Cultura AtiLa Rey de los Hunos

Sir Connor

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Atila nació aproximadamente en el año 395 y era hijo de Mundiuco (Mundzuk), hermano del rey huno Rugila. Al morir Mundiuco, Bleda que tenía diez años, y su hermano menor Etil o Atila, con seis, fueron acogidos por su tío Rugila, quién debido a la muerte de su otro hermano Oktar, se convirtió, allá por el año 415, en el soberano de los hunos occidentales.

Atila y Bleda fueron enviados a Roma para perfeccionar la lengua latina (que ya les habían enseñado los rehenes) y aprender la historia, costumbres y todo lo relacionado con los romanos y su Imperio. Atila partió con 13 años y volvió con 17. Esta era una costumbre muy extendida como forma de hacer una alianza más sólida. Los países en conflicto enviaban a uno o varios miembros de su aristocracia, para ser acogidos como “rehén amistoso” en la corte del país rival. De esta manera Atila aprendió un perfecto latín, nociones de griego e incluso leyes y administración, lo cual le fue muy útil, cuando años más tarde fuera proclamado rey de los hunos. Fue entonces cuando conoció al joven romano Aecio, que posteriormente sería un rehén amistoso en la corte del rey huno, Rugila. Atila se convertiría en el líder más importante de los hunos.

Rugila, viendo las dotes diplomáticas de su sobrino menor, mandó a Atila a negociar con los chinos, que no habían olvidado los intentos del pueblo huno de penetrarles y últimamente habían intentado saquear diversos asentamientos hunos del centro de Asia. Atila logró establecer la paz.

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Las primeras operaciones de Atila se produjeron en Armenia, donde luchó contra los sasánidas, que tras cinco años lo derrotaron. Entonces, volvió al oeste y atacó la frontera norte del Imperio romano.

En el año 434 Atila y su hermano Bleda quedaron al mando de las tribus hunas tras la muerte de su tío el rey Rugila, que las había unificado en torno al año 432. Se repartieron los territorios pero manteniendo el Imperio como principal entidad.

Se sabe que Bleda se entregó por completo a la buena vida, mientras que Atila se dedicaba a los aspectos de gobierno.

Ese mismo año ocurrieron muchas cosas significativas para el pueblo huno, siendo una de ellas el fallecimiento de Bleda. La causa de su muerte es un misterio; existen diferentes creencias, una de las cuales afirma que un oso se abalanzó sobre él mientras cazaba causándole la muerte; otra dice que fue su hermano Etil, asustado por perder parte del trono, quien lo asesinó.
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Campañas de Atila
Hacia el 383/4,Valentiniano II ya había contratado a hunos para atacar a los alamanes cerca de la frontera del Rin y parece que también usó hunos durante su campaña contra Máximo en el 388. Tanto Estilicón como su rival Rufino, prefecto del pretorio de Oriente, se rodearon de una guardia personal de soldados hunos. Y Aecio fue aún más lejos: en el 436 cuando los burgundios (pueblo germano foederati en el Rin central) aprovechando los incidentes creados por los bagaudas entraron en el Rin inferior, cimentó la defensa del Imperio en la alianza con los hunos. El apoyo prestado al Imperio de Occidente se basaba en la amistad personal entre Aecio y los hunos, pero este apoyo no fue desinteresado y la Panonia fue el precio a pagar. Con estos aliados pudo Aecio mantener la soberanía romana al oeste del Rin, y los grandes dominios señoriales galo-romanos fueron protegidos de las invasiones exteriores y de las rebeliones de las bagaudas.

Constantinopla también aceptó y firmó un acuerdo con los hunos llamado tratado de Margus, que concedió a los hunos, entre otras cosas, derechos de comercio y un tributo anual que debían pagar los romanos. Con la frontera del sur protegida por el tratado, los hunos pudieron desviar toda su atención a las tribus del este. Pero en el 439 acusaron a los bizantinos de romper el acuerdo después de que el obispo de Margus (cerca de la actual Belgrado) cruzara el Danubio para profanar y saquear las tumbas reales hunas que había en su orilla norte.

Como respuesta, Atila y Bleda en el 440 aprovecharon que los bizantinos estaban mandando tropas al norte de África, para mantener a raya a los vándalos de Genserico que amenazaban continuamente sus comunicaciones marítimas; cruzaron el Danubio y saquearon varias ciudades romanas, empezando por Margus. Cuando los romanos estaban debatiendo la posibilidad de entregar al obispo acusado de la profanación, este huyó en secreto a los bárbaros y les entregó la ciudad, y después saquearon las ciudades ribereñas de Singidunum (Belgrado) y Viminacium (Kostolac). Esta fulminante campaña obligó a Teodosio a abandonar el proyectado ataque a Genserico y consiguió la paz entregando una indemnización y triplicando los tributos.


