Ocio Descubriendo la fauna prehistórica, de animal en animal

LA GRAN MORTANDAD
Extinción Masiva del Pérmico-Triásico (P-T)


La mayor extinción que ha sufrido nuestro planeta, sucedió entre los períodos Pérmico y Triásico, dando fin a la Era Paleozoica y comenzando así la Era Mesozoica.
Desaparecieron aproximadamente el 90% de las especies marinas y el 70% de los vertebrados terrestres, incluyendo todos los tipos de trilobites, y muchísimos órdenes taxonómicos de corales. En tierra, los que más prosperaron fueron los dinosauromorfos (faltaban 10 Ma hasta el primer dinosaurio como tal) y los proto-mamíferos, especialmente los terápsidos.
Normalmente se tiende a pensar que este tipo de extinciones son rápidas, pero en este caso fue un proceso que duró más de un millón de años, entre hace 252,3 y 251,4 Ma.

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Vamos a examinar las causas.
Por un lado hay evidencias de fuerte vulcanismo en esa época en el norte del planeta, lo que sería posteriormente Siberia, emitiendo muchos metales pesados como el mercurio, afectando especialmente a las aguas poco profundas, y una cantidad considerable de dióxido de carbono que aumentó la ya cálida temperatura de la Tierra en 5ºC.
Este calentamiento desencadenó el descongelamiento y evaporación de los grandes depósitos de hidratos de metano de las profundidades oceánicas, aumentando la temperatura golbal hasta 5ºC más, y sulfuro de hidrógeno, muy tóxico tanto disuelto en el mar como la atmósfera.
Se hipotetiza la coincidencia con un gran asteroide de 48 km de diámetro que impactó en el Oeste de lo que hoy es la Antártida, muy cerca de la falla que la unía a Australia. Este asteroide habría sido 80 veces más masivo que el de Yucatán, con una potencia de impacto de hasta cien veces superior y un diámetro de 500 km de cráter. Sin embargo, la datación no es concluyente.

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No obstante, la causa más importante de esta extinción fue la geografía en sí misma.
Todas las masas continentales estaban a punto de formar Pangea, y lo que vemos de color azul claro, las aguas superficiales, eran zonas bajas inundadas por el calentamiento global.

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Los problemas de esta distribución geográfica para la vida son dos.

El primero, es la lejanía de la mayor parte de la tierra emergida de las masas oceánicas, no llegando nunca las lluvias fuera cual fuese su latitud. Un ejemplo a día de hoy lo tenemos en el Desierto de Gobi, provocado por su distancia a más de 1.500 km de las masa de agua más cercana.
Las nubes precipitan mucho antes de llegar a esos lugares y, en aquella época, el 90% de las tierras emergidas se encontraban en esa situación, creando un super-continente desierto donde sólo llovía en los primeros cientos de kilómetros de costa.

El segundo problema es más complejo, y tiene que ver con las corrientes oceánicas.
Los dos hemisferios de la tierra estaban prácticamente incomunicados por vía marítima, bloqueados de polo a polo, una versión gigante del actual continente americano.
Por el Efecto Coriolis, las corrientes marítimas circulan siempre de este a oeste hasta encontrar un gran obstáculo, y sin mayor paso que las aguas superficiales del norte, los océanos quedaron estancados, sin poder repartir adecuadamente la temperatura y los nutrientes.
No fue hasta finales del Triásico, hace unos 201 Ma, que el Océano de Tetis comenzó a ensancharse, permitiendo otra vez el curso normal de las corrientes marinas.

La extinción de las especies fue por cuestiones adaptativas y a lo largo de cientos de miles de años.
Según iban desertizándose las zonas habitables, los animales migraban al mismo ritmo, arrinconándolos en zonas cada vez más pequeñas y concurridas. Los animales más adaptados para saciar sus necesidades prosperaban, mientras que los demás iban disminuyendo en su número a cada generación hasta desaparecer.
Es decir, no se mataban entre ellos ni fueron comidos por el fuego.
Simplemente fue un cuello de botella evolutivo. Fue en esta época cuando los dinosauromorfos se adaptaron gradualmente a no orinar, para no perder agua en su organismo, motivo por el que los dinosaurios actuales (las aves) no mean. Los tamaños pequeños también ayudaron, como en todas grandes extinciones.

