Libros Conversaciones con David Foster Wallace

Algol

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Estoy releyendo este libro ahora, lo leí por primera vez en 2017 y en su momento me impresionó. El libro no es más que una recopilación de entrevistas de David Foster Wallace, el autor de la Broma Infinita.

¿Qué tiene de especial este libro? Bueno depende de si te gusta DFW o no. Si te gusta, esta recopilación de entrevistas es algo así como un viaje a la mente de Wallace, motivo suficiente para que los que lo admiramos estemos deseando leerlo.

Y si no te gusta/no aguantas a DFW, este libro te resultará interesante porque ayuda a entender qué es la buena literatura, cómo distinguir un escritor excepcional de los miles de clones que ganan premios patrocinados por editoriales, qué actitud como lectores podemos elegir tener al leer y comprender qué se puede esperar de obras literarias verdaderamente trascendentes.

Voy a ir poniendo por aquí algunas citas sin ningún orden en particular, trozos que me han llamado la atención.

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... toda buena escritura de alguna manera se interesa en y actúa como un antídoto contra la soledad. Todos estamos terriblemente solos. Y hay un modo, al menos en la narrativa, que te permite intimar con el mundo y con mentes y personajes con los que no te es posible hacerlo en el mundo real. No sé lo qué estás pensando. No sé mucho de ti como tampoco sé mucho de mis padres o de mi amante o de mi hermana, pero una obra de ficción que lo sea de verdad te permite intimar con… no quiero decir que con la gente, sino que te permite intimar con un mundo semejante al nuestro en suficientes detalles emocionales como para que podamos llevarnos ese modo diferente de sentir las cosas al mundo real. Creo que lo que me gustaría que hiciera lo que escribo es que la gente se sintiera menos sola.
 
En una de las primeras entrevistas DFW cuenta una batallita para dar a entender qué espera de la literatura, como escritor y como lector:

Pasé mucho tiempo como voluntario en una residencia de ancianos en Amherst el verano pasado. Le leía la Divina Comedia de Dante a un hombre mayor, el señor Shulman. Un día le pregunté de dónde era, y me respondió, “De justo al este de aquí, de las Rocosas”. Y yo le dije, “Señor Shulman, las Rocosas están al oeste de aquí”. Y él hizo un voilà con las manos y dijo, “Muevo montañas”. Me quedé con eso. La narrativa o mueve montañas o es aburrida; o mueve montañas o se sienta sobre su propio culo
 
Interesante. Nunca he leido nada de este señor.
Es uno de mis autores favoritos, pero no es una literatura especialmente fácil de leer, creo que es uno de esos autores que lo amas o lo odias sin término medio, pero vale la pena probar si es para ti. No recomiendo empezar con su obra más conocida, La Broma Infinita.

Para empezar con este autor recomiendo "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer" que es con el que empecé yo. Se trata de una recopilación de ensayos y artículos publicados en revistas.
Leyendo este libro (que no es nada pesado, todo lo contrario: son textos amenos y divertidos, además de profundos y significativos) podrás hacerte una idea de si te gusta la "voz" de DFW. Si te gusta, no te importará cuál sea el tema del ensayo de turno: tenis, el cine de Lynch, la TV, las ferias estatales en USA o esa deliciosa maravilla en la que cuenta su experiencia en un crucero de lujo y da título al libro.

Si te gusta este libro, adelante, atrévete con "La broma ... " o los relatos "Extinción", por ejemplo, algo irregular pero con algunos textos que simplemente te dejan con la boca abierta.
 
Nunca había leído nada de este autor, y mirando en mi biblioteca pirata he encontrado una colección de artículos que se llama algo así como Consideremos la langosta y otros ensayos. Estaba leyendo la historia de la langosta, que al parecer escribió para una revista gastronómica y es erudita y sarcástica, detallada y humana, divertida en unos momentos y con mucho insight en otros.

Por alguna razón me recuerda a la manera costumbrista de escribir de Garrison Keillor combinada con Mark Danielewski (el de House of Leaves) Estaba leyendo que el pobre hombre se suicidó y que había sufrido de depresión toda su vida. El New Yorker tiene muchos artículos sobre él y su obra.
 
Nunca había leído nada de este autor, y mirando en mi biblioteca pirata he encontrado una colección de artículos que se llama algo así como Consideremos la langosta y otros ensayos. Estaba leyendo la historia de la langosta, que al parecer escribió para una revista gastronómica y es erudita y sarcástica, detallada y humana, divertida en unos momentos y con mucho insight en otros.

