baños de sangre, la bebía directamente, daba igual el sabor, lo importante era su efecto sobre su juventud. Las que tenían suerte eran degolladas rápido, las que no eran sometidas a toda clase de vejaciones, llegó a quemar por diversión las partes más sensibles de aquellas víctimas de su capricho, con velas, carbones e incluso hierros al rojo. También le dio por hacerlo fuera de su castillo; hay quien se lleva un libro para leer por el camino, Isabel tenía clara su afición...
Una de sus más conocidas y crueles torturas era introducir a las chicas en una esfera de hierro, con terribles filos interiores, balancearla de lado a lado y disfrutar del macabro espectáculo durante toda la noche; tal era el disfrute que sus favoritos celebraban orgías bajo los gritos de la muchacha hasta que, solo por la mañana, los chillidos de muerte cesaban.
No es de extrañar que cuando Matías II y su gente llegaran al castillo lo encontraran todo plagado de cuerpos, trozos de carne, sangre coagulada y algunas jóvenes en proceso de tortura. Isabel ni siquiera se había esmerado en guardar las apariencias, ellos querían su riqueza y la condesa sabía que podían quitársela, mediante acusaciones, calumnias o incluso la propia verdad. Había un registro de víctimas y, aparte de los cincuenta cuerpos enterrados bajo el castillo, de dar veracidad a las confesiones y números, estaríamos hablando de la barbaridad de 612 muertes.
Isabel abusó de su condición de noble para no ser ejecutada y "sencillamente" fue recluida, prácticamente emparedada, hasta que murió a los 55 años de edad viendo, por fin, como su piel se pudría lentamente fruto de la inclemente vejez.
(...)
Bien, esta es la leyenda de Erzsébet (Isabel para los amigos), la condesa sangrienta. Pero es eso, LA-LEYENDA.
Hemos hablado de los intereses políticos del pérfido Matías II, quien también "expropió" a Ferenc, el caballero negro, después de tantísimo que hizo por Hungría, como un Chávez cualquiera.
La verdad nunca se sabrá al completo, lo que podemos suponer es que Isabel sí pudo haber sido una aristócrata particularmente sádica y que pudo caer en la locura de aquel momento y probar algunos métodos para conservar su preciada juventud, o dejarse llevar por el consejo de alquimistas y otros charlatanes. Lo que sí está claro es que en esta sádica pecera, un pez más grande, acabó devorando al rival pequeño y encontró en estos rumores la llave a la riqueza.
Una historia salvajemente interesante que ha llegado a nuestros días y seguirá inspirando infinidad de libros, películas y sagas.
Resumen: Erzsébet Báthory fue una condesa del siglo XVII de la que, cuentan, asesinó a 612 personas en una vorágine de sangre, violencia y magia negra. Ésta es su leyenda.
Con el beneplácito de @Poxolate y @Diosbrausen me lanzo a escribir sobre historia, sobre uno de mis temas favoritos, de los más morbosos, inquietantes y terroríficos que nos ha dado la humanidad, por lo que se avecina TOCHO, cuyo resumen os dejo al final:
Nada de ChatGPT, nada de copiar y pegar, todo esto está siendo escrito a golpe de tecla, como a mí, y espero que a muchos, nos gusta.
No esperéis fidelidad histórica por varias razones, primero porque la propia crónica de la condesa está rodeada de secretos, calumnias, tergiversaciones... Y francamente, porque yo disfruto mucho más de la ficción que de la realidad; de todas maneras hablaremos de lo que podamos averiguar en comentarios y discusiones.
Nos situamos en la Europa del Este, entre los siglos XVI y XVII, una época que muchos consideran fuera de la edad media; pero yo no estoy entre ellos: tenemos feudalismo cruel y salvaje, enormes castillos situados en altísimas colinas bajo una luna roja, guerras incesantes aderezadas con intrigas de ambición y violencia desmedida. Un tiempo y un lugar donde la oscuridad y la sangre aún campaban a sus anchas.
Es en este sombrío entorno donde nace nuestra querida Isabel, nuestra Elizabeth o nuestra Erzsébet, según la tradición escrita. Una jovencita húngara nacida en el seno de una de las familias más ricas de Transilvania, los Erdély, si bien el apellido de su padre era Báthory. Entre tíos, primos y abuelos tenían vasta influencia en Transilvania, Polonia y Hungría. Hay quien dice que teniendo tan solo seis años sufría de epilepsia, si a mí me lo preguntan no creo que ningún crío pudiera sobrevivir a eso en una época así. Una cría acomodada hasta lo grotesco en una familia donde los intereses políticos estaban más presentes que el amor fraternal.