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Jinetes hunos atacando al ejército romano siglo V. Autor Christian Jégou.
En el 442 se convino una tregua, pero Atila aprovechando esta vez la invasión de Armenia por el sasánida Yazdegerd II en el 441, y como consecuencia había retirado tropas de los limes; se decidió atacar de nuevo. La excusa fue que Teodosio había rehusado entregar a Atila los fugitivos que este reclamaba. Al año siguiente 443 Atila ocupó Raitaria (Anzar Palanka), capital de la provincia de Dacia Ripensis y base de la flota romana del Danubio, asegurándose de esta forma su retaguardia. Después avanzó por el valle del Margus (Morava) asediando Naissus (Nis), que ocuparon después de utilizar armas de asedio como torres de asedio y arietes, tecnología militar novedosa para ellos.

Después ascendió por el valle del río Nischava y destruyó Sardica (Sofía) y Filópolis. Rebasó Adrianópolis y Heraclea que estaban demasiado fortificadas y se acercó a Constantinopla. Allí derrotó a un ejército de Teodosio al mando de Aspar (que curiosamente era alano) en la batalla de Quersoneso, llegando ante las murallas de Constantinopla que no pudieron superar. El emperador Teodosio, a través del cortesano Anatolio, negoció la paz en el otoño del 443, conocida como la Paz de Anatolio, por la que entregó los fugitivos, pagó los tributos atrasados que eran 6.000 libras romanas (unos 1.963 kilogramos) de oro como indemnización por haber faltado a los términos del pacto. El tributo anual se triplicó, alcanzando la cantidad de 2.100 libras romanas (unos 687 kilogramos) de oro, y el rescate por cada romano prisionero pasaba a ser de 12 sólidos.

Hunos saqueando y violando en un poblado en los Balcanes

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Atila rey de los hunos​

Bleda observaba que los guerreros hunos tenían una especial admiración por su hermano Atila, y, allá por el año 445; comenzó a exigirle que le proclamase como rey absoluto del Imperio huno, pero Atila no estaba por la labor.

Ese mismo año ocurrieron muchas cosas significativas para el pueblo huno, siendo una de ellas el fallecimiento de Bleda. La causa de su muerte es un misterio; existen diferentes creencias, una de las cuales afirma que un oso se abalanzó sobre él mientras cazaba causándole la muerte; otra dice que fue su hermano Etil, asustado por perder parte del trono, quien lo asesinó.

Atila se hizo con el poder absoluto sobre su pueblo y situó la corte en algún lugar cercano al río Tisza (en la actual Rumanía), estaba muy lejos del salvajismo que algunos romanos le atribuían. Así lo atestigua el historiador Prisco, que acudió como embajador a la corte del caudillo huno. Según su relato, el asentamiento huno disponía de fuertes murallas y bellos edificios de madera, así como un palacio con suelos cubiertos de alfombras.

Allí el monarca se rodeaba de su harén, de intérpretes de diversas lenguas y de sus fieles, vestidos con ricos ropajes. En los banquetes utilizaban vajillas de oro en contraste con los vestidos modestos y los utensilios de madera de su rey, un hombre afable y con gran sentido de la hospitalidad. Sin embargo, el historiador Jordanes, poco amigo de los hunos, describe a Atila como bajo de estatura, de ancho pecho y gruesa cabeza, con ojos minúsculos, escasa barba, cabellera erizada, nariz muy corta y tez oscura.

También le atribuye un buen gobierno, generosidad y una gran confianza en sí mismo, aumentada «con el descubrimiento de la espada de Marak (similar al dios Marte), que según el historiador Prisco fue descubierta en las siguientes circunstancias: “Cierto pastor descubrió que un ternero de su rebaño cojeaba y no fue capaz de encontrar la causa de la herida. Siguió ansiosamente el rastro de la sangre y halló al cabo una espada con la que el animal se había herido mientras pastaba en la hierba. La recogió y la llevó directamente a Atila. Éste se deleitó con el regalo y, siendo ambicioso, pensó que se le había destinado a ser señor de todo el mundo y que por medio de la Espada de Marak tenía garantizada la supremacía en todas las guerras”. Esta leyenda era un patrón de culto a la espada común entre todos los nómadas de las estepas de Asia Central, la espada que habían venerado siempre los reyes de los escitas y que se convirtió en el símbolo de su poder.
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Atila recibiendo tributos de China siglo V. Autor Angus McBride
Los hunos fueron también buenos colaboradores de los emperadores romanos. Intervinieron como mercenarios para reprimir las revueltas internas provocadas por los bagaudas y combatir a otros bárbaros, como los burgundios y los francos. Los más privilegiados formaban parte de la guardia personal de generales como Aecio, que había vivido un tiempo entre los hunos. Incluso Atila fue nombrado general honorífico de la Galia.