Por alguna razón me recuerda a la manera costumbrista de escribir de Garrison Keillor combinada con Mark Danielewski (el de House of Leaves) Estaba leyendo que el pobre hombre se suicidó y que había sufrido de depresión toda su vida. El New Yorker tiene muchos artículos sobre él y su obra.
Si quieres seguir descubriendo a DFW te hago la misma recomendación que hice a @poxolate , en mi opinión es mejor empezar por sus libros de no ficción, ensayos y artículos periodísticos, como el de las langostas que citas y Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. Su obra narrativa de ficción para mí es sublime (no toda, pero si gran parte) pero más dura y exigente con el lector.

Bien visto lo del punto costumbrista, también lo encuentro a menudo en sus escritos pero no es nada obvio, no es el costumbrismo de "Aida" o "Los Serrano".
Pienso que era una persona muy inteligente, es algo que salta a la vista en su obra de ficción, en sus ensayos y queda claro como el agua en el libro que estoy comentando, el de "Conversaciones ...". A veces nos da reparo decir de una persona que es muy inteligente. En mi opinión DFW tenía una inteligencia sobresaliente. No es una cualidad suficiente para hacer a alguien escritor, ni siquiera necesaria, pero el la tenía.

En cuanto a lo de su vida atormentada, padeció depresión desde siempre, estaba medicado y en cierta ocasión que se encontraba mejor le pidió a su médico suspender la medicación. A raíz de esto empeoró y cuando volvió a retomar el tratamiento ya no le funcionaba, parece ser que ninguna medicación aliviaba su sufrimiento.
Su mujer lo encontró colgando en el porche de la casa donde vivían cuando volvía del supermercado. Tenía 46 años.

En su obra habla bastante del suicidio de una forma única y lúcida, como es habitual en su escritura, y es algo que impresiona sabiendo como terminó. La siguiente cita, también del libro "Conversaciones ..." nos da una idea de sus problemas ya desde los 20 años:


En cualquier caso yo era terriblemente bueno en filosofía técnica, y esa era la primera cosa en la que conseguía algo así, y por tanto todos, incluido yo, preveían que haría carrera en ello. Pero al parecer aquello se agotó en algún momento alrededor de los veinte años. Simplemente me cansé de ello, y me dejé llevar por el pánico porque de repente ya no disfrutaba con algo que se suponía evidente que iba a hacer porque era bueno haciéndolo y yo le gustaba a la gente por ser bueno haciéndolo. No fue una época divertida. Creo que tuve una especie de crisis de la mediana edad a los veinte, lo que probablemente no me augura nada bueno en cuanto a longevidad.
 
Ahora que está tan de moda la provocación vacía en el arte es interesante recordar esta cita sobre la ruptura de reglas: debe ser un medio para conseguir algo más, no un fin en sí mismo:
Los modernistas y los primeros posmodernistas —todo lo que va desde Mallarmé a Coover, pienso— rompieron todas las reglas, pero nosotros tendemos a olvidar algo que ellos se veían obligados a tener presente: a la ruptura de reglas se llega por algún bien. Cuando la ruptura de reglas, la mera forma de la apostasía vanguardista, se convierte en un fin en sí misma, se acaba con poesía mal escrita y torturas a lo American Psycho y con Alice Cooper comiendo excrementos en el escenario. El impacto deja de ser un subproducto del progreso y se convierte en un fin en sí mismo.
 
Ahora que está tan de moda la provocación vacía en el arte es interesante recordar esta cita sobre la ruptura de reglas: debe ser un medio para conseguir algo más, no un fin en sí mismo:
Estoy totalmente de acuerdo con esto que citas. En cierto sentido, es algo que ha hecho que haya evitado muchas películas, pero también libros o música más modernos. Muchas películas españolas me recuerdan justamente esto que dices.

Dicho lo cual, el que este autor haga el artículo sobre el derecho a la vida de las langostas en una revista gastronómica, o escriba un artículo sobre cómo es mejor ir a los óscares del porno en vez de a los de Hollywood, mientras presenta una variedad de maneras de ver la situación, es gracioso a la vez que bastante analítico, y es muy agradable de leer.
 
Estoy totalmente de acuerdo con esto que citas. En cierto sentido, es algo que ha hecho que haya evitado muchas películas, pero también libros o música más modernos. Muchas películas españolas me recuerdan justamente esto que dices.

