Se avecina tocho, pero os aseguro que es divertido.
Ahora viene lo que considero la etapa más rara y salvaje de mi vida sentimental.
Después de aquella traición, obviamente inmerecida, pasé olímpicamente de buscar pareja.
Tenía relaciones esporádicas cada mes, a veces cada semana. Rolletes de una noche con las que solo había sexo y ego, no podía confiar en absolutamente ninguna mujer pero seguía siendo un conquistador y, obviamente, me aficioné al placer.
No recuerdo muchos nombres, pero se me vienen a la mente bastantes intentos de traición y de esa subidita de ego que siempre han buscado las mujeres (niñatas).
Un día podía estar con la cama en una tía y al día siguiente con otra. Recuerdo en una ocasión que una chica me escribió un mensaje:
- Conan, ayer lo pasé estupendamente, pero lo nuestro no puede ser. Te lo digo ahora para no hacerte daño, sé que te gusto mucho y...
- ¿De quién es el mensaje? -Dice la chica desnuda en el otro lado de mi cama.
- Si te soy sincero no me acuerdo...
Pueden parecer fantasmadas, pero no encontraba otra manera de tratar al género opuesto, nunca recibí ni un feedback mínimamente humilde, todo era arrogancia y "sé que me deseas"; incluso cuando volvían arrastrándose, después de haberme portado mal, había despecho y orgullo en su tono.
Eso sí, cuanto más cabrón era, más éxito tenía:
- Oye, que he estado pensando en ti, sé que no fuiste muy bueno conmigo y no me lo merecía, porque soy una tía que vale mucho y (...) el caso es que estoy por Madrid y quiero que nos veamos.
Y así siguió la cosa durante, en realidad, poco tiempo; apenas seis meses, pero vaya si fueron intensos.
Una frase se repetía en mi cabeza continuamente: "que sí, lo que tú digas".
Porque cuando me contaban sus dramas y sus tonterías me saltaba la alarma ¡Y anda que no lo intentaban! Como algunos habrán podido averiguar, por mucha coraza que me ponga, en realidad tengo un fondo sensible; bastaba que lo olieran para que pensaran que podía ser una buena oreja donde desahogar sus culebrones.
- Ay, no sabes lo que me hizo Pepito el otro día, estoy destrozada.
- Vaya hombre, cuéntame...
(En la cama al día siguiente mientras me acaricia los hombros)
- La verdad que es un cabrón, porque no veas cómo me trat... ¡Eh! ¿A dónde vas? -Dice mientras me ve poniéndome la camisa.
- Donde no pueda oírte.
- ¡Eres un cabrón!
- Y tú una pésima amante...
- Emmm...
- Teniendo en cuenta lo vivido, para mí es un gran halago, gracias nena.
¿Por qué esta actitud? Sencillo, el mundo en el que vivía no me dejaba más alternativa:
Os voy a poner varios ejemplos.
1- Esta anécdota es interesante, la única vez que aguanté las movidas de una chavala en particular, bastante puñeteras y aburridas, ciertamente; pues fue por hacerle un favor a un amigo
A él le gustaba una tía, mucho. Así que me dio su contacto para que le vendiera bien. Lejos de intentar ligármela, yo con mis compadres soy generoso y nunca le arrebataría la ilusión, aunque ésta dependiera de una mujer, lo cual es una pésima idea.
Meses, repito, meses escuchando sus llantos y gilipolleces. Me ponía a jugar a Terra Juegos y dejaba el skype abierto con ella contándome sus historias, a la hora de dejar de leer aún seguía escribiendo; echaba mucho de menos al cabrón de su ex novio y decía que tardaría años en liarse con otro.
Por mucho que yo vendí bien a mi amigo, ella no se interesó. Mi colega se hartó y con razón, perdiendo a su vez la ilusión por ella; le busqué otra amante. Si bien ella insistió en mantener la amistad conmigo.