La colaboración militar con Roma, sin embargo, no era gratuita. Atila exigía fuertes tributos en oro a los emperadores en concepto de «compra de la paz» en las fronteras, tributos que no era fácil pagar. Además, los traidores hunos encontraron acogida en la corte romana. Todo ello determinó que el rey huno aumentara cada vez más sus exigencias e intentase desestabilizar a los romanos azuzando contra ellos a godos y vándalos, lo que suponía enfrentarse a la política de su aliado Aecio.

Mientras tanto Constantinopla sufría graves desastres, tanto naturales como causados por el hombre: sangrientos disturbios entre aficionados a las carreras de carros del hipódromo; epidemias en el 445 y 446, la segunda a continuación de una hambruna; y toda una serie de terremotos que duró cuatro meses, y destruyeron buena parte de las murallas y mató a miles de personas, ocasionando una nueva epidemia. Este último golpe tuvo lugar en el 447, justo cuando Atila, se había consolidado su poder.

Los años entre el 447 y el 450 vieron un continuo ir y venir de embajadas diplomáticas entre los hunos y Constantinopla, entre las que destaca la del año 449. En la comitiva figuraba el historiador Prisco de Panio, quien nos dejó una gran descripción de Atila, de quien nos dice que era “de corta estatura, ancho de espaldas, cabeza grande, ojos pequeños y hundidos, nariz achatada, cabello canoso, barba rala y tez aceitunada”. Estos rasgos, más mongólicos que hunos, los habría heredado de la alianza de sus antepasados con princesas chinas.

Prisco nos da una idea de la sobriedad de Atila a través de su narración del banquete celebrado durante la entrevista: “El sirviente de Atila entró primero con un plato lleno de carne, y detrás de él los otros sirvientes vinieron con pan y viandas que pusieron en las mesas. Una lujosa comida, servida en platos de plata, estaba lista para nosotros y los invitados bárbaros, pero Atila comió solo carne en un trinchante de madera. En todo lo demás se mostró mesurado, también; su copa era de madera, mientras a los invitados se les dieron copas de oro y plata. Su vestido, también, era bastante simple, notándose sólo por estar limpio. La espada que llevaba a su lado, las correas de su calzado escita y la brida de su caballo, no estaban adornadas, como aquellas de los otros Escitas, con oro o gemas o algo costoso. Cuando se hubieron consumido las viandas del primer plato, todos nos pusimos de pie, y no volvimos a nuestros asientos hasta que cada uno, en el orden antes observado, bebió a la salud de Atila en la copa de vino que le fue presentada”.

Cena en la corte de Atila rey de los hunos.
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A pesar de lo que la leyenda dice de él, Atila fue un político astuto que conocía el valor de la gentileza y la cortesía en la diplomacia, comía en cuencos de madera mientras sus invitados lo hacían en vajilla de oro y plata.
Uno de los miembros de la expedición, el intérprete Vigilio, llevaba la misión de conseguir por medio del soborno el asesinato de Atila. La conspiración fue descubierta por el propio sobornado, pero el khan no tomó ninguna represalia y despidió a los embajadores, y al mismo Vigilio, con abundantes regalos, y a continuación envió una embajada a Constantinopla con este mensaje: “Teodosio es hijo de ilustre y respetable linaje; igualmente Atila desciende de noble estirpe y ha mantenido con sus actos la dignidad heredada de su padre Mundziuch. Pero Teodosio ha faltado al honor de sus ascendientes y, al consentir en el pago de un tributo, se ha degradado hasta la condición de esclavo. Justo es, pues, que rinda acatamiento al hombre a quien mérito y fortuna han puesto por encima de él, en lugar de intentar, como esclavo perverso, conspirar clandestinamente contra su amo”.

Ante esto, el Emperador rápidamente mandó una embajada para aplacar la ira de Atila y para ello envió a Nomio y a Anatolio, dos ministros de rango consular, de los cuales uno era tesorero y el otro era maestre general de los ejércitos de Oriente. Atila accedió a entrevistarse con estos en las orillas del río Drenco, y aunque al principio se mostró autoritario, su enojo se apaciguó. Perdonó al emperador, se ratificó en el juramento de mantenerlas condiciones de paz, renunció a su proyecto de una vasta frontera desértica al sur del Danubio; y estipuló que si el gobierno imperial no acogía más desertores hunos Atila, se olvidaría de los que permanecían en territorio bizantino y devolvería sin rescate a la mayoría de los prisioneros romanos.

Este cambio sorprendente tenía su motivación. Atila quería asegurar la paz en la frontera del Danubio inferior porque preparaba una campaña contra el Imperio de Occidente. Esta decisión no era caprichosa, sino la consecuencia de una complicada mudanza diplomática. Hacía tiempo que el monarca vándalo Genserico incitaba a Atila contra los visigodos, la única fuerza militar importante en Occidente. El rey huno, que se había hecho nombrar, como tantos jefes bárbaros, magister militum del Imperio, pudo planear el aniquilamiento de los visigodos sin que esta campaña pareciese una amenaza para el gobierno de Rávena. Para los hunos, los visigodos que habían rehuido su soberanía en 376 atravesando el Danubio, eran súbditos fugitivos que merecían un castigo.

