Conan
Shurmano Leyenda
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Buenos días Shures, que Crom os traiga vivienda asequible.
Es un tocho titánico y lo sabes, resumen al final.
Estoy viendo últimamente, de hecho desde hace ya años, infinidad de publicaciones dedicadas a criticar la falta de sentido común de los padres y los alumnos, ambos de cara a los profesores: en concreto se habla sobre su terquedad a la hora de reconocer que los crios no se esfuerzan o que son directamente intratables. Yo no conocí tal cosa, sino todo lo contrario:
Reconozco que me pica un poco ¿Tanto han cambiado las cosas? Me hace recordar mi época de chavalín, cuando tuve que ir al colegio y sacar adelante mis estudios: primerizos pero estudios al fin y al cabo. Tanta injusticia, tanto abuso y tanta estupidez que tuve que soportar de mis profesores...
No estamos hablando de agresiones físicas como si hubo en los 70 y 80, pero sí que viví un buen puñado de despropósitos que contrastan sobremanera sobre lo expuesto hoy en día; hechas las presentaciones os cuento mis anécdotas:
LA GRITONA
Durante mi infancia, digamos a los 11 años, apareció por mi colegio una profesora que gritaba más que hablaba; por lo poco que pude ver, literalmente.
Estamos hablando de un colegio pequeño, donde nos conocíamos todos, no era mi profesora sino de otros cursos; así que cuando la veía por los pasillos o en el recreo me preguntaba quién coño era y por qué gritaba tanto. Lo que sí podía intuir es que más temprano que tarde me tocaría aguantarla. Era inevitable.
Un día me llevé mi balón de gomaespuma y echamos un partido que ni Oliver y Benji: el balón se rompió de tanto tiro del tigre y un trozo del patio quedó lleno de sus restos. Me puse a limpiarlo pero nuestros profesores nos dijeron que fueramos a clase, a la salida nos encargaríamos. Lo veía justo.
Se presentó esta energúmena en nuestra clase, interrumpiéndola, empezó a gritar: que quién había sido el cerdo, que cómo se nos ocurre, que vaya mierda de niños...
Me levanté y asumí la culpa, era mi balón y quería que ese esperpento de show acabara. Me volvió a gritar sin más.
Esto me sorprende hasta a mí pero protesté (en aquella época era raro, nos tenían muy comido el coco con la disciplina). Le dije que iría a recogerlo, pero que no me faltara al respeto. Volvió a gritar histérica perdida ¡Hasta pataleaba! ¿Cómo me atrevía?
La interrumpí "que no, que a mí solo me gritan mis padres, usted no". Y por fin se calló.
Mi profesora, harta de ella, la echó de allí, me dio un cepillo y un recogedor para que fuera al patio y me pidió, con educación, que lo limpiara; a lo que encantado accedí.
En lo personal pienso que esa loca aprovechaba para desahogar sus frustraciones con los críos. Recuerdo que en el siguiente año ya no trabajaba allí, sencillamente no la aguantaban.
EL GUARRO
Ya con 17 años, habiendo cambiado de colegio, elegí como optativa Francés ya que me encantan los idiomas.
Me tocó un profesor cincuentón y éramos cuatro gatos en clase.
Curiosamente hice buenas migas con una tía bastante potente de ese grupo, pero no me la quería trajinar: tenía mi novia fuera de ese antro y era joven e inocentón, por lo que le guardaba la cara. Nos hicimos colegas, nos sentábamos juntos e incluso me presentó a alguna chica.
La cosa es que hicimos un único trabajo y un único examen, 20% y 80% respectivamente; saqué un 5 y un 8 por ese orden.
El muy desgraciado me puso un 5 en la global, así sin más, porque le salió de sus huevos colgones.
Miro hacia atrás y recuerdo la forma en que miraba a la chavala, como un crío a una piruleta, solo le faltaba babear. Obviamente no estoy siendo del todo objetivo porque ocurrió hace veinte años pero ¿Qué otra razón hay? Las notas son las notas.
No se presentó a la revisión.
EL SÁDICO
Estaba terminando mi ingeniería, esperaba que los profesores fueran gente seria, obviamente me equivoqué.
Me apasionaba la mecánica y cursé con sumo gusto la asignatura "sistemas mecánicos".
En las clases, nuestro profesor nos dijo que podíamos llevar una fotocopia con fórmulas, que él repartió.