Dicho lo cual, el que este autor haga el artículo sobre el derecho a la vida de las langostas en una revista gastronómica, o escriba un artículo sobre cómo es mejor ir a los óscares del porno en vez de a los de Hollywood, mientras presenta una variedad de maneras de ver la situación, es gracioso a la vez que bastante analítico, y es muy agradable de leer.
El de las langostas lo tengo pendiente aún.
Me alegro mucho de que te guste, si más adelante sigues con los relatos o con La Broma Infinita me gustaría saber tu opinión también.
 
Ahora que está tan de moda la provocación vacía en el arte es interesante recordar esta cita sobre la ruptura de reglas: debe ser un medio para conseguir algo más, no un fin en sí mismo:
Este comentario tuyo, me estaba recordando a una representación de L´Incoronazione di Poppea, de Claudio Monteverdi, que tuve oportunidad de ver este año pasado en Barcelona. Estaba dirigida musicalmente por Jordi Savall, y el director de escena no apareció aquel día a saludar.

Entre otras cosas, una de las cantantes se iba quitando las bragas, y las tiró a alguno de los espectadores. Unas, cayeron sobre las cuerdas de un instrumento que me parece que era un clavecín o algo así. Después de esta introducción, las cosas siguieron como un esquiador novato yendo a toda velocidad montaña abajo en una pista negra.

El caso es que la música era preciosa, y cantaban realmente bien. No pude dejar de aplaudir a aquella gente que sabía lo que hacía, pero también es cierto que aprendí a mirar quién es el director de escena antes de hacer ningún gasto.

Leyendo los comentarios después en la prensa local, había gente que decía que el problema es que hay quienes no apreciamos las representaciones modernas de la ópera. Quizás sea así, y quizás el tema de la ópera se prestaba a algo de teatro de variedades burlesco, pero me recordó al cuento ese del rey que va desnudo.

Esta es la ópera de la discordia.

 
Este comentario tuyo, me estaba recordando a una representación de L´Incoronazione di Poppea, de Claudio Monteverdi, que tuve oportunidad de ver este año pasado en Barcelona. Estaba dirigida musicalmente por Jordi Savall, y el director de escena no apareció aquel día a saludar.

Entre otras cosas, una de las cantantes se iba quitando las bragas, y las tiró a alguno de los espectadores. Unas, cayeron sobre las cuerdas de un instrumento que me parece que era un clavecín o algo así. Después de esta introducción, las cosas siguieron como un esquiador novato yendo a toda velocidad montaña abajo en una pista negra.

El caso es que la música era preciosa, y cantaban realmente bien. No pude dejar de aplaudir a aquella gente que sabía lo que hacía, pero también es cierto que aprendí a mirar quién es el director de escena antes de hacer ningún gasto.

Leyendo los comentarios después en la prensa local, había gente que decía que el problema es que hay quienes no apreciamos las representaciones modernas de la ópera. Quizás sea así, y quizás el tema de la ópera se prestaba a algo de teatro de variedades burlesco, pero me recordó al cuento ese del rey que va desnudo.

Esta es la ópera de la discordia.


Así es, se da en todos los ámbitos, en las artes plásticas para mí es una tomadura de pelo directamente, por ejemplo con el arte conceptual. Y dicen que no se aprecian las representaciones modernas ¡Pero si ni siquiera son modernas! Provocar es más viejo que el fuego

PD Gracias por el link al video, lo tengo de fondo musical ahora mismo
 
DFW era un autor que siempre arriesgaba en su escritura. Si el verdadero arte requiere valentía y riesgo, huir de las fórmulas trilladas y el acomodamiento, no se le puede negar que siempre huía del camino fácil, pero esa actitud tiene sus riesgos, que a veces se pueden controlar:
... el 50 por ciento de lo que hago es malo, y así es como va a ser, y si no puedo aceptarlo, entonces es que no estoy hecho para esto. El truco está en saber qué es malo y no permitir que los demás lo vean

Y a veces no se puede:
L\ M\.: ¿Por qué la metaficción es una trampa? ¿No es eso lo que hiciste en «Hacia el oeste»?