En el 447 Atila emprendió de nuevo una ofensiva contra Constantinopla. No se sabe el pretexto de la misma, pero habían ocurrido varios terremotos en la zona que había derribado las murallas de muchas ciudades, y Atila no desaprovechó la ocasión y partió de nuevo hacia el sur, entrando en el Imperio a través de Mesia.

El ejército romano, bajo el mando del magister militum godo Arnegisclo, le hizo frente en el río Utus (Vid), para cortarle el paso a Constantinopla. Aunque resultó derrotado ocasionó graves pérdidas al enemigo que no se dirigieron a la capital, sino que se dedicaron al pillaje a lo largo de los Balcanes, llegando incluso hasta las Termópilas, Atila decidió prudentemente retirarse. Constantinopla misma fue atacada y se salvó gracias a la intervención del prefecto Flavio Constantino, que organizó brigadas ciudadanas para reconstruir las murallas dañadas por los seísmos (en algunos lugares, tuvo que construir una nueva línea de fortificación delante de la antigua).



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Ataque de Atila a Constantinopla en el 447.


Después de una serie de terremotos que destruyeron las murallas de la ciudad, Atila atacó la ciudad que fue defendida por el prefecto Flavio Constantino que rechazó el ataque.
En el año 450 se descubrió un complot para asesinar a Atila en su corte, organizado por Teodosio II, el emperador de Oriente, y por Edeco, el embajador de los hunos en Constantinopla. Poco después, el sucesor de Teodosio, el militar tracio Marciano, se negó a seguir pagando a los hunos los tributos que se les debían. Atila decidió entonces lanzarse a la conquista de parte de las provincias de Occidente. Pero lo hizo valiéndose de un pretexto especial: reivindicar «el derecho de los hijos de un padre a su herencia«.

Además, se le presentó a Atila otro motivo: una querella de familia entre Valentiniano III y su hermana Honoria que contaba con 16 años. En el 434, esta había sido sorprendida manteniendo relaciones amorosas con un criado, este fue ejecutado y Honoria fue enviada junto a su madre que se encontraba en Constantinopla y prometida en matrimonio a un senador viejo de confianza Flavio Baso Herculano, para esconder la deshonra. Sin embargo, Honoria para no tener que casarse contra su voluntad, envió un mensaje a Atila ofreciéndose a casarse con él, y le envió su anillo como proposición de matrimonio. Atila no desperdició esta inesperada ocasión que le permitiría enlazar con la familia imperial y hacerse con toda la Galia (que correspondía a la dote de Honoria), por lo que exigió que se le entregase a Honoria para casarse y el reparto justo y equitativo del patrimonio imperial.

Sin embargo, la corte de Ravena rechazó tajantemente esa demanda. Honoria no podía casarse con Atila porque era esposa de un senador romano, y porque como mujer, no le correspondía la dignidad imperial.

Además, el rey de los francos había fallecido y sus hijos estaban enfrentados entre ellos por el liderazgo y los dos príncipes rivales pidieron ayuda el mayor a Atila y el menor a Aecio respectivamente. Por otro lado, el emperador de Oriente Teodosio II falleció el 26 de julio del 450, tras la caída de su caballo durante una cacería cerca del río Lycus, próximo a Constantinopla y murió dos días más tarde. Muerto Teodosio II el nuevo emperador de Oriente Marciano de Tracia, lo primero que hizo fue negarse a pagar el tributo anual. Tras el intercambio de embajadas, emperador Marciano dijo a los embajadores de Atila que “solamente tenía oro para los amigos del Imperio, y que para sus enemigos tenía hierro”. Atila sabía que era evidente la debilidad militar del Imperio de Occidente, pero era demasiado aventurado desafiar a la vez a los dos imperios. Decidió ir primero contra Occidente, así que reunió sus ejércitos de arqueros a caballo hunos, y sus aliados ostrogodos y gépidos, y se puso en marcha.
 
Atila nació aproximadamente en el año 395 y era hijo de Mundiuco (Mundzuk), hermano del rey huno Rugila. Al morir Mundiuco, Bleda que tenía diez años, y su hermano menor Etil o Atila, con seis, fueron acogidos por su tío Rugila, quién debido a la muerte de su otro hermano Oktar, se convirtió, allá por el año 415, en el soberano de los hunos occidentales.

