Shurrelato El Aliento de la Güixa Mayor. +Terror

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En el corazón del Pirineo Aragonés, cerca del pueblo de Villanúa, se esconde la Cueva de las Güixas, un laberinto de estalactitas y estalagmitas que la leyenda dice que no fue tallado por el agua, sino por el tiempo y la maldad. Durante siglos, fue el lugar de reunión de las brujas del Alto Aragón, conocidas como güixas, que celebraban sus aquelarres bajo la tierra.

Pero la leyenda más oscura no habla de las reuniones, sino de su líder: Agnés de la Peña, la Güixa Mayor.


Agnés no era una simple hechicera; era una fuerza de la naturaleza, una mujer que había aprendido a manipular el frío y la piedra. Se dice que su poder residía en su aliento, capaz de congelar la vida y convertir la carne en una réplica de la roca calcárea de la cueva.

En el siglo XVII, un párroco de Villanúa, el Padre Damián, decidió poner fin a la tiranía de Agnés. Tras un largo estudio de los rituales de las brujas, descubrió que su poder estaba ligado a la propia cueva. En la noche de San Juan, mientras Agnés y su aquelarre celebraban, el Padre Damián se adentró en la gruta y, en la sala más profunda, conocida como la “Sala de la Columna”, clavó un crucifijo de hierro forjado en la roca viva.

El efecto fue inmediato y terrible. La cueva se estremeció. Las brujas huyeron despavoridas, pero Agnés, en el centro de su poder, quedó atrapada. El crucifijo no la mató, sino que la selló. Su cuerpo se fusionó con la gran columna de la sala, convirtiéndose en una parte más de la formación rocosa, pero su espíritu no murió.


La historia que se cuenta en Villanúa es la de El Aliento de la Güixa Mayor.

En el verano de 2008, un grupo de espeleólogos universitarios de Zaragoza, liderados por un joven llamado Miguel, se propuso explorar un conducto inexplorado en la Cueva de las Güixas. Habían oído la leyenda, pero la descartaron como folclore.

Tras horas de arrastrarse por pasajes estrechos, llegaron a una cámara pequeña y húmeda. El aire allí era antinaturalmente frío, un frío que dolía en los pulmones. En el centro, una formación rocosa se alzaba como un altar. Miguel la iluminó con su linterna. No era una estalagmita normal; tenía la forma inconfundible de una mujer encorvada, con los brazos alzados en un gesto de desesperación. Era la Columna de Agnés.

Mientras la observaban, el aire se movió. No era un simple tiro de aire; era un soplo helado que venía directamente de la roca. Era tan frío que el vaho de sus respiraciones se congeló instantáneamente en el aire, cayendo como diminutas partículas de hielo.

Uno de los espeleólogos, un chico llamado Pablo, se acercó demasiado a la columna. En ese momento, el soplo se intensificó. Miguel vio con horror cómo el rostro de Pablo, iluminado por la linterna, se cubría de una escarcha blanquecina. Pablo intentó gritar, pero el sonido se ahogó en su garganta.

En segundos, el proceso se completó. La piel de Pablo se volvió de un color gris pálido, su ropa se endureció y sus ojos, abiertos en un terror mudo, se transformaron en dos pozos de calcita brillante. Pablo no estaba muerto; estaba petrificado, convertido en una estatua de piedra en la misma postura de su horror.

Miguel y el resto del equipo huyeron, aterrorizados. Al salir, juraron que el aire de la cueva había cambiado. Ahora, en lugar de un simple frío, se sentía una presencia, un aliento.

Hoy, los guías de la Cueva de las Güixas advierten a los visitantes sobre la “Sala de la Columna” y el peligro de la corriente de aire. Pero lo que no dicen es que, a veces, en el silencio profundo de la gruta, se puede escuchar un leve y constante raspar de uñas contra la piedra. Es Agnés de la Peña, la Güixa Mayor, intentando liberarse de su prisión de roca.

Y cada vez que un espeleólogo o un turista imprudente se acerca demasiado a la Columna, el Aliento de la Güixa Mayor se intensifica, buscando un nuevo cuerpo para su espíritu, una nueva víctima para añadir a su colección de estatuas de piedra en las profundidades del Pirineo. El frío de la cueva no es geológico; es la espera de una bruja.
 
Joer neno, cómo consigue tantas leyendas? 😃 Sigue sigue que no paren
 
Esto goele más a leyenda que otra cosa, habría que ver las fotos de la columna, hay algún desaparecido oficialmente?

De todas formas bien traído.


La zona cuenta con una rica tradición relacionada con la brujería. Podemos encontrar múltiples ejemplos en la toponimia local, como por ejemplo el Puntón de las Brujas, a cuyos pies se levanta la ermita de San Juan y San Pablo. De hecho, Tella cuenta con un museo de la brujería.
 
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