Charly Locutor
Shurmano
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- 25 Oct 2023
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Hay algo profundamente inquietante en un gobierno que predica igualdad mientras sus propios cimientos se tambalean bajo el peso de la sospecha. Pedro Sánchez, reelegido con aplausos atronadores en el Congreso del PSOE, parece ser maestro en crear una narrativa heroica... pero el ruido de los vítores no apaga el murmullo de los escándalos.
Su entorno más cercano, incluido el de su esposa, Begoña Gómez, no es ajeno a investigaciones judiciales por presuntos tratos de favor y tráfico de influencias. Eso sí, todo “perfectamente legal”. Al menos, de momento. ¿Y qué hace Sánchez? Evita declarar, porque puede. Derecho suyo, claro, pero, ¿no es esa justamente la actitud que la gente de a pie nunca puede permitirse? ¡Qué lujo el de quienes viven por encima del bien y del mal!. Además, la creación de unidades judiciales “especializadas” en delitos administrativos, propuestas por su gobierno, tiene un aroma que no huele a justicia, sino a control político. Incluso la Fiscalía Anticorrupción, la última trinchera contra las sombras del poder, parece en peligro de convertirse en una oficina más al servicio del Ejecutivo. Mientras tanto, las prioridades reales de los ciudadanos, como la sanidad, la educación o la seguridad, siguen aplazadas al “mañana eterno”.
Pero ojo, no se equivoquen. Aquí no hay delitos, sino decisiones políticas. Todo milimétricamente calculado dentro de la “legalidad”. Y quizás ahí esté el problema. Porque cuando la ética queda relegada y el poder se gestiona como un feudo privado, el mensaje es claro: el sistema no es para ustedes, sino para ellos.
Y nosotros, los de abajo, ¿qué hacemos? Seguimos trabajando, pagando, esperando. ¿Es este el país que queremos dejarles a nuestros hijos? Porque a este ritmo, lo único que heredarán será la factura. Aplaudan, que el espectáculo continúa. ¿O mejor decimos basta?
Su entorno más cercano, incluido el de su esposa, Begoña Gómez, no es ajeno a investigaciones judiciales por presuntos tratos de favor y tráfico de influencias. Eso sí, todo “perfectamente legal”. Al menos, de momento. ¿Y qué hace Sánchez? Evita declarar, porque puede. Derecho suyo, claro, pero, ¿no es esa justamente la actitud que la gente de a pie nunca puede permitirse? ¡Qué lujo el de quienes viven por encima del bien y del mal!. Además, la creación de unidades judiciales “especializadas” en delitos administrativos, propuestas por su gobierno, tiene un aroma que no huele a justicia, sino a control político. Incluso la Fiscalía Anticorrupción, la última trinchera contra las sombras del poder, parece en peligro de convertirse en una oficina más al servicio del Ejecutivo. Mientras tanto, las prioridades reales de los ciudadanos, como la sanidad, la educación o la seguridad, siguen aplazadas al “mañana eterno”.
Pero ojo, no se equivoquen. Aquí no hay delitos, sino decisiones políticas. Todo milimétricamente calculado dentro de la “legalidad”. Y quizás ahí esté el problema. Porque cuando la ética queda relegada y el poder se gestiona como un feudo privado, el mensaje es claro: el sistema no es para ustedes, sino para ellos.
Y nosotros, los de abajo, ¿qué hacemos? Seguimos trabajando, pagando, esperando. ¿Es este el país que queremos dejarles a nuestros hijos? Porque a este ritmo, lo único que heredarán será la factura. Aplaudan, que el espectáculo continúa. ¿O mejor decimos basta?