DFW: Eso es una bobada. Y es posible que el único valor de «Hacia el oeste» fuera mostrar la clase de bucles pretenciosos en los que se cae si se anda haciendo el gilipollas con la recursión. Mi idea en «Hacia el oeste» era hacer con la metaficción lo que Moore con la poesía o lo que el Libra de DeLillo había hecho con otros mitos mediatizados.
Quería lograr la explosión del Armagedón, la meta de siempre de la metaficción, quería quitármela de encima, y tras salir de entre los escombros reafirmar la idea de que el arte era una transacción viva entre humanos, ya fuera esta transacción de carácter erótico o altruista o sádico. Dios, solo hablar de ello me provoca arcadas. La pretensión. A los de veinticinco años se les debería encerrar bajo llave y negarles tinta y papel. Todo lo que quería hacer lo vertí en la historia, pero se vertió como lo que era: rudimentario e ingenuo y pretencioso.
 
Última edición:
Es una opinión bastante extendida que un libro debe entretener, a veces se compara la experiencia de la TV o el cine con la literatura.
¿Es posible leer algo que no te gratifique inmediatamente, que no te entretenga sino que aburra, incluso que llegue a irritarte y aún así ser una lectura provechosa y satisfactoria de algún modo?
¿Maltrataba DFW a sus lectores en cosas como "Hacia el Oeste" o "El Señor blandito", con esas frases infinitas con miles de subordinadas retrasando la exposición de la idea principal?

Pienso que la televisión promulga la idea de que el buen arte es simplemente el que se hace para gustar y que depende del vehículo sobre el cual se muestra. Esto parece una lección venenosa como para que un artista en potencia crezca con ella. Y una de sus consecuencias es que si el artista depende en exceso de ese mero gustar, de tal modo que su verdadero objetivo no resida en la obra sino en la buena opinión de un público determinado, va a desarrollar una hostilidad terrible hacia ese público, sencillamente por haber renunciado a todo su poder en favor de ellos.

Se trata del consabido síndrome amor-odio de la seducción:
«En realidad no me importa lo que digo, únicamente me interesa gustarte. Pero dado que tu opinión positiva es el único árbitro de mi éxito y mi valía, tienes un poder tremendo sobre mí, y te temo y te odio por ello».
Está dinámica no es exclusiva del arte. Sin embargo, muy a menudo pienso que puedo apreciarlo en mí mismo y en otros escritores jóvenes, ese deseo desesperado de agradar junto con una especie de hostilidad hacia el lector.
 
Es una opinión bastante extendida que un libro debe entretener, a veces se compara la experiencia de la TV o el cine con la literatura.
¿Es posible leer algo que no te gratifique inmediatamente, que no te entretenga sino que aburra, incluso que llegue a irritarte y aún así ser una lectura provechosa y satisfactoria de algún modo?
¿Maltrataba DFW a sus lectores en cosas como "Hacia el Oeste" o "El Señor blandito", con esas frases infinitas con miles de subordinadas retrasando la exposición de la idea principal?
El caso es que leyendo un par de artículos del hombre éste, me recordaba a la novela esa de House of Leaves, muchas veces confusa y perdida como una casa que era como el Tardis, más grande por dentro que por fuera. Las frases largas y apuestas o subordinadas, las secuencias de términos más o menos opuestos, el toque irónico como saliendo de las páginas, hablando de la tasa de suicidios de los actores porno, siendo él alguien que terminó suicidándose.

Me pregunto cómo decide un autor si hacer algo más complejo o menos. El camino de Hemingway era el opuesto al de la literatura posmoderna. El hombre abogaba por evitar los adverbios y hacer las frases sencillas. Supongo que un riesgo de escribir algo que parezca complicado, es que al autor le pase lo que a Pessoa o Kafka, que tiene que seguir yendo a la oficina y sólo tiene éxito póstumo. Ars longa, vita brevis y todo eso.
 
Me pregunto cómo decide un autor si hacer algo más complejo o menos.
Varias veces en el libro que estoy reseñando dice que en realidad no es una cosa tan premeditada y que las siente desde el estómago, también tiene mucho que ver con ritmos y estructuras internas de la narración, ya pondré alguna cita sobre como incorpora los ritmos y los bucles a su estilo.

