Titovic
Shurmano Infinite
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Después de once trabajos épicos, parecía que Heracles ya lo había hecho todo: mató monstruos, atrapó bestias imposibles y hasta limpió unos establos que llevaban años sin ver agua. Pero su último desafío sería el más extremo de todos. Tenía que ir al Inframundo y capturar a Cerbero, el temible perro de tres cabezas que custodiaba la entrada al reino de Hades.
Euristeo, el rey cobarde que le daba estas tareas, estaba convencido de que esta vez Heracles no regresaría. ¿Bajar al mundo de los muertos y volver? Eso no lo hacía cualquiera. Pero claro, Heracles no era un mindundi.
Para encontrar una entrada al Inframundo, Heracles se dirigió a Tenearo, donde había una cueva que servía de portal al mundo de Hades. Antes de bajar, decidió prepararse bien. Hermes, el dios mensajero que tenía acceso al Inframundo, lo guió en el camino y Atenea, como siempre, le dio su protección. También aprendió algunos rituales con Demeter para no cabrear a los dioses del inframundo, porque ya bastante difícil era la tarea como para hacer enemigos en el proceso.
El Inframundo no era precisamente un lugar acogedor. Allí, Heracles vio almas vagando sin rumbo y algunos rostros conocidos. Incluso se cruzó con Meleagro, un antiguo héroe ( el héroe atado al fuego tiene un mito muy bueno ) y con Medusa, aunque por suerte ya estaba petrificada. Finalmente, llegó al palacio de Hades y Perséfone, los reyes de los muertos.
En lugar de sacar la maza y liarse a golpes, Heracles decidió usar la diplomacia (raro en él) y pidió permiso para llevarse al monstruoso can. Hades, sorprendido por la petición, aceptó... pero puso una condición: Heracles solo debía capturarlo sin usar armas y utilizar solo el cuerpo a cuerpo.
Cerbero no era cualquier perro guardián. Tenía tres cabzas enormes, una melena llena de serpientes y una cola con un aguijón venenoso. Además, su mirada podía hacer temblar a cualquiera. Heracles, sin miedo, se lanzó sobre él y comenzó un combate brutal.
Esquivó los mordiscos y los latigazos de su cola. Lo sujeto con su fuerza sobrehumana, apretando alrededor de sus cuellos y el perro gruñía, mordía y se retorcía, pero poco a poco fue cediendo ante la fuerza inhumana del héroe. Después de una dura pelea, Heracles consiguió someter a la bestia y comenzó su regreso al mundo de los vivos.
Llevar a Cerbero fuera del Inframundo fue complicado. La criatura luchaba y gruñía, pero Heracles no lo soltó. Cuando finalmente emergió de la cueva con el perro infernal a cuestas, la gente que lo vio salió corriendo aterrorizada.
Al llegar ante Euristeo, el rey se quedó pálido. No se lo esperaba para nada. Y, como ya era costumbre, hizo lo que mejor sabía hacer cuando se asustaba: Se escondió en su vasija de bronce preferida jaja. Desde su escondite, le gritó a Heracles que se llevara de vuelta a esa cosa infernal lo antres posible. Heracles, con una sonrisa, obedeció. Llevó a Cerbero de vuelta al Inframundo, liberándolo en su hogar y completando así su último trabajo.
Con esta última hazaña, Heracles quedo libre de sus pecados y pudo seguir su propio destino. Pero su historia no terminó aquí…
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Aunque no participe mucho, siempre los leo