Atila y Bleda fueron enviados a Roma para perfeccionar la lengua latina (que ya les habían enseñado los rehenes) y aprender la historia, costumbres y todo lo relacionado con los romanos y su Imperio. Atila partió con 13 años y volvió con 17. Esta era una costumbre muy extendida como forma de hacer una alianza más sólida. Los países en conflicto enviaban a uno o varios miembros de su aristocracia, para ser acogidos como “rehén amistoso” en la corte del país rival. De esta manera Atila aprendió un perfecto latín, nociones de griego e incluso leyes y administración, lo cual le fue muy útil, cuando años más tarde fuera proclamado rey de los hunos. Fue entonces cuando conoció al joven romano Aecio, que posteriormente sería un rehén amistoso en la corte del rey huno, Rugila. Atila se convertiría en el líder más importante de los hunos.

Rugila, viendo las dotes diplomáticas de su sobrino menor, mandó a Atila a negociar con los chinos, que no habían olvidado los intentos del pueblo huno de penetrarles y últimamente habían intentado saquear diversos asentamientos hunos del centro de Asia. Atila logró establecer la paz.

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Las primeras operaciones de Atila se produjeron en Armenia, donde luchó contra los sasánidas, que tras cinco años lo derrotaron. Entonces, volvió al oeste y atacó la frontera norte del Imperio romano.

En el año 434 Atila y su hermano Bleda quedaron al mando de las tribus hunas tras la muerte de su tío el rey Rugila, que las había unificado en torno al año 432. Se repartieron los territorios pero manteniendo el Imperio como principal entidad.

Se sabe que Bleda se entregó por completo a la buena vida, mientras que Atila se dedicaba a los aspectos de gobierno.

Ese mismo año ocurrieron muchas cosas significativas para el pueblo huno, siendo una de ellas el fallecimiento de Bleda. La causa de su muerte es un misterio; existen diferentes creencias, una de las cuales afirma que un oso se abalanzó sobre él mientras cazaba causándole la muerte; otra dice que fue su hermano Etil, asustado por perder parte del trono, quien lo asesinó.
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Campañas de Atila
Hacia el 383/4,Valentiniano II ya había contratado a hunos para atacar a los alamanes cerca de la frontera del Rin y parece que también usó hunos durante su campaña contra Máximo en el 388. Tanto Estilicón como su rival Rufino, prefecto del pretorio de Oriente, se rodearon de una guardia personal de soldados hunos. Y Aecio fue aún más lejos: en el 436 cuando los burgundios (pueblo germano foederati en el Rin central) aprovechando los incidentes creados por los bagaudas entraron en el Rin inferior, cimentó la defensa del Imperio en la alianza con los hunos. El apoyo prestado al Imperio de Occidente se basaba en la amistad personal entre Aecio y los hunos, pero este apoyo no fue desinteresado y la Panonia fue el precio a pagar. Con estos aliados pudo Aecio mantener la soberanía romana al oeste del Rin, y los grandes dominios señoriales galo-romanos fueron protegidos de las invasiones exteriores y de las rebeliones de las bagaudas.

Constantinopla también aceptó y firmó un acuerdo con los hunos llamado tratado de Margus, que concedió a los hunos, entre otras cosas, derechos de comercio y un tributo anual que debían pagar los romanos. Con la frontera del sur protegida por el tratado, los hunos pudieron desviar toda su atención a las tribus del este. Pero en el 439 acusaron a los bizantinos de romper el acuerdo después de que el obispo de Margus (cerca de la actual Belgrado) cruzara el Danubio para profanar y saquear las tumbas reales hunas que había en su orilla norte.

Como respuesta, Atila y Bleda en el 440 aprovecharon que los bizantinos estaban mandando tropas al norte de África, para mantener a raya a los vándalos de Genserico que amenazaban continuamente sus comunicaciones marítimas; cruzaron el Danubio y saquearon varias ciudades romanas, empezando por Margus. Cuando los romanos estaban debatiendo la posibilidad de entregar al obispo acusado de la profanación, este huyó en secreto a los bárbaros y les entregó la ciudad, y después saquearon las ciudades ribereñas de Singidunum (Belgrado) y Viminacium (Kostolac). Esta fulminante campaña obligó a Teodosio a abandonar el proyectado ataque a Genserico y consiguió la paz entregando una indemnización y triplicando los tributos.


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Jinetes hunos atacando al ejército romano siglo V. Autor Christian Jégou.
En el 442 se convino una tregua, pero Atila aprovechando esta vez la invasión de Armenia por el sasánida Yazdegerd II en el 441, y como consecuencia había retirado tropas de los limes; se decidió atacar de nuevo. La excusa fue que Teodosio había rehusado entregar a Atila los fugitivos que este reclamaba. Al año siguiente 443 Atila ocupó Raitaria (Anzar Palanka), capital de la provincia de Dacia Ripensis y base de la flota romana del Danubio, asegurándose de esta forma su retaguardia. Después avanzó por el valle del Margus (Morava) asediando Naissus (Nis), que ocuparon después de utilizar armas de asedio como torres de asedio y arietes, tecnología militar novedosa para ellos.