En general, fue una extinción paulatina multicausal.
En adelante, conoceremos qué animales se adaptaron mejor y dejaron su linaje para esta nueva Era Mesozoica.
 
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El hilo continúa, la vida vuelve a su cauce
 
NYASASAURUS PARRINGTONI

Han pasado ocho millones de años desde la mayor extinción masiva que ha conocido la Tierra, y la vida continúa luchando por prosperar.
Los animales más exitosos en esta árida Pangea son pequeños, siendo el Nyasasaurus uno de los más grandes. Vivió en lo que mucho después sería África, con entre dos y tres metros de longitud de la cabeza a la cola.
Se desconocen sus hábitos alimentarios por falta de evidencia fósil aunque, como la mayoría de los animales de aquella época, se cree que era un oportunista: carroña, crías desprevenidas, insectos..., cualquier fuente de grasa y proteína era bienvenida.

Este amniota vivió hace 243 millones de años, lo que lo convierte en una de las especies de vertebrados del Triásico más antiguas conocidas.
Hay debate en su clasificación taxonónomica, pues no se sabe a ciencia cierta si se puede calificar como dinosaurio por la falta de evidencia fósil. Sin embargo, hay consenso total en que, como mínimo, fue en un eslabón entre los dinosauriformes más antiguos y los dinosaurios posteriores.

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Me reitero, hilo de divulgación MUY bueno, a ver si le cae una bolita...
 
PROTEROSUCHUS

El Proterosuchus es un género extinto de arcosaurios que vivió durante el Triásico, aproximadamente entre hace 250 y 245 Ma. Este amniota es considerado uno de los primeros miembros de la línea evolutiva que conduciría a los cocodrilos modernos, lo que le confiere una notable importancia taxonómica en el estudio de la evolución de los arcosaurios.

El Proterosuchus alcanzaba un tamaño de entre 2 y 3 metros de longitud, con un cuerpo esbelto y patas relativamente largas, adaptadas para una vida semiacuática. Su hábitat incluía ríos y pantanos, donde podía moverse tanto en tierra como en agua. Su dieta se componía principalmente de peces y otros pequeños animales acuáticos, lo que refleja su adaptación a un estilo de vida depredador en ambientes acuáticos. Esta combinación de características lo convierte en un eslabón crucial en la historia evolutiva de los diápsidos.

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LYSTROSAURUS

Fue un sinápsido que vivió a finales del Pérmico y principios del Triásico, hace entre 252 y 248 Ma, en lo que hoy son los continentes de la Antártida, África y Asia. Es especialmente importante desde un punto de vista taxonómico por ser uno de los pocos géneros que sobrevivieron a la extinción masiva del Pérmico-Triásico. Su supervivencia y posterior proliferación lo convirtieron en uno de los vertebrados terrestres más comunes de su época.

El Lystrosaurus era de tamaño pequeño, de entre 60 y 100 centímetros de longitud. Tenía un cuerpo robusto con patas cortas, adaptado para excavar. Se ignora si habían desarrollado glándulas mamarias y algo de pelo. Su hábitat abarcaba áreas de pantanos y llanuras inundadas. Era un herbívoro, alimentándose principalmente de plantas bajas y raíces, que probablemente extraía del suelo con su poderoso pico. Su éxito evolutivo tras la extinción masiva es clave para entender la repoblación de la Tierra durante el Triásico.

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LYSTROSAURUS

Fue un sinápsido que vivió a finales del Pérmico y principios del Triásico, hace entre 252 y 248 Ma, en lo que hoy son los continentes de la Antártida, África y Asia. Es especialmente importante desde un punto de vista taxonómico por ser uno de los pocos géneros que sobrevivieron a la extinción masiva del Pérmico-Triásico. Su supervivencia y posterior proliferación lo convirtieron en uno de los vertebrados terrestres más comunes de su época.

El Lystrosaurus era de tamaño pequeño, de entre 60 y 100 centímetros de longitud. Tenía un cuerpo robusto con patas cortas, adaptado para excavar. Se ignora si habían desarrollado glándulas mamarias y algo de pelo. Su hábitat abarcaba áreas de pantanos y llanuras inundadas. Era un herbívoro, alimentándose principalmente de plantas bajas y raíces, que probablemente extraía del suelo con su poderoso pico. Su éxito evolutivo tras la extinción masiva es clave para entender la repoblación de la Tierra durante el Triásico.

