Como todo en este mundo, hace falta sentido común.
Las relaciones con los bancos en lo relacionado con los créditos, son cíclicas.
Recuerdo mi primera hipoteca, en la que ir a un banco a pedir un préstamo era como el delincuente que iba a cometer un atraco.
Años después, pasamos al otro extremo, y te llamaban a todas horas para comunicarte que habías sido seleccionado para poder disfrutar de un crédito en unas condiciones inmejorables, casi como si hubieras sido el agraciado en un sorteo de la tómbola del pueblo. En estos años en los que el acceso al dinero era tan "fácil", mucha gente comenzó a vivir por encima de sus posibilidades, y los resultados fueron dramáticos, afectando ruinosamente a los deudores e incluso a sus familiares (avales).
Siempre que he aspirado a algo, hasta que no he tenido el dinero para poderlo comprar, me he quedado con las ganas. No entiendo la gente que se va de vacaciones y luego se pasa el año siguiente pagando lo ya disfrutado...
En este último punto, hago una salvedad, el tema de la vivienda, para lo que si he recurrido a hipotecarme, pero siempre con piés de plomo y poniéndome en la posibilidad de contemplar como posible, el peor escenario.