Después ascendió por el valle del río Nischava y destruyó Sardica (Sofía) y Filópolis. Rebasó Adrianópolis y Heraclea que estaban demasiado fortificadas y se acercó a Constantinopla. Allí derrotó a un ejército de Teodosio al mando de Aspar (que curiosamente era alano) en la batalla de Quersoneso, llegando ante las murallas de Constantinopla que no pudieron superar. El emperador Teodosio, a través del cortesano Anatolio, negoció la paz en el otoño del 443, conocida como la Paz de Anatolio, por la que entregó los fugitivos, pagó los tributos atrasados que eran 6.000 libras romanas (unos 1.963 kilogramos) de oro como indemnización por haber faltado a los términos del pacto. El tributo anual se triplicó, alcanzando la cantidad de 2.100 libras romanas (unos 687 kilogramos) de oro, y el rescate por cada romano prisionero pasaba a ser de 12 sólidos.

Hunos saqueando y violando en un poblado en los Balcanes

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Atila rey de los hunos​

Bleda observaba que los guerreros hunos tenían una especial admiración por su hermano Atila, y, allá por el año 445; comenzó a exigirle que le proclamase como rey absoluto del Imperio huno, pero Atila no estaba por la labor.

Ese mismo año ocurrieron muchas cosas significativas para el pueblo huno, siendo una de ellas el fallecimiento de Bleda. La causa de su muerte es un misterio; existen diferentes creencias, una de las cuales afirma que un oso se abalanzó sobre él mientras cazaba causándole la muerte; otra dice que fue su hermano Etil, asustado por perder parte del trono, quien lo asesinó.

Atila se hizo con el poder absoluto sobre su pueblo y situó la corte en algún lugar cercano al río Tisza (en la actual Rumanía), estaba muy lejos del salvajismo que algunos romanos le atribuían. Así lo atestigua el historiador Prisco, que acudió como embajador a la corte del caudillo huno. Según su relato, el asentamiento huno disponía de fuertes murallas y bellos edificios de madera, así como un palacio con suelos cubiertos de alfombras.

Allí el monarca se rodeaba de su harén, de intérpretes de diversas lenguas y de sus fieles, vestidos con ricos ropajes. En los banquetes utilizaban vajillas de oro en contraste con los vestidos modestos y los utensilios de madera de su rey, un hombre afable y con gran sentido de la hospitalidad. Sin embargo, el historiador Jordanes, poco amigo de los hunos, describe a Atila como bajo de estatura, de ancho pecho y gruesa cabeza, con ojos minúsculos, escasa barba, cabellera erizada, nariz muy corta y tez oscura.

También le atribuye un buen gobierno, generosidad y una gran confianza en sí mismo, aumentada «con el descubrimiento de la espada de Marak (similar al dios Marte), que según el historiador Prisco fue descubierta en las siguientes circunstancias: “Cierto pastor descubrió que un ternero de su rebaño cojeaba y no fue capaz de encontrar la causa de la herida. Siguió ansiosamente el rastro de la sangre y halló al cabo una espada con la que el animal se había herido mientras pastaba en la hierba. La recogió y la llevó directamente a Atila. Éste se deleitó con el regalo y, siendo ambicioso, pensó que se le había destinado a ser señor de todo el mundo y que por medio de la Espada de Marak tenía garantizada la supremacía en todas las guerras”. Esta leyenda era un patrón de culto a la espada común entre todos los nómadas de las estepas de Asia Central, la espada que habían venerado siempre los reyes de los escitas y que se convirtió en el símbolo de su poder.
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Atila recibiendo tributos de China siglo V. Autor Angus McBride
Los hunos fueron también buenos colaboradores de los emperadores romanos. Intervinieron como mercenarios para reprimir las revueltas internas provocadas por los bagaudas y combatir a otros bárbaros, como los burgundios y los francos. Los más privilegiados formaban parte de la guardia personal de generales como Aecio, que había vivido un tiempo entre los hunos. Incluso Atila fue nombrado general honorífico de la Galia.

La colaboración militar con Roma, sin embargo, no era gratuita. Atila exigía fuertes tributos en oro a los emperadores en concepto de «compra de la paz» en las fronteras, tributos que no era fácil pagar. Además, los traidores hunos encontraron acogida en la corte romana. Todo ello determinó que el rey huno aumentara cada vez más sus exigencias e intentase desestabilizar a los romanos azuzando contra ellos a godos y vándalos, lo que suponía enfrentarse a la política de su aliado Aecio.

Mientras tanto Constantinopla sufría graves desastres, tanto naturales como causados por el hombre: sangrientos disturbios entre aficionados a las carreras de carros del hipódromo; epidemias en el 445 y 446, la segunda a continuación de una hambruna; y toda una serie de terremotos que duró cuatro meses, y destruyeron buena parte de las murallas y mató a miles de personas, ocasionando una nueva epidemia. Este último golpe tuvo lugar en el 447, justo cuando Atila, se había consolidado su poder.