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Parece un tejon antiguo
 
THRINAXODON

Fue un cinodonte que vivió durante el Triásico temprano, entre hace aproximadamente 252 y 247 Ma. Se han encontrado fósiles de este animal principalmente en lo que hoy es Sudáfrica y la Antártida, áreas que formaban parte del sur de Pangea.

Con un tamaño de unos 50 cm de largo, el Thrinaxodon era pequeño, con un cuerpo alargado y patas cortas. Su hábitat incluía madrigueras, lo que indica que probablemente vivía en regiones semidesérticas o de sabana. Era un carnívoro que se alimentaba de pequeños animales, como insectos y vertebrados pequeños.
Fue uno de los primeros cinodontes, un grupo taxonónomico que es crucial en la evolución de los mamíferos.
Tenía dientes diferenciados, una postura más erguida en comparación a los sinápsidos más antiguos, estaba cubierto de pelo y, aunque todavía ponía huevos, daba de amamantar a sus crías.

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THRINAXODON

Fue un cinodonte que vivió durante el Triásico temprano, entre hace aproximadamente 252 y 247 Ma. Se han encontrado fósiles de este animal principalmente en lo que hoy es Sudáfrica y la Antártida, áreas que formaban parte del sur de Pangea.

Con un tamaño de unos 50 cm de largo, el Thrinaxodon era pequeño, con un cuerpo alargado y patas cortas. Su hábitat incluía madrigueras, lo que indica que probablemente vivía en regiones semidesérticas o de sabana. Era un carnívoro que se alimentaba de pequeños animales, como insectos y vertebrados pequeños.
Fue uno de los primeros cinodontes, un grupo taxonónomico que es crucial en la evolución de los mamíferos.
Tenía dientes diferenciados, una postura más erguida en comparación a los sinápsidos más antiguos, estaba cubierto de pelo y, aunque todavía ponía huevos, daba de amamantar a sus crías.

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Una nutria tochaca
 
UTATSUSAURUS

Fue un ictiosaurio primitivo que vivió a principios del Triásico, hace aproximadamente entre 248 y 245 Ma. Sus fósiles han sido descubiertos principalmente en Japón, en la región de Utatsu, lo que le da su nombre, aunque también se han hallado restos en Canadá, por lo que vivió en los pequeños mares del norte de Pangea.
Es uno de los ictiosaurios más antiguos conocidos, lo que lo hace importante para comprender los orígenes de este grupo taxonónomico.

El Utatsusaurus era un animal relativamente pequeño, con una longitud de aproximadamente 2.5 metros. Su cuerpo era alargado, con aletas y una cola adaptada para nadar, lo que indica un estilo de vida completamente acuático. Vivía en mares poco profundos, donde se alimentaba de peces y cefalópodos, siendo un carnívoro marino.
Desde el punto de vista taxonómico y evolutivo, el Utatsusaurus es crucial porque representa una etapa temprana en la evolución de los ictiosaurios, un grupo de amniotas marinos que se diversificaría ampliamente durante el Mesozoico. Es el primer ejemplo de cómo los vertebrados terrestres volvieron al agua y se adaptaron a un entorno marino, dando lugar a los grandes ictiosaurios del Jurásico y Cretácico.

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Sus restos fósiles tuvieron que ser radiografiados en 3D y ensamblados informáticamente.
 
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HYPERODAPEDON

Este amniota vivió entre hace 240 y 210 Ma. Sus fósiles han sido encontrados en varios continentes, incluyendo Sudamérica, África, Europa, y la India, lo que refleja su amplia distribución en el supercontinente Pangea.
Alcanzaba un tamaño de alrededor de 1,3 metros de longitud. Era robusto, con un cuerpo ancho y extremidades adaptadas para moverse en tierra firme.
Herbívoro, especializado en comer plantas del tipo Dicroidium (helechos primitivos), que arrancaba del suelo con su mandíbula fuerte y en forma de pico.
Su hábitat incluía ambientes semiáridos y llanuras, donde predominaban las coníferas y plantas bajas.

