Y precisamente por eso existe el reparto colectivo de derechos. Porque si fuese por “ventas reales” media liga desaparecía en pocos años y acabaríamos con una competición de 5 equipos y 15 sparrings.
La gracia de una liga no es solo ver un Madrid-Barça. Es que exista una competición completa, con ascensos, descensos, sorpresas, rivalidades regionales y equipos pequeños capaces de dar guerra. El producto entero es lo que se vende.
Además, mucha gente no paga por ver un Getafe-Osasuna aislado, igual que nadie paga Netflix solo por una película concreta. Pagan por tener un catálogo, por hábito y por la sensación de que siempre hay algo. El fútbol funciona parecido.
Y otra realidad: si mañana Madrid y Barça jugasen una “superliga” entre ellos cada semana, al tercer mes perdería media gracia. Necesitan al resto para mantener la narrativa, la clasificación y la sensación de evento.
La realidad es que hasta el Madrid necesita que exista un Getafe, un Osasuna o un Alavés para que la competición tenga sentido. Sin rivales, sin lucha por descenso, sin sorpresas y sin contexto, el producto pierde valor muchísimo más rápido de lo que parece.