Los años entre el 447 y el 450 vieron un continuo ir y venir de embajadas diplomáticas entre los hunos y Constantinopla, entre las que destaca la del año 449. En la comitiva figuraba el historiador Prisco de Panio, quien nos dejó una gran descripción de Atila, de quien nos dice que era “de corta estatura, ancho de espaldas, cabeza grande, ojos pequeños y hundidos, nariz achatada, cabello canoso, barba rala y tez aceitunada”. Estos rasgos, más mongólicos que hunos, los habría heredado de la alianza de sus antepasados con princesas chinas.

Prisco nos da una idea de la sobriedad de Atila a través de su narración del banquete celebrado durante la entrevista: “El sirviente de Atila entró primero con un plato lleno de carne, y detrás de él los otros sirvientes vinieron con pan y viandas que pusieron en las mesas. Una lujosa comida, servida en platos de plata, estaba lista para nosotros y los invitados bárbaros, pero Atila comió solo carne en un trinchante de madera. En todo lo demás se mostró mesurado, también; su copa era de madera, mientras a los invitados se les dieron copas de oro y plata. Su vestido, también, era bastante simple, notándose sólo por estar limpio. La espada que llevaba a su lado, las correas de su calzado escita y la brida de su caballo, no estaban adornadas, como aquellas de los otros Escitas, con oro o gemas o algo costoso. Cuando se hubieron consumido las viandas del primer plato, todos nos pusimos de pie, y no volvimos a nuestros asientos hasta que cada uno, en el orden antes observado, bebió a la salud de Atila en la copa de vino que le fue presentada”.

Cena en la corte de Atila rey de los hunos.
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A pesar de lo que la leyenda dice de él, Atila fue un político astuto que conocía el valor de la gentileza y la cortesía en la diplomacia, comía en cuencos de madera mientras sus invitados lo hacían en vajilla de oro y plata.
Uno de los miembros de la expedición, el intérprete Vigilio, llevaba la misión de conseguir por medio del soborno el asesinato de Atila. La conspiración fue descubierta por el propio sobornado, pero el khan no tomó ninguna represalia y despidió a los embajadores, y al mismo Vigilio, con abundantes regalos, y a continuación envió una embajada a Constantinopla con este mensaje: “Teodosio es hijo de ilustre y respetable linaje; igualmente Atila desciende de noble estirpe y ha mantenido con sus actos la dignidad heredada de su padre Mundziuch. Pero Teodosio ha faltado al honor de sus ascendientes y, al consentir en el pago de un tributo, se ha degradado hasta la condición de esclavo. Justo es, pues, que rinda acatamiento al hombre a quien mérito y fortuna han puesto por encima de él, en lugar de intentar, como esclavo perverso, conspirar clandestinamente contra su amo”.

Ante esto, el Emperador rápidamente mandó una embajada para aplacar la ira de Atila y para ello envió a Nomio y a Anatolio, dos ministros de rango consular, de los cuales uno era tesorero y el otro era maestre general de los ejércitos de Oriente. Atila accedió a entrevistarse con estos en las orillas del río Drenco, y aunque al principio se mostró autoritario, su enojo se apaciguó. Perdonó al emperador, se ratificó en el juramento de mantenerlas condiciones de paz, renunció a su proyecto de una vasta frontera desértica al sur del Danubio; y estipuló que si el gobierno imperial no acogía más desertores hunos Atila, se olvidaría de los que permanecían en territorio bizantino y devolvería sin rescate a la mayoría de los prisioneros romanos.

Este cambio sorprendente tenía su motivación. Atila quería asegurar la paz en la frontera del Danubio inferior porque preparaba una campaña contra el Imperio de Occidente. Esta decisión no era caprichosa, sino la consecuencia de una complicada mudanza diplomática. Hacía tiempo que el monarca vándalo Genserico incitaba a Atila contra los visigodos, la única fuerza militar importante en Occidente. El rey huno, que se había hecho nombrar, como tantos jefes bárbaros, magister militum del Imperio, pudo planear el aniquilamiento de los visigodos sin que esta campaña pareciese una amenaza para el gobierno de Rávena. Para los hunos, los visigodos que habían rehuido su soberanía en 376 atravesando el Danubio, eran súbditos fugitivos que merecían un castigo.

En el 447 Atila emprendió de nuevo una ofensiva contra Constantinopla. No se sabe el pretexto de la misma, pero habían ocurrido varios terremotos en la zona que había derribado las murallas de muchas ciudades, y Atila no desaprovechó la ocasión y partió de nuevo hacia el sur, entrando en el Imperio a través de Mesia.