Taxonómicamente, pertenece al grupo de los rincosaurios, del orden de los arcosaurios (tortugas, cocodrilos, dinosaurios). Su importancia radica en que fue uno de los herbívoros más exitosos y comunes del Triásico. Evolutivamente, es relevante porque representa un ejemplo de la diversificación de los amniotas antes del auge de los dinosaurios. Además, su extinción al final del Triásico refleja los cambios ambientales y ecológicos previos a la radiación de los dinosaurios en el Jurásico.

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PARAPLACODUS

Sauropterigio marino que vivió durante el Triásico Medio, hace aproximadamente 245 Ma, en lo que hoy es Europa, especialmente en áreas que antes eran aguas superficiales de un primitivo Mar de Tethis.
Pertenecía al grupo taxonónomico de los placodontos, un grupo de amniotas marinos conocidos por sus cuerpos robustos y adaptaciones para la vida en el agua.

El Paraplacodus tenía un cuerpo relativamente pequeño, de un máximo de 2 metros de longitud. Su cuerpo era ancho y pesado, con extremidades adaptadas para nadar, y su cráneo era fuerte, con mandíbulas equipadas con dientes especializados. Estos dientes, en forma de muelas, estaban diseñados para triturar conchas duras de moluscos y otros invertebrados marinos, su principal dieta.
Es importante por ser uno de los primeros placodontos conocidos. Su interés evolutivo radica en sus adaptaciones al medio marino, ya que sus dientes trituradores muestran una clara especialización para la alimentación en ambientes de arrecifes y zonas costeras.

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NOTHOSAURUS

Diápsido semiacuático que vivió durante el Triásico medio, entre hace 242 y 220 Ma. Sus fósiles se han encontrado en diversas partes de Europa, incluyendo Alemania, Suiza y Francia, así como en regiones de China y Tíbet, lo que supone que nadaba en el norte del Mar de Thetis.

Tenía una longitud de 3 a 4 metros. Su anatomía presentaba un cuerpo alargado, un cuello largo y una cabeza con dientes afilados, adaptados para cazar presas.
El Nothosaurus habitaba ambientes costeros y mares poco profundos, donde probablemente cazaba peces, cefalópodos y otros invertebrados. Sus adaptaciones tanto acuáticas como terrestres le permitían moverse con agilidad en el agua y en la tierra, lo que lo hacía un cazador eficaz.
Se considera parte de la línea evolutiva que condujo a los posteriores plesiosaurios.

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PISTOSAURUS

Este saurópsido vivió durante el Triásico Medio, entre hace aproximadamente 240 y 228 Ma. Nadó en el norte del Mar de Thetis, lo que hoy es el centro de Europa.

Pertenece al orden taxonónomico de los pistosaurios, un clado muy cercano a los plesiosaurios, a medio camino entre el Nothosaurus (post anterior) y los plesiosaurios del Jurásico.
Además, es uno de los saurios más antiguos que ya había desarrollado aletas en las patas, ya que los anteriores todavía tenían garras palmadas (sin contar ictiosaurios).
Alcanzaba un tamaño de alrededor de 3 metros de longitud y tenía un cuerpo adaptado para la vida acuática, con aletas en lugar de patas, un cuello relativamente largo y una cabeza con dientes afilados, ideales para atrapar peces y cefalópodos, su principal dieta.
El hábitat del Pistosaurus incluía mares cálidos y poco profundos, donde se movía con agilidad, gracias a sus adaptaciones tanto para nadar como para bucear.

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TICINOSUCHUS

Vivió hace aproximadamente 235 Ma, en el centro de Europa, lo que en el Triásico Medio era el noreste de Pangea.
Este saurópsido es clasificado dentro del orden taxonónomico de los rauisuquios, un grupo primitivo de amniotas que se considera un antecesor de los cocodrilomorfos del Triásico tardío y los posteriores cocodrilos de mediados del Cretácico.

El Ticinosuchus era un depredador de tamaño medio, con una longitud de alrededor de 3 metros.
Tenía un cuerpo largo y musculoso, cubierto de placas óseas a lo largo de su espalda, lo que le proporcionaba protección.
Poseía patas fuertes y una postura semierguida, lo que le daba agilidad para moverse rápidamente en su entorno. Su cráneo alargado, con dientes afilados y curvados, lo convertía en un claro carnívoro, probablemente cazando otros reptiles y pequeños vertebrados.
Era terrestre, habitando en zonas boscosas y cercanas a cuerpos de agua.

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