Recuerdo perfectamente que un día, por ponerla a prueba, quedé con ella en persona y le di un beso en el cuello; lo cual hizo que gimiera y en público, le encantó. "¿Así que años, eh?". La chica no me interesaba ni para una noche siendo tan extremadamente falsa, así que no pasó de ahí.
Un día volvía jodido de la universidad y me dije "oye, ella ha estado durante meses contándome sus mierdas, por una vez que desahogue yo mis problemas...". Iluso de mí, que cuando intenté perdirle consejo contestó con un tímido "vale" y trató de volver a relatarme su basura: la bloqueé de inmediato.
2- Otra que recuerdo: era fea con avaricia, bajita, con mucho acné, pelo graso... ¿Podéis creeros que también intentó subirse el ego a mi costa?
Era la novia de un vago amigo al que conocí por una de mis mas antiguas compañeras de fiesta. Desde que me conoció no paró de escribirme, vía sms, que por aquel entonces costaban bastante saldo.
Desde que me conoció me fue contando los problemas que tenía con este sujeto. Yo pasaba, claro. Hasta que me dijo que tenía dudas, pues yo también le gustaba.
Como un caballero, cosa rara en mi durante esta etapa, le dije que me sentía halagado pero no podía ser, yo no voy arrebatándole la novia a los demás.
Como una especie de estrafalaria venganza empezó a escribirme más a menudo y a contarme problemas y más problemas de este novio. Por mucho que la ignoraba ella continuaba. Tuve que ponerme firme.
- Oye Conan ¿Quedamos para comer hoy? Tengo que contarte más cosas.
- No gracias, tengo mucho que estudiar.
- Estupendo, quedamos a las 15 en el centro comercial.
(Esto fue una patada a mi orgullo, aborrezco que me intenten tomar el pelo)
- Te he dicho que no, déjame en paz.
- ¿Cómo te atreves? ¡Vete a la mierda! No me esperaba esto de ti ¿No ves que tengo problemas con mi padre y...?
Borré el mensaje sin terminar de leerlo.
3- Un amigo me presentó a una chavala que decía estar interesada en mi. Perfecto, quedamos y, antes de darnos cuenta, nos estábamos liando en Plaza España. Pensé que se le había caído una muela cuando noté el piercing de su lengua.
Después de eso, la muy loca, durante sus vacaciones en Madrid, pretendía que alquiláramos un piso y estuviéramos juntos, a lo que me negué.
Menudas broncas me echó... Y por teléfono. Recuerdo que jugaba a la PSP mientras tenía puesto el manos libres e iba soltando de vez en cuando un "no era eso lo que pretendía" o "vaya, lamento haberte hecho sentir mal", "debo reconocer que fui frío"...
En el fondo mi mente estaba "que sí, venga, venga ya, veeeenga, hala, que sí...".
Un día, todo despechada, me dijo en un mensaje "que sepas que ahora tengo novio". Lo cierto es que me partí de risa mientras le daba la enhorabuena.
Parece divertido, a su manera lo es, pero a la larga estos eventos me causaron más de un problema; porque cuando una amiga de verdad, intentaba que la ayudara con un problema tenía que hacer un esfuerzo realmente grande para terminar de escucharla. Mi cerebro desconectaba a la mínima y se centraba en sexo y más sexo.
A veces, por puro desahogo, después de unas cañas con mis colegas, donde inevitablemente salían a la luz los problemas, tenía que llamar a una de mis amantes habituales y desahogarme; no siempre lo conseguía, no soy tan irresistible, pero muchas veces tenía éxito, para hacer borrón y cuenta nueva.
Fuera como fuese, aunque conseguí dejar atrás los oscuros eventos de las mujeres de las que sí me enamoré, acabé muy harto de mi fachada de cabrón. Llega un momento en que ni el más intenso de los placeres carnales compensa llevar esa máscara, esa fachada.
Resumen: mi época de cabrón. Cuando más cabrón era más éxito tenía; y cuando intentaba dejar de serlo, me intentaban hacer alguna putada, por lo que se me pasaban las ganas de volver a ser un chico bueno. Un círculo vicioso.