Nada más cumplir los once añitos, fue prometida a Ferenc Nádasdy, de dieciséis, una diferencia de edad aceptable incluso para nuestros estándares. A Ferenc le conocemos como un "encantador" guerrero con tendencias tan violentas como el archiconocido Vlad Tepes, aficionado al empalamiento y a la tortura, galardonado en un futuro como El Caballero Negro. Un feroz combatiente que ayudaría al reino húngaro a sembrar el terror entre los turcos y un aliado valiosísimo para Rodolfo II de Habsburgo.
Isabel fue enviada al castillo de su ya marido a los quince años tras una fastuosa ceremonia. ¿Cómo podríamos definir este matrimonio? A mí me gusta pensar que fue siniestramente feliz: tuvieron nada menos que cuatro hijos y, cuando no estaba presente debido a las innumerables batallas, mantenían una interesante relación por correspondencia ¿Y qué se decían en sus cartas? Francisco (Ferenc) le enseñó métodos para mantener el terror en sus dominios, para que los criados siempre estuvieran con la cabeza gacha y obedeciendo cada orden, deseo y hasta capricho: Métodos de tortura. Se los intercambiaban como cromos y llegaron a perfeccionar algunos bastante espectaculares. Francisco estaba tan encantado con el entusiasmo, belleza y cultura de su esposa, pues ella era una políglota consumada, que adoptó el apellido de Isabel, mucho más ilustre que el suyo. Un sangriento romance que solo tuvo un obstáculo, la madre de Francisco, Úrsula, la perfecta definición de una suegra, una noble petulante y obsesiva a la que Isabel jamás soportó.
Francisco siguió guerreando hasta el último día de su vida, en el que cayó por una misteriosa enfermedad. Para entonces Isabel contaba ya con 44 años y ya era una condesa, conspiradora y castellana experimentada, aún mantenía parte de su belleza, de la que siempre se mostró particularmente vanidosa. Tras vencer un duro duelo, ahora Isabel era más rica que nunca, pues había sabido administrar y bien sus riquezas, ya de por sí enormes, y las de su fallecido esposo. Una de sus primeras medidas fue darle una soberbia patada a su suegra, Úrsula, expulsándola para siempre y bien lejos.
Nunca volvió a casarse y una sombra se cernía sobre su idílica vida de noble: no contaba con ejército propio y el ahora rey Matías II de Hungría ansiaba sus riquezas. Su habilidad con las intrigas era su mayor aliada, y era tan buena en ello que le permitió gozar de una buena situación. Mucho más sola y aislada, con la única compañía de sus siniestros acólitos de confianza, Isabel continua con su vida.
Es aquí donde comienza la leyenda de la condesa sangrienta. Los rumores sobre el castillo de Čachtice, residencia de Isabel, entrañan brujería, magia negra, sacrilegios y violencia. Matías II, ambicioso y licencioso, ve la oportunidad perfecta para invadir a Isabel.
Lo que allí encontraron sus tropas aún hoy cuesta creer, en todos los sentidos posibles ¿Qué es lo que vieron y cómo ocurrió?
Isabel hacía honor a la memoria de su marido a golpe de bastón con todos los criados que tenía, en especial con las mujeres. No toleraba desobediencia, ni incompetencia, en un principio (...) porque la vida sin Francisco se había tornado ligeramente aburrida, los pasatiempos se agotaban y su arrogancia iba en aumento: los castigos llegaban por cualquier tontería y pronto los motivos se acabaron, Isabel se había vuelto sádica y disfrutaba haciendo sangrar a todo aquel que se le cruzaba. Sobre todo si era una muchacha, si era joven, si era... Más bella. Pronto la afición se tornó íntima y dominante, mandaba a sirvientes hermosos a su lecho y consumaba noches de placer con ellos, o más bien solo para ella: los llenaba de mordiscos, los azotaba, los saboreaba y disfrutaba, más aún si había gritos y heridas de por medio, ella era la dama y señora de sus vidas y ellos sus juguetes si así le complacía.