El ejército romano, bajo el mando del magister militum godo Arnegisclo, le hizo frente en el río Utus (Vid), para cortarle el paso a Constantinopla. Aunque resultó derrotado ocasionó graves pérdidas al enemigo que no se dirigieron a la capital, sino que se dedicaron al pillaje a lo largo de los Balcanes, llegando incluso hasta las Termópilas, Atila decidió prudentemente retirarse. Constantinopla misma fue atacada y se salvó gracias a la intervención del prefecto Flavio Constantino, que organizó brigadas ciudadanas para reconstruir las murallas dañadas por los seísmos (en algunos lugares, tuvo que construir una nueva línea de fortificación delante de la antigua).



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Ataque de Atila a Constantinopla en el 447.


Después de una serie de terremotos que destruyeron las murallas de la ciudad, Atila atacó la ciudad que fue defendida por el prefecto Flavio Constantino que rechazó el ataque.
En el año 450 se descubrió un complot para asesinar a Atila en su corte, organizado por Teodosio II, el emperador de Oriente, y por Edeco, el embajador de los hunos en Constantinopla. Poco después, el sucesor de Teodosio, el militar tracio Marciano, se negó a seguir pagando a los hunos los tributos que se les debían. Atila decidió entonces lanzarse a la conquista de parte de las provincias de Occidente. Pero lo hizo valiéndose de un pretexto especial: reivindicar «el derecho de los hijos de un padre a su herencia«.

Además, se le presentó a Atila otro motivo: una querella de familia entre Valentiniano III y su hermana Honoria que contaba con 16 años. En el 434, esta había sido sorprendida manteniendo relaciones amorosas con un criado, este fue ejecutado y Honoria fue enviada junto a su madre que se encontraba en Constantinopla y prometida en matrimonio a un senador viejo de confianza Flavio Baso Herculano, para esconder la deshonra. Sin embargo, Honoria para no tener que casarse contra su voluntad, envió un mensaje a Atila ofreciéndose a casarse con él, y le envió su anillo como proposición de matrimonio. Atila no desperdició esta inesperada ocasión que le permitiría enlazar con la familia imperial y hacerse con toda la Galia (que correspondía a la dote de Honoria), por lo que exigió que se le entregase a Honoria para casarse y el reparto justo y equitativo del patrimonio imperial.

Sin embargo, la corte de Ravena rechazó tajantemente esa demanda. Honoria no podía casarse con Atila porque era esposa de un senador romano, y porque como mujer, no le correspondía la dignidad imperial.

Además, el rey de los francos había fallecido y sus hijos estaban enfrentados entre ellos por el liderazgo y los dos príncipes rivales pidieron ayuda el mayor a Atila y el menor a Aecio respectivamente. Por otro lado, el emperador de Oriente Teodosio II falleció el 26 de julio del 450, tras la caída de su caballo durante una cacería cerca del río Lycus, próximo a Constantinopla y murió dos días más tarde. Muerto Teodosio II el nuevo emperador de Oriente Marciano de Tracia, lo primero que hizo fue negarse a pagar el tributo anual. Tras el intercambio de embajadas, emperador Marciano dijo a los embajadores de Atila que “solamente tenía oro para los amigos del Imperio, y que para sus enemigos tenía hierro”. Atila sabía que era evidente la debilidad militar del Imperio de Occidente, pero era demasiado aventurado desafiar a la vez a los dos imperios. Decidió ir primero contra Occidente, así que reunió sus ejércitos de arqueros a caballo hunos, y sus aliados ostrogodos y gépidos, y se puso en marcha.
Antes leía sobre personajes de historia antigua, pero poco a poco me dio por leer sobre otros temas no menos fascinantes.
 
Tanto tiempo solo rodeado de "sus hombres", lejos de su familia...............no digo más, lo confirma que se parezca al chivo

Pero si conquistaba pueblos como rosquillas, cada semana violaba 4 o 5, le sobraban las mujeres. Aunque es verdad que en el Cantar del Mio Cid insinúan que era un poco gayer :sisi1::sisi1:
 
Pero si conquistaba pueblos como rosquillas, cada semana violaba 4 o 5, le sobraban las mujeres. Aunque es verdad que en el Cantar del Mio Cid insinúan que era un poco gayer :sisi1::sisi1:
Violaba 4 ó 5 campesinos en la parte trasera de los establos..............
 
Nada más que añadir :elrisas::elrisas::elrisas:



Estos dos viven cerca............que harán en la "noche madrileaña", suena turbio
:elrisas::elrisas:
Que haran? Pues convertir el orifico de salida en uno de entrada…….como 20 veces a la semana
 
Que haran? Pues convertir el orifico de salida en uno de entrada…….como 20 veces a la semana
Mucho pareces saber..........tu eres madrileño.no? Cuando vuelves a casa, parece que coincidís mucho......
 
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