Obdulio
Shurmano Dios
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20 añitos. Tremenda borrachera con los amigos en el barrio por la noche, cierran los garitos y para casa que voy, haciendo eses como Torrente.
Tomo conciencia del tremendo pedal que llevaba cuando intento meter la llave en el piso de la vecina y ésta, asustada por el ruido a altas horas de la noche, tras ver quien soy y el estado en el que me encuentro sale en bata a llamarme borracho, cagarse en mis muertos y decirme que vivo en el piso de arriba.
Tras farfullar unas disculpas ininteligibles y tropezar una docena de veces en las escaleras me propongo entrar subrepticiamente en casa, haciendo el menor ruido posible para no despertar a mis padres.
Consigo abrir la puerta silenciosamente, entro, la cierro con un suspiro y me giro. Entonces se me caen las llaves al suelo, glups. No hacen ruido porque la alfombra amortigua. Bien. No quiero encender la luz, no he sido detectado todavía así que me agacho y me pongo a buscar las putas llaves. No las encuentro. Tras rodear la entrada, llego al pasillo, me pongo de pie y la cabeza empieza a darme vueltas. Dios mío qué pedo llevo.
Me obligo a estar tranquilo, me apoyo en la pared y tomo aire. Pienso que lo mejor es relajarme, centrarme y entonces llegar a mi cuarto como un ninja. De repente me asalta la mente la visión de Tere, la vecina, con su bata vaporosa que dejaba entrever sus turgentes pechos al aire y la sombra del matojo entre aquellos muslacos de pecado y claro, me empalmo. Se me pone tan dura que no soy capaz de andar, ni mucho menos pensar.
Con el juicio nublado, me bajo pantalones y gayumbos, me apoyo en la pared del pasillo y procedo a pelarme el junco lo más furiosa y silenciosamente posible, perdida ya toda compostura, con la intención de aliviarme y marchar a mi habitación lo antes posible.
A punto de llegar el climax oigo claramente un "Clic" estruendoso, atronador, e instantes después la luz inunda el pasillo con el brillo de mil soles dejándome al descubierto para que mi señora madre me vea en indecorosa postura y brame un "¿pero QUÉ haces?" con la mayor indignación posible....
Al ser descubierto, en microsegundos, doy un respingo hacia adelante, estrello la cabeza contra una estantería que cae al suelo, vuelvo hacia atrás, me golpeo la nuca contra la pared y caigo al suelo moñeco, con los gayumbos por los tobillos y la mano aferrando el pito como si fuera una soga.
Me desperté al mediodía , limpio y con el pijama puesto, un dolor de cabeza enorme y la mayor vergüenza posible.
Mis viejos, circunspectos, tan sólo me dijeron algo asi como "menuda tajada que pillaste anoche, cabrón"
Comimos algo incómodos, yo con una resaca del quince, y nunca jamás he vuelto a casa tan borracho.
Desde entonces siempre que me la meneo me aseguro de estar bien escondido y bajo llave.
Una lección vital.
Tomo conciencia del tremendo pedal que llevaba cuando intento meter la llave en el piso de la vecina y ésta, asustada por el ruido a altas horas de la noche, tras ver quien soy y el estado en el que me encuentro sale en bata a llamarme borracho, cagarse en mis muertos y decirme que vivo en el piso de arriba.
Tras farfullar unas disculpas ininteligibles y tropezar una docena de veces en las escaleras me propongo entrar subrepticiamente en casa, haciendo el menor ruido posible para no despertar a mis padres.
Consigo abrir la puerta silenciosamente, entro, la cierro con un suspiro y me giro. Entonces se me caen las llaves al suelo, glups. No hacen ruido porque la alfombra amortigua. Bien. No quiero encender la luz, no he sido detectado todavía así que me agacho y me pongo a buscar las putas llaves. No las encuentro. Tras rodear la entrada, llego al pasillo, me pongo de pie y la cabeza empieza a darme vueltas. Dios mío qué pedo llevo.
Me obligo a estar tranquilo, me apoyo en la pared y tomo aire. Pienso que lo mejor es relajarme, centrarme y entonces llegar a mi cuarto como un ninja. De repente me asalta la mente la visión de Tere, la vecina, con su bata vaporosa que dejaba entrever sus turgentes pechos al aire y la sombra del matojo entre aquellos muslacos de pecado y claro, me empalmo. Se me pone tan dura que no soy capaz de andar, ni mucho menos pensar.
Con el juicio nublado, me bajo pantalones y gayumbos, me apoyo en la pared del pasillo y procedo a pelarme el junco lo más furiosa y silenciosamente posible, perdida ya toda compostura, con la intención de aliviarme y marchar a mi habitación lo antes posible.
A punto de llegar el climax oigo claramente un "Clic" estruendoso, atronador, e instantes después la luz inunda el pasillo con el brillo de mil soles dejándome al descubierto para que mi señora madre me vea en indecorosa postura y brame un "¿pero QUÉ haces?" con la mayor indignación posible....
Al ser descubierto, en microsegundos, doy un respingo hacia adelante, estrello la cabeza contra una estantería que cae al suelo, vuelvo hacia atrás, me golpeo la nuca contra la pared y caigo al suelo moñeco, con los gayumbos por los tobillos y la mano aferrando el pito como si fuera una soga.
Me desperté al mediodía , limpio y con el pijama puesto, un dolor de cabeza enorme y la mayor vergüenza posible.
Mis viejos, circunspectos, tan sólo me dijeron algo asi como "menuda tajada que pillaste anoche, cabrón"
Comimos algo incómodos, yo con una resaca del quince, y nunca jamás he vuelto a casa tan borracho.
Desde entonces siempre que me la meneo me aseguro de estar bien escondido y bajo llave.
Una lección vital.