Hubo una noche en la que una de estas desventuradas le estaba cepillando su lustrosa melena negra, Isabel estaba de buen humor, así que solo le arreó un guantazo como muestra de su generosidad. La sangre brotó del labio de la joven y cayó en el escote de su señora; se hizo el silencio, solo se podía sentir el crepitar de las velas sobre la cera que se consumía, la condesa se tocó sensualmente el seno izquierdo donde el carmesí se derramó, y lo notó turgente, suave y joven. Una sensación que le gustaba. La criada, aún sangrando, salió de allí, pero no llegaría muy lejos.
Isabel consultó a varios de sus brujas y alquimistas, le dijeron sencillamente lo que querían oír, sellando el destino de la joven, que fue traída ante ella. Sometida y desnuda, Isabel decidió cruzar una cruel línea esa noche, con ayuda de sus allegados la degolló y llenó una bañera con su sangre, donde se metió y se embadurnó entre frenesí morboso y curiosidad placentera. Sí, lo notaba, su piel volvía a ser bella, sus senos recuperaban su vigor, sus muslos eran suaves: Francisco estaría orgulloso de su preciosa condesa, qué lástima que no estuviera allí para disfrutar del descubrimiento.
¿Por qué detenerse ahí? ¿Por qué no seguir investigando estos placeres prohibidos? Los agentes de Isabel llevaban a menudo a jóvenes a sus dominios, al principio plebeyas, luego se sumaron hijas de aristocracia menor, algunas tan solo de nueve años de edad, lo importante era la juventud y la belleza.
Ya no bastaba solo con los baños de sangre, la bebía directamente, daba igual el sabor, lo importante era su efecto sobre su juventud. Las que tenían suerte eran degolladas rápido, las que no eran sometidas a toda clase de vejaciones, llegó a quemar por diversión las partes más sensibles de aquellas víctimas de su capricho, con velas, carbones e incluso hierros al rojo. También le dio por hacerlo fuera de su castillo; hay quien se lleva un libro para leer por el camino, Isabel tenía clara su afición...
Una de sus más conocidas y crueles torturas era introducir a las chicas en una esfera de hierro, con terribles filos interiores, balancearla de lado a lado y disfrutar del macabro espectáculo durante toda la noche; tal era el disfrute que sus favoritos celebraban orgías bajo los gritos de la muchacha hasta que, solo por la mañana, los chillidos de muerte cesaban.
No es de extrañar que cuando Matías II y su gente llegaran al castillo lo encontraran todo plagado de cuerpos, trozos de carne, sangre coagulada y algunas jóvenes en proceso de tortura. Isabel ni siquiera se había esmerado en guardar las apariencias, ellos querían su riqueza y la condesa sabía que podían quitársela, mediante acusaciones, calumnias o incluso la propia verdad. Había un registro de víctimas y, aparte de los cincuenta cuerpos enterrados bajo el castillo, de dar veracidad a las confesiones y números, estaríamos hablando de la barbaridad de 612 muertes.
Isabel abusó de su condición de noble para no ser ejecutada y "sencillamente" fue recluida, prácticamente emparedada, hasta que murió a los 55 años de edad viendo, por fin, como su piel se pudría lentamente fruto de la inclemente vejez.
(...)
Bien, esta es la leyenda de Erzsébet (Isabel para los amigos), la condesa sangrienta. Pero es eso, LA-LEYENDA.
Hemos hablado de los intereses políticos del pérfido Matías II, quien también "expropió" a Ferenc, el caballero negro, después de tantísimo que hizo por Hungría, como un Chávez cualquiera.
La verdad nunca se sabrá al completo, lo que podemos suponer es que Isabel sí pudo haber sido una aristócrata particularmente sádica y que pudo caer en la locura de aquel momento y probar algunos métodos para conservar su preciada juventud, o dejarse llevar por el consejo de alquimistas y otros charlatanes. Lo que sí está claro es que en esta sádica pecera, un pez más grande, acabó devorando al rival pequeño y encontró en estos rumores la llave a la riqueza.
Una historia salvajemente interesante que ha llegado a nuestros días y seguirá inspirando infinidad de libros, películas y sagas.
Resumen: Erzsébet Báthory fue una condesa del siglo XVII de la que, cuentan, asesinó a 612 personas en una vorágine de sangre, violencia y magia negra. Ésta es su leyenda.
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