Que disfruten del voto dado...
La cosa es que esto no puede responderse por el resultado de unas elecciones concretas y ademas también afecta a quienes no votan, ya sea por desafección, hartazgo o convicción. Reducirlo todo a una decisión individual en las urnas ignora que hay dinámicas más profundas que atraviesan gobiernos, partidos y legislaturas. Creo que el desmantelamiento progresivo del estado de bienestar no es un fenómeno aislado ni exclusivo de un país, en este caso España o cualquiera de sus autonomías. Se observa con distintos ritmos e intensidades, en buena parte del mundo. Responde a una lógica en la que lo público pierde peso frente a lo privado, y donde servicios esenciales como la sanidad dejan de entenderse como derechos garantizados para convertirse, poco a poco, en espacios de negocio o en prestaciones cada vez más limitadas.
La precariedad no es solo una consecuencia, sino también una herramienta. Cuanto más inestable es la situación material de la población, más difícil resulta organizarse, exigir y defender derechos. La dependencia aumenta, y con ella la capacidad de aceptar condiciones que en otro escenario serían inasumibles.
Por eso creo, aunque me cueste a veces, que reducir el debate a "lo que se ha votado" no solo es impreciso, sino que desvía la atención de procesos más estructurales, que es precisamente lo que pretenden, todos los agentes politicos al servicio,sin excepcion, de otros interese al margen del bienestar de la poblacion. Este problema no se agota en una sigla ni en un ciclo electoral, sino en una tendencia más amplia que va a requerir una respuesta por parte de la ciudadanía que parece claro que no sabe ni por donde le da el aire.