Titovic
Shurmano Infinite
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- 11 Oct 2024
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La historia pasa en la ciudad de Elantris, que antes era un lugar sagrado, lleno de seres casi divinos. La gente que era “tocada” por la Shaod se transformaba en algo así como un dios luminoso, guapo, inmortal y con poderes mágicos. Vamos, el sueño de cualquiera. Pero de golpe, algo pasa, nadie sabe quéy ese milagro se convierte en maldición. Los que antes ascendían, ahora se pudren vivos: no mueren, pero sienten dolor constante, sus cuerpos no sanan, y acaban viviendo como despojos dentro de una ciudad en ruinas.
Ahí entra Raoden, un príncipe que justo el día antes de casarse se convierte en uno de esos malditos. Lo tiran dentro de Elantris como si fuera basura, porque la sociedad ya no los quiere ver. Pero el tío no se rinde. Dentro empieza a organizar a los demás, intenta darles esperanza, reconstruir algo en medio del caos. Es como si un político con buen corazón cayera en el infierno y dijera “vale, vamos a hacer las cosas bien aquí dentro”.
Fuera de los muros está Sarene, la prometida de Raoden, una princesa lista y con carácter que no sabe que su futuro marido está vivo (aunque maldito). Ella llega a la corte, se encuentra con un reino medio podrido, con un rey débil y corrupto, y empieza a mover los hilos para evitar que un fanático religioso llamado Hrathen conquiste el lugar en nombre de su dios.
Y ahí está el jugo del libro: tres personajes, tres perspectivas. Raoden intentando reconstruir el infierno, Sarene peleando con política y diplomacia, y Hrathen, el fanático, que en realidad no es tan malo como parece. Cada uno cree que tiene la razón, y Sanderson los pone a chocar sin darte un villano claro.
Lo bueno del libro es el ritmo: empieza un poco político y luego se mete de lleno en lo humano. Lo malo, quizá, es que a veces se nota que es su primera novela. Hay partes que son un poco más lentas o diálogos que podrían pulirse más, pero para ser el debut que abrió el universo del Cosmere, está de lujo.
¿Qué tiene de especial?
Esa mezcla de fantasía épica con un trasfondo político y espiritual. Es como si mezclaras Juego de Tronos con teología y un poco de Los miserables. Y además, es el primer ladrillo del universo enorme que Sanderson construyó después.
¿Fácil de leer?
Al principio cuesta, porque te mete en un mundo nuevo sin freno, pero una vez pillas las reglas, va solo.
¿Recomendada?
Sí, sobre todo si te mola la fantasía inteligente, la que no va solo de espadazos y dragones, sino de ideas, creencias y redención.