En cuanto a la complejidad de su estilo, a menudo usa la sintaxis como recurso expresivo, por ejemplo el relato Señor Blandito pasa de tener un narrador omnisciente a algo parecido a la voz de la conciencia interior de un personaje. A medida que el relato se va acercando más al flujo de conciencia de ese personaje se intensifica el recurso, haciendo más largas y tortuosas las frases.
Sin embargo, al mismo tiempo trata de que sean eficaces, no solo expresivas, que naveguen adecuadamente hasta la conclusión final y le permitan al lector seguir la pista, en la siguiente cita DFW está hablando sobre "La broma infinita":

En ese libro hay una determinada cantidad de cosas que representan un pequeño juego en el que entra la dificultad, pero trato de hacerlo de forma atractiva o natural —como una frase de dos páginas—.
Si lo hago bien, de acuerdo, se trata de una frase larga, pero puedes seguirle la pista gramatical y sintácticamente. Me preocupa cuando a la gente le llaman la atención esas cosas, porque tengo la sensación de que si son capaces de advertirlas, no he hecho mi trabajo del todo bien.
No sé si toda La broma infinita es una estructura para soportar la última frase. Y creo que no quise completar varias tramas cuidadosamente dentro del marco del libro principalmente porque bastante del entretenimiento comercial con el que crecí hacía eso y no se trata de algo del todo real. Es un tipo de técnica falsamente satisfactoria para redondear varias cosas que van sucediendo.
 
Por cierto @ottiatio, el de las langostas ¿Lo tienes en formato ebook? No lo he podido conseguir y me han entrado ganas de leerlo con tus comentarios.
Y gracias por comentar, así no es completamente un monólogo el hilo.
 
DFW es de mis autores favoritos pero entiendo perfectamente que haya gente que no lo soporte. Coincido en lo de entrar en su literatura con sus ensayos. Creo que en 'Hablemos de Langostas' hay una reseña sobre un diccionario de inglés que dices, bueno, no es el tema más apasionante del mundo... pero es que lo hace de manera fascinante.
 
DFW estudió en la Universidad filosofía, matemáticas y escritura creativa. Parece que respondía a la imagen de empollón, aquí habla sobre el interés fanático que sentía por la lógica y la matemática al principio de sus estudios:
Durante la mayor parte de mis estudios universitarios fui un niñato fanático de la sintaxis, un estudiante de filosofía con especialización en lógica y matemáticas. Era, por decirlo modestamente, bastante bueno en ello, principalmente porque pasaba todo mi tiempo libre ejercitándolo.


Hay un momento muy especial que DFW llamaba El "clic". Creo que muchos reconoceremos a qué se refiere:
Niñato o no, en realidad perseguía una especie de zumbido en particular, un momento especial que aparece en ocasiones. Un profesor llamaba a estos momentos «experiencias matemáticas». Lo que yo no sabía entonces es que una experiencia matemática es estética por naturaleza, una epifanía en el sentido original de Joyce. Los momentos así aparecían al completar pruebas, o tal vez algoritmos. O como solución bella y simple a un problema que veías de repente tras llenar medio cuaderno con penosos intentos de soluciones. Era verdaderamente una experiencia como lo que creo que Yeats llamaba «el clic de una caja bien hecha». Algo así. Siempre que pienso en ello, la palabra es «clic».


¿Reconocéis ese momento en particular de revelación, de comprensión? Me impresiona que diga que experiencias matemáticas de ese tipo son "estéticas por naturaleza", algo que de una forma vaga he experimentado yo mismo, sin tener ningún tipo de conocimientos matemáticos más allá de lo que nos enseñan en el instituto.
DFW tuvo una crisis durante la que perdió el interés en la lógica/matemática, ya puse una cita anterior sobre esto. Tras la crisis emerge el escritor de las cenizas del lógico-matemático, persiguiendo el clic:
Así que lo que hice fue volver a casa durante un trimestre, planear hacer solitarios y mirar por la ventana, lo que sea que se hace durante una crisis. Y de repente me encontré escribiendo ficción. [ ... ] En algún momento de aquel otoño, leyendo y escribiendo, descubrí que el clic también existía en literatura. Fue una verdadera suerte que justo cuando dejé de ser capaz de lograr el clic con la lógica matemática empezara a obtenerlo con la ficción


Podemos verlo así, para DFW lo esencial en la literatura es escuchar el clic: es una simplificación, pero es que ese momento especial significa mucho y supone muchas cosas, no está al alcance de cualquier escritor "producir" eso en su obra. Por supuesto, también es un concepto muy subjetivo y cada lector lo apreciará en unos autores y en otros no, en unos tipos de literatura y no en otros. De esto habla aquí DFW, de algunos de los escritores que le hacían oir "el clic":
No sé si tengo mucho talento natural reservado en cuanto a la ficción, pero sé que, cuando hay un clic, puedo oírlo. En las cosas de Don DeLillo, por ejemplo, oigo el clic casi en cada línea. Puede que sea la única manera de describir a los escritores que me encantan. En Donne, Hopkins, Larkin. En Puig y Cortázar. Puig hace clic como un jodido contador Geiger.
 
