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Expongamos los hechos. Luego que cada cual se monte sus películas.
1. Aparece y empieza a exhibirse en 1354, en una iglesia de Lirey, Francia.
2. El obispo de Troyes denuncia en 1390 que es un fraude y que su predecesor en el cargo identificó al artista que lo pintó.
3. Clement VII autoriza que siga exhibiéndose siempre y cuando quede claro que es una representación artística.
4. Es dañado en 1532 por un incendio en Chambéry. Se cosen unos parches en las zonas afectadas, que son relativamente pequeñas.
5. Está en Turín desde 1578. Se añaden más parches en 1694 y 1868.
6. Se realiza la datación por radiocarbono en 1988. Tres análisis por tres laboratorios: University of Oxford, University of Arizona y Swiss Federal Institute of Technology. No son imbéciles y ponen especial cuidado, especial énfasis, en coger las muestras del tejido original en una esquina, ¡no de los parches!
7. Los resultados son espectaculares porque lo clavan. Los tres concluyen que el sudario es de 1260–1390, lo que, ¡oh casualidad!, coincide con su aparición en Francia en 1354.
8. Las críticas religiosas a la fiabilidad de los análisis, que alegan podrían haberse visto alterados por la contaminación por humo de velas durante siglos y por el incendio, no tienen base científica. Tendría que haber una capa de contaminación con un peso que doblara la propia muestra para que se produjera un error de más de mil años y, ni que decir tiene, antes de su datación fue minuciosamente limpiada por los tres laboratorios, que emplearon técnicas distintas. Distintos métodos y mismo resultado.
9. La pintura es anatómicamente incorrecta. La frente demasiado pequeña, los brazos demasiado largos y uno más corto que el otro.
El Sudario de Turín es un flagrante fraude, un engañabobos con ánimo de lucro que se ya se denunció en su tiempo. Se creó para atraer crédulos a la pequeña iglesia de Lirey donde lo sacaron.
1. Aparece y empieza a exhibirse en 1354, en una iglesia de Lirey, Francia.
2. El obispo de Troyes denuncia en 1390 que es un fraude y que su predecesor en el cargo identificó al artista que lo pintó.
3. Clement VII autoriza que siga exhibiéndose siempre y cuando quede claro que es una representación artística.
4. Es dañado en 1532 por un incendio en Chambéry. Se cosen unos parches en las zonas afectadas, que son relativamente pequeñas.
5. Está en Turín desde 1578. Se añaden más parches en 1694 y 1868.
6. Se realiza la datación por radiocarbono en 1988. Tres análisis por tres laboratorios: University of Oxford, University of Arizona y Swiss Federal Institute of Technology. No son imbéciles y ponen especial cuidado, especial énfasis, en coger las muestras del tejido original en una esquina, ¡no de los parches!
7. Los resultados son espectaculares porque lo clavan. Los tres concluyen que el sudario es de 1260–1390, lo que, ¡oh casualidad!, coincide con su aparición en Francia en 1354.
8. Las críticas religiosas a la fiabilidad de los análisis, que alegan podrían haberse visto alterados por la contaminación por humo de velas durante siglos y por el incendio, no tienen base científica. Tendría que haber una capa de contaminación con un peso que doblara la propia muestra para que se produjera un error de más de mil años y, ni que decir tiene, antes de su datación fue minuciosamente limpiada por los tres laboratorios, que emplearon técnicas distintas. Distintos métodos y mismo resultado.
9. La pintura es anatómicamente incorrecta. La frente demasiado pequeña, los brazos demasiado largos y uno más corto que el otro.
El Sudario de Turín es un flagrante fraude, un engañabobos con ánimo de lucro que se ya se denunció en su tiempo. Se creó para atraer crédulos a la pequeña iglesia de Lirey donde lo sacaron.