En el examen (un evento maratoniano, de dos partes y cuatro horas) él vio que había apuntado notas en dicha fotocopia y me dijo que no se podía hacer. Yo no quería líos y, aunque me daba mucha pena por las horas invertidas, le dije que lo entendía, que volvería en septiembre. Pero el tío, con una sonrisa, me dice que me quede y haga el examen.
Llega la hora de ver las notas y tengo un 2. Con un par. Voy a revisión porque sabía que lo había hecho mucho mejor.
Allí estaba este gordo barbudo con el examen, todo tachado. Lo reviso (las respuestas estaban publicadas y fui con ellas a su despacho): sorpresa, he acertado 8 de 10.
Se lo recalco con educación y, entre risas, me dijo que no había justificado las respuestas ¡Y era tipo test!
Eran dos partes, una dibujando y otra de teoría marcando la respuesta, sin lugar para escribir nada
. Si no aprobabas las dos a la calle.
Nunca olvidaré su risa cínica y condescendiente, se lo estaba pasando bomba. Y a mí me picaba el puño de la hostia que se estaba ganando. Me tragué el orgullo y me fui, aquello no tenía sentido.
Me presenté en la siguiente convocatoria, no tenía más remedio que volver a hacerlo en el mismo grupo. Saqué un 4; la diferencia es que esta vez justifiqué las respuestas (imaginadme rellenando folios a lo tonto que me había traído de casa, ya que no nos daban). Según las respuestas publicadas estaba perfecto. No se presentó a revisión.
Intenté denunciarle pero ya estaba acabando la carrera, arriesgaba mucho mas que él. Me apunté a otro grupo de la asignatura: después de dos convocatorias se podía, pero pagando. Un sobresaliente como una catedral.
A veces me lo cruzaba en los pasillos, se reía y se daba la vuelta. Personalmente pienso que estaba loco y tuve mala suerte.
Ahora os toca a vosotros Shures, ¿Qué profes locos, odiosos o acomplejados habéis sufrido a lo largo de vuestra carrera?
Resumen: mis peores profesores; una histérica que no paraba de gritar, un guarro que babeaba por una alumna y un loco que me suspendió por diversión.
Es un tocho titánico y lo sabes, resumen al final.
Estoy viendo últimamente, de hecho desde hace ya años, infinidad de publicaciones dedicadas a criticar la falta de sentido común de los padres y los alumnos, ambos de cara a los profesores: en concreto se habla sobre su terquedad a la hora de reconocer que los crios no se esfuerzan o que son directamente intratables. Yo no conocí tal cosa, sino todo lo contrario:
Reconozco que me pica un poco ¿Tanto han cambiado las cosas? Me hace recordar mi época de chavalín, cuando tuve que ir al colegio y sacar adelante mis estudios: primerizos pero estudios al fin y al cabo. Tanta injusticia, tanto abuso y tanta estupidez que tuve que soportar de mis profesores...
No estamos hablando de agresiones físicas como si hubo en los 70 y 80, pero sí que viví un buen puñado de despropósitos que contrastan sobremanera sobre lo expuesto hoy en día; hechas las presentaciones os cuento mis anécdotas:
LA GRITONA
Durante mi infancia, digamos a los 11 años, apareció por mi colegio una profesora que gritaba más que hablaba; por lo poco que pude ver, literalmente.
Estamos hablando de un colegio pequeño, donde nos conocíamos todos, no era mi profesora sino de otros cursos; así que cuando la veía por los pasillos o en el recreo me preguntaba quién coño era y por qué gritaba tanto. Lo que sí podía intuir es que más temprano que tarde me tocaría aguantarla. Era inevitable.
Un día me llevé mi balón de gomaespuma y echamos un partido que ni Oliver y Benji: el balón se rompió de tanto tiro del tigre y un trozo del patio quedó lleno de sus restos. Me puse a limpiarlo pero nuestros profesores nos dijeron que fueramos a clase, a la salida nos encargaríamos. Lo veía justo.
Se presentó esta energúmena en nuestra clase, interrumpiéndola, empezó a gritar: que quién había sido el cerdo, que cómo se nos ocurre, que vaya mierda de niños...
Me levanté y asumí la culpa, era mi balón y quería que ese esperpento de show acabara. Me volvió a gritar sin más.
Esto me sorprende hasta a mí pero protesté (en aquella época era raro, nos tenían muy comido el coco con la disciplina). Le dije que iría a recogerlo, pero que no me faltara al respeto. Volvió a gritar histérica perdida ¡Hasta pataleaba! ¿Cómo me atrevía?
La interrumpí "que no, que a mí solo me gritan mis padres, usted no". Y por fin se calló.
Mi profesora, harta de ella, la echó de allí, me dio un cepillo y un recogedor para que fuera al patio y me pidió, con educación, que lo limpiara; a lo que encantado accedí.
En lo personal pienso que esa loca aprovechaba para desahogar sus frustraciones con los críos. Recuerdo que en el siguiente año ya no trabajaba allí, sencillamente no la aguantaban.
EL GUARRO
Ya con 17 años, habiendo cambiado de colegio, elegí como optativa Francés ya que me encantan los idiomas.
Me tocó un profesor cincuentón y éramos cuatro gatos en clase.
Curiosamente hice buenas migas con una tía bastante potente de ese grupo, pero no me la quería trajinar: tenía mi novia fuera de ese antro y era joven e inocentón, por lo que le guardaba la cara. Nos hicimos colegas, nos sentábamos juntos e incluso me presentó a alguna chica.
La cosa es que hicimos un único trabajo y un único examen, 20% y 80% respectivamente; saqué un 5 y un 8 por ese orden.
El muy desgraciado me puso un 5 en la global, así sin más, porque le salió de sus huevos colgones.
Miro hacia atrás y recuerdo la forma en que miraba a la chavala, como un crío a una piruleta, solo le faltaba babear. Obviamente no estoy siendo del todo objetivo porque ocurrió hace veinte años pero ¿Qué otra razón hay? Las notas son las notas.
No se presentó a la revisión.
EL SÁDICO
Estaba terminando mi ingeniería, esperaba que los profesores fueran gente seria, obviamente me equivoqué.
Me apasionaba la mecánica y cursé con sumo gusto la asignatura "sistemas mecánicos".
En las clases, nuestro profesor nos dijo que podíamos llevar una fotocopia con fórmulas, que él repartió.
En el examen (un evento maratoniano, de dos partes y cuatro horas) él vio que había apuntado notas en dicha fotocopia y me dijo que no se podía hacer. Yo no quería líos y, aunque me daba mucha pena por las horas invertidas, le dije que lo entendía, que volvería en septiembre. Pero el tío, con una sonrisa, me dice que me quede y haga el examen.
Llega la hora de ver las notas y tengo un 2. Con un par. Voy a revisión porque sabía que lo había hecho mucho mejor.
Allí estaba este gordo barbudo con el examen, todo tachado. Lo reviso (las respuestas estaban publicadas y fui con ellas a su despacho): sorpresa, he acertado 8 de 10.
Se lo recalco con educación y, entre risas, me dijo que no había justificado las respuestas ¡Y era tipo test!
Eran dos partes, una dibujando y otra de teoría marcando la respuesta, sin lugar para escribir nada
Nunca olvidaré su risa cínica y condescendiente, se lo estaba pasando bomba. Y a mí me picaba el puño de la hostia que se estaba ganando. Me tragué el orgullo y me fui, aquello no tenía sentido.
Me presenté en la siguiente convocatoria, no tenía más remedio que volver a hacerlo en el mismo grupo. Saqué un 4; la diferencia es que esta vez justifiqué las respuestas (imaginadme rellenando folios a lo tonto que me había traído de casa, ya que no nos daban). Según las respuestas publicadas estaba perfecto. No se presentó a revisión.
Intenté denunciarle pero ya estaba acabando la carrera, arriesgaba mucho mas que él. Me apunté a otro grupo de la asignatura: después de dos convocatorias se podía, pero pagando. Un sobresaliente como una catedral.
A veces me lo cruzaba en los pasillos, se reía y se daba la vuelta. Personalmente pienso que estaba loco y tuve mala suerte.
Ahora os toca a vosotros Shures, ¿Qué profes locos, odiosos o acomplejados habéis sufrido a lo largo de vuestra carrera?
Resumen: mis peores profesores; una histérica que no paraba de gritar, un guarro que babeaba por una alumna y un loco que me suspendió por diversión.
Última edición:
. Menos mal que la profesora de inglés que teniamos me apoyo bastante y me actuo como "tutora". Me acabe sacando el graduado sin problemas y la carrera solo repitiendo una asignatura que se me atraganto. En el resto notas bastante competitivas.