Mi profesor de matemáticas en el colegio (era fantástico) llamaba a eso la "idea feliz."

Recuerdo una vez que el hombre nos dijo que en un exámen que nos iba a poner, teníamos que hacer un problema de programación lineal, y resolverlo. Pues después de darle vueltas, no se me ocurre otra cosa que hacer el problema de que cuál era el polígono regular de radio r y apotema a de mayor área.

Calculé el área de un triángulo dentro de uno de esos polígonos, y luego no había más que multiplicar por el número de lados. Al calcular la derivada de la función, pues salía que era cuando el número de lados era infinito, lo cual era el círculo, cuando la apotema y el radio coincidían.

Lo recuerdo como un momento de iluminación (friki, eso sí). Un momento de esos en que como decía en una novela de Dashiell Hammett, parecía como si la tierra se hubiera abierto para mostrar el mecanismo que hay debajo. Sí que era una cosa bonita, en un cierto sentido.
 
Mi profesor de matemáticas en el colegio (era fantástico) llamaba a eso la "idea feliz."

Recuerdo una vez que el hombre nos dijo que en un exámen que nos iba a poner, teníamos que hacer un problema de programación lineal, y resolverlo. Pues después de darle vueltas, no se me ocurre otra cosa que hacer el problema de que cuál era el polígono regular de radio r y apotema a de mayor área.

Calculé el área de un triángulo dentro de uno de esos polígonos, y luego no había más que multiplicar por el número de lados. Al calcular la derivada de la función, pues salía que era cuando el número de lados era infinito, lo cual era el círculo, cuando la apotema y el radio coincidían.

Lo recuerdo como un momento de iluminación (friki, eso sí). Un momento de esos en que como decía en una novela de Dashiell Hammett, parecía como si la tierra se hubiera abierto para mostrar el mecanismo que hay debajo. Si que era una cosa bonita, en un cierto sentido.
Sí!!! y esos momentos, que yo he encontrado en la programación, en algunos problemas lógicos, en el ajedrez ... son una sensación única, equivalente casi para mí a un subidón de adrenalina. Y en la literatura también, y la obra de DFW es una las que más clics hace para mí
 
En ocasiones, el estilo de DFW es musical, basado en estructuras rítmicas. Aquí se queja de que los correctores parecen no entender esta estructura rítmica:
... tratar con correctores es normalmente, para mí, una pesadilla; ellos se dedican a hacer todos esos cambios y sugerencias y yo he de ir acotando acotando acotando porque muchas veces intento hacer con la puntuación lo que los poetas tratan de hacer con las rupturas de línea. Una de mis pocas fortalezas como escritor es que pienso que tengo un buen oído para el ritmo y para el habla y para los ritmos hablados. No describo tan bien como un Updike —sencillamente no veo tan bien, con la suficiente precisión y exactitud—, pero oigo realmente bien y sé trasladarlo.


Más sobre la belleza, el ritmo y las repeticiones (y estamos hablando de prosa):
Pero diría que buena parte de lo que trato de hacer cuando escribo —y no sé si esto es bueno o malo— se basa en mi deseo de hacer algo bello. Y para mí, bastante de esta belleza en el arte de escribir tiene que ver con el sonido y el tempo —y esa es la razón de que lea mucha más poesía que ficción—. Sencillamente estoy muy interesado en los ritmos; no solo en los ritmos de las frases sino en los ritmos narrativos que aparecen mediante ciertas repeticiones o cuando te detienes y vuelves hacia atrás. Sé que no soy sutil en absoluto cuando repito cosas en ciertas obras.
 
En ocasiones, el estilo de DFW es musical, basado en estructuras rítmicas. Aquí se queja de que los correctores parecen no entender esta estructura rítmica:
Al leer poesía sí que uno busca y espera encontrar esas estructuras rítmicas o sonoras. Al leer prosa, no suelo buscar esos recursos de estilo, con lo cual a veces sólo los veo en una segunda lectura. Creo que era en Ana Karenina donde Tolstoy hacía decir a varios personajes algo así como "que se puede hacer" desesperados y perplejos. Creo que la tercera vez que leí a un personaje decir esto mismo, me di cuenta de que pasaba algo